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En el corazón del corazón del país, William Gass

05/12/2014

la foto

Me siento un poco como quien aprende a nadar a los cuarenta. O a conducir. O a montar en bicicleta. Experimentar algo que muchos ya han vivido antes. Aunque no me avergüenