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Huida del corredor de la muerte, de Edward Bunker

28/05/2014

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¨…si se os ocurre siquiera atacar a un guardia o a alguien que no sea un recluso, os pisotearé la cabeza contra el suelo. Si pegáis a un guardia, ya os podéis colgar, porque vuestra vida será mucho más horrible que vuestras peores pesadillas. Si matáis a otro preso, no pasa nada, pero si le dais el más mínimo problema a un guardia, desearéis no haberlo hecho. Os dejaremos los sesos hechos papilla…¨

Me moría de ganas de volver a leer a Bunker, lo tenía un poco olvidado después de la magnífica No hay bestia tan feroz. Joder, siempre me pasa igual, salto de un libro a otro y a otro y a otro más, y cuando me quiero dar cuenta ha pasado demasiado tiempo, he olvidado lo bien que me lo pasé leyendo a este o aquel otro autor y me maldigo. En fin. Los relatos de Huida del corredor de la muerte han sido la excusa perfecta para volver a leer a uno de mis autores favoritos de novela negra; de esa novela negra descarnada y bestia que tanto me gusta.

Bienbienbienbien.

Pero dejadme que os hable un poco –solo un poco- de quién era Edward Bunker. Nació en Hollywood en 1933, y ya desde su adolescencia, donde destacaba por su inteligencia y su ímpetu, estuvo metido en problemas con la ley. Criado en hogares de acogida y más tarde en reformatorios –sus padres se divorciaron cuando tenía cuatro años y se desentendieron de él- fue llenando su vida de pequeños delitos hasta que en la adolescencia empezó con delitos mayores, robo de bancos, extorsión, narcotráfico, falsificación y dio con sus huesos en prisión. Estuvo en Folsom y en la famosa San Quintín. Fue en esta última donde dónde se volvió un lector voraz y donde empezó a escribir novela. Estando aún en prisión publicó No hay bestia tan feroz (1973) y siguió escribiendo. En 1975 se le concedió la libertad y nunca más pisó la cárcel. En el 77 publicó La fábrica de animales y siguió escribiendo. Pasó un total de dieciocho años encerrado. También escribió multitud de guiones y apareció en una par o tres de películas, la más famosa Reservoir Dogs, donde hacía de Mr Blue. Murió en 2005 a los 71 años de edad.

Las novelas de Bunker se caracterizan por retratar como nadie el mundo de las prisiones, sobre todo la prisión de San Quintín, donde Bunker estuvo encerrado, pero también por mostrar como ningún otro el alma de los presos, de los convictos, de los fugitivos; sus motivaciones, sus miedos, sus esperanzas, sus frustraciones y sobre todo, sus fracasos. Una y otra vez sus fracasos por intentar reinsertarse en una sociedad que los repudia y que les teme y que les obliga a delinquir, haciéndoles caer en un bucle de violencia y encierro constante, hasta que sin remedio son encerrados hasta el fin de sus días.

¨Había cometido algunos errores en su vida, pero no estaba loco. Su único defecto grave era que no podía resistirse al subidón de adrenalina de un buen golpe.¨

Huida del corredor de la muerte está compuesto por seis relatos, La justicia de los Ángeles 1927, Entrada en la casa de Drácula, Mía es la venganza, Muerte de un soplón, Huida del corredor de la muerte y La vida por delante. El primero de ellos –La justicia de los Ángeles, 1927– es una novelle o novela corta, es el relato más largo, de unas setenta páginas. Todos ellos tienen un punto en común, la cárcel de San Quintín, en mayor o menor medida, todos los relatos orbitan alrededor de esa fábrica de animales como la llamaba Bunker.

No tenía ninguna duda de la capacidad de Bunker para hacer relato –leyendo sus novelas no me cabía duda – creo que era un superdotado, un tipo inteligentísimo que tuvo mala suerte en su vida, sabía que los relatos iban a ser buenos. Pero nunca imagine cuánto. Bunker tiene una capacidad innata, asombrosa para concentrar las historias, los relatos se le daban realmente bien, los desarrollaba con limpieza, con finura, los dotaba de contundencia, de dramatismo, de humanidad, prácticamente deseas ser uno de sus personajes y pasar un tiempo en una celda de San Quintín y participar en la función de la cárcel.

No sé si hay algo llamado género carcelario -o carcelero- de ser así encajaría perfectamente en estos seis relatos, todos ellos ambientados dentro de prisión. Bunker narra a la perfección las rutinas de la cárcel; las normas, el ambiente, la asfixia, la tristeza, la violencia que se respiraba, todo, y lo hace con excelencia, con detalle. Todos los relatos salvo uno –si no me he despistado- están protagonizados por hombres negros, cosa que puede sorprender -ya que Bunker no era precisamente de color-, pero que sin duda es un empeño por mostrarnos como estaba en aquella época el ambiente entre razas; no solo entre blancos y negros, sino también con los chicanos, los mexicanos y sobre todos con los gais, absoluta minoría denostada por todos -sociedad, gobierno, crimen- en aquellos tiempos.

De los seis relatos, todos me han parecido excelentes, sin titubeos, los seis son potentes, dinámicos y esconden una moraleja, ni uno solo flojea, ni los más largos –que son tres- ni los más cortos –que son los otros tres, están equilibrados-. Desde la sucesión de desfavorables consecuencias y rabia contenida de La justicia de los Ángeles, 1923, pasando por la pura venganza de Mía es la venganza, hasta el aparentemente sencillo y simplón La vida por delante, todos son relatos magníficamente escritos, con una pasión desbordante y un conocimiento detallado, con una capacidad para crear personajes y escenarios absolutamente apabullante y con un ritmo demoledor.

Lo cierto es que Bunker me ha dejado con ganas de mucho más, de algo más largo, no más trabajado, si no más largo, estos relatos se me han quedado muy cortos, cuando estaba en pleno éxtasis carcelario, he llegado al último relato. Suerte que aún me quedan novelas suyas por leer.

Bienbienbien.

Sí, Bunker me gusta muchísimo, es ese tipo de escritor que me fascina, duro, crudo, violento y con una escritura fina y trabajada. Realista, conocedor del alma humana, curtido. Las novelas de Bunker son increíbles, pero los relatos no se quedan atrás, pequeñas historias carcelarias concentradas, pequeños golpes feroces. Una lectura imprescindible para todo amante de la novela negra.

Por cierto, excelente la traducción de Zulema Couso, una gozada, gracias. Y excelente, como siempre, la edición de Sajalín, imposible mejorarla.

Huida del corredor de la muerte
Edward Bunker
Sajalin editores 2014
211 páginas.

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Te quiero porque me das de comer, de David Llorente

16/05/2014

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 ¨Entonces abrió la bolsa de deporte, sacó el fusil y disparó contra el profesor: le alcanzó en un costado: después le estuvo disparando en el vientre hasta que se quedó sin munición: los niños gritaban: el suelo estaba inundado de sangre.¨

No sé ni que deciros.

En serio. Me falta vocabulario, expresiones, me faltan herramientas. Sigo en shock.

Os juro que lo de David Llorente es muy bestia. Hoy es una de esas veces en las que no haría reseña. Simplemente no llego. Me pasa con Faulkner o con Gaddis, que son tan increíbles que es imposible para mí trasladar mis sensaciones a este blog. Se quedan para mí.

Pero esta novela es tan especial, tan diferente a todo lo que he visto que me niego a quedarme en silencio. Intentare contaros qué es Te quiero porque me das de comer, y que Dios me perdone porque No-os-podéis-hacer-una-idea.

Lo primero que hay que tener claro es que no estamos ante una novela normal, y no me refiero a su argumento, que tampoco, si no a su construcción, a la manera en que está narrada. Olvidad todo lo que habéis leído, en serio, todo. Te quiero porque me das de comer es lo más insólito que he leído nunca –y ahora me hago el interesante y os digo que me he leído Ulises– de verdad, tal y como está compuesta, formada la novela, tal y como está concebida es una auténtica locura, de principio a fin. La expresión que me vino a la cabeza con la lectura del manuscrito fue lectura extrema.

Pero no os asustéis. Esa es la grandeza de la novela, la manera en que Llorente gestiona esa auténtica locura para que el lector apenas la perciba más allá, eso sí, de un torrente de información que él debe gestionar. Pero vamos por partes.

¿Por qué digo que es una locura? Ahora viene lo gordo. Te quiero porque me das de comer está ideada más que como una novela, como un torrente de información, como un gran rompecabezas donde las piezas se van colocando poco a poco cada una en su lugar, y cuando digo gran rompecabezas creedme, no exagero. Llorente ha ideado no una trama, ni dos, ni tres, ni siquiera cuatro, yo a partir de la quinta historia simplemente me deje llevar, me uní a la corriente, confié en  David y seguí leyendo. ¿Os suena el termino novela río? Olvidadlo. ¿Novela coral? Bah. Olvidadlo. Lo que sucede en esta novela es único.

Pero lo que os va a sorprender no son las tramas, que entran dentro de cierta normalidad –aunque de eso hablaremos luego, porque son duras y explicitas- lo que me ha dejado a mí en shock y lo hará con vosotros es como digo su estructura. La narración de la novela no es nada que yo hubiera visto antes, veamos, ni un solo punto y aparte en toda la novela, apenas alguno para separar lo que se entiende como ¿capítulos?, no hay diferenciación física de tramas, que quiero decir con esto, pues que los hilos argumentales están unos a continuación de otros en sucesivos puntos y seguidos, mezclados, superpuestos, como en un gran mural donde has de reconocer las partes familiares y conectarlas entre sí, como un texto inconexo del que tú has de ir tirando de los hilos, uno a uno. Es difícil de explicar, mejor lo veis.

¨Una de las rumanas de la Casa de Campo se llamaba Mirta: todos los jueves (desde hacía tres meses) iba a buscarla un Ford Fiesta de color azul: ella se montaba y aparcaban debajo de la portería de un antiguo campo de fútbol: el hombre se llamaba Mario Tejero: uno de esos jueves (debajo de la portería y después de eyacular) le dijo a Mirta: ¿qué me dirías si yo ahora te dijera que me he enamorado de ti?: a ella le brillaron los ojos: se acurrucó en su pecho y le dijo (casi de carrerilla): te diría que soy una de las mujeres más felices del mundo porque yo siento lo mismo por ti: Mirta no dijo nada a nadie: un jueves se montó en ese Ford Fiesta azul y ya no volvió más. Golden Retriever: perro cobrador: muy hábil en el rastreo: pelaje denso y resistente al agua: carente de agresividad: activo y juguetón: le encanta tener algún objeto en la boca (un palo, un nudo, una pelota de tenis): fácil de entrenar: perro de trabajo: lazarillo: perro de rescate: perro detector: perro de terapia social. La noche de Carabanchel se está poniendo (más y más) peligrosa: Antonio Aguado camina hacia el portal de su casa y escucha unos pasos a su espalda: gira la cabeza y ve la silueta de un hombre a veinte metros: piensa que le da tiempo a meterse en el portal: con lo que no contaba era con los nervios: con los dedos que no encuentran la llave: con la llave que no acierta a meterse en la cerradura: entonces (tranquilamente) el hombre aparece por detrás: le brilla un objeto en la mano. Concepción Ortíguez: miércoles: 11:00 horas: sale de casa: 11:15 horas: desayuno en el bar Urgel: 12:00 horas: misa en la parroquia de Matadero: 13:20 horas: clase de yoga en la Asociación de Mujeres de Carabanchel: 14:40 horas: vuelta a casa: no vuelve a salir.¨

¿Os hacéis una idea? ¿Veis a que me refiero con el torrente de información, con la mezcla de tramas? ¿Con el estilo único? Y eso no es nada.

En ese párrafo hay tres hilos argumentales y un texto de información, porque Llorente ha llenado la novela de textos informativos, textos con mayor o menor relevancia en la trama, pero sin relación directa con ella, una suerte de citas indirectas que enriquecen las tramas y que van desde recetas de comida, enfermedades mentales, listas de canciones o razas de perros peligrosos a ingredientes de medicamentos, listas de tranquilizantes, de antidepresivos o los síntomas del mono en un drogadicto. Todo, eso sí, con relación a alguna de las tramas. Es absolutamente demencial y maravilloso.

¨Psicosis maniaco-depresiva: fases de depresión y fases de manía: fase maniaca: alegría, fuga de ideas, exaltación psicomotora: síntomas psicopatológicos y trastornos de la conducta: irritabilidad: trastornos de sociabilidad: agresiones de palabra o de hecho: abandono de todo lo que se comienza: desaseo en lo personal y en lo que les rodea: ansiedad: ideas de grandeza grotesca: exaltación de la libido que puede conllevar delitos sexuales.¨

A estas alturas pensaréis que esto es una locura, que es ilegible y que hemos perdido la cabeza Llorente, el editor y yo. De ninguna manera. Dejadme que os explique cómo funciona la novela. Luego hablaremos de la trama.

Una de las cosas que hace que me caiga de rodillas ante David Llorente  es la manera de hacer funcionar toda la novela como un perfecto reloj; de hacer encajar las piezas, de hacer volver hilos argumentales que creías olvidados para cerrarlos, de hacer aparecer otros nuevos, de darles intensidad a unos y casi abandonar otros para, al cabo de pocas páginas, hacer lo contrario. Y todo eso con una fluidez impresionante, tanta, que el lector apenas se da cuenta del juego en el que está inmerso, del vaivén de hilos argumentales, del caos absoluto que tiene ante él y que sin darse cuenta se ordena y desordena, se construye y deconstruye sin perder un punto de intensidad, sin perderse en la confusión y sin caer en el aburrimiento.

La sensación al leer algo tan arriesgado es la de ¿pero-que-coño? De la sorpresa se pasa a la incredulidad, de la incredulidad a la fascinación, y de ésta a la admiración. Y cuando uno llega al final de Te quiero porque me das de comer roza el agotamiento, la excitación le envuelve y la satisfacción y la sensación de haber leído algo extraño y único se apodera de ti irremediablemente.

Hay que tener clara una cosa, para adentrarse en Te quiero porque me das de comer hay que dejar atrás toda concepción de novela, hay que olvidar todo lo que hemos leído hasta ahora, cambiar el chip de lo que entendemos como trama o hilo argumental, hay que llegar a esta aventura con la cabeza vacía, a ciegas y confiando del todo en el autor.

Y ahora hablemos de la trama. Si eso es posible.

Antes he dicho que la novela supera las cinco o seis tramas, es cierto, pero tiene truco, en realidad esas tramas van y vienen, aparecen y desaparecen, se mezclan unas con otras, pero todas van a compás de una central, una trama de la que nacen otras, de la que surgen apéndices que mueren durante la novela o que van con ella hasta el final. El hilo central es Max Luminaria, un asesino en serie al que veremos desde su más tierna infancia hasta su edad madura. Lo veremos crecer, aprender, formarse, veremos cómo se forma su odio, su desprecio, su personalidad, veremos sus dos caras, su juego, su maldad. Y es en torno a él donde surge todo lo demás, hay un par de hilos argumentales también importantes, pero que en última instancia convergen con Max, de una manera u otra, todo siempre tiene que ver con Max Luminaria.

Una directora de instituto vejada por una profesora de alemán, una profesora engañada y humillada por sus alumnos, un chico dueño de un perro asesino, un detective mediocre que persigue a Max y que está obsesionado con un actor joven, un amante que ante el desamor muta a asesino, a chulo, a extorsionador, a chivato, un profesor que se aprovecha de sus alumnas menores, un cura que se aprovecha de sus alumnos de catequesis…

Y así una tras otra que se abre y se cierra y viene y va.

¨El padre Manuel acostumbra a madrugar más de lo habitual cuando hay huelga de metro y solamente funcionan los servicios mínimos: se mete a presión en el vagón que esté más lleno y poco a poco se va moviendo hasta colocarse detrás de una mujer: entonces se saca la polla y se la pone en el culo: más de una viajera se ha bajado del vagón con la falda bautizada de semen.¨

El estilo de David Llorente es seco, seco y duro y frío. En la vida he visto una narración más seca que esta –y, más autobombo, he leído casi todo de McCarthy– más fría, más telegráfica. Olvidad las narraciones duras y líricas, olvidad las novelas oscuras pero cálidas y cercanas. Llorente es seco como un desierto, árido, impersonal, es casi como leer una gran lista donde se suceden los acontecimientos como si fueran los ingredientes de una vida, de muchas vidas, uno tiene la impresión de leer los pensamientos de otra persona, de leer un subconsciente que va dictando o narrando sucesos sin ningún destinatario, únicamente para él, es una sensación extraña que hipnotiza, que hace que el texto se vaya inoculando en nuestra mente y se disperse por ella y se conecten tramas y sucesos. Es aterrador, raro y fascinante.

Y las tramas, todas ellas, son oscuras y violentas, algunas explicitas, sexuales, duras. Te quiero porque me das de comer es un tapiz de vidas arruinadas, tristes y grises, violentas y groseras. Un pequeño infierno que se llama Carabanchel.

Para ir cerrando, Te quiero porque me das de comer no es una novela convencional, no es una novela lineal, no es una novela suave y no es una novela para cualquiera. Llorente ha escrito una novela arriesgada, singular, dura y negrísima, algo que pocas veces se ve, una novela alejada de cualquier canon, de cualquier formato, de cualquier lógica. Una novela que le exige al lector una participación activa, un quid pro quo, un esfuerzo.

Y por último, Te quiero porque me das de comer no va a gustar a todo el mundo, no admite medias tintas, está más cerca de David Peace que de Asa Larsson, más cerca del crudismo de Edward Bunker que del chicknoir  de Dolores Redondo, y eso por desgracia, puede ser un hándicap a tener en cuenta.

Los que os atreváis a leer Te quiero porque me das de comer  seguramente tardaréis mucho tiempo en olvidarla. Los que no os decidáis a leerla podéis seguir en vuestra zona de confort. Esperando a leer otra novela más igual a la anterior, y a la anterior y a la de hace un mes.

Te quiero porque me das de comer
David Llorente
Editorial Alrevés 2014
317 páginas.

Aniquilación, de Jeff VanderMeer

12/05/2014

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Cada vez más sellos generalistas se están abriendo a la literatura de género – el penúltimo ejemplo lo protagonizó Alfaguara con Iris hace apenas un par de meses- sin ubicar además estas novelas en ninguna colección concreta ni dotarlas de ningún distintivo especial. Las lanzan en su catálogo general, esperando supongo que el gran público no frunza el ceño al ver que son de género y les echen una ojeada y si les convence hasta la compren.

Y eso mola porque se están empezando a publicar –y traducir- muchas cosas que de otra manera quizás no tendríamos oportunidad de ver publicadas. Una de las apuestas de este año en formato de género viene de la mano de Destino, que ha comprado los derechos de la Trilogía Southern Reach, compuesta por Aniquilación, Autoridad y Aceptación, escritas por el admirado-respetado-querido Jeff VanderMeer.

De VanderMeer yo solo había leído hasta el momento un relato Steampunk en Planes B y la verdad es que tampoco me pude hacer demasiada idea de su estilo. Sí que es verdad que a VanderMeer se le conoce mucho en esos círculos donde es respetado y muy leído. A mí lo que me hizo querer leerlo a toda costa fue, una vez más, Twitter. En mi TL, mi querido Fer no dejaba de mencionarlo junto a Tamara Romero y Marian, que se llevaban entre los tres una buena charla sobre el autor y no paraban de citar esta trilogía. Y yo me leo todo lo que según quién me recomiende. Faltaría más.

El argumento de Aniquilación es muy atrayente y sugestivo al doscientos por cien: Una agencia secreta del gobierno, la Southern Reach, envía expediciones a la llamada Área X, una zona remota y abandonada hace años debido a un desastre ambiental. En esa zona, delimitada por unas fronteras difusas y poco claras, que nadie sabe dónde están ni parece encontrar, las expediciones enviadas deberán cartografiar, explorar, recoger muestras y escribir un diario con sus hallazgos, sensaciones y visiones personales de lo que allí se encuentren. Hasta el momento se han enviado once expediciones, y la mayoría han acabado mal. Esta es la expedición número doce y está compuesta por cuatro mujeres; una bióloga, una psicóloga, una topógrafa y una antropóloga.

Los ingredientes con los que está formada Aniquilación son ambiciosos, valientes, una orquesta de pequeños –y poderosos- detalles aquí y allá, una la mezcla de géneros afinada como un reloj y un estilo directo y sencillo que nos hace devorar la historia. VanderMeer reúne al menos dos géneros en esta novela; por una parte la ciencia ficción, cargando el argumento de un poderoso hilo argumental de ciencia y ficción en el que destaca el peso de la ciencia por un lado y de la pura ficción por otro, lo que nos da un argumento de ciencia ficción con toques científicos –no muchos, calma- que se disfruta muchísimo. Y por otro lado tenemos el terror, ya que toda la atmosfera de Aniquilación, todo lo que envuelve el Área X, es desconocido y misterioso, las estancias registradas allí están cargadas de ruidos, presencias, sombras, seres extraños y cosas inusuales. Por no hablar de los restos del paso del hombre que aún permanecen en pie, un faro, unas viejas casas de las que poco queda, campos de cultivo, presencias todas ellas cargadas de un aura violenta y tenebrosa.

Es inevitable al leer esta novela no acordarse de una de las series más con más éxito estos últimos años, una de las series que rompió los esquemas del visionado de series, una serie espectacular y con un final lleno de polémica, LA serie por excelencia. Hablo de Lost, por supuesto. En cuanto empecéis a leer Aniquilación os vendrán imágenes de la serie a la cabeza, asociareis ambos mundos, comportamientos, situaciones. Pero tranquilos, son solo unas páginas, en cuanto entréis en la novela desaparecerá Lost de vuestra cabeza, veréis que la diferencia es notable, que son cosas diferentes. Que sí, hay una inspiración, pero no va más allá.

Queda patente, leyendo entre líneas, que VanderMeer lo apuesta todo o casi todo al escenario, al Área X. Los personajes, las cuatro científicas -de las cuales la protagonista de la novela y quien narra los hechos es la bióloga- están apenas dibujados, son esbozos en su gran mayoría, no tienen nombre –se dirigen unas a las otras por su oficio- no tienen pasado, no sabemos ni siquiera como son físicamente. Conocemos trazos de sus caracteres, pero no su personalidad completa, ni sus inquietudes, ni sus preocupaciones. De quien más llegamos a saber –parte de su pasado y sus implicaciones en el proyecto- es la de bióloga, la protagonista. Es casi palpable esa intencionalidad de VanderMeer en la frialdad de los personajes, en el escueto desarrollo, para centrarse en todo lo que envuelve el Área X, para hacernos notar la gran importancia del lugar, para decirnos eh, las personas no son importantes aquí, lo importante es lo que sucede aquí.

Creo que Aniquilación es apenas una muestra de todo lo está por venir, tengo la sensación de haberme asomado a un inmenso precipicio del que no veo el final, de haber encendido la mecha de algo muy gordo. VandeMeer nos pone encima de la mesa una serie de misterios -algunos muy grandes- y después nos deja a solas con nosotros mismos, nos cierra la puerta y se larga corriendo. La sensación es que en Aniquilación apenas nos hacemos una idea de la inmensidad que hay detrás del Área X, de su enormidad. Pero para bien, cuando terminéis esta primera parte, no os quedara la sensación de coitus interruptus, sino más bien una sensación de agradable espera, de expectación misteriosa.

La mezcla de géneros, la ambientación, la carga de misterio y una narración clara, concisa y sin florituras, hacen que Aniquilación sea lea en apenas una o dos sentadas, hacen que se lea con fruición, casi con agonía -aunque ya veréis que la trama es pausada- con pasión.

Por suerte no habrá que esperar mucho para las próximas entregas, Autoridad llega en setiembre y si no cambia la cosa, Aceptación lo hará a finales de año.

Aniquilación
Jeff VanderMeer
Ed. Destino 2014
324 páginas.

 

El padre muerto, de Donald Barthelme

08/05/2014

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Donald Barthelme ha llegado a mi vida como un huracán, como un ciclón, como una tormenta, ha pasado por encima de mí, me ha sacudido y me ha dado un bofetón para decirme: oye imbécil quieres hacer el favor de abrir los ojos, estás hecho una mierda, te va a dar un infarto de tomarte las cosas tan en serio.

Dios.

Barthelme y yo nos conocimos en Las enseñanzas de don B, donde ya os dije que lo amaba profundamente y que quería leer todos sus libros, sin excepción. Bien. En este tiempo además de este que tenemos aquí hoy, he conseguido su libro de relatos 40 relatos. La vida me sonríe. La búsqueda de libros descatalogados es la otra cara de querer leer a tipos como Barthelme.

Leer los relatos de Las enseñanzas de don B puede que me haya servido de preparación; una muestra de un Barthelme condensado, unas píldoras de lo absurdo hecho relato, hecho literatura, un ejemplo de los mundos en los que se mueve y vive y funciona la mente arrolladora de este post modernista y rey de lo ilógico más entrañable y feroz. Porque enfrentarse a El padre muerto en frío, sin haber entrado antes en las posibilidades y capacidades de este escritor, puede ser como adentrarse en un desierto árido y caluroso, sin agua y sin guía.

Bueno igual exagero.

¿Nos gusta lo irracional? ¿Lo absurdo, lo imposible, lo ilógico, lo inverosímil? Si, si, si, si y SI. Por supuesto. Es una de mis grandes pasiones, es uno de mis motivos predilectos a la hora de leer. ¿Cuánto aguantas, cuánto aguantamos? Ah. Pregunta irrelevante. Lo que haga falta. Me pliego, me genuflexiono a todo argumento-trama-historia escrita con la valentía, el poder, la capacidad, la destreza, y/o la poca vergüenza de atreverse a retorcer la realidad, de hacerla imposible, inviable, sumamente falsa y, al mismo tiempo, perfectamente creíble y normal.

¡Toma ya!

