Fría venganza, de Craig Johnson

07/02/2016

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Tengo un estúpido y molesto prejuicio con los nombres de los escritores, no lo puedo evitar. Es una chorrada enorme y no es nada interesante, pero por culpa de ese prejuicio me había perdido a un tío como Craig Johnson. Es que a mi Craig Johnson me recuerda a Craig David, me suena a pop adolescente, a thriller de aeropuerto.

Y por supuesto no es nada de todo eso. Hasta donde yo sé el señor Johnson no se dedica a la canción ligera y ya os digo ahora que sus novelas tienen poco de thriller de aeropuerto.

No leo westerns, a parte de Cormac McCarthy, mis incursiones en el género han sido en contadas ocasiones. Y eso que es un género que me llama mucho la atención y donde hay (me consta) muy buenas novelas.

Y entonces un día, alguien, en alguna parte, mencionó al sheriff Walt Longmire. Recuerdo que la palabra sheriff me llamó la atención y se me quedó grabada, y que un poco de mala gana (que así soy yo, hago las cosas de mala gana, no sé porque) busqué en la biblioteca al tío con nombre de cantante de Pop. Descubrí que el sheriff Longmire tenía una serie de novelas, de las que en España se han publicado cuatro de las doce que lleva escritas Johnson. Pocas, pero al menos en orden.

Me lleve el primero de la biblioteca intrigado por esa mezcla de western y noir que a todas luces tenía bastante buena pinta. Y a las pocas páginas me rendí al sheriff Longmire.

He de reconocer que llevaba unas cuantas lecturas infructuosas, poco interesantes, repetitivas y sosas, y que la calma y la tranquilidad que desprende Walt Longmire ha sido un bálsamo perfecto para aclararme y volver a retomar cosas. Entre ellas este blog.

Walt Longmire es el sheriff de Durant, un pequeño pueblo del condado de Absaroka, en el estado de Wyoming. A las afueras de Durant aparece muerto Cody Pritchard, uno de los cuatro chicos que un par de años antes violaron a una chica Cheyenne y salieron de ello con unas penas no demasiado duras.

No hay mucha más trama, un chaval muerto y un montón de sospechosos a los preguntar e investigar. Y es que a Johnson no le hace falta una trama compleja ni enredada para marcarse una muy buena novela; con Longmire , los paisajes de Durant y los secundarios que acompañan al sheriff tiene más que suficiente para hacernos felices.

Eso no quiere decir que la trama sea la parte menos importante de la novela, ya que en la historia hay mucho de la cultura de los indios Cheyenne por ejemplo. Así como mucha de esa cultura-devoción por las armas que hay por esa parte del sur de los Estados Unidos. La trama para mí es simplemente un poco secundaria.

Walt Longmire es un tipo tranquilo y reflexivo, lleva más de veinte años de sheriff y tiene un humor negro absolutamente excelente. Sabe reírse de sí mismo y le quita hierro a los asuntos más crudos. Es viudo y tiene esa carga melancólica de quien ha vivido mucho y ha sufrido aún más. Pero a diferencia de otros personajes tristes y al borde del abismo, Longmire es más un tipo resignado que le planta cara a los reveses y hasta se ríe de ellos.

Para mi Longmire ha sido un descubrimiento tremendo, aunque tiene similitudes con otros personajes que ya conocemos, Johnson le da un carácter bastante único y una personalidad muy marcada que nos hacen empatizar y amarlo con los ojos cerrados. Longmire es intuitivo y bastante cabezón, cuando se encuentra en una calle sin salida, vuelve al principio y repasa todas las piezas de nuevo.

Pero Longmire no sería nada sin sus secundarios; Henry oso en pie, un indio Cheyenne enorme y su mejor amigo, Victoria Moretti, alias Vic, su (joven y guapa) ayudante, la más mal hablada, borde y competente de todo el condado, Lucian el antiguo sheriff y amigo de Walt, un tipo violento y chapado a la antigua y Ruby, la recepcionista y secretaria de Walt, una mujer en los sesenta, directa, dura y sincera que cuestiona siempre al bueno del sheriff.

A estas alturas creo que ya queda claro que Fría venganza es una novela de personajes, una novela bastante intimista, oscura en muchos puntos, sobre todo los referentes al alma humana, pero luminosa en otros. La mezcla de ese soft western y noir funciona de manera excelente y creo firmemente que crea adicción. La novela no es ni rápida ni trepidante ni vertiginosa ni fresca, Fría venganza tiene un ritmo pausado, acorde con su protagonista, de largos silencios, de miradas al vacío y ensoñaciones Cheyenne. Y un final de esos que tanto me gustan, de los que te dejan un nudo de angustia en la garganta.

Hago hincapié en los afilados y cínicos diálogos que construye Johnson, una pequeña maravilla.

Fría venganza
Craig Johnson
Siruela 2012
408 páginas.

La profundidad del mar amarillo, Nic Pizzolatto

18/12/2015

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Me ha asaltado la estúpida idea de que Pizzolatto nunca ha querido ser escritor. De verdad. Lo he pensado mientras terminaba La profundidad del mar amarillo. Creo que estos relatos son una amalgama de los autores que han influenciado a Pizzolatto durante su vida. Que son una mezcla imposible de estilos y de influencias. He reconocido en ellos los ambientes y los personajes de James Lee Burke, la sequedad de Joe R. Lansdale o incluso la lírica de James Sallis. Y creo que Pizzolatto no iba (demasiado) en serio cuando los escribió.

Luego pienso que fue lo primero que escribió. Y luego me acuerdo de Galveston.

Así que lo que creo que ocurrió es que el bueno de Nic escribió algunos relatos, y unos cuantos de ellos fueron publicándose en revistas como The Missouri Review, Best American Mystery Stories o The Atlantic Oxford American. Y entonces él, o alguien de su entorno, pensó que sería buena idea reunirlos en una antología y publicarlos. Una antología a la que llamaron Between Here and the Yellow Sea.

Quizá los relatos de Pizzolato funcionen aislados, sueltos, en otro contexto, como parte de otra cosa; de una revista, entre otros textos, no sé. Pero reunidos ofrecen un conjunto extraño, cojo, inconexo, ésta profundidad del mar amarillo aprueba justo, con una media baja, no brilla. Para mi gusto hay demasiado de otros autores, estos relatos parecen escritos para uno mismo, como un juego.

La antología empieza floja, Pájaro fantasma y La vigilia de Amy son relatos a los que no les veo nada, nada de lo que espero en un relato, nada que haya despertado mi curiosidad, nada que me haya estimulado. El primero, sobre un guarda forestal que hace salto base en paracaídas, un tipo nocturno, con una vida ordenada y metódica. Un relato plagado de filosofía oriental que para mi gusto rompe el tono lírico que Pizzolatto, un poco forzado, quiere imprimir a la historia. El segundo, un amor del pasado que no se olvida y que se suple con un amor artificial, una chica embarazada, un tipo mayor que ella, todo muy adolescente y con una moralina un poco absurda.

1987, en las carreras podría ser un relato mejor si Pizzolatto no se empeñase en ser tan dramático. El relato de un tipo que es un perdedor nato, separado y que pierde los papeles de manera patética delante de una mujer que no está a su alcance es lo suficientemente interesante para remontar un poco el mal comienzo de la antología. Si todo eso lo ambientamos en un hipódromo y al tipo le ponemos un hijo adolescente que ve como su padre se hunde en el barro, tenemos un buen relato. Si Pizzolatto se hubiera ahorrado un poco de dramatismo y le hubiera imprimido un poco más de punch, el resultado sería aún mejor.

Dos orillas es uno de mis favoritos, ya está mucho mejor escrito, los personajes tienen más cuerpo y la historia tiene lo que le pedimos a un relato. El viejo Sur empieza a estar presente y se reconoce a Burke en algunos pasajes. Tanto es así que uno de los personajes clave de esta historia se apellida Robicheaux como el magnífico detective creado por el ya mencionado James Lee Burke.

La profundidad del mar amarillo, para mí el mejor relato de la antología, un relato magnífico, intimista, potente, triste y tremendamente conmovedor. Bob y su antiguo entrenador de futbol americano, emprenden un viaje desde Texas hasta California para secuestrar a la hija de éste último, huida de casa hace años y que en California se dedica al porno. El relato tiene un punto surrealista delicioso, pero al mismo tiempo destila tristeza por los cuatro costados. Los escenarios, los personajes, la suerte de road-movie que es todo él nos hace ver lo que más tarde se convertirá en Galveston.

El gremio de ladrones, mujeres extraviadas y Sunrise Palms, es otro de mis favoritos y, de nuevo, otro que bebe claramente de autores sureños. Poblados de caravanas, parias, mugre, tristeza, un tipo que no tiene nada en el mundo, soledad.

La plantilla y Tierra acosada vuelven a bajar el ritmo y la calidad de la antología. El primero es triste y de nuevo algo dramático, podría tener algo, pero la protagonista es algo insulsa. El segundo es, de nuevo, un relato de adolescentes, sobre dos adolescentes que se magrean y que nunca van más allá. Por si fuera poco hay una subtrama sobre la fiebre que invade a la gente del pueblo por esperar la llegada de los extraterrestres y que se pasan el día y la noche mirando el cielo. Un desproposito.

Nepal esta tan fuera de lugar, es tan aburrido y es tan largo, que lo mejor que podéis hacer es saltároslo.

Y cierran la antología Busca y captura y Tumbas de luz. El primero de ellos excelente, un relato negro sobre la soledad y la incomprensión, con un toque de humor pero de fondo triste y melancólico. El segundo un relato más sobrio, un relato sobre la pérdida y la obsesión, la soledad, el abandono, la vejez. Dos relatos bien escritos y sólidos que cierran una antología extraña y desigual.

Aun siendo esta antología lo primero que publicó Pizzolatto, creo que es bastante cuestionable la elección de los relatos. Son demasiado desiguales en calidad y a un lector medianamente exigente no le pasara por alto que el conjunto no funciona demasiado bien. A muchos relatos les falta profundidad, alma, punch.

Pizzolatto ha centrado su carrera en ser guionista y ha abandonado, de momento, la de escritor. Quizás no se sienta cómodo en ese papel y yo tenga razón, quizás su idea nunca fue la de ser escritor. Quién sabe.

La profundidad del mar amarillo
Nic Pizzolatto
Salamandra Black 2015
293 páginas.

 

La costilla de Adán, Antonio Manzini

28/11/2015

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Schiavone ha vuelto. Este magnífico e irreverente subjefe de la policía de Aosta vuelve con un nuevo caso. Vuelve con su mal humor, su melancolía, su acido humor negro y sus inseparables zapatos Clarcks.

Schiavone continua estando harto de Aosta. Del frío, la lluvia, la nieve, de la gente, de todo. Sigue con su escala de tocadas de cojones: odiando a niños gritones, a los edredones que se salen de su sitio y te dejan los pies fríos, odiando recibir regalos, asistir a bodas y sobre todo odiando encontrar un cadáver.

Así que cuando aparece una mujer colgada en su piso, el día de Schiavone se tuerce un poco. Y cuando descubre que hay cosas que no encajan con el escenario que tiene delante y que parece, parece, que es un asesinato, el día se le tuerce del todo. Y además tiene que hacerle un regalo a Nora. Mierda. Y para rematarlo todo, un antiguo colega de la comisaría de Roma lo llama para hablar de un asunto del pasado. Vamos, que todo mal.

La costilla de Adán, segunda entrega de la serie después de Pista negra, ya no le debe tanto a Montalbano, ya empieza a agrandar las bases que se plantaron en Pista negra y empieza a crecer por sí sola, con más personalidad, más recorrido, más profundidad.

Manzini perfila más a Schiavone, nos amplía su mundo, su vida, su pasado, nos da un personaje totalmente reconocible ya, un subjefe que ha venido para quedarse, para hacerse un hueco entre los demás comisarios, inspectores, sheriffs y detectives que pueblan nuestras estanterías. Y Schiavone no viene solo, trae un elenco igualmente bueno de secundarios, empezando por su mano derecha y joven promesa Italo Pierron, seguido de la guapa y eficaz Caterina Rispoli y no olvidemos al dúo de policías más torpe, incompetente y tronchante (con el permiso de Catarella) que ha dado la novela policíaca, Deruta y D’Intino.

Apetece volver una y otra vez a Aosta a ver qué demonios perturba la paz de nuestro querido subjefe, a ver de qué manera interpretara las leyes para su beneficio, a ver como se fuma ese porro mañanero que hace que las cosas funcionen. Apetece, apetece y apetece. Hasta he empezado a beber una copa de vino blanco cada vez que leo a Schiavone

Si Manzini no se tuerce y mantiene el ritmo ascendente que llevan sus novelas, está claro que disfrutaremos mucho de las aventuras de Rocco Schiavone que están por llegar. Manzini es una muestra clara de que se puede escribir sobre algo que parece agotado y manido y darle un nuevo y jugoso enfoque. Bien por el italiano.

La costilla de Adán
Antonio Manzini
Slamandra Black 2015
252 páginas.

A la deriva en el mar de las lluvias y otros relatos.

19/11/2015

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Aunque no suelo leer mucha ciencia ficción, cosa que estoy enmendando últimamente, y mucho menos reseñarla, cosa que también quiero empezar a cambiar, me resisto a dejar pasar la oportunidad de hablaros de A la deriva en el mar de las lluvias y otros relatos, la nueva y fantástica antología que acaba de publicar el inquieto Mariano Villareal. 

