El Alien, de Ken Bruen

30/08/2015

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Una de las mayores expresiones de que se pueden hacer novelas negras diferentes es ésta, una de las mejores muestras de como un autor escribe la novela que le sale de los cojones escribir es ésta, una de esas novelas geniales, directas, cortas, concisas, brutas y redondas es ésta. Porque ya os he dicho una y mil veces que Bruen es bueno, y que aquí se le quiere muy poco y se le lee aún menos.

Pero estas cosas de las masas lectoras nunca las entenderé, lo de que las novelas mediocres vendan millones de ejemplares y los buenos autores estén saldados es algo que define este país, somos unos campeones de vender fraudes, de engañar al lector.

El Alien es seguramente una de las novelas más representativas de Bruen, en ella despliega todo su estilo, todo su ADN; diálogos ácidos, capítulos cortos, saltos entre tramas, nula investigación de algún crimen, alcohol, violencia, problemas. Si en el resto de sus novelas todo esto era igual, en El Alien está sobredimensionado, mejorado, pulido, afinado, Bruen se siente cómodo con estos personajes y los hace funcionar como la seda, la trama fluye tan suave que da miedo.

La trama. A Bruen la trama le importa un huevo, que ya es lo normal, pero en esta novela es apenas una excusa para mover a sus personajes, para ponerlos en situaciones aquí o allá, da igual para qué. Muchos lo hacen, pero Bruen lo sabe hacer mejor que nadie, tanto que te preguntas si te está tomando el pelo o si simplemente se ha olvidado de que allí ha pasado algo, de que alguien ha muerto.

Roberts y Brant siguen siendo unos cabrones, tan supuestamente superficiales, lejanos, maleducados, salidos y tantas cosas que el género masculino domina tan bien. Sus carreras se tuercen inevitablemente, otra vez, y viejos amigos reaparecen para hacer de sus vidas algo aún más emocionante. Nada espectacularmente nuevo dentro del universo Bruen, pero si fuera de él. Estas pequeñas historias Bruenianas bastan para darle una patada en el culo a la mitad de novelas que presumen de originales novedosas y definitivas. Pero eso ya lo he dicho antes.

Bastaría decir que Ken Bruen es bueno, diferente, que hay que leerlo para ver otra cara de la novela negra, otro estilo, otra manera de pensar, lejos de las novelas convencionales con tramas claras y estructuradas, lejos de una estructura definida. Las novelas de Bruen son extrañas y pasan pocas cosas, y muchos lectores (yo incluido estos últimos meses un poco, ahora sí y ahora no) buscan confort, agradabilidad, familiaridad, puntos de control, y Bruen no ofrece eso. El irlandés es más una conjunción de caos ordenado, de violencia gratuita, de reflexiones que te asaltan en medio de un párrafo suelto, de lanzarse al vacío. Pero que nadie se asuste, sus novelas son perfectamente normales y leíbles, solo depende un poco de nuestro bagaje lector.

Vidas Difíciles, James Sallis

13/07/2015

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Corría el años 2003 cuando la editorial Poliedro, gobernada por Julieta Lionetti, publicaba la primera novela de James Sallis en España. Lionetti nos descubrió a Sallis, que hasta el momento no había sido traducido en este país. Tuvimos la suerte de que Poliedro publicara cinco de las seis novelas de la serie de Lew Griffin, y la mala suerte de que la sexta y última se quedara en el tintero, quizá por falta de tiempo, ya que la editorial cerró sus puertas.

Junto a la serie de Griffin, Poliedro también publicó esta pequeña maravilla de la que os hablo hoy, Vidas difíciles, un librito (138 páginas) con las biografías de tres de los grandes del género negro: Jim Thompson, Davis Goodis y Chester Himes.

Aunque no son más que apuntes, un repaso muy general de sus vidas y alguna anécdota, son sobre todo, estas tres (mini)biografías, un pequeño análisis sobre el carácter narrativo de estos tres grandes escritores, de sus demonios, su metodología, los mitos que los rodean. Una introducción a sus obras, a las buenas y a las malas, porque Sallis habla siempre claro y humaniza a estos tres grandes autores, nos habla del hombre, del escritor, y no del mito.

Es también este libro un pequeño ensayo sobre la literatura Pulp, sobre sus orígenes, sobre como muchos autores, los tres que aquí se presenta por ejemplo, destacaban por encima del resto y cómo sus peculiaridades los hicieron perdurar en la historia de la literatura Pulp, aunque sus inicios y primeros años fueran realmente duros.

Vidas difíciles es una pequeña exquisitez para los amantes del género negro, para los amantes de esa literatura exprés y bajo demanda que siempre ha estado un poco menospreciada. Sallis le da el valor que se merece, nos habla de tres autores que asomaban la cabeza por encima del resto, de tres autores que en su país fueron olvidados largo tiempo mientras en Europa (sobre todo en Francia) eran reeditados y apreciados como auténticos maestros del género.

¨La literatura de consumo masivo en la que tuvo origen la novela negra, provocó auténticos fenómenos, un gran océano de millones y millones de palabras, por encima de cuyos estereotipados argumentos y trilladas escenas se alzaba de vez en cuando la auténtica naturaleza de la sociedad como la cabeza de una serpiente.¨

Dice Sallis de Jim Thompson ¨ …la obra de Jim Thompson constituye un largo asalto a las suposiciones, y son raras las veces en que el autor somete el argumento a las fórmulas que esperan los editores. De hecho, destruye de manera metódica todos los clichés, no trascendiéndolos, como podría hacer un autor más ¨literario¨, sino sumergiéndose en ellos a tanta profundidad, cerrando de tal modo las posibilidades de volver a la superficie, que quedan patas arriba.¨

Esa manera en que Thompson siempre le da la vuelta a sus novelas y hace lo que no esperas, no siempre le sale bien claro, pero hay que sonreír cuando los escritores de thrillers de hoy en día intentan algo similar, Thompson ya lo hacía, y mucho mejor que ellos.

