Los reyes del jaco, de Vern E. Smith

06/05/2015

jaco

Creo que he dado un paso adelante en cuanto a fobias. Correr cientos de veces delante de yonquis de barrio a la vuelta del colegio o intentar que a la vuelta de la esquina una jeringuilla con mala pinta no acabara clavada en mi barriga si no soltaba todo lo que tenía, supongo que le dieron a mi cerebro las dosis suficientes para repudiar todo lo relacionado con las jeringuillas, los palos, el jaco y todo ese mundillo de bajos fondos.

Ni películas icónicas como Perros callejeros, ni novelas donde alguien se pinchara, ni canciones alegóricas a la droga reina. Nada. Me sobra todo ese mundo, me trae demasiados malos recuerdos de soledad, persecuciones, escondites y un miedo terrorífico a que alguien me pinchara con una aguja.

Incluso el pobre Bunker lleva esperando en casa más de dos años a ser leído. Y todo porque a las pocas páginas de Perro come perro alguien se pincha jaco con todo lujo de detalles. Me cago en mi triste infancia.

Y solo se me ocurre a mí ponerme a leer una novela que se llama Los reyes del jaco.

Es como una puñetera broma ¿Verdad?

En mi defensa diré que, si algo tiene Vern E. Smith es clase. Smith es ese tipo de autores que te hacen olvidar la sordidez de lo que estás leyendo, porque lo narra con una mezcla de claridad y distancia, de buen oficio, que hacen que el lector pueda leerlo sin que el frío lo invada, sin que se le tuerza el gesto y aparte la mirada.

Y que Smith sea periodista le da un enfoque a la novela muy ensayista, muy medido, distante sin ser superfluo. Se nota la pulcritud del texto, el ritmo perfectamente medido de la narración, la redondez de la trama. Por no hablar del perfecto conocimiento de un Detroit a principios de los setenta y del hampa de la droga que campaba a sus anchas en aquellos años.

Y todo eso ayuda mucho a poder leerlo. Porque en este país se tiende a escribir sobre los bajos fondos con mucha sordidez, cuanta más mejor, y bueno, yo soy muy de lo sórdido, que os voy a decir a estas alturas, pero no todo vale. Y os digo una cosa, Smith no es una hermanita de la caridad, que En los reyes del jaco hay ejecuciones para parar un puto tren, que estamos hablando de tipos que se disputan el negocio de vender droga. Hasta sale un tío con un hacha que quiere hacer hablar a otro. Y no está para ostias.

Pero Smith sabe escribir. Y eso se nota en lo que transmite al lector. Nada de estridencias, nada de pérdidas de control. Lo que sorprende de Los reyes del jaco es que, pese a la dureza de muchas de sus páginas y de las imágenes explicitas que Smith nos describe, la novela fluye con una tranquilidad increíble, es homogénea, no sé cómo explicarlo, la novela destila autocontrol. Si eso es posible.

Todos tenemos en la cabeza decenas de películas y series de televisión que tienen a las mafias de la droga como leitmotiv, no nos faltan ejemplos de series ambientadas en la época actual. Y Los reyes del jaco es como una serie de las buenas, una serie actual ambientada en los setenta. Actual porque la narración y el estilo de Smith no ha envejecido un ápice, actual porque ahora más que nunca las mafias de la droga campan a sus anchas, de nuevo, en muchas ciudades, actual porque la decadencia y el submundo que retrata Smith sigue ahí, cuarenta años después.

1972, abrigos de chinchilla, botines de cuero, anillos insultantemente ostentosos, peinados afro, los últimos modelos de Cadillac. Los reyes de la droga gustan de ser reconocidos, les gusta la opulencia y lo extremado, tienen que hacer saber quién manda, quien gana dinero. Pero solo hay un rey de reyes, un capo a quien todos admiran y odian por igual, la figura a derrocar por los más ambiciosos. Y en el mundo de la droga, hasta el camello más patético rezuma ambición.

Y cuando a un rey le quitas lo que le da su razón de ser, se enfada de cojones, y si ese rey es un negro armado, con muchos negros armados y cabreados a su servicio, no se avecina nada bueno. Rumores, favores, confesiones sacadas a golpes, ejecuciones. Tirar de un hilo para ver a donde va, para ver quien fue el que se fue de la lengua, para recuperar lo que es tuyo, más que eso, para recupere quien eres.

Los reyes del jaco se podría haber quedado en una novela de drogadictos, bajos fondos y un montón de negros con pistolas, pero Smith ha construido una novela sobre la droga, sobre la ambición y la venganza, sobre la violencia por encima de todo. Una novela donde el ser humano vale menos que la verdad que pueda decir, un mapa del territorio donde la droga a caído como una plaga, como una lacra, llevándose por delante el alma de sus habitantes, su dinero y su futuro.

Y hay que felicitar, un vez más, a Sajalín, porque esta novela no tendría esa uniformidad, esa concordancia, esa clase y esa redondez, sin el magnífico trabajo de traducción de Güido Sender, chapó hermano.

Los reyes del jaco
Sajalín editores, colección al margen 2015
267 páginas.

El gran arresto, de Ken Bruen

30/04/2015

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Dos años desde mi último Bruen, cada vez es más difícil conseguirlos. Por suerte, o por desgracia, ya tengo todos los que se publicaron en España. Que fueron muy pocos.

Ya sabéis que me apasiona Ken Bruen, su serie del malogrado Jack Taylor me parece sublime, de lo mejor que he leído nunca en género negro y de las que en España solo se tradujeron tres entregas. Y sin seguir ningún orden. Poco después de esos tímidos intentos por publicar a Bruen, Pàmies editó los dos primeros de otra serie, la del inspector jefe Roberts y el sargento Brant. Dos auténticos hijos de puta. Y de la que hoy os traigo la primera entrega. Por último, y aprovechando el tirón del estreno de la película, Pàmies editó también London Boulevard, una novela independiente que promete ser igual de buena que el resto. Luego ya nada de nada, Bruen es solo un recuerdo en este país con todas sus novelas saldadas, así que si os cruzáis con cualquiera de ellas, compradla por Dios.