Por aquí apenas han pasado algunas antologías de Fata Libelli, un par de Prosa Inmortal y las chicas de Alucinadas, ya veis me queda mucho por hacer.

La poca ciencia ficción que he leído hasta el momento, y lo que me viene a la mente cuando se habla en general del género, me lleva siempre a su parte más tradicional, a sus tramas más características o populares en mayor o menor medida. A una ciencia ficción clásica y, aunque modernizada, con unos patrones muy similares.

Pero de un tiempo aquí los vientos están cambiando y, sobre todo en el relato, los esquemas clásicos han quedado caducos y muchos autores y autoras están abordando la ciencia ficción desde perspectivas nuevas y muy alejadas de los cánones que se llevan repitiendo décadas. Un ejemplo clarísimo de esta nueva ciencia ficción es esta antología, donde todos los relatos tienen un claro aire intimista y donde se tocan temas que van más allá del género, dejando a éste como un mero decorado donde transcurre la acción.

Como buen neófito de la ciencia ficción, no había leído a ninguno de los autores que Mariano ha reunido para esta antología, aunque si había oído hablar de alguno de ellos, como Ken Liu o Ted Chiang, que gozan de la admiración de muchos de mis amigos, lectores incansables de género.

La antología se abre con La señora astronauta de Marte, de Mary Robinette Kowal. Una pequeña maravilla, una historia íntima y personal narrada con una delicadeza exquisita. Este relato, que habla sobre la vejez y la enfermedad en un contexto tan lejano y desconocido como es el colectivo de los astronautas, es un ejemplo de lo que os hablaba antes, una historia absolutamente humana donde la ciencia ficción no es más que un pretexto, un escenario, una excusa. El relato, sobre una astronauta veterana en la reserva que anhela volver al espacio, me dejó fascinado por su sencillez y su empatía, por la manera de Robinette de tocar un tema tan delicado con tanta elegancia.

Me gustó tanto Robinette que me lancé a leer sus dos otros relatos traducidos al castellano: Por falta de un clavo y Cerbo un Vitra ujo. Los ha traducido Marcheto para su blog Cuentos para Algeron; blog que sigo y que voy leyendo a ratos. Quería hacerme una idea más amplia de como escribe Robinette, y la verdad es que estos dos relatos me han gustado muchísimo también, el primero es del estilo de La señora astronauta en Marte, un relato que habla de la enfermedad y la vejez. El segundo es mucho más duro y brutal. Pero no me extiendo más, no es el momento, ya hablare de ellos más adelante. Leedlos.

El segundo relato de la antología es Algoritmos para el amor de ken Liu, un autor al que me moría por leer y que no me ha decepcionado en absoluto. El relato trata sobre las IAs y de cómo nuestra percepción de las mismas puede desencadenar la pérdida del juicio y de la razón de ser. Un relato turbador, inteligentísimo, rico, lleno de matices y, de nuevo, íntimo y reflexivo.

Una vez más después de leer este relato de Ken Liu me pasé por la web de Marcheto y leí dos (de los tres) relatos traducidos por ella: Quedarse atrás y Error de bit único y mi asombro fue aún mayor al leer estos dos relatos, Liu es un narrador inteligente, perspicaz y exigente.

El tercer lugar es para Frigonovia, de Will McIntosh, un relato de esencia triste y melancólica donde McIntosh especula sobre la posibilidad de resucitar a personas fallecidas. La trampa es que en un primer momento solo se puede despertar la cabeza, y si consigues el dinero suficiente puedes resucitar el resto del cuerpo… Frigonovia es a ratos asfixiante, opresivo, habla de la diferencia de clases, del paso del tiempo, del amor. El planteamiento es muy bueno y da para mucho más, de hecho el autor desarrolló una novela a partir de este relato.

El cuarto relato es para Mike Resnick y su Regreso a casa. Resnick nos habla de un chico que decide hacerse xenobiólogo (y cambiar su aspecto físico…hasta no parecer humano) y abandonar la tierra y a sus padres para marcharse a otro planeta, desoyendo los deseos de su progenitor. Años después vuelve, pero las cosas han cambiado tanto, que la antipatía y el odio se han apoderado de su padre, que no entiende el motivo de su marcha. La madre del chico padece alzhéimer y su padre, absolutamente enamorado de su mujer, se dedica a cuidarla con una devoción exquisita. Un relato de relaciones humanas, con una tristeza palpable y envolvente.

Por tercera vez me fui al blog de Marcheto, esta vez a buscar un relato de Resnik, y encontré El Emporio de las Maravillas de Alastair Baffle, un relato diferente a Regreso a casa pero igualmente de muchísima calidad.

El siguiente relato es La verdad de los hechos, la verdad del corazón de Ted Chiang. La premisa del relato versa sobre la hipótesis de que los seres humanos llevemos instalados en el cuerpo unos pequeños gadgets que nos permitan gravar todo cuanto acontece en nuestras vidas, en todo momento y a todas horas y almacenarlo para siempre. La novedad es la aparición de un nuevo y rapidísimo software con el que podríamos buscar cualquier momento del pasado al instante, incluso sin llegar a mediar palabra, de manera que cualquier recuerdo olvidado sería recordado y expuesto al momento. Chiang analiza mediante el relato las consecuencias de una tecnología así en la sociedad, como cambiarían los roles en una familia, en una pareja, como quedaríamos expuestos a los demás, como dudaríamos de nuestros propios recuerdos. Un relato brillante y turbador que da bastante miedo.

Después de Chiang viene Si fueras un dinosaurio, amor mío de Rachel Swirsky, y reconozco que al empezar a leer este relato arrugué la nariz y fruncí mucho el ceño. Leía y pensaba ¿pero qué coño…? Y seguro que no he sido el único. Un relato en tono lírico, poético, que nada tiene ver con… ¿nada? Pues sí. Pero conforme avanza el relato cada vez importa menos como está escrito, porque toda tu atención está en lo que cuenta Swirsky; una historia triste y melancólica donde el amor lo es todo. La verdad es que aplaudo la valentía de Mariano por incluir este relato, con el paso de los días se ha convertido en uno de mis favoritos.

El penúltimo relato es para La Amaryllis de Carrie Vaughn, y aunque sé que estoy en minoría, es otro de mis relatos favoritos. La Amaryllis es un cuento de mar, un subgénero que me gusta mucho, así que por ahí me ha ganado media manga. El relato nos sitúa en un futuro muy parecido a nuestro presente en un pequeño pueblo pesquero. Hay escasez de alimentos y una de las maneras de ayudar a la comunidad es tener un barco y salir a pescar. Pocos pueden hacerlo, puesto que es un privilegio y a la vez un orgullo para quien lo hace. El relato narra una situación de venganza que viene del pasado, los deseos de ser madre, la gestión de una comunidad pequeña…es un relato que pasa rozando el género, un relato tranquilo y pausado.

Y por último tenemos a Ian Sales y a su novela corta A la deriva en el mar de las Lluvias. Sales nos sitúa en una base lunar, donde un grupo de astronautas han quedado abandonados después de estallar la tercera guerra mundial y que la tierra haya sido arrasada. Este último relato me pilló un poco por sorpresa, me esperaba algo así como una Space opera, por como empieza y por el planteamiento (y porque siempre espero lo esperado), pero Sales se marca un relato tirando a ciencia ficción dura, con muchas explicaciones técnicas y teorías que a mí por momentos me dejaban fuera de combate. Además reconozco que en un momento del relato me perdí un dato importante y no entendí la resolución de la trama, el quid de a donde regresar. De todas maneras me lo pasé bien con mis limitaciones y disfruté mucho.

Como veis, estamos ante una antología diferente y, a mi parecer, de factura excelente, con relatos muy variados que le dan al conjunto una riqueza y un dinamismo difícil de encontrar en otras antologías ya publicadas. Creo que Mariano ha hecho un trabajo excelente de selección y ha reunido un elenco de relatos no solo de mucha calidad (muchos de ellos premiados y los que no, finalistas), sino que además todos ellos convergen en algún punto de sus temáticas y van más allá del género propiamente dicho.

No quiero terminar sin felicitar a Pilar san Román, Carlos Pavón, Manuel de los Reyes y Diego de los Santos por su excelente trabajo de traducción en estos relatos, que me juego una oreja a que no ha tenido que ser tarea fácil. ¡Buen trabajo chicos!

Gallo de pelea, de Charles Willeford

14/11/2015

Gallo de pelea

Charles Willeford no nos suena a casi nadie. A casi nadie de los que solo hablamos español. A los que tienen el súper poder de hablar inglés puede que les suene. Aunque no apostaría mucho por ello. Willeford, que murió en 1988 a los 69 años, escribió poesía, un par de libros de memorias y más de quince novelas, fue crítico literario en el Miami Herald y dio clase en dos universidades.

Pero a Willeford la fama le llegó tarde, tardísimo pobre, a los sesenta y cinco años, cuando publicó Miami blues, el primero de cuatro libros que forman la serie del sargento Hoke Moseley, y el único traducido en España (Serie negra 2012) hasta hoy. Por esa serie de novelas negras alcanzó la fama y el dinero, pero detrás dejaba muchas novelas fantásticas prácticamente desconocidas.

Sajalín ha traducido Cockfigther (Gallo de pelea), la que se considera su mejor novela y también la más conocida junto con las de Hoke Moseley. Cockfigther no es una novela negra, ni policíaca, ni nada de todo eso. Por si pensabais que iba en la línea de Miami blues. La verdad es que es una novela bastante inclasificable. Aborda temas como la ambición (principalmente), la religión, las apuestas, y retrata una parte de Estados Unidos ya desaparecida, una cultura ilegalizada y oscura que en aquellos años, los sesenta, movía mucho dinero y tenía sus propias leyes, su liturgia, sus costumbres y hasta sus torneos.

Porque esto va de peleas de gallos sí.

Frank Mansfield lleva dos años y siete meses sin hablar. Ha decidido quedarse mudo hasta ser el mejor gallero de todo Estados Unidos, y eso solo se consigue con dedicación, concentración y los mejores gallos finos. Pero Frank no tiene nada, absolutamente nada, ni un gallo, ni siquiera un techo donde dormir. Conseguir el Premio al Gallero del año esta temporada se ha puesto más difícil de lo que había imaginado.

Willeford ha conseguido que me interese un tema por el cual sentía una gran repulsión; las peleas de gallos, así como la caza, las peleas de perros y todos esos deportes con tanta testosterona rezumante me asquean profundamente. Pero Willeford es un campeón. La novela es mucho menos violenta de lo que cabe imaginarse y Willeford vuelca la trama más en la liturgia y la cultura de este deporte que en las peleas y la sed de destrucción de los gallos.

Y aunque la novela pulpea mucho, con sus mujeres con curvas y de mente libidinosa, la sangre y el polvo de los reñideros, las apuestas y la misma escenografía, Gallo de pelea es una novela con una factura más que excelente, escrita con multitud de lecturas y trasfondos, poseedora del legado de una cultura extinta que ahora nos parece aberrante y sangrienta, pero que en aquellos años (los reales años sesenta) era algo normal e incluso respetado. Willeford escribió una parte de la historia de los Estados Unidos que muchos solo conocíamos de pasada, que asociábamos a la clandestinidad y a los suburbios, pero que a ojos vista, contaba con la aprobación de senadores (que organizaban los mejores y más exclusivos torneos) y de las autoridades.

Crear a un personaje como Frank Mansfield hubo de ser un desafío para Willeford, mantenerlo mudo durante trescientas páginas y hacerlo interactuar con los demás personajes a través de signos, de miradas, de gestos, de silencios, no tuvo que ser fácil, se nota que Willeford sabía lo que tenía entre manos. Solo por experimentar la agradable frustración que se siente al leer como Mansfield no puede contestar a los insultos, a las insinuaciones, no puede apostar o ni siquiera puede pedir la comida, vale la pena sumergirse en las ciudades del sur de los Estados Unidos y seguir a nuestro gallero favorito en su periplo por conseguir el ansiado título de mejor del mundo.

Felicitar una vez más a Sajalín por su buen ojo y a Güido Sender por la magnífica traducción que hace que la novela se lea con una fluidez impresionante.

Gallo de pelea
Charles Willeford
Sajalín editores 2015
319 páginas

Seis años, de Harlan Coben

07/11/2015

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La siguiente reseña la escribí para una revista online en la que he estado colaborando durante un tiempo, el texto está escrito en el mes de julio, cuando la novela acababa de salir al mercado. A las puertas de acabar el año, la reseña no se ha publicado ni parece que se vaya a publicar, así que la cuelgo por aquí, aunque no sean muy interesantes ni la novela ni la reseña. Pero ya que está escrita….

Todos los lectores corremos riesgos. O al menos deberíamos correrlos, salir de nuestra zona de confort, leer cosas que nos asustan, cosas que creemos difíciles, géneros a los que no somos afines. Creo que es sano hacer ese tipo de cosas, probar. Nos da criterio, nos hace mejores lectores y toda esa cantinela. Lo creo de veras. Aunque salir de nuestra zona de confort no quiere decir que todo vaya a salir bien claro, seguro que nos comemos más de uno y de dos mojones. Pero en eso consiste el crearse criterio.