Sobre Goodis: ¨Las mejores obras de Goodis crean una poética única de soledad y miedo (…..) e incluso las menos buenas, las menos brillantes, cobran vida en repentinos trozos de vívido sentimiento.¨ o ¨Para los personajes de Goodis no hay escapatoria, sólo más trampas inevitables, más prisiones mentales.¨

Es cierto que uno al leer a Goodis siente la asfixia de sus personajes, la maldad que los rodea siempre, como si la llevaran adherida al cuerpo, la oscuridad que los aplaca.

Y sobre Himes: ¨ En tanto, nación, o individuo nuestra fortaleza proviene con frecuencia de nuestras debilidades. Por desoladoras que sean, por rotas que estén en el escurreplatos de la historia, las obras de Chester Himes celebran la lucha de un hombre contra la corriente, contra terribles fuerzas superiores –contra su propia vida, su época y su temperamento, contra las autolimitaciones de las propias formas que eligió para expresarse- a fin de rescatar del frenesí cotidiano, como diría Baudelaire, aun cuando nos dé la espalda, una mirada al sufriente rostro de la verdad.¨

Himes sintió siempre el odio de los demás, el rechazo por ser negro, incluso se fue de su país para poder vivir tranquilo y fuera de las miradas acusadoras. Todo eso quedó fielmente reflejado en sus novelas, atenticos delirios con tramas imposibles y muy locas, pero con mucho trasfondo y escritas con maestría. No siempre sus novelas son lógicas, de la manera en que entendemos una novela de género, pero si son, ante todo, reivindicativas.

Vidas difíciles no es una revisión profunda sobre estos tres grandes escritores, para eso existen biografías exclusivas sobre sus vidas, ni un estudio sobre sus obras, ni nada demasiado existencial. Como he dicho al principio, Sallis ha escrito un libro para todos esos aficionados al género negro, al Pulp, a una época donde escribir era sobrevivir y hacer camino, un libro para disfrutar de anécdotas puntuales, de retazos de vidas, de chismorreos, de opiniones. Un libro en apariencia pequeño que encierra mucha sabiduría.

Vidas difíciles
James Sallis
Poliedro 2004
138 páginas.

Pronto será de noche, de Jesús Cañadas

30/06/2015

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Llevo unas semanas leyendo novelas de algunos escritores que yo creía que tenían una voz muy propia. Muy clara. Un estilo personal. Todo eso. Y me estoy dando de bruces (en esas novelas) con que han cambiado de registro tan ricamente, con mucha alegría. Y me están gustando muy mucho. Las novelas, los estilos. No es que tenga nada en contra de que un escritor cambie de registro, de voz, de estilo, de género o de ropa interior. Todo lo contrario, me encanta.

La cosa es que me sorprende porque en ninguno de estos casos iba avisado, y bueno, ha sido una sorpresa. Con Jesús Cañadas me ha pasado un poco así, que algo sabía pero no, que se decía por ahí que el de Cádiz había cambiado después de Los nombres muertos. Que iba en plan salvaje. Muy loco. Incluso se decía que al leer Pronto será de noche te explotaba la cabeza.

Y un poco sí.

Aunque para ser francos (y chulear un poco) diré que yo ya le vi el potencial maléfico a Cañadas en dos relatos que le leí el año pasado. O el anterior. El primero fue Dejad que los niños se acerquen incluido en el Presencia Humana nº1, un relato turbador y oscuro que manda huevos. El segundo (y donde me enamoré muy locamente de Jesús) fue El niño, el muerto y el Lobo, incluido en Ácronos antología Steampunk Vol.1 Un relatazo violento y oscuro que me dejó con los pantalones en lo tobillos y con más ganas de este Cañadas con tintes foscos.

Así que un poco advertido iba.

Total. Que el Cañadas aventurero, divertido, pastichero, Lovecrafiano y pulpero que era en Los nombres muertos, se ha metamorfoseado en un Jesús (y valga la ironía) oscuro, violento, brutal y maquiavélico en este Pronto será de noche. Un poco (bastante) como el Cañadas de los relatos, pero en formato largo. El cambio de registro de una novela a otra es absoluto, demoledor, tajante. Por no hablar del tono de esta última, absolutamente oscuro y apocalíptico. Y si con la anterior  novela disfruté, con esta no os quiero ni contar.

El escenario de la novela ya me parece tremendo, un atasco. Un atasco infinito. Los coches apenas avanzan unos kilómetros a poca velocidad una vez al día. Con suerte. Todo el mundo huye. De algo que no sabemos. Todo el mundo huye. También de sí mismos. Durante el día hay peleas, gritos, sol, calor, carencias. No hay comida. No hay agua. No hay nada. Imaginad estar en vuestro coche un día entero, dos, tres, dormir en él, vivir en él. Rodeado de extraños. Con algo que se acerca desde atrás. Algo malo.

Y si la falta de agua, de comida, las peleas, las carencias, la falta de higiene, de tus seres queridos, de tabaco, de droga, no fuera suficiente, sabed que al caer la noche alguien morirá. Porque hay un asesino a pocos coches de distancia. Y en cuanto cae la noche, sale a pasear.

Ambientar una novela en un atasco me parece tan arriesgado como genial, un atasco puede parecer a priori un escenario bastante aburrido. Pero si se hace bien, si se consigue hostigar al lector, darle caña, es un escenario tremendo. Y en eso Jesús cumple totalmente. Toda la ambientación de la novela es excelente, sin paliativos, Cañadas le imprime al atasco una oscuridad, una sensación de asfixia (¡al aire libre!), de cosa primitiva, una sensación de final, de muerte lenta, que se filtra al lector en cada párrafo, en cada diálogo. Es hermosamente agotador.

Y en ese oscuro panorama, Cañadas le ofrece al lector una trama sencilla pero llena de matices, llena de lecturas, llena de huevos de pascua. Una trama absoluta (el fin de todo y de todos) saturada de pequeñas grietas, de pequeñas historias. Terribles, misteriosas, tristes, dolorosas, corrientes, feroces. Pequeñas grietas, vidas, que veremos en un escenario brutal, colocadas ahí, como una suerte de último juego macabro, huir sin huir, correr sin avanzar.

¿Qué hacer ante el fin de todo? ¿Qué reacción es la correcta? ¿Cuáles son los impulsos reales del ser humano? ¿Y del individuo? ¿Qué hacer cuando ni la muerte de otro importa? ¿Seguir adelante? ¿Abandonar?

Un taxista barrigón, tosco y bruto, una embarazada, una cincuentona borde y desconfiada, un hippy misterioso, una profesora y sus cincuenta y tres alumnos de apenas 7 años, un viejo que siempre conserva la calma, un (ex) yonqui, un escritor cocainómano ….

Y Samuel. Que quiere descubrir quién está matando a los otros conductores.

¨A su alrededor hay personas que rezan, que follan, que se arrepienten, que lloran y que meditan y que corren y que aúllan porque ya no queda tiempo para esperar el final, porque el final ya está aquí, porque el fin del mundo pasa cada vez que alguien se muere, porque están rodeados de miles de fines del mundo, porque lo que hagas ahora será lo último que hagas, porque esto es lo que pasa cuando el mundo se acaba.¨

Pronto será de noche
Jesús Cañadas
Ed. Valdemar, colección Insomnia. 2015
253 páginas.

Una infancia: Biografía de un lugar. Harry Crews.

25/06/2015

PORTADA FINAL UNA INFANCIA

¨Extendí el brazo y me palpé una mano con la otra y la sensación fue la de tocar un guante húmedo. Quiero decir que la piel de la parte superior de la muñeca y de la palma de mi mano, junto a las uñas, se me habían desprendido y se habían caído al suelo. Podía ver mis uñas en el pequeño charco escurridizo que había formado mi carne en el suelo.¨

Harry Crews acabó, con seis años, dentro de un caldero de agua hirviendo. Su madre estaba calentando agua en la parte de atrás de la casa para meter dentro un cerdo y así poder quitarle el duro pelo de manera fácil y rápida. Crews estaba jugando con sus amigos a un juego llamado el látigo. Crews salió disparado, voló y aterrizó dentro del agua hirviendo. Se quemó vivo.

Se quemó todo el cuerpo menos la cabeza, que no llegó a sumergir en el agua. Hasta los quince años lució cicatrices.

Me sabía esa historia antes de leer Una infancia: biografía de un lugar, como también sabía la del catálogo de Sears. No recuerdo donde las he leído u oído, pero ya me eran familiares. Después de leer Cuerpo me leí todas las entrevistas y vi todos los videos que encontré sobre Crews. Y conocer exactamente como casi muere sumergido en agua hirviendo no lo ha hecho menos brutal, ni hermoso.

Esta Biografía que nos cuenta Crews, que abarca desde mucho antes de su nacimiento, hasta los veintiún años, es una crónica espectacular sobre los años veinte, treinta y ya menos sobre los cuarenta en el sur de los Estados Unidos. Granjeros brutos, alcohólicos, rudos y maltratadores, economía deprimida, falta de valores, embrutecimiento, creencias atávicas. Un lienzo que Crews va describiendo desde antes de nacer él y durante toda su infancia y adolescencia. El papel de los negros en esa sociedad, los juegos infantiles, la pubertad y las mujeres, la pobreza extrema, la incultura.

¨Por entonces yo aún no había oído hablar de los vagones de ganado de Hitler, pero cuando pienso en aquel viaje suelo recordarlo con esa imagen. Gente rendida y machacada salvajemente por largos años de arañar una tierra ya agotada antes de que hubiesen nacido.¨

El panorama ahora nos puede parecer desolador; vidas tristes siempre al límite económicamente, moralmente y anímicamente, pero en aquellos años, era la norma de los que no tenían apenas nada. En una ocasión Crews, su hermano y su madre, vivían en una habitación alquilada, su madre se había marchado de casa después de que su segundo marido le disparara con una escopeta y casi la matara por unos pocos centímetros. El dueño de la habitación desahucio a la familia argumentando que la iba a echar abajo para construir otro edificio más seguro. En realidad los echó porque otra familia le hizo una oferta por la habitación un dólar más ventajoso. Un dólar. No había lugar para la moral ni la pena en el sur de los años treinta.

En otra ocasión, con apenas siete años, Crews convenció a un carnicero para que le diera trabajo en su tienda. En su primer día, apareció un hombre muy nervioso que le pidió a Crews un cuchillo. El hombre sin mediar palabra se clavó el cuchillo en el pecho y poco a poco, golpecito a golpecito, lo fue hundiendo ante la atenta mirada de un Crews de siete años que no podía dejar de decirle al hombre que eso que estaba haciendo era ilegal, que no podía clavarse un cuchillo. El hombre se clavó el cuchillo hasta el mango y murió ante la mirada atónita del niño.

Hay decenas de pasajes donde Crews cuenta auténticas barbaridades que para la época eran absolutamente normales, como que no era normal que los granjeros pegaran a sus mujeres, pero en cambio era bastante normal que les disparasen. Una infancia es un poco atroz, como Crews, pero no llega a lo oscuro de El cantante de góspel ni tiene la acidez de Cuerpo. Esta biografía es un libro extraño, un poco hipnótico en ocasiones, un poco frío en otras, algo insustancial en algún pasaje. No tiene la fuerza de sus otros libros, aunque conserva el aura de la narrativa de Crews.

Aunque, a diferencia de sus novelas de ficción, Una infancia es tan real como el propio Crews, tan literal como él recuerda, y tan cruda como ocurrió. A mí me ha recordado un poco a Steinbeck y sus novelas de la depresión, pero sin la magia de la picaresca de las que impregnaba sus historias.

Espero con ganas otra traducción por parte de Acuarela, porque de este tío hay que traducirlo absolutamente todo.

Una infancia: biografía de un lugar.
Harry Crews.
Acuarela-Antonio Machado 2014
236 páginas.

La lunática del castillo, de J.P. Manchette

01/06/2015

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¨Mientras la guarnición lo protegía de los chorros de sangre, Thompson agitó vigorosamente la empuñadura, y el corazón del homosexual quedó cortado en dos o más pedazos. La víctima abrió la boca y sufrió un solo espasmo.¨

Hace unos meses, alentado por Alexis Ravelo, leí mi primer libro de Jean-Patrick Manchette, Fatal. Me habían hablado muy bien de Manchette, pero Fatal no me pareció una novela demasiado impresionante. Me gustó, es una novela corta con mucho ritmo, violenta y un tanto extraña, pero me faltaba algo, me faltaba eso de lo que me hablaron Ravelo y Víctor del Árbol en el pasado Collbató negra entre cigarrillos y resguardados de una tremenda tormenta bajo un porche helado.

En el prólogo de Fatal, Andreu Martín (otro al que hacerle caso en todo), habla de que la primera vez que leyó a Manchette fue con la novela La lunática en el castillo, la primera novela que se publicó en España del autor allá por 1975. Martín se quedó fascinado con Manchette después de leer esa novela, así que pensé que no perdía nada si buscaba La lunática en el castillo y probaba a ver si el efecto era el mismo en mí.

Encontré una edición de la editorial Laia de 1975 con traducción de Lluís M. Todó (que me ha parecido muy buena y que no ha envejecido nada mal) pero para cuando me llegó, mis ganas de leer a Manchette habían menguado en proporción de lo que había crecido mi pila de novedades por leer.

Pero éste sábado pasado, en medio de días extraños y muy pocas ganas de leer, repasando, manoseando y ordenando la pila de libros por leer, una y otra vez, me he encontrado con esta novela de Manchette en la mano. Con una punzada de tristeza por haberlo dado por perdido, me he sentado a ojear el libro de nuevo, y ya no me he levantado hasta terminarlo.

Ha sido fascinante, absolutamente fascinante, una lectura obsesiva, algo que hacía tiempo que no me sucedía, una de esas lecturas que se te meten dentro y te aceleran el pulso, de las que hacen que las horas se esfumen sin darte cuenta, de esas lecturas en las que no permites que nada se interponga, en las que el mal humor asoma si alguien se acerca si quera a un metro con intención de hablarte, de pedirte, de distraerte.

A Manchette se le engloba en la corriente conductista, un tipo de narración en la que solo importan los hechos, los actos y el comportamiento, dejando de lado los sentimientos y los estados de ánimo de los personajes. La lunática en el castillo es un claro ejemplo de este tipo de novela, ya que sus personajes están exentos de cualquier sensación más allá del cansancio, la ira o el dolor. Mirado desde fuera, el conductismo o behaviorismo puede parecer frío o extraño, pero plasmado en una novela negra es tremendamente eficaz, dotando a la narración de una fuerza, ritmo y violencia increíbles y dejándola libre de un sentimentalismo que muchas veces lastra la trama de manera irrecuperable.

La lunática en el castillo es sencilla, no tiene una trama intrincada, ni decenas de personajes, ni quiere ser la mejor novela negra de la década. Hartog, un hombre millonario y de carácter seco y distante, contrata a Julie para que le haga de niñera, el millonario ha quedado a cargo de su sobrino después de la muerte de los padres de éste. Al mismo tiempo conocemos a Thompson (guiño, guiño) un violento y frío asesino a sueldo al que le han encargado cierto trabajo que ará que las vidas de Hartog, Julie, Thompson y el pequeño Peter converjan en caminos no demasiado satisfactorios para alguno de ellos.

Lo que me ha seducido de esta novela, de Manchette, es su manera de escribir, su manera de narrar (parca, seca, fría), su manera de construir la trama; alejándose de lo convencional y apoyándose en la acción, en los diálogos, en lo que está sucediendo, y dejando la novela desnuda de cualquier cosa insustancial o innecesaria. Lejos de ser una historia superflua, Manchette logra crear una magnífica novela, así como unos personajes increíbles con apenas unas pinceladas. Por no hablar de la violencia que destila y la potencia visual de sus imágenes.

No hace mucho, leí que Manchette concibió Fatal como una novela experimental y que no era para él una novela de temática negra. Eso me deja mucho más tranquilo.