Después de jodernos bastante con la las novelas de Jack Taylor; un personaje siempre melancólico, entrando y saliendo del alcoholismo y dándonos a los lectores un disgusto tras otro, Bruen cambia totalmente de registro en esta otra serie y nos presenta a dos personajes totalmente diferentes a Taylor. Roberts y Brant son muchos más duros que Taylor, más seguros de sí mismos, más violentos, y, lo que marca la diferencia en cuanto a Taylor, Roberts y Brant no tienen la ética, ni la humildad, ni mucho menos la humanidad y lealtad que definen a Jack Taylor.

Roberts y Brant son dos descerebrados con placa, el primero inspector y el segundo sargento. Los dos ostentan cargos con poder donde pueden humillar a todo el que esté por debajo de ellos. A veces incluso por encima. Son maleducados, mal hablados, chulos, chanchulleros, vengativos, machistas, soeces, lo que queráis. Pero molan un huevo. Entendedme, no son desagradables al nivel de Evert Bäckström, estos son así porque la vida los ha hecho así, son unos capullos, pero en el fondo son buenos tíos.

Roberts y Brant ya han jugado todas sus cartas en la comisaría, están a un paso de ser expedientados y que les den una patada en el culo a cada uno y los manden a casa para siempre. El capitán está al día de la brutalidad de Brant en los interrogatorios, de que se pase las normas por el forro, de que use su placa para no pagar prácticamente nada de lo que compra. Incluso los lingotazos. También está al día de que Roberts haga la vista gorda con Brant, de que le cubra todas las cagadas, de que se escaquee, de sus extorsiones y de sus amenazas a terceros. Los dos necesitan un Gran arresto, uno de esos que borre de un plumazo sus malas reputaciones y deje sus expedientes más limpios que el culito de un bebé.

Y es entonces cuando aparecen El Árbitro y La banda de la E. El primero es un psicópata que se dedica a matar a jugadores profesionales de Críquet, tiene una fijación con ellos, y ha empezado una venganza personal. Los segundos son cuatro veinteañeros blancos (nótense las cursivas) encabezados por un maníaco paranoico que quiere limpiar el barrio de yonkis, traficantes y demás escoria. Y su manera de limpiar el barrio es colgar a los susodichos de las farolas.

Aunque en esta novela Bruen cambie de personaje y de escenario (con Jack estábamos en Irlanda y con R&B estamos en Londres) el estilo que emplea para escribir esta nueva serie es el mismo estilo único que le caracteriza; ese estilo parco, ahorrativo, directo, Bruen no es de los que pierde el tiempo en florituras, en descripciones innecesarias (¡que me aspen! ¡Yo me di cuenta que Falls era negra diez páginas antes de terminar el libro!), en relleno que no va ninguna parte. Bruen establece un juego con el lector, él te da una parte de la historia y tú tienes que rellenar los huecos vacíos. Eso se traduce en capítulos cortos o muy cortos, cosa que me fascina y que le da un ritmo a la novela endiablado, y en esos capítulos incluso cabe la posibilidad de que dos tramas estén mezcladas, apenas separadas por un punto y aparte. Si uno no está atento, puede desorientarse.

No a todos los lectores les gustara el estilo de Bruen, hay que entrar en el juego, hay que prestar atención y te tiene que gustar como Bruen construye las tramas. Además de que sus libros suelen ser duros, con un vocabulario sin filtros y con ese maravilloso don para hacer personajes extraordinarios y bastante trillados.

Y como no podía ser menos, El gran arresto también está plagada de ese humor negro tan característico del autor, esos diálogos afilados y cortantes, esas constantes menciones musicales y esas alusiones a otros autores de género negro que tanto admira Bruen y que en esta novela, se lleva la palma Ed McBain.

El gran arresto
Ken Bruen
Ed. Pàmies 2008
189 páginas.

Un filo de luz, de Andrea Camilleri

27/04/2015

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¨Ni siquiera tenía amigos que pudieran llamarse verdaderamente ¨amigos¨, de esos en los que confías, a los que les cuentas incluso los pensamientos más íntimos… Fazio y Augello eran amigos, desde luego, pero no pertenecían a esa categoría.¨

Empiezo a sospechar que Salamandra espía a sus lectores. O a algunos de ellos. O quizás me espíe a mí. Es sospechosa la coincidencia que tiene siempre la salida del último libro de Montalbano con mi ninguneado estado de ánimo. Coinciden.

En esta ocasión Camilleri nos vuelve a presentar a un Salvo atribulado, confundido con su vida interior y amorosa, como vimos en Juego de espejos, pero en esta novela Camilleri da un respiro al comisario con sus achaques de la edad y lo martiriza, como no, con una nueva femme fatale de muy señor nuestro, Marian.

No contento con poderle delante a la voluptuosa Marian, dueña de una galería de arte y diana de todos los pensamientos impuros del comisario, Camilleri monta una trama con más de un caso a resolver por el comisario. Así, mientras su relación con Livia está en su peor momento, el comisario tiene que lidiar con un asesinato que parece obra de la Mafia y con dos tunecinos, refugiados políticos, que al parecer son algo más que simples trabajadores del campo.

Como en todas las novelas de Camilleri, más que saber el quién y el porqué, los lectores disfrutamos del camino que nos lleva a la resolución, disfrutamos de la evolución de Montalbano, de sus vicios gastronómicos, de sus deslices amorosos, de sus debilidades, de su genio incontrolable, de sus frustraciones, de su melancolía que nos envuelve. Los lectores de Motalbano no somos meros transeúntes que se cruzan en el camino del comisario, no. A nosotros nos gusta pensar que somos parte de su mundo, que Camilleri nos ha colocado ahí, en un sitio preferente, donde Montalbano nos hace partícipes de todo, como si fuéramos su mejor amigo…

¨Era del todo consciente de que, si algunas noches se quedaba horas y horas en el porche fumando y bebiendo whisky, no era por falta de sueño, sino porque le pesaba mucho tener que dormir solo.¨

Y el comisario tiene mucho que contar en esta novela. Su mundo se viene cada vez más abajo, su melancolía gana terreno, se siente cada día más solo, su relación con Livia es un tormento de discusiones, desconfianzas y amor que se evapora. Y por si fuera poco el recuerdo de François, el niño que él y Livia estuvieron a punto de adoptar, vuelve con fuerza una y otra vez para recordarle que podría haber dado un paso para formar una familia, para empezar una vida con ella.