Y aunque sólo sirva para definir nuestros gustos, por aquello de que cada uno tiene el suyo y no hay uno mejor que otro sino solo diferentes opiniones, a veces va bien leerse una mala novela, una novela floja, una novela pésima, una novela que hace aguas o una novela a la que se le ven los flecos. Aunque seamos los únicos que le veamos todos esos fallos.

Y eso es precisamente lo que me ha pasado con la última novela de Harlan Coben que Serie Negra acaba de publicar en nuestro país, que le veo fallos por todos lados. Seis años, así se titula lo último de Coben que nos llega traducido, un thriller, a mi parecer, simplón, predecible, plano y sin nada que ofrecer.

Harlan Coben tampoco es que sea uno de mis escritores favoritos, de él he leído un par de la serie de Myron Bolitar (Alta tensión y Desaparecida), y me parecen bastante buenos dentro de lo que ofrecen, bien escritos y con tramas bien perfiladas y bien resueltas. Coben es un tío al que recurrir si te gustan ese tipo de thrillers de calidad, en la línea de Lee Child, Michael Connelly o Patricia Cornwell. El problema surge cuando un tío como Coben, con una carrera bien consolidada y un montón de novelas en su haber, te presenta una novela que adolece de fallos de primerizo, de personajes arquetípicos y de final edulcorado.

Uno puede tomar la decisión de escribir una novela con el listón más bajo de lo normal, hacerla entretenida y sin demasiado calado, construir un thriller puro y duro para vender millones de ejemplares y pagar ese nuevo Jaguar que tanto ansía o para pasarle la mano por la cara a ese escritor de thrillers que parece que tiene un palo metido en el culo y te mira por encima del hombro. Lo acepto. Pero no es creíble que un tipo que crea buenos personajes, buenas tramas y que construye novelas redondas, se presente con una historia a la que le falta todo eso, a la que le falta el oficio del que precisamente su autor hace gala.

La trama de Seis años es puro thriller: Hace seis años, Jake Fisher asistió a la boda del amor de su vida, Natalie. Pero Natalie no se casaba con él, sino con un antiguo amor del pasado. Sin más explicaciones Natalie dejó a Jake y le hizo prometer que no la buscaría jamás, que no la molestaría ni a ella ni a su marido, nada de llamadas, nada de correos electrónicos. Jake mantuvo su promesa seis años, hasta que algo lo hizo volver a mirar al pasado, volver a remover aquella historia tan dolorosa. Y de esa manera poner en peligro su vida y la de cuantos lo conocen.

Lo bueno es que entretiene, si no eres muy exigente. Lo malo es todo lo demás. Jake es bastante insufrible, no se cuestiona las cosas y avanza a golpe de suerte y de casualidades, es un personaje plano, sencillo y un paradigma del personaje de thriller, uno más de millones. Su mejor amigo y los pocos personajes que interactúan con Jake son igualmente planos y típicos, todos con un pasado oculto, todos con sorpresa, todos cortados con el mismo patrón. La trama es efectista, predecible, con cliffhangers constantes y con un ritmo endiablado, como no podía ser de otra manera. Y el final. Bueno. Si os gustan los finales felices, ñoños, con atardeceres preciosos y el sol escondiéndose tras una colina, estáis de enhorabuena.

Yo ya estoy mayor para tanto azúcar.

Seis años

Harlan Coben

RBA Serie Negra 2015

Trabajo sucio, Larry Brown

01/10/2015

trabajo sucio

Reconozco, muy a mi pesar, que no conocía a Larry Brown. La editorial Bartleby publicó en 2010 su libro de relatos Amor malo y feroz, el único hasta hace unos meses traducido en España. Me hubiera gustado enterarme en aquel momento, aunque quien sabe qué estaba yo leyendo en aquella época. Por suerte la gente de Ditry Works ha recuperado a Brown y le ha traducido esta maravillosa novela que es Trabajo sucio.

Brown era un admirador confeso de Faulkner, Flannery O´Connor y mi gran amigo Harry Crews, entre muchos otros. Influenciado y comparado con todos ellos, Brown es un exponente más de la literatura sureña con tintes góticos, literatura sureña seca, cruda y retratista de las desgracias, de las roturas, de las injusticias.

Con dos personajes potentísimos y unos pocos escenarios, Brown nos pasa por encima con una historia brutal y descarnada, cargada de sensibilidad y denuncia. Una historia humana que nos hace reflexionar sobre la atrocidad de la guerra y la rotura del ser humano.

Walter se despierta en un hospital para veteranos. Walter es blanco, ex combatiente de la guerra de Vietnam. Tiene la cara absolutamente destrozada. Tiene crisis en las que pierde el conocimiento y se despierta horas después. Walter se despierta junto a Braiden. Braiden es negro y también estuvo en Vietnam. Le faltan todas sus extremidades. Braiden lleva veintidós años postrado en esa cama.

Dos hombres destruidos, destrozados por dentro y por fuera, dos vidas rotas que se encuentran. Obligados por las circunstancias a entenderse, a hablar, los dos hombres se dan cuenta que comparten parte de su pasado. Los dos se criaron en los campos de algodón de Mississippi, los dos estuvieron combatiendo en Vietnam hace veinte años.

La historia que nos cuentan estos dos veteranos es dura, la imagen es amarga, pero Brown se apoya en su humanidad, en sus sueños, sus recuerdos, sus vivencias; no les queda nada más que eso. Sus cuerpos no les dejan vivir una vida normal, están desahuciados. Un día fueron héroes de su país y ahora son incomodos recuerdos que nadie quiere ver.

Walter y Braiden alternan recuerdos y sueños, monólogos interiores y reflexiones, cada capítulo da voz a uno de ellos alternativamente, entre cervezas frías, cigarrillos y noches de insomnio. Inmovilidad, miedo, soledad, cada sensación los une un poco más, cada recuerdo compartido los hace uno con el otro. La infancia de Walter, solitaria, con su padre en la cárcel y un matón en el colegio que ya a muy temprana edad le hizo ver el lado más mezquino del ser humano. Las ensoñaciones de Braiden, sus aventuras en esa África imaginaria que solo ha visitado en su cabeza, sus charlas con Jesucristo, donde la aparición de Walter tiene un peso importante.

El sur como telón de fondo, su caciquismo, su crueldad, sus gentes y esa manera de actuar dura, concienzuda, ruda. Ese sur que te marca a fuego para el resto de tu vida; en tus decisiones, en tus acciones, en tus pensamientos. Y junto a ese sur omnipresente, Vietnam, la otra presencia inapelable de estas dos vidas rotas, el motivo que los ha llevado ahí, a ese encuentro, a ese estado. Dos escenarios que lo engloban todo, que son las razones de sus caracteres, del transcurso de sus vidas.