Manchette ganó con esta novela el Grand prix de littérature policière en 1973, era la tercera novela que escribía.

La lunática en el castillo
J.P. Manchette
Laia 1975
195 páginas.

Los reyes del jaco, de Vern E. Smith

06/05/2015

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Creo que he dado un paso adelante en cuanto a fobias. Correr cientos de veces delante de yonquis de barrio a la vuelta del colegio o intentar que a la vuelta de la esquina una jeringuilla con mala pinta no acabara clavada en mi barriga si no soltaba todo lo que tenía, supongo que le dieron a mi cerebro las dosis suficientes para repudiar todo lo relacionado con las jeringuillas, los palos, el jaco y todo ese mundillo de bajos fondos.

Ni películas icónicas como Perros callejeros, ni novelas donde alguien se pinchara, ni canciones alegóricas a la droga reina. Nada. Me sobra todo ese mundo, me trae demasiados malos recuerdos de soledad, persecuciones, escondites y un miedo terrorífico a que alguien me pinchara con una aguja.

Incluso el pobre Bunker lleva esperando en casa más de dos años a ser leído. Y todo porque a las pocas páginas de Perro come perro alguien se pincha jaco con todo lujo de detalles. Me cago en mi triste infancia.

Y solo se me ocurre a mí ponerme a leer una novela que se llama Los reyes del jaco.

Es como una puñetera broma ¿Verdad?

En mi defensa diré que, si algo tiene Vern E. Smith es clase. Smith es ese tipo de autores que te hacen olvidar la sordidez de lo que estás leyendo, porque lo narra con una mezcla de claridad y distancia, de buen oficio, que hacen que el lector pueda leerlo sin que el frío lo invada, sin que se le tuerza el gesto y aparte la mirada.

Y que Smith sea periodista le da un enfoque a la novela muy ensayista, muy medido, distante sin ser superfluo. Se nota la pulcritud del texto, el ritmo perfectamente medido de la narración, la redondez de la trama. Por no hablar del perfecto conocimiento de un Detroit a principios de los setenta y del hampa de la droga que campaba a sus anchas en aquellos años.

Y todo eso ayuda mucho a poder leerlo. Porque en este país se tiende a escribir sobre los bajos fondos con mucha sordidez, cuanta más mejor, y bueno, yo soy muy de lo sórdido, que os voy a decir a estas alturas, pero no todo vale. Y os digo una cosa, Smith no es una hermanita de la caridad, que En los reyes del jaco hay ejecuciones para parar un puto tren, que estamos hablando de tipos que se disputan el negocio de vender droga. Hasta sale un tío con un hacha que quiere hacer hablar a otro. Y no está para ostias.

Pero Smith sabe escribir. Y eso se nota en lo que transmite al lector. Nada de estridencias, nada de pérdidas de control. Lo que sorprende de Los reyes del jaco es que, pese a la dureza de muchas de sus páginas y de las imágenes explicitas que Smith nos describe, la novela fluye con una tranquilidad increíble, es homogénea, no sé cómo explicarlo, la novela destila autocontrol. Si eso es posible.

Todos tenemos en la cabeza decenas de películas y series de televisión que tienen a las mafias de la droga como leitmotiv, no nos faltan ejemplos de series ambientadas en la época actual. Y Los reyes del jaco es como una serie de las buenas, una serie actual ambientada en los setenta. Actual porque la narración y el estilo de Smith no ha envejecido un ápice, actual porque ahora más que nunca las mafias de la droga campan a sus anchas, de nuevo, en muchas ciudades, actual porque la decadencia y el submundo que retrata Smith sigue ahí, cuarenta años después.

1972, abrigos de chinchilla, botines de cuero, anillos insultantemente ostentosos, peinados afro, los últimos modelos de Cadillac. Los reyes de la droga gustan de ser reconocidos, les gusta la opulencia y lo extremado, tienen que hacer saber quién manda, quien gana dinero. Pero solo hay un rey de reyes, un capo a quien todos admiran y odian por igual, la figura a derrocar por los más ambiciosos. Y en el mundo de la droga, hasta el camello más patético rezuma ambición.

Y cuando a un rey le quitas lo que le da su razón de ser, se enfada de cojones, y si ese rey es un negro armado, con muchos negros armados y cabreados a su servicio, no se avecina nada bueno. Rumores, favores, confesiones sacadas a golpes, ejecuciones. Tirar de un hilo para ver a donde va, para ver quien fue el que se fue de la lengua, para recuperar lo que es tuyo, más que eso, para recupere quien eres.

Los reyes del jaco se podría haber quedado en una novela de drogadictos, bajos fondos y un montón de negros con pistolas, pero Smith ha construido una novela sobre la droga, sobre la ambición y la venganza, sobre la violencia por encima de todo. Una novela donde el ser humano vale menos que la verdad que pueda decir, un mapa del territorio donde la droga a caído como una plaga, como una lacra, llevándose por delante el alma de sus habitantes, su dinero y su futuro.

Y hay que felicitar, un vez más, a Sajalín, porque esta novela no tendría esa uniformidad, esa concordancia, esa clase y esa redondez, sin el magnífico trabajo de traducción de Güido Sender, chapó hermano.

Los reyes del jaco
Sajalín editores, colección al margen 2015
267 páginas.

El gran arresto, de Ken Bruen

30/04/2015

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Dos años desde mi último Bruen, cada vez es más difícil conseguirlos. Por suerte, o por desgracia, ya tengo todos los que se publicaron en España. Que fueron muy pocos.