¿Cuánto de imposible hay en un padre –un hombre, pero que ante todo es padre, hay que tenerlo claro- que mide tres mil doscientas brazadas? ¿O lo que es lo mismo, unos seis kilómetros? Un padre al que arrastran tumbado, con unas cuerdas, apenas un grupo de hombres. Un padre que no deja de dar discursos mientras va tumbado, un padre que cada vez que se ofende sale corriendo y perpetra una matanza, un padre que, por cierto, está muerto.

¨Muerto, pero todavía con nosotros, todavía con nosotros, pero muerto.¨

Barthelme es igual de bueno en novela que en relato, o en novelle, ya que El padre muerto es corta, no llega a doscientas páginas. Y una vez más hace aquello que lo convierte en un escritor increíble y mágico; poner una situación imposible a su disposición y tratarla con total normalidad, despojar del absurdo a la circunstancia, mostrarse indiferente, mostrarnos la normalidad de lo que sucede y que, en ningún caso, es algo extraordinario. Así arrastrar a un hombre de unos seis kilómetros, que está muerto pero habla, que tiene un humor cáustico adorable, que tiene un fuerte deseo sexual, que en una de sus piernas, que es ortopédica, alberga unas oficinas, y que dice ser, a veces, el padre de todos los madres, se convierte en una situación surrealista e hilarante para nosotros, pero absolutamente normal para Barthelme y sus personajes.

Y el estilo de Barthelme, mucho más contenido en los relatos, está aquí totalmente desatado, desaforado, rozando lo críptico a veces –mención, MENCIÓN para la traducción de Catalina Martínez Muñoz que es extraordinaria– así que a veces hay que enfrentarse al texto, un poco –igual exagero- pero aun así la narración es deliciosa y te lleva por caminos llenos de curvas, de elevaciones, te hace elevarte y te suelta de golpe, te da velocidad, para después pedirte calma, da vueltas, da giros, saltos, es extraña y extraordinaria.

A Barthelme hay que volver, una y otra vez, una y otra vez, siempre. Sobre todo cuando uno se toma la vida demasiado en serio, y demasiado en serio a sí mismo.

El padre muerto
Donald Barthelme
Ed. Sexto Piso 2009
187 páginas.

Ácronos Antología Steampunk.

05/05/2014

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Segunda acometida al Steampunk de este año. Esta vez le ha tocado a Ácronos, antología publicada por Tyrannosaurus books a principios de 2013; catorce relatos seleccionados por Josué Ramos y Paulo César Ramírez, dos grandes conocidos del mundo del Steampunk.

Tenía ganas de volver a leer algo de Steampunk, a ver si la sensación un poco huérfana que me había dejado Planes B se disolvía, o por el contrario, iba a más y descubría que este género no era para mí.

A priori Ácronos cuenta con la garantía de dos grandes coordinadores –Josué y Paulo- y de un sello que me da garantías, Tyrannosaurus, además de ciertos autores que aparecen en la antología a los que tenía muchas ganas de leer.

Pero después de leer la antología la sensación de que este género es muy voluble no deja de flotar en mi interior, de que puede dar cosas muy buenas y también cosas muy malas persiste, de que el potencial es brutal y de que apenas se escriben relatos buenos está ahí, es una sensación que perdura y que no me quito. En esta antología he leído relatos que me han gustado mucho, y relatos que apenas me han dicho nada, y ya sé que en un antología es prácticamente imposible acertar con todos, pero la cosa es más –y esto es muy personal- porque se repiten los mismos tópicos relato tras relato, pocos autores salen de los engranajes, las máquinas de vapor, los dirigibles, los autómatas y todos los tópicos que tiene el género. Puede que en otros géneros como la novela negra sea menos notable, el género negro o la ciencia ficción por ejemplo son más maleables y admiten muchas más variaciones, casi diría que infinitas. ¿Puede el Steampunk soportar las mismas variables? ¿Por qué nadie se ha puesto a ello? ¿O es que yo aún no lo he leído?

Bueno, cuando digo que nadie se ha puesto a ello miento un poco, en esta antología he encontrado varios relatos –los que más me han gustado de hecho- que se salen de los tópicos para ir más allá, para darle una vuelta de tuerca al Steampunk, es por eso que veo que es posible y que apenas se hace, por lo que tengo entendido. Al menos en España.

Catorce relatos son unos cuantos para repasarlos uno a uno, así que esta vez he decidido comentaros los que más me han gustado y dejar el resto en segundo plano con la esperanza de que los descubráis vosotros mismos al leerlos.

Regreso a la Atlántida de Víctor Conde es el primero de los relatos que llamó mi atención, me ha gustado mucho la premisa del relato, el misterio que envuelve la historia y la fantástica narración de Conde. El Titanic ha sido comprado por el rico y excéntrico príncipe indio Bradiyi, de Shangri-La para su uso personal, y una de las empresas en las que ha puesto toda su pasión es en subir a bordo un pequeño submarino con el que buscar tesoros en el fondo del mar. El relato narra, casi por entero, la primera inmersión del pequeño aparato en el que van el rico príncipe y Nordhal, un experimentado aventurero con nervios de acero y sobrada experiencia en peligrosos viajes. Conde narra la bajada a las profundidades de los dos personajes a bordo del pequeño submarino de una manera genial, donde se siente la asfixia del pequeño aparato, las inseguridades de sus ocupantes, la profundidad y misterio del abismo, un relato magnífico. Especial mención al personaje de Bradiyi y su manera de hablar, entrañable.

El siguiente con el que disfrute fue Nuestra primera guerra de Jannacek Jadehierro, y aquí he de admitir mí pasión por uno de los tópicos del género, los dirigibles. En Nuestra primera guerra se narra una pequeña batalla entre tres dirigibles en los que el protagonista, un cocinero, rescata a una bonita dama y la salva de morir en la refriega. Sí que es un relato de los que antes renegaba, pero es que estas batallas en el aire me encantan, que le vamos a hacer.

Wukan Inké de Rafael González es un extraño y apasionante relato de esos que le da una vuelta de tuerca al Steampunk, un relato en apariencia sencillo pero que esconde algo más, una pequeña historia llena de acción y tristeza. El capitán de un dirigible, su ayudante, un cazador de búfalos y una enigmática mujer viajan hasta una peligrosa zona para tomar muestras de una peligrosísima planta. Una planta que solo con rozarla causa la muerte. Además la zona está plagada de unos aún más extraños búfalos…

Novedad en el Alcázar de José Ramón Vázquez es otro desliz, otra contradicción en mi juicio lo reconozco, pero tengo mis motivos. Vázquez ha escrito un relato de super robots, pero es un relato diferente, castizo, genial, y los NT-3 son magníficos, de verdad. En una guerra civil donde los republicanos van venciendo, los rusos nos han construido –al bando republicano- una suerte de robots gigantes prácticamente invencibles, unos robots con la última tecnología, unos robots que se pilotan con un soldado en su interior, a saber, un soldado joven y sin vicios de otras máquinas conducidas en su haber. He disfrutado con este relato de pura guerra, de pura acción, de estrategia, de adrenalina, un relato donde hay robots, sí, pero alejado de los tópicos del género, diferente.

Y por último el relato más oscuro y violento de cuantos componen la antología, el relato con el que más he disfrutado, el perfecto representante de eso que busco, un Steampunk diferente, oscuro, brutal; El niño, el muerto y el Lobo, de Jesús Cañadas. Digo que a mí es el que más me ha gustado, pero entiendo que no se identifique al Steampunk con esto, lo que pasa es que yo soy un degenerado y a mi estas cosas bestias me gustan muy mucho. Cañadas escribe un relato realmente oscuro donde pone como protagonista a un niño y a un personaje llamado El muerto, estos dos personajes poseedores de un valiosos reloj, intentaran llegar a Los Altos Hornos, allí tienen una misión un tanto especial. Pero al niño y a El Muerto los persigue El Lobo, un cruento ser que mata sin piedad y que no conoce el dolor…

Ácronos en global es una buena antología de Steampunk, la mayoría de relatos me parecen buenos –dejando a un lado mis preferencias y mis manías- y son más bien pocos los que  me han dejado frío. Otra cosa es si se pude variar en las tramas de los relatos, que ya hemos visto que sí, y si apetece hacerlo más a menudo, que estoy seguro que también –a ver que ofrece Ácronos 2 y el resto de antologías que tengo en casa-. Y aunque solo haya reseñado cinco relatos de catorce, no quiere decir que el resto no valgan unas palabras, como he dicho al principio, es simplemente que me apetecía señalar estos y no hacer esto demasiado largo y agónico para vosotros.

De momento el Steampunk sigue sin llenarme del todo, pero quiero seguir leyendo a ver si voy encontrando el camino o tengo una epifanía o algo, de momento me da buenos ratos y es entretenido, que ya es mucho.

 

 

Ácronos Antología Steampunk
VVAA
Tyrannosaurus Books 2013
256 páginas.