Y entre toda esa barbarie de extremidades amputadas, perdidas de conciencia, fealdad, soledad y una montaña de condiciones para no vivir la vida, Brown da a sus dos hombres esperanza, a cada uno su minúscula parte de esperanza. La capacidad de ser amado de nuevo, ser alguien para alguien. La capacidad de poner fin a una vida anodina mirando sin mirar, esperando el desayuno.

Esperanzas tan minúsculas, tan nuevas, tan esperadas, que no llegan a ser.

Trabajo sucio te acerca a una realidad patente en muchos países, a unas vidas desdichadas que viven en su propio universo; un lugar donde el resto del mundo no cabe, un refugio donde aislarse para poder vivir.

Brown es un escritor potentísimo, capaz de plasmar realidades tan duras como humanas sin dramatizar una sola palabra, con la sobriedad y la distancia de alguien que ha vivido de primera mano todo cuanto cuenta. Nadie diría que Trabajo sucio es una primera novela, válgame Dios, es más bien el gancho directo de un escritor experimentado y bastante cabreado con cuanto le rodea.

Ojalá más Larry Brown en Dirty Works.

Trabajo sucio
Larry Brown
Dirty Works editorial, 2015
234 páginas.

Lobo en la camioneta blanca, de John Darnielle

24/09/2015

lobo_3D-low1A falta de cinco páginas del final sucedió el desastre. Aquello que yo me temí desde el primer día en que llegó a casa. Nuestra pequeña y afable perra Flecha, una pointer rescatada de una perrera, se comió mi ejemplar de Lobo en la camioneta blanca. En apenas cinco minutos, el tiempo de dejar al pequeño en el colegio y volver. El ejemplar blanco y azul, comprado apenas una semana antes, ejerció esa fuerza imposible de controlar, ese deseo que inunda la mente y te hace cometer imprudencias a veces terribles. En el caso de la pequeña Flecha los cantos de sirena no fueron más allá de jorobar a su dueño y ganarse un castigo al balcón, pero…

¿Y en el caso de Sean?

Frustración, es lo primero que me invadió al abrir la puerta y ver mi ejemplar de la novela hecho trizas y desparramado por el suelo, frustración por no haber logrado hacerme entender, por no haber logrado educar a mi pequeño can. Luego rabia, luego más frustración, luego aceptación, después un buen paseo, más rabia, confusión y de nuevo aceptación. Las cosas suceden.

Así que no me quiero imaginar cómo se pueden sentir los padres de Sean Phillips. Y eso que tengo dos hijos.

Pero empecemos por el principio.

Esta es un de esas novelas que me animé a leer por un montón de razones que no tienen nada que ver ni con el autor, ni con la trama ni con una corazonada. Es más, la trama me daba tan mal rollo que nunca la hubiera leído. Por aquello de la zona de confort y de no sufrir leyendo y blablablabla. Pero personas a las que admiro mucho me la recomendaron encarecidamente. Y les suelo hacer caso. A veces.

Darnielle ha escrito una novela difícil de catalogar, una novela extraña, construida a retazos, a imágenes, como un diario, momentos de una vida destruida, anclada a un hecho del pasado que te arrastra durante el resto de tu vida. Toda la novela gira en torno al aspecto físico de Sean Phillips, toda, en todo momento, en todas las situaciones, la novela pivota en la circunstancia de que Sean tiene la cara destrozada. Su cara es ¨como una huella de neumático¨ les dice a un par de adolescentes, no tiene nariz, escupe al hablar, hace ruido al respirar. Nadie le mira, la gente se siente incómoda con la presencia de Sean.

Y todo es por culpa del accidente. El gran pilar de la novela, la imagen que Darnielle nos inocula en las primeras páginas de la novela y que nosotros, incautos lectores, iremos construyendo(nos) durante toda la trama, el accidente, el accidente, una hecho, una idea, una imagen tan potente como brutal (conocemos las consecuencias) que nos ira devorando, que nos hará imaginar decenas de posibilidades, de situaciones, el accidente, el accidente, un mantra que se repite y se repite y del que Darnielle nos va dando unas pocas pistas, unas migajas para que nos alimentemos, esa desgracia que hace que Sean reciba curas durante gran parte de su vida, que hace que Sean oiga un zumbido constante en sus oídos, una imagen que nos come y nos asusta. El accidente.

Y en torno al accidente la vida que Sean se construye. Cintas de grupos desconocidos, que basan su música en las historias de Conan, y que le ayudan a hacer que ese horrible zumbido desaparezca, interminables horas de mirar al techo, terapia. Y Ciudadela Italiana. La otra gran presencia en su vida. El accidente, su deformidad, Ciudadela Italiana.

Ciudadela Italiana es un juego que Sean crea para no enloquecer, un juego en el que se refugia tras sufrir el accidente, un mundo privado, un lugar secreto. Un juego que empieza a esbozar de adolescente y que luego tras el accidente toma un camino definitivo.

¨Fue más adelante, durante la época que me pasé tumbado boca arriba y ciego, obligado a elegir entre inventarme mundos interiores o no tener ningún mundo que habitar, cuando empecé a añadir los detalles.¨

Al principio era solo suyo, un lugar donde combatir el extremo dolor, las curas, la soledad, los zumbidos. Pero luego decide compartirlo y crea un juego por carta. Sean coloca anuncios en diversas revistas de género fantástico, de relatos, revistas de comics, y el jugador tiene que ir mandando sobres sellados con sus movimientos, a los que Sean contesta con el siguiente movimiento. El jugador paga una suscripción que puede cancelar cuando ya no desee seguir jugando.

Y así vive. Con su imagen monstruosa, sin apenas pisar la calle y contestando cartas y más cartas llenas de movimientos que llevan a sus jugadores por el mundo de Ciudadela Italiana, proporcionando aventuras a desconocidos, quizás igual de solitarios que él.

Como os he dicho, la novela está construida a retazos, no es una historia lineal, parece un diario, pero no es un diario. Darnielle vaga por la vida de Sean, va hacia delante y hacia atrás, con hechos aparentemente inconexos pero que son parte de un todo, la vida de Sean. Un gran rompecabezas del que Darnielle nos da algunas piezas, hacia delante al presente, hacia atrás antes el accidente, de nuevo hacia delante justo después del accidente, de nuevo hacia el presente, es como una rueda, un trama que da vueltas y no hay principio ni fin porque no importa, porque es lo de menos.

Narrado en primera persona por Sean, a una edad que no se nos desvela, la novela está lejos de ser melodramática, cruda o incluso triste. Ese era uno de mis grandes miedos, sumergirme en una novela lacrimógena, dura, dramática y un montón de cosas que no me apetecían en absoluto. Pero no, Darnielle ha escrito una historia bastante neutra, Sean es un tipo bastante resignado, vive su vida sin dramatismos, con resolución y el pesar de lidiar con las decisiones que se toman en la adolescencia, con aceptación. Y creo que es un acierto absoluto, la historia funciona perfectamente sin la pátina de asfixia del drama, sin la autocompasión fácil, sin manipular al lector tocándole la fibra sensible. Darnielle opta por una novela de capas, de diferentes lecturas y texturas, por unos ambientes oscuros, reflexivos, por lugares comunes teñidos de una desgracia asumida, sobrellevada.