¨Él se conocía, sabía de sobra que no tenía capacidad para adaptarse a otra persona, ni siquiera queriéndola como quería a Livia. Ni capacidad ni voluntad.¨

Pero aunque todo pinte mal, y nuestro comisario no este del todo en forma, la novela está lejos de ser oscura o triste, Camilleri se las hace pasar putas al comisario, por supuesto, pero siempre quitando hierro a las situaciones, siempre imprimiendo ese humor italiano tan impetuoso. Qué haríamos los lectores sin nuestro querido Catarella, sin los estallidos de mal humor del comisario, sin las prisas por llegar a todas partes, sin los mal entendidos de Montalbano con sus chicos…

Un filo de luz
Andrea Camilleri
Salamandra 2015
219 páginas.

On mai no creix l´herba, de Sebastià Bennasar

17/03/2015

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La venjança i la supervivència son dos dels grans temes de la humanitat. Com l´amor, l´odi, els diners. El gènere negre es caracteritza per exprimir les desgracies humanes, per mostrar les baixeses dels individus, la seva cara fosca, la necessitat, la gratuïtat moltes vegades dels seus actes. L´oportunitat, la lluita per sortir del fang, la violència com a forma de vida.

En Bennasar, com qualsevol altre autor de gènere negre, abraça i utilitza dues grans icones del gènere humà: la venjança i la supervivència.

On mai no creix l´herba és moltes coses; és amor per un país que no vols que es trenqui, que no vols que deixi de ser el que sempre has admirat i reverenciat, una unitat que mames des de els avis, una il·lusió de país que es remunta a temps en que aixafar cultures era el dogma. És cuitat, és barri, és un mosaic de la nova societat que tira endavant, de la nova creença del al menys tinc una feina, de les compres mínimes, del silenci i el cap avall. És un reguer de sang que has de seguir, una mostra de la ment malaltissa d´algú que ha decidit emprendre justícia, la seva justícia, ves a saber perquè, a cops d´escopeta retallada. És assaltar una vegada més una casa, un xalet, un magatzem, una fabrica. És amagar un mort. És un client més que esperes que no et rebenti el sexe a embranzides descontrolades i amb el cap lluny de l´habitació fosca i pudenta on estàs feta un nyap.

¨El país és una merda si els atracadors canvien bancs amb caixes rònegues per supermercats…¨

És venjança i supervivència.

Lluny de la neu, del romanticisme del pobles petits, les ermites, els paisatges que et deixen embadalit i l´hermetisme del coneguts que fan pinya en front d´un foraster que en Bennasar ens oferia a El país dels crepuscles, aquesta vegada el mallorquí ens situa a ciutat. A Barcelona. Al barri de la Verneda.

Es un canvi notable, del petit mon de la Vall de Boí a la cosmopolita Barcelona, a la colossal ciutat. S´endinsa en una gola de llop on tot té un altre ritme, un altre manera de funcionar, un caire més trist, més gris. Un altre realitat.

Aquesta vegada en Sebastià no utilitza el model més canònic de la novel.la criminal o policíaca, que sí va fer servir a El país dels crepuscles, en aquesta ocasió, en Bennasar a optat per una novel.la filada amb quatre histories diferents, quatre visions de la nova societat que aflora en quests temps de crisis monetàries, crisis de creences, d’ètica i de valors. Quatre vides, i alguna més, que viuen entre la desesperació, la venjança, la supervivència, les creences obsessives i l´anodina feina.

Una novel.la on el nostre estimat Jaume Fuster no acaba de ser el protagonista, l´eix de la trama, sinó que més aviat es part de la maquinaria que fa funcionar els esdeveniments, com a vàlua d´un sistema que es podreix i s´enfonsa. Un Jaume Fuster de tornada de tot, irònic, tranquil, que veu com el seu voltant canvia de pressa i aixafant els vells temps sense immutar-se.

Però el que fa més sorprenen a On mai no creix l´herba, diferent, amb un punt quelcom incòmode pel lector, en el bon sentit d´una visió interna i directe, es la utilització de la segona persona per part d´en Bennasar, una segona persona que involucra al lector en els esdeveniments, que els en fa part. Per mi, que no m´he l´havia trobat mai, ha estat una experiència torbadora i estranya a parts igual. Nova.

En Bennasar aprofita aquesta historia de múltiples vides, no només per contar les desesperances d´uns quants pobres d’ànima. Com ja va sent marca del mallorquí, la denuncia social hi es molt present, així com la reivindicació d´una cultura, d´una llengua, d´un país. El nostre. Amb petites pinzellades, dient les coses sense dir-les.

¨Es molt curiós això que passa als centres comercials: pots viure en un món hiperglobalitzat on sempre hi ha una cultura que sobra, la pròpia.¨

On mai no creix l´herba
Sebastià Bennasar
Alreves/Crims.cat 2015
177 pagines.

Terry

13/03/2015

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Marzo se supone que iba a ser divertido. En casa, tres de los cuatro que la habitamos cumplimos años. Este pequeño viaje alrededor de una mesa también. Los días son un poco más largos, el frío empieza a retroceder. Un mes donde parece que remontas las dificultades de principio de año, te quitas el polvo de la ropa, coges fuerza, y afrontas lo que te queda por delante.

Marzo ya nunca será igual. Hace unas cuantas horas que tengo la vista nublada por las lágrimas. He estado levantado parte de la noche, dando vueltas en silencio sin entender muy bien porque. Triste, hundido.

El Hombre del Sombrero se ha ido.

Supongo que para muchos de vosotros es difícil entender la enorme tristeza que sentimos muchos de sus lectores, es alguien a quien no conocíamos personalmente, a quien nunca habíamos visto. Pero para algunos de nosotros fue casi como un padre. El Hombre del Sombrero era en quien apoyarse, a quien buscar cuando sentías que el frío ganaba terreno.