Ya sabéis que me apasiona Ken Bruen, su serie del malogrado Jack Taylor me parece sublime, de lo mejor que he leído nunca en género negro y de las que en España solo se tradujeron tres entregas. Y sin seguir ningún orden. Poco después de esos tímidos intentos por publicar a Bruen, Pàmies editó los dos primeros de otra serie, la del inspector jefe Roberts y el sargento Brant. Dos auténticos hijos de puta. Y de la que hoy os traigo la primera entrega. Por último, y aprovechando el tirón del estreno de la película, Pàmies editó también London Boulevard, una novela independiente que promete ser igual de buena que el resto. Luego ya nada de nada, Bruen es solo un recuerdo en este país con todas sus novelas saldadas, así que si os cruzáis con cualquiera de ellas, compradla por Dios.

Después de jodernos bastante con la las novelas de Jack Taylor; un personaje siempre melancólico, entrando y saliendo del alcoholismo y dándonos a los lectores un disgusto tras otro, Bruen cambia totalmente de registro en esta otra serie y nos presenta a dos personajes totalmente diferentes a Taylor. Roberts y Brant son muchos más duros que Taylor, más seguros de sí mismos, más violentos, y, lo que marca la diferencia en cuanto a Taylor, Roberts y Brant no tienen la ética, ni la humildad, ni mucho menos la humanidad y lealtad que definen a Jack Taylor.

Roberts y Brant son dos descerebrados con placa, el primero inspector y el segundo sargento. Los dos ostentan cargos con poder donde pueden humillar a todo el que esté por debajo de ellos. A veces incluso por encima. Son maleducados, mal hablados, chulos, chanchulleros, vengativos, machistas, soeces, lo que queráis. Pero molan un huevo. Entendedme, no son desagradables al nivel de Evert Bäckström, estos son así porque la vida los ha hecho así, son unos capullos, pero en el fondo son buenos tíos.

Roberts y Brant ya han jugado todas sus cartas en la comisaría, están a un paso de ser expedientados y que les den una patada en el culo a cada uno y los manden a casa para siempre. El capitán está al día de la brutalidad de Brant en los interrogatorios, de que se pase las normas por el forro, de que use su placa para no pagar prácticamente nada de lo que compra. Incluso los lingotazos. También está al día de que Roberts haga la vista gorda con Brant, de que le cubra todas las cagadas, de que se escaquee, de sus extorsiones y de sus amenazas a terceros. Los dos necesitan un Gran arresto, uno de esos que borre de un plumazo sus malas reputaciones y deje sus expedientes más limpios que el culito de un bebé.

Y es entonces cuando aparecen El Árbitro y La banda de la E. El primero es un psicópata que se dedica a matar a jugadores profesionales de Críquet, tiene una fijación con ellos, y ha empezado una venganza personal. Los segundos son cuatro veinteañeros blancos (nótense las cursivas) encabezados por un maníaco paranoico que quiere limpiar el barrio de yonkis, traficantes y demás escoria. Y su manera de limpiar el barrio es colgar a los susodichos de las farolas.

Aunque en esta novela Bruen cambie de personaje y de escenario (con Jack estábamos en Irlanda y con R&B estamos en Londres) el estilo que emplea para escribir esta nueva serie es el mismo estilo único que le caracteriza; ese estilo parco, ahorrativo, directo, Bruen no es de los que pierde el tiempo en florituras, en descripciones innecesarias (¡que me aspen! ¡Yo me di cuenta que Falls era negra diez páginas antes de terminar el libro!), en relleno que no va ninguna parte. Bruen establece un juego con el lector, él te da una parte de la historia y tú tienes que rellenar los huecos vacíos. Eso se traduce en capítulos cortos o muy cortos, cosa que me fascina y que le da un ritmo a la novela endiablado, y en esos capítulos incluso cabe la posibilidad de que dos tramas estén mezcladas, apenas separadas por un punto y aparte. Si uno no está atento, puede desorientarse.

No a todos los lectores les gustara el estilo de Bruen, hay que entrar en el juego, hay que prestar atención y te tiene que gustar como Bruen construye las tramas. Además de que sus libros suelen ser duros, con un vocabulario sin filtros y con ese maravilloso don para hacer personajes extraordinarios y bastante trillados.

Y como no podía ser menos, El gran arresto también está plagada de ese humor negro tan característico del autor, esos diálogos afilados y cortantes, esas constantes menciones musicales y esas alusiones a otros autores de género negro que tanto admira Bruen y que en esta novela, se lleva la palma Ed McBain.

El gran arresto
Ken Bruen
Ed. Pàmies 2008
189 páginas.

Un filo de luz, de Andrea Camilleri

27/04/2015

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¨Ni siquiera tenía amigos que pudieran llamarse verdaderamente ¨amigos¨, de esos en los que confías, a los que les cuentas incluso los pensamientos más íntimos… Fazio y Augello eran amigos, desde luego, pero no pertenecían a esa categoría.¨

Empiezo a sospechar que Salamandra espía a sus lectores. O a algunos de ellos. O quizás me espíe a mí. Es sospechosa la coincidencia que tiene siempre la salida del último libro de Montalbano con mi ninguneado estado de ánimo. Coinciden.

En esta ocasión Camilleri nos vuelve a presentar a un Salvo atribulado, confundido con su vida interior y amorosa, como vimos en Juego de espejos, pero en esta novela Camilleri da un respiro al comisario con sus achaques de la edad y lo martiriza, como no, con una nueva femme fatale de muy señor nuestro, Marian.

No contento con poderle delante a la voluptuosa Marian, dueña de una galería de arte y diana de todos los pensamientos impuros del comisario, Camilleri monta una trama con más de un caso a resolver por el comisario. Así, mientras su relación con Livia está en su peor momento, el comisario tiene que lidiar con un asesinato que parece obra de la Mafia y con dos tunecinos, refugiados políticos, que al parecer son algo más que simples trabajadores del campo.

Como en todas las novelas de Camilleri, más que saber el quién y el porqué, los lectores disfrutamos del camino que nos lleva a la resolución, disfrutamos de la evolución de Montalbano, de sus vicios gastronómicos, de sus deslices amorosos, de sus debilidades, de su genio incontrolable, de sus frustraciones, de su melancolía que nos envuelve. Los lectores de Motalbano no somos meros transeúntes que se cruzan en el camino del comisario, no. A nosotros nos gusta pensar que somos parte de su mundo, que Camilleri nos ha colocado ahí, en un sitio preferente, donde Montalbano nos hace partícipes de todo, como si fuéramos su mejor amigo…

¨Era del todo consciente de que, si algunas noches se quedaba horas y horas en el porche fumando y bebiendo whisky, no era por falta de sueño, sino porque le pesaba mucho tener que dormir solo.¨

Y el comisario tiene mucho que contar en esta novela. Su mundo se viene cada vez más abajo, su melancolía gana terreno, se siente cada día más solo, su relación con Livia es un tormento de discusiones, desconfianzas y amor que se evapora. Y por si fuera poco el recuerdo de François, el niño que él y Livia estuvieron a punto de adoptar, vuelve con fuerza una y otra vez para recordarle que podría haber dado un paso para formar una familia, para empezar una vida con ella.

¨Él se conocía, sabía de sobra que no tenía capacidad para adaptarse a otra persona, ni siquiera queriéndola como quería a Livia. Ni capacidad ni voluntad.¨

Pero aunque todo pinte mal, y nuestro comisario no este del todo en forma, la novela está lejos de ser oscura o triste, Camilleri se las hace pasar putas al comisario, por supuesto, pero siempre quitando hierro a las situaciones, siempre imprimiendo ese humor italiano tan impetuoso. Qué haríamos los lectores sin nuestro querido Catarella, sin los estallidos de mal humor del comisario, sin las prisas por llegar a todas partes, sin los mal entendidos de Montalbano con sus chicos…

Un filo de luz
Andrea Camilleri
Salamandra 2015
219 páginas.

On mai no creix l´herba, de Sebastià Bennasar

17/03/2015

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La venjança i la supervivència son dos dels grans temes de la humanitat. Com l´amor, l´odi, els diners. El gènere negre es caracteritza per exprimir les desgracies humanes, per mostrar les baixeses dels individus, la seva cara fosca, la necessitat, la gratuïtat moltes vegades dels seus actes. L´oportunitat, la lluita per sortir del fang, la violència com a forma de vida.

En Bennasar, com qualsevol altre autor de gènere negre, abraça i utilitza dues grans icones del gènere humà: la venjança i la supervivència.

On mai no creix l´herba és moltes coses; és amor per un país que no vols que es trenqui, que no vols que deixi de ser el que sempre has admirat i reverenciat, una unitat que mames des de els avis, una il·lusió de país que es remunta a temps en que aixafar cultures era el dogma. És cuitat, és barri, és un mosaic de la nova societat que tira endavant, de la nova creença del al menys tinc una feina, de les compres mínimes, del silenci i el cap avall. És un reguer de sang que has de seguir, una mostra de la ment malaltissa d´algú que ha decidit emprendre justícia, la seva justícia, ves a saber perquè, a cops d´escopeta retallada. És assaltar una vegada més una casa, un xalet, un magatzem, una fabrica. És amagar un mort. És un client més que esperes que no et rebenti el sexe a embranzides descontrolades i amb el cap lluny de l´habitació fosca i pudenta on estàs feta un nyap.

¨El país és una merda si els atracadors canvien bancs amb caixes rònegues per supermercats…¨

És venjança i supervivència.

Lluny de la neu, del romanticisme del pobles petits, les ermites, els paisatges que et deixen embadalit i l´hermetisme del coneguts que fan pinya en front d´un foraster que en Bennasar ens oferia a El país dels crepuscles, aquesta vegada el mallorquí ens situa a ciutat. A Barcelona. Al barri de la Verneda.

Es un canvi notable, del petit mon de la Vall de Boí a la cosmopolita Barcelona, a la colossal ciutat. S´endinsa en una gola de llop on tot té un altre ritme, un altre manera de funcionar, un caire més trist, més gris. Un altre realitat.

Aquesta vegada en Sebastià no utilitza el model més canònic de la novel.la criminal o policíaca, que sí va fer servir a El país dels crepuscles, en aquesta ocasió, en Bennasar a optat per una novel.la filada amb quatre histories diferents, quatre visions de la nova societat que aflora en quests temps de crisis monetàries, crisis de creences, d’ètica i de valors. Quatre vides, i alguna més, que viuen entre la desesperació, la venjança, la supervivència, les creences obsessives i l´anodina feina.

Una novel.la on el nostre estimat Jaume Fuster no acaba de ser el protagonista, l´eix de la trama, sinó que més aviat es part de la maquinaria que fa funcionar els esdeveniments, com a vàlua d´un sistema que es podreix i s´enfonsa. Un Jaume Fuster de tornada de tot, irònic, tranquil, que veu com el seu voltant canvia de pressa i aixafant els vells temps sense immutar-se.