Y lo hace con un estilo claro, un poco onírico, de rasgos poéticos, que sin llamar al dramatismo, cubre la historia de una pesadumbre palpable, de una infancia robada e irrecuperable, con una cadencia lenta e hipnótica que nos lleva a través del tiempo y de la vida de Sean como un amigo que sabe el final de tu vida y te mira con pesadumbre, sonriendo y maldiciendo el futuro.

Y es en el final, en las últimas páginas, donde la frustración cae fulminante sobre todos, sobre el lector, sobre los padres de Sean, sobre la humanidad entera. Aunque en realidad la frustración está presente desde la primera página, en la que el padre de Sean lo lleva en brazos por un largo pasillo hacia su habitación, está presente cuando la madre de Sean deja las frases a medias mirando lo que queda de su hijo, está presente en nosotros mismos, intentando descubrir que ha pasado en la vida de Sean Phillps.

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Lobo en la camioneta blanca nos habla de frustraciones sí, y también de educación, de tomar decisiones estúpidas, de juventud, de adolescencia, de soledad, de sentirse confundido. Incluso un buen amigo, de hecho uno de los que me recomendó leer ésta novela, cree que Lobo en la camioneta blanca es uno de los alegatos anti armas más bestias y mejores del mundo. Me gusta esa idea.

Darnielle ha escrito una novela con decenas de lecturas, capas y capas de matices que harán que muchos conecten inmediatamente con la historia, que se la hagan suya, que se refugien en ella. También habrá quien no vea más que una triste historia sobre un muchacho primero confundido y luego resignado. Yo soy más de los primeros. Además, a mí también me gustaba mucho Conan. Y sumergir la cabeza entre dos altavoces y ahogar el mundo exterior con música demasiado alta y extremadamente ruidosa.

Lobo en la camioneta blanca
John Darnielle
Contra Editorial 2015
238 páginas.

Noche salvaje, de Jim Thompson

18/09/2015

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En 1953 Thompson vive una de sus épocas más prolíficas como escritor y también unas de las de mayor estabilidad económica. Desde su llegada a Lion Books sus novelas se venden bien y sus editores le compran prácticamente todas sus historias.

Antes de escribir esta Noche salvaje de la que os hablo hoy, Thompson había publicado (seguidas) dos novelas un poco irregulares para mi gusto: Libertad condicional y Los alcohólicos, dos historias que no estaban a la altura de sus buenísimas Una cabaña en el sur, El asesino dentro de mí o Sólo un asesinato, que eran justo anteriores. Parece que Thompson estuvo haciendo algunos experimentos con sus dos últimas historias; hacerlas más accesibles para el público general, más comerciales, más comedidas. Pero esas historias no parecían venderse bien, o al menos no mostraban todo el ADN de Thompson. Pero Jim, lejos de dejar de experimentar, le sugirió a su editor Arnold Hano un experimento más: escribir una novela de tipo mafioso con solo 500 palabras, no solo eso, 500 palabras básicas.

Thompson se había propuesto escribir una novela austera, quería demostrar que se podía escribir una buena historia utilizando un vocabulario básico, una estructura sencilla. Pero en el último momento, las 500 palabras se desbordaron y acabo escribiendo una novela de longitud normal. Eso sí, mantuvo la idea de la austeridad y la sencillez, y lo que acabó escribiendo fue una brillante novela sobre la condición humana, el odio, las apariencias, el miedo y el asco sobre uno mismo. Thompson había impregnado la historia de su ADN, había vuelto la oscuridad, la maldad, la locura, los personajes extremos, volvía a ser cien por cien Jim Thompson.

Carl Bigelow, un simpático y jovial joven llega a Peardale, un pueblo feo y perdido a más de cien kilómetros de Nueva York. Bigelow llega para estudiar en la universidad de pediatría y trabajar a tiempo parcial mientras estudia. Al menos eso es lo que cree todo el mundo, porque la realidad es muy distinta. Carl Bigelow es en realidad Charlie Bigger, un asesino a sueldo frío y despiadado buscado en todo el país, no es joven ni jovial, y ha llegado a Peardale para matar a Jake Winroy, testigo clave en un juicio contra la mafia.

Bigger se alojará en casa del matrimonio Winroy para tener controlada a su víctima, pero como cabe esperar, nada sale como tiene previsto. Empezando por el mismo Jake, un tipo hundido, huidizo, alcohólico y trastornado, por el que Bigger siente incluso compasión. La señora Winroy tampoco dejara de sorprenderlo, una mujer que anhela el lujo y que se echa en brazos del primero que pasa, para crear un juego de tira y afloja de seducción altamente confuso. El señor Kendall, el otro inquilino de la casa, es aún más extraño y sospechoso, un hombre mayor que a todas luces siente devoción por Bigger y que incluso le proporciona trabajo en la panadería que él regenta. A Bigger le hace sentir incomodo su amabilidad y sospecha que lo está vigilando. Por último está Ruthie, otra estudiante que vive en la casa y que ayuda en las tareas del hogar. Pero Ruthie es una tullida, anda en muletas, puesto que una de sus piernas solo llega hasta la rodilla…además es increíblemente tímida, no habla, la ropa le sienta mal, tiene una mano paralizada en forma de garra…

Ese es el dibujo de esta historia, una novela que, como he dicho al principio, busca la sencillez. Y uno al leerla puede verla, pero sin duda hay un trasfondo increíble en esta novela. La trama empieza con la normalidad de una historia cotidiana (si obviamos el hecho del asesino), para ir volviéndose cada vez más extraña y oscura. Thompson nos demuestra que debajo de esa sencillez aparente se esconde el drama humano.

Si el elenco de personajes (principales) es un catálogo de miseria humana, entenderéis mejor a que me refiero con el drama humano cuando os describa a Bigger. A todas luces es un tipo apuesto, algo bajito, pero de carácter afable y educado, zalamero con las mujeres y trabajador. Pero la realidad es que Bigger es un farsante, si se quita las alzas es un hombre con estatura de niño, lleva lentes de contacto, dentadura postiza, el pelo teñido y está enfermo de tuberculosis. Bigger es además un compendio de ansiedad y angustia constante y un trabajador inestable y perezoso. Por no hablar de que es un asesino.

Eso se refleja en su carácter inseguro y paranoico, un carácter dual que a veces muestra a un hombre amigable y educado y otras un violento y trastornado individuo que no sabe en quien confiar.