Mi primera novela de Pratchett fue El color de la magia, la primera de la serie del Mundodisco. No recuerdo donde la compré, pero recuerdo que tenía en la cabeza la palabra Mundobizarro, no tengo la menor idea de porqué. Esa palabra me bailaba en la cabeza hacía meses y un día vi una novela que hablaba del Mundodisco. Asociación de ideas. Inteligéncia embotada por la musica siempre demasiado alta, el humo y el alcohol. La compré al instante, atraído por la cubierta y algo de que este autor era el más robado en la cadena de librerías Waterstone´s. Pensad que en aquella época yo calzaba botas militares, pantalones pitillo lilas, rojos o negros, cazadoras militares e iba gran parte del día borracho.

Apenas con diecisiete ya no vivía en casa, mi padre me había enseñado donde estaba la puerta, vivía en un garaje. Mi madre vivías lejos y sin ganas de saber mucho de nosotros. Me pasaba el día patinando, escuchando punk y dejando trabajos uno detrás de otro. Y bebiendo.

El color de la magia no me salvo la vida, ni dejé de ser lo que era, pero Practhett me hizo reír y disfrutar, me hizo olvidarme de la soledad de un garaje con un camastro, de la falta de amor de mis padres. Con Practhett me sentía un poco especial, como un miembro de la guardia, arropado por sus congéneres, por Vimes.

Luego conocí a mi mujer. Y dejé un camino que se torcía por momentos, para coger otro que tampoco ha sido demasiado recto. Pero Practehtt siempre ha estado ahí. En casa tengo treinta y dos novelas suyas, todas leídas y manoseadas, de las cuales veintiuna son de bolsillo. Recuerdo comprar muchas de ellas en Gigamesh, con vergüenza, las de los lomos verdes. Recuerdo ahorrar para comprarlas, dejar de fumar Ducados, de beber cerveza, para tener dinero para leer.

Ahora tengo treinta y siete años, a unos días de cumplir uno más, y Pratchett sigue siendo un pilar en mi vida, sigue alegrándome el día cuando pienso que hace un año que no encuentro trabajo, que educar a un adolescente es brutal, que intentar seguir adelante con un millón de dificultades es imposible. Sigue ahí, con sus lecciones entre las páginas, con su visión de la vida tan increíble, con ese humor tan delicioso que hace que revivas y que la vida valga la pena.

Mi padre murió en 2010, y yo, como Vimes, tampoco llore cuando se fue. Pero si lo he hecho ahora, con Terry, lágrimas que llegan en cualquier momento en cualquier lugar, una sensación de tristeza infinita que te oprime el pecho.

Leo la tristeza de Manu, la de Vimes, la de David en Facebook y veo que todos hemos tenido vidas parecidas, sin un padre que nos sirviera de modelo, sin una vida ordenada. Pratchett ha sido nuestro modelo, nuestro asidero en momentos de caída.

Hace años, cuando internet estaba en pañales, cuando las redes sociales no existían y nos comunicábamos en los foros, conocí a Manu y a David. Hablábamos del Mundodisco, de las traducciones, de las ediciones, de tantas cosas. Las listas de correo, las convenciones, cualquier cosa para seguir alimentándonos.

La fuerza se agota, Ledesma, Practhett, dos grandes que han marcado mi vida. Es difícil seguir sonriendo, fingir que todo va bien.

¨La gran tortuga A´Tuin se acerca, nadando lentamente por el golfo interestelar, con los pesados miembros llenos de hidrógeno congelado, la enorme y viejísima concha llena de cráteres de meteoros. Con unos ojos del tamaño de mares, encostrados de lágrimas reumáticas y polvo de asteroides, Él contempla fijamente el Destino.¨

Hipotermia, de Arnaldur Indridason

12/03/2015

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Indridason era una de mis asignaturas pendientes de hace tiempo, el islandés ha sido bastante premiado (La llave de cristal, el Martin Beck Award, el Golden Dagger, el Premio de la Crítica Francesa y el Premio RBA de Novela Negra) y yo tenía mucha curiosidad por leer alguna novela ambientada en Islandia. Su mujer de verde ha calado entre los lectores y la serie del inspector Erlendur Sveinsson parece que tiene seguidores fieles. Y aunque nunca es bueno empezar una serie por el último que se ha escrito… hay que ponerle emoción a la vida.

En Hipotermia, Indridason nos cuenta cómo el sargento de la policía de Reikiavik, Erlendur Sveinsson investiga un poco por libre tres casos distintos. Al parecer no hay mucha faena en la comisaría y el sargento puede dedicar su tiempo a investigar casos que, en otro momento, habría que dar por cerrados.

El primero de ellos es un suicidio; María, una mujer de mediana edad casada y sin hijos, ha aparecido colgada en su residencia de verano. El bungaló está a orillas de un lago y la familia de María lo tiene desde que ésta era una niña. El comisario está convencido de que la mujer se ha quitado la vida, pero conmovido al conocer su pasado, decide intentar entender que ha llevado a una mujer tan joven a suicidarse.

Los otros dos casos que investiga Erlendur, off de record, son dos desapariciones ocurridas hace más de treinta años, un chico por un lado y una chica por otro, de los cuales de un día para otro nunca más se supo. El padre del chico, un octogenario a las puertas de la muerte, sigue visitando a Erlendur con la esperanza de que éste le dé algún día una noticia sobre el paradero de su hijo.

Y no hay mucho más. Hipotermia es entretenida, se lee con una facilidad pasmosa y está escrita con mucho oficio, no busquéis mucho más. Los nórdicos no son lo mío, salvo Nesbö, no suelo acercarme a ninguno, y ahora recuerdo porqué. Indridason es frío, su narración es distante, sin chispa, monocorde, sin vida, igual que sus personajes, todos ellos vacíos, grises, tristes, parece que todos y cada uno aguanten el peso del mundo, empezando por el comisario. Puedo entender que Indridason quiera ese carácter en sus personajes, quizá hasta en el ambiente; una carga sobre todos ellos, representar un país como Islandia, sumido en la oscuridad, en el frío. Pero no comulgo con ese estilo de narrar desposeído de calidez, de cualquier calidez, sin alma.

Hipotermia no me ha transmitido nada, ni siquiera tristeza, porque hasta en eso hay que poner sentimiento. Es curioso, porque uno se siente cómodo leyendo la novela, es fácilmente disfrutable, pero he tenido la sensación de que el texto era plano, de que el autor dictaba y no escribía. Además no he empatizado con ningún personaje, pero eso es fácil porque aparecen muy desdibujados, y creo que eso es parte del estilo de Indridason, de esa manera parca de escribir, casi reservada.

Para mi Indridason ha sido una experiencia extraña, por un lado no me ha disgustado, es entretenido, pero por otro, no creo que repita, a un libro le pido mucho más, mucha más fuerza, mucho más contenido, una trama que no se apoye en las casualidades -aquí dos sub tramas se resuelven un poco en la cuerda floja- pido que me haga vibrar, enfadar, sonreír, algo, y Indridason conmigo no lo consigue. Entiendo que a mucha gente le pueda gustar, incluso maravillar esa cadencia con la que escribe el islandés, esa desesperanza un poco rebajada que desprende, ese aura un poco triste, pero yo soy un chico de barrio, y en el género criminal me gusta la acción, la sangre y el sexo. Normalmente.

Hipotermia no es una mala novela, creo que Indridason es un tipo peculiar, con un estilo muy personal, con unos lectores bastante concretos, entre los que no me encuentro.

Hace pocos días que he reformado una habitación de mi casa. Lo que era una de las habitaciones de los niños ha pasado a ser un despacho-biblioteca-zona de estudio. La he pintado de gris claro y gris oscuro. Estoy escribiendo esto en esta nueva habitación. Huele a pintura, hay eco y hace frío. La estancia no desprende vida, no está vivida, es impersonal, fría, no la reconozco. Pero me gusta. Hay que llenarla de recuerdos, de momentos, de calidez, de presencia.

Hipotermia
Arnaldur Indridason
RBA Serie Negra 2015
343 páginas.

El diablo en cada esquina, de Jordi Ledesma

07/03/2015

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La maldad vista de frente acojona. Cuando cae sobre ti entumece, nubla el juicio, desespera, sacude, pone en marcha mecanismos de supervivencia que ni siquiera conoces.

Vista de refilón, mirando sin mirar, de reojo, haciendo ver que no está allí, ignorándola con esfuerzo, la maldad es casi peor. Envenena, desquicia, tortura.

Lo mejor es no tener nada que ver con la maldad, con la crueldad, la brutalidad, lo ilegal. Pero ¿Y si se lleva en los genes? ¿Y si nos llama con un hermoso canto de sirena? Hay una maravillosa novela del gran Edward Bunker en que un delincuente acaba de cumplir condena en prisión por falsificar cheques. Cuando nuestro ex falsificador sale libre busca un buen trabajo, un trabajo legal para rehacer su vida, para ser decente, quiere cambiar y ser un ciudadano honrado. ¿Cuánto creéis que tarda en hacer algo ilegal? Poco, muy poco. Y él lo intenta, pero lo lleva dentro, es lo que ha aprendido, es lo que sabe hacer.

Es lo que le pasa a Esteban un niño de papa que lo ha tenido todo, que ha crecido con dinero, que podría haber llevado una vida desahogada trabajando en la empresa de papá. Pero que eligió los cantos de sirena, que siguió el impulso interior de destruir su vida y la de su entorno. Drogas, sexo y fiestas como forma de vida, la subsistencia sin esfuerzo y los atajos habituales para seguir en la cima de esa montaña. La maldad que se pega a tu piel como una falsa identidad. Como algo ineludible.

Jorge Solís tuvo claro desde el principio que con la honradez no iba a ninguna parte, que en la policía no haría carrera, que en la vida solo sería un pusilánime. Así que se agazapó bajo la protección del alcohol, de las drogas y de la corrupción más feroz e inició una carrera llena de éxito y servidumbre al demonio, de mentiras, deudas y muertos. Y la maldad lo dejó como un cascarón vacío.

A Humberta, o Dulce, como se la conoce ahora, solo hubo que darle un empujón para que se diera cuenta de cuál era su verdadera naturaleza, de cuál era su vocación. Una vez metida en el mundo del dinero fácil y la conciencia silenciada solo fue cuestión de tiempo que la ambición creciera en su interior y que acabara por devorarla.

Y si hablamos de mal al servicio del mal hay que nombrar a Santiago, un hombre que desde niño se rodeó del escalafón más bajo de la sociedad, que creció entre sangre, gritos ahogados por los puños, palizas, robos y crimen, que pasó por el correccional, para salir y endurecerse en el ejército, de donde salió aún más bravo de lo que entro. Que se impregno de la violencia más letal de la mano del Mossad. Y que ahora trabaja para el mismísimo diablo. Siendo él su alumno más aventajado.

Cuatro almas negras, huecas, cuatro demonios sueltos infectando una sociedad propensa a pudrirse. Cuatro historias que se entrelazan, que se persiguen, que se rehúyen y se buscan, cuatro vidas podridas que afrontan últimas oportunidades desesperadas, que disparan los últimos cartuchos para intentar seguir sobreviviendo en unos cuerpos ya vacíos, muertos.

El diablo en cada esquina es corta y afilada, rápida, directa, Ledesma narra de manera casi expeditiva, sin miramientos, sin sobrantes, sin florituras, acción y reacción. Con las palabras exactas, en el momento exacto. La novela esta milimetrada, ajustada para que vaya de la nada al todo, para que vaya creciendo en cada párrafo hasta conseguir un final apoteósico de violencia desenfrenada, caos y estupidez humana.

  ¨…viene solo y entra enfurecido, tiene los ojos fuera de órbita y rezuma olor a vómito, huele a heces, sangre y azufre. Lleva un big-brother MK-48, que sostiene con las dos manos.¨

El diablo en cada esquina
Jordi Ledesma
Alreves Ed. 2015
192 páginas.

La verdadera historia de la nariz de Pinocho, de Leif GW Persson

25/02/2015

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Los personajes extremos siempre me han atraído, mucho más cuando son policías o detectives. Me gustan los personajes que cruzan líneas rojas, en todos los sentidos. De gente anodina y sosa está la literatura llena, y la novela negra no es una excepción. Así que cuando me dijeron que Evert Bäckström se salía bastante de la norma, que era un granuja tirando a marrullero, no me lo pensé dos veces.

Pero ojo porque hay muchos tipos de marrullero.

La verdadera historia de la nariz de Pinocho, un título largo y nada atractivo para mi gusto, es una entretenida novela de procedimiento policial, de puro procedimiento policial. Con todo lo bueno y todo lo malo que tiene eso. No es una novela de comisaría, pero casi. Leif GW Persson, desarrolla una trama un tanto enmarañada al principio, que a lo largo de sus excesivas seiscientas treinta páginas se encarga de ir despejando. Con tres frentes abiertos sin ningún tipo de relación, Persson despliega todos sus efectivos para intentar resolver dos misterios menores y un asesinato. Entre medio, un par de clases un tanto tediosas, sobre historia y arte Ruso que nos ponen en situación en cuanto a una de las subtramas que conjuntan todo el misterio.

Thomas Ericksson, un conocido abogado que tiene como clientes a los peces gordos de la mafia y a los peces no tan gordos pero igualmente de dudosa reputación, aparece asesinado en su lujosa casa en Estocolmo. Enemigo declarado de la policía por dejar libres a quien ellos quieren encerrar y sin demasiado amigos tampoco del otro bando, por no poder cumplir siempre con su cometido, Ericksson no era un personaje muy querido. Su casa era un auténtico bunker infranqueable. Además era enemigo directo de Bäckström por un caso ocurrido en el pasado.

Empecé la novela con cierta sorpresa, descubriendo a un Bäckström que desde luego es un tipo diferente; enamorado de sí mismo y de su supersalami, machista, racista, homófobo, vago, chanchullero, borde y unas cuantas cosas más.

Un auténtico hijo de puta.

Porque a Bäckström cuesta tragarlo, y aunque todo lo que leo sobre él en la red es bastante políticamente correcto, lo cierto es que es un personaje tan bien construido como odioso.

Persson nos pone delante a un tipo que no se molesta en investigar; se pasa el día comiendo en restaurantes, escaqueándose de la comisaría para ir a dormir la siesta, para follar con una masajista prostituta, para comer más y finalmente para irse a casa al final del día a tomarse una copa. Delega constantemente el trabajo en su segunda, Annika Carlsson, la bollera combativa, como el la llama, que si hace su trabajo, y muy bien. Bäckström es poco más que un decorado de la comisaría, salvo algún interrogatorio y las reuniones con su equipo no hace mucho más, y a cambio se lleva todos y cada uno de los méritos.

Cuesta empatizar con alguien así, si es que llegas a hacerlo alguna vez, y supongo que el sector femenino debe fruncir el ceño constantemente ante un tío tan misógino.

Supongo que Persson quiere poner en relevancia la sociedad actual; la situación de la mujer en el trabajo al verse rodeada de tipos como Bäckström, los estamentos de poder, la homofóbia, la sexualidad. Bäckström no deja de ser una amalgama de personalidades comunes, de clichés masculinos reunidos en un solo hombre para hacernos reflexionar, madurar, avergonzarnos si nos vemos levemente reflejados, ponernos en guardia.

Pero si Persson no necesitara más de seiscientas páginas para contar una historia todo iría mejor también. La novela tiene ritmo, es innegable, pero para mi gusto podían haber sido menos páginas, a veces tanto Bäckström y tanto de su vida personal, innecesaria para la trama, acaban por atragantarse. Y es que Bäckström llega a empequeñecer una trama interesante y unos secundarios realmente buenos, él solito acapara tanto protagonismo que al final el lector tiene la sensación de avanzar en la trama a marchas forzadas entre pensamiento misógino, insulto homófobo y alabanza de su miembro viril.

Pero a otro nivel, dejando a la estrella del sexo a un lado, La verdadera historia… funciona muy bien. Como he dicho, tiene secundarios muy buenos, diálogos afilados, buen ritmo y un estilo directo y claro que hacen que la novela sea muy dinámica y sencilla de leeer.

No es una novela para recomendar a ciegas, ni siquiera para recomendar a alguien a quien conoces del club de lectura y tiene los mismos gustos que tú. Te pueden llover un par de insultos. O una mirada airada. Bäckström es un tipo especial, mucho, y en los tiempos que corren, solo nombrarlo es un acto de valentía.

La verdadera historia de la nariz de Pinocho
Leif GW Persson
Grijalbo 2015
635 páginas.

La piedad del Primero, de Pablo Bueno

19/02/2015

piedadprimero

Dios santo, debo llevar veinte años sin leer fantasía épica. Leerla de manera un poco continuada quiero decir. Desde que leí El Hobbit y sus obligatorias continuaciones, a la tierna edad de 16 años, solo me he asomado a la fantasía épica en contadas ocasiones, y tampoco es que nos hayamos hecho muy amigos. Veamos: Juego de tronos, el primero de la más famosa saga de fantasía me gustó, pero no lo suficiente como para seguir con Martin. Con el estallido de la fiebre Rothfuss intenté leer el soporífero El nombre del viento, pero no lo llegue a terminar y lo regalé en cuanto tuve ocasión. Finalmente el gran Joe Abercrombie, del que leí la mitad de Los Héroes y que aun gustándome mucho, dejé para una ocasión mejor y (sobre todo) con más tiempo.

Como El Hombre Del Sombrero no entra en los cánones de lo que se entiende por fantasía épica, ni lo voy a nombrar. Que de ese si he leído mucho.

Menudo desastre.

Pero es que a mí la fantasía épica no me ha llamado la atención más allá de algún que otro fenómeno puntual como los que he indicado arriba, pobre de mí. Ya sabéis que a mí lo que me gusta es lo policíaco y derivados. Además soy un lector impaciente, y la fantasía suele ser muy lenta.

Entonces, ¿Por qué demonios me meto entre pecho y espalda una novela de fantasía épica de casi seiscientas páginas de un autor más bien desconocido? Pues no tengo la menor idea. Bueno, algo hay de salir de la zona de confort, de leer cosas diferentes y todo eso. Pero no estoy muy seguro.