Però el que fa més sorprenen a On mai no creix l´herba, diferent, amb un punt quelcom incòmode pel lector, en el bon sentit d´una visió interna i directe, es la utilització de la segona persona per part d´en Bennasar, una segona persona que involucra al lector en els esdeveniments, que els en fa part. Per mi, que no m´he l´havia trobat mai, ha estat una experiència torbadora i estranya a parts igual. Nova.

En Bennasar aprofita aquesta historia de múltiples vides, no només per contar les desesperances d´uns quants pobres d’ànima. Com ja va sent marca del mallorquí, la denuncia social hi es molt present, així com la reivindicació d´una cultura, d´una llengua, d´un país. El nostre. Amb petites pinzellades, dient les coses sense dir-les.

¨Es molt curiós això que passa als centres comercials: pots viure en un món hiperglobalitzat on sempre hi ha una cultura que sobra, la pròpia.¨

On mai no creix l´herba
Sebastià Bennasar
Alreves/Crims.cat 2015
177 pagines.

Terry

13/03/2015

v2Terry-Pratchett-David-Sandison

Marzo se supone que iba a ser divertido. En casa, tres de los cuatro que la habitamos cumplimos años. Este pequeño viaje alrededor de una mesa también. Los días son un poco más largos, el frío empieza a retroceder. Un mes donde parece que remontas las dificultades de principio de año, te quitas el polvo de la ropa, coges fuerza, y afrontas lo que te queda por delante.

Marzo ya nunca será igual. Hace unas cuantas horas que tengo la vista nublada por las lágrimas. He estado levantado parte de la noche, dando vueltas en silencio sin entender muy bien porque. Triste, hundido.

El Hombre del Sombrero se ha ido.

Supongo que para muchos de vosotros es difícil entender la enorme tristeza que sentimos muchos de sus lectores, es alguien a quien no conocíamos personalmente, a quien nunca habíamos visto. Pero para algunos de nosotros fue casi como un padre. El Hombre del Sombrero era en quien apoyarse, a quien buscar cuando sentías que el frío ganaba terreno.

Mi primera novela de Pratchett fue El color de la magia, la primera de la serie del Mundodisco. No recuerdo donde la compré, pero recuerdo que tenía en la cabeza la palabra Mundobizarro, no tengo la menor idea de porqué. Esa palabra me bailaba en la cabeza hacía meses y un día vi una novela que hablaba del Mundodisco. Asociación de ideas. Inteligéncia embotada por la musica siempre demasiado alta, el humo y el alcohol. La compré al instante, atraído por la cubierta y algo de que este autor era el más robado en la cadena de librerías Waterstone´s. Pensad que en aquella época yo calzaba botas militares, pantalones pitillo lilas, rojos o negros, cazadoras militares e iba gran parte del día borracho.

Apenas con diecisiete ya no vivía en casa, mi padre me había enseñado donde estaba la puerta, vivía en un garaje. Mi madre vivías lejos y sin ganas de saber mucho de nosotros. Me pasaba el día patinando, escuchando punk y dejando trabajos uno detrás de otro. Y bebiendo.

El color de la magia no me salvo la vida, ni dejé de ser lo que era, pero Practhett me hizo reír y disfrutar, me hizo olvidarme de la soledad de un garaje con un camastro, de la falta de amor de mis padres. Con Practhett me sentía un poco especial, como un miembro de la guardia, arropado por sus congéneres, por Vimes.

Luego conocí a mi mujer. Y dejé un camino que se torcía por momentos, para coger otro que tampoco ha sido demasiado recto. Pero Practehtt siempre ha estado ahí. En casa tengo treinta y dos novelas suyas, todas leídas y manoseadas, de las cuales veintiuna son de bolsillo. Recuerdo comprar muchas de ellas en Gigamesh, con vergüenza, las de los lomos verdes. Recuerdo ahorrar para comprarlas, dejar de fumar Ducados, de beber cerveza, para tener dinero para leer.

Ahora tengo treinta y siete años, a unos días de cumplir uno más, y Pratchett sigue siendo un pilar en mi vida, sigue alegrándome el día cuando pienso que hace un año que no encuentro trabajo, que educar a un adolescente es brutal, que intentar seguir adelante con un millón de dificultades es imposible. Sigue ahí, con sus lecciones entre las páginas, con su visión de la vida tan increíble, con ese humor tan delicioso que hace que revivas y que la vida valga la pena.

Mi padre murió en 2010, y yo, como Vimes, tampoco llore cuando se fue. Pero si lo he hecho ahora, con Terry, lágrimas que llegan en cualquier momento en cualquier lugar, una sensación de tristeza infinita que te oprime el pecho.

Leo la tristeza de Manu, la de Vimes, la de David en Facebook y veo que todos hemos tenido vidas parecidas, sin un padre que nos sirviera de modelo, sin una vida ordenada. Pratchett ha sido nuestro modelo, nuestro asidero en momentos de caída.

Hace años, cuando internet estaba en pañales, cuando las redes sociales no existían y nos comunicábamos en los foros, conocí a Manu y a David. Hablábamos del Mundodisco, de las traducciones, de las ediciones, de tantas cosas. Las listas de correo, las convenciones, cualquier cosa para seguir alimentándonos.

La fuerza se agota, Ledesma, Practhett, dos grandes que han marcado mi vida. Es difícil seguir sonriendo, fingir que todo va bien.

¨La gran tortuga A´Tuin se acerca, nadando lentamente por el golfo interestelar, con los pesados miembros llenos de hidrógeno congelado, la enorme y viejísima concha llena de cráteres de meteoros. Con unos ojos del tamaño de mares, encostrados de lágrimas reumáticas y polvo de asteroides, Él contempla fijamente el Destino.¨


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