Como he dicho antes, Thompson empieza la novela de manera cotidiana, un hombre que llega a un pequeño pueblo y se establece en él. Pero poco a poco, y de manera escalofriante, Thompson nos va mostrando como Bigger empieza a dudar de todo cuanto le rodea, incluso de él mismo, de su misión, de su capacidad. Nos muestra el interior de su mente (como ya hizo en El asesino dentro de mí) para que veamos como cae poco a poco en un pozo de negrura, como se desconecta de cuanto le rodea. Thompson le da una vuelta de tuerca a las novelas de mafiosos y se burla de ellas, escribiendo una historia anti-mafia donde el protagonista está lejos de ser un asesino frío y meticuloso, un ser prácticamente intocable. Thompson nos ofrece un perdedor de la manera más cruel, de la manera más vil, mostrándonos todas sus miserias, todos sus miedos, incluso le quita su razón de ser, el valor para asesinar, su leitmotiv, como bien se ve en la novela.

Poco a poco la historia se vuelve oscura, extraña, el mundo real se difumina y las acciones se confunden, para acabar en un final tan extraordinario y genial como psicodélico, un final poético y oscuro que se queda clavado en el cerebro largo tiempo. Por el momento es de las novelas más extrañas que he leído de Thompson, pero al parecer después de ésta vinieron más donde llevo su narrativa experimental al límite.

Y una vez más, Thompson se valió de su experiencia vital para escribir esta novela, la tuberculosis que padece Bigger la sufrió el mientras trabajó como botones en el Hotel Texas, el trabajo del señor Kendall y del mismo Bigger en la panadería sale de su experiencia en la Butter-nut Bread Company, y las clases a las que asiste Bigger en la universidad de Peardale, están sacadas de su experiencia en la Universidad de Nebraska.

Noche salvaje vuelve a darnos un Thompson oscuro y reflexivo, vuelve a ofrecernos esa narrativa seca y afilada tan característica, vuelve a darnos una trama sencilla pero contundente y cargada de mensaje. No deja de sorprenderme, aún ahora, después de leer unas cuantas novelas de Thompson, de lo que este hombre era capaz, la manera en que en aquella época y acuciado por su alcoholismo, su falta de dinero, su carácter imprevisible y su tozudez llegaba a crear, la lucidez de sus tramas, escondidas en libros de bolsillo a pocos centavos.

Noche salvaje
Jim Thompson
RBA Serie Negra 2012
226 páginas.

El ejército de piedra, Luis Manuel Ruiz.

11/09/2015

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Hace algo más de un año, el abril pasado concretamente, disfruté con una novela que me sorprendió muchísimo. Me lo pase increíblemente bien leyéndola. Era El hombre sin rostro de Luis Manuel Ruiz. Una novela que mezclaba el misterio, fino humor negro, las ciencias naturales, las matemáticas, un Madrid del 1908 espectacular…y unos personajes extraordinarios. Os hable de ella en esta reseña.

Ahora y para mi sorpresa (porque no tenía ni idea), Luis Manuel Ruiz ha sacado una segunda parte, un nuevo caso, en el mismo Madrid y con los mismos personajes, un año después de El hombre sin rostro.

Madrid, principios de 1909, un suceso tan extraño como increíble está sacudiendo la capital de España. Al parecer las estatuas que adornan plazas, parques, azoteas y jardines, están cobrando vida. A la vista de unos pocos (y enloquecidos) testigos, las estatuas, después de cobrar vida, se bajan de sus peanas y arrasan cuanto se le pone por delante.

Se han sucedido varios robos y destrozos por valor incalculable y las autoridades están más que preocupadas, el rumor de que unas estatuas pueden haber cobrado vida empieza a correr como la pólvora y temen hacer un ridículo espantoso si no ponen remedio a la situación.

Para ello pedirán ayuda a nuestro querido profesor Fo, que junto a otros sabios de la nación (a cual más pintoresco), deberán buscar una solución a tamaño problema. Aunque la verdad es que lo único que hacen ese montón de salvadores es reunirse y comer con glotonería desmedida y aplaudir y vitorear fervorosamente a cada pequeña ocasión en que no tienen las manos y el paladar ocupados en pinchar, cortar, morder o tragar.

Así pues Fo, junto a su fantástica hija Irene y, de nuevo, nuestro singular aprendiz de periodista Elías Arce, serán los encargados reales de descubrir quién o qué hay detrás de unas estatuas vivas que están desencadenando el caos por todo Madrid. Pero en este segundo caso, un cuarto miembro se unirá al esquipo, el inspector Trinidad Vidarte, un tipo violento, bruto, machista y de moral baja que competirá en carácter y fuerza con la perspicaz Irene Fo.

No puedo más que repetirme de nuevo, me lo he pasado en grande leyendo las aventuras de los Fo, diría más, me lo he pasado aún mejor que hace un año. Ruiz ha vuelto a escribir una novela sobresaliente en todos los sentidos, desde la trama hasta los secundarios.

Me fascina como escribe Luis Manuel Ruiz, con un estilo depurado, rico, elegante, exquisito y repleto de palabras de época, una narración que te transporta y te envuelve con una facilidad pasmosa. Sin la pátina pretenciosa de la alta literatura, Ruiz nos narra una historia divertidísima, llena de fino humor negro, cercana, una historia llena de aventuras, ciencia y misterio, y lo hace con una clase tal, que palidecen muchos de los libros que yacen en las mesas de novedades de editoriales que se jactan de publicar literatura seria.

Y sus personajes. Irene, el profesor Fo, Elías Arce, Vidarte, todos llenos de vida, sublimes, reconocibles por sus múltiples matices, vívidos, unos personajes fantásticos, moldeados con gran cariño, con meticulosidad, incluso sus secundarios son de traca. Unos personajes y un mundo propio donde ya habitan, un Madrid de principios de siglo, esplendoroso, enorme, único, un escenario perfecto donde seguir sus aventuras muchas entregas más.

De principio a fin, El ejército de piedra es sólida como esas estatuas que cobran vida, la trama, meticulosa y redonda, se despliega con el ritmo justo para tenernos atrapados, pero no atosigados, la historia se desliza entre azoteas, áticos, laboratorios, parques, canteras y alguna cueva, con una aparente sencillez que nos envuelve en un Madrid tan apetecible que uno se disgusta por no estar allí mismo, entre los coches de caballos, la niebla, los adoquines y los fastuosos edificios de principios de siglo que plagaban las calles de la capital.

Luis Manuel Ruiz ha escrito una novela a medio camino entre la novela de aventuras, el folletín y la novela de misterio, una mezcla exuberante y deliciosa que rezuma ironía, humor y ciencia por todas sus páginas. Una novela que engaña por su aparente sencillez y que se descubre apasionante y conmovedora cuando entramos a fondo en ella.

EL ejército de piedra
Luis Manuel Ruiz
Salto de página 2015
320 páginas.


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