Aunque mucha culpa la tienen Alexander y su presentación de la novela en la MIRcon.

La piedad del primero es épica de principio a fin, no hay duda, desde el inicio encontramos un ambiente duro, oscuro, hermético, que nos dispara la imaginación en todas direcciones; en la de los protagonistas, en la de la trama, y en la de ese lugar enigmático donde arranca la novela. Todo en consonancia con nuestro héroe, un personaje central que, como nosotros, va agrandándose, mejorando, volviéndose más épico a cada página.

Para mí, después de tanto tiempo sin leer fantasía de manera intencionada, sin una razón más allá de disfrutar de la aventura que nos propone el autor, La piedad del primero ha sido la puerta de entrada perfecta para volver al género, para volver a alimentar el gusto por estas aventuras, por volver a sumergirme en novelas de largo recorrido, para leer con calma.

La piedad es la primera novela de Pablo Bueno, un debut ambicioso y a largo plazo, puesto que esta novela es la primera de una trilogía. Es bueno saber que uno se enfrenta a una trilogía, yo iba sobre aviso, porque el libro queda abierto y me consta que no a todo el mundo le hizo gracia enterarse a posteriori.

En el territorio de las cuatro provincias, los niños que, apenas empiezan a andar, demuestran aptitudes fuera de lo normal, son reclutados por un siniestro séquito de hombres que los separa de sus padres y los recluye en un monasterio donde serán entrenados, adiestrados y ejercitados a conciencia hasta cumplir con los requisitos necesarios. Este entrenamiento exhaustivo y mortal suele durar desde los cuatro años hasta cumplidos los veinte, y es tan extremo que la mayoría de los niños reclutados suelen perecer en el camino. Solo los más duros sobreviven y llegan a cumplir los objetivos de los captores.

Una vez terminado el adoctrinamiento, se les revela el motivo por el que han sido tratados con tanta dureza y se les asigna una misión.

La novela esta dividida en tres partes muy diferenciadas. La primera gira en torno al adiestramiento de los niños en el monasterio, desde que entran con apenas cuatro años, hasta que salen cerca de los veinte. En esta primera parte conocemos muchos de los niños, pero Bueno se centra en un reducido grupo de cinco y muy concretamente en un niño llamado Marc, que será nuestro épico héroe en esta novela. Esta primera parte es de las que necesitan lentitud y desarrollo, en ella conocemos a los cinco protagonistas, sus personalidades, sus habilidades, sus afinidades. Vemos como los cinco chicos crecen juntos, beben juntos, luchan juntos, como se forja una amistad que ha de ser para toda la vida. También vemos como Marc se distingue de los demás, como sus gustos son algo más refinados, siente una pasión especial por la música, como algo en él se perfila y se agranda para estar por encima de sus compañeros.

En la segunda parte de la novela, ya con todos fuera del monasterio, veremos cómo los cinco chicos cumplen distintas misiones que les han sido encargadas, veremos cómo es Marc fuera de las protectoras murallas que lo han guardado. En esta segunda parte, cada uno se mostrara tal como es, con su brutalidad, su destreza para esconderse, su magnetismo, su habilidad para la conciliación o su sentido de la justicia. Se forjaran como personas en una sociedad que los teme y alaga al mismo tiempo y que no les deja espacio para la vacilación.

Esta segunda parte se me ha hecho un poco cuesta arriba, Bueno aprovecha sus personajes para mostrarnos las cuatro provincias, hace una suerte de worldbuilding mientras cabalgamos, navegamos o luchamos de la mano de sus personajes. Esta segunda parte es pura aventura y desarrollo de un mundo que vamos conociendo a través de ellos. A mí me ha costado, ya que estoy poco acostumbrado a la épica fantástica, a las aventuras de espada y brujería y a tanto mundo repleto de campesinos, posadas y nobles.

La tercera y última parte es el clímax, una tercera parte emocionante y extraña a partes iguales. En este último tramo de la novela el argumento cambia por completo, da un giro para cambiar la perspectiva de la historia. Por desgracia no se puede contar demasiado, o reventaría una parte crucial de la historia. En esta última parte, veremos en todo su esplendor la parta mágica de la novela. La Voluntad, es un tipo de poder mental que va desde mover sencillos objetos hasta donde el individuo que la controle pueda llegar, cuanto más poderoso es alguien con la voluntad, más poder podrá esgrimir contra los demás. Aunque está presente durante toda la novela, es en esta última parte donde cobra más protagonismo y sabemos más sobre ella.

Esta última parte, como digo, es algo extraña, pues nuestro protagonista cambia casi por completo en algunos aspectos y creo que no le acaba de sentar demasiado bien. El personaje de Marc esta algo sobreactuado, forzado, siempre alerta y siempre atento. Quizá algo menos de heroicidad le hubiese sentado mejor y ser algo más humilde lo habría hecho más creíble. Aunque paradójicamente esta tercera parte es la que más he disfrutado. Mi demanda de sangre ha quedado satisfecha, mi sed de venganza también, mi pequeña dosis de romance…

Esta tercera parte es crucial en la novela, es donde nace el germen de las siguientes entregas, es donde todo arranca, y aunque me ha gustado muchísimo, yo le habría dado más páginas, al menos para darle más chance al lector, un poco más de desarrollo, porque viendo el final tan abierto que deja el autor, se queda uno muy desamparado, el corte es algo brusco y los que no estamos muy acostumbrados a las sagas nos entra (al menos a mí) un poco de desesperación

Pero de la buena eh Pablo.

En conjunto, La piedad del primero me parece una magnífica primera novela, si es verdad que el argumento recuerda a los clásicos de la fantasía y que su esquema es muy cerrado, pero escribir algo así de potente en un debut es para quitarse el sombrero. Los personajes tienen profundidad y están muy bien construidos, hay secundarios espectaculares, como Phillipe, Aurore o Melquior, la ambientación es magnífica, pese a mis reticencias con tanta posada, y el estilo de Pablo es fuerte y claro, directo y con un vocabulario especialmente cuidado.

Espero ansioso la siguiente novela de Pablo, que diría que ya está escrita y está en proceso de corrección, y espero poder leer a otros tantos autores de aquí, a ver si doy un poco de ejemplo por una vez en la vida…

La piedad del Primero
Pablo Bueno
Sportula 2014
566 páginas.

Libertad condicional, de Jim Thompson

13/02/2015

9788490065822

El 11 de febrero de 1949, Thompson fue despedido del diario Los Ángeles Mirror por alcohólico, no pudo soportar la presión que los plazos de entrega de los artículos ejercían sobre él y su alcoholismo de desmadró. Pero volvió a San Diego, donde estaba viviendo su familia, con la feliz noticia de que su novela Sólo un asesinato sería publicada en Francia y en Australia. Una vez en casa, se puso a trabajar en una nueva novela al instante, una reescritura de Sólo un asesinato pero más suavizada y con un aire algo más comercial.

En octubre, Thompson viajó de nuevo a Los Ángeles para trabajar como profesor de escritura creativa en la Universidad de California del Sur durante tres meses. De nuevo en Los Ángeles, termino su nueva novela a principios de 1950, trabajando en ella los fines de semana. Fue en esa época cuando Thompson dijo una de sus frases que más se recuerdan dirigida a los escritores noveles; entrevistado en el programa Recortes de San Diego en la emisora KGB, le pidieron a Thompson un consejo para los escritores que estaban empezando, a lo que Jim contestó, ¨Que aprendan fontanería¨.

Por desgracia, la nueva agente de Thompson no pudo vender la novela a ninguna editorial de tapa dura de aquel momento, y Libertad condicional acabó en un cajón del que salió tres años después, en 1953, cuando Thompson ya estaba en nómina de Lion Books.

Para escribir esta novela, Thompson se basa de nuevo en cosas que ha vivido y en personas que ha conocido, mezclando una vez más realidad y ficción, cosa que haría en prácticamente todas sus novelas. Para Libertad condicional se valió sin duda de sus múltiples detenciones por embriaguez y vagancia tan frecuentes en los años treinta y cuarenta, donde conoció personajes tan singulares como el Doctor Roland Luther.

Libertad condicional es sin duda la novela criminal más floja que Thompson escribe en ese momento, después de Sólo un asesinato, Tierra sucia, y la brutal El asesino dentro de mí, Thompson quiere escribir algo más comercial y para todos los públicos, y desde luego escribe una novela algo descafeinada. No me sorprende que, en aquel momento, después de lo que había escrito, Thompson no encontrara comprador para la novela, puesto que ya se empezaba a asociar su nombre con un tipo de novelas pulp muy concretas.

Pero desde luego, Libertad condicional, en el conjunto de la obra de Thompson tiene su espacio y su porqué, y no hay que menospreciarla. Lo que me fascina de leer todas sus novelas ahora, después de leer Arte salvaje, es ponerlas en situación y contexto y ver qué motivó a Thompson a escribir cada una de ellas. En la mayoría de los casos fue la obsesión por ganar dinero para mantener a su familia, pero también hay mucho de una mente que no paraba nunca de tejer historias, de una inquietud innata por viajar, moverse y por escribir incansablemente.

En Libertad condicional conocemos a Pat ¨Airplane Red¨ Cosgrove, ¨Pat¨ para los amigos. Pat lleva quince años recluido en Standstone, la penitenciaría estatal de Capital city por robar un banco empuñando una escopeta a los 17 años. Sin familia ni amigos, Pat está condenado a cumplir una condena de por vida y sin derecho a libertad condicional. Pero Pat no se resigna, así que decide escribir cientos de cartas a las personas más influyentes de Capital city, -abogados, médicos, empresarios- por si aparece un ángel de la guarda. Y ese ángel de la guarda es el doctor Roland Luther.

A nadie se le escapa que Luther tiene un motivo para hacer lo que hace; sacar a Pat de la cárcel, darle un techo donde dormir –y no cualquier sitio-, pagarle la ropa, darle un trabajo, incluso él mismo Pat se pregunta el porqué de tantas atenciones. Y ese es el juego al que nos hace jugar Thompson en esta historia, al juego de la ambigüedad, del desconocimiento, a ofrecernos multitud de pistas y de señales para que intentemos adivinar qué hay detrás de los intereses no solo de Luther, sino de todo un abanico de personajes que acompañan al doctor en esta aventura. No faltan las mujeres sugerentes, provocativas o como dice el mismo Pat a colación de una de las mujeres protagonistas: ¨…muchos hombres se volverían locos por ella. Seguramente conoce el tipo. Alta, rubia, guapa. Y un poco pelandusca.¨

Libertad condicional parece desde luego un intento de acercar la novela criminal a todos los públicos, el argumento, algo confuso a veces, es más político que otra cosa, y está basado en una trama que se teje a espaldas del protagonista y que el lector tiene que ir intuyendo y desentramando. Sorprende, y más para la época, que Thompson dejara a un lado la oscuridad de sus tramas, la violencia y la visceralidad que tanto nos gustan de él y se encaminara hacia algo tan descafeinado como lo que al final resulta ser Libertad condicional.

Uno de los principales males que le veo es el protagonista, Pat, un hombre recién salido de la cárcel que a la postre resulta un personaje un tanto anodino y plano, sin demasiada sangre y plegado a las órdenes de todo el mundo. He echado en falta algo de iniciativa propia por su parte, un poco de juego. Aunque entiendo por dónde nos lleva Thompson con la actitud de Pat, creo que sus ganas de llegar al gran público le hacen crear un personaje tan honrado como aburrido, un personaje que ha pagado su pena y se ha revalidado – ¿moralina? – pero que para el lector de hardboiled es un tanto insustancial.

En cualquier caso, Libertad condicional no deja de ser una buena novela de un maravilloso escritor, una novela con sus más y con sus menos, porque todos tenemos días buenos y días de mierda, una novela que sirvió a Thompson para probar algo, para intentar abrirse camino por otro lado. Quien va a culparlo por intentar llegar a más gente, por intentar ganar más dinero, por intentar vivir mejor. Yo no desde luego.

Y menos viendo lo que escribió después.

Libertad condicional
Jim Thompson
RBA Serie Negra 2003
188 páginas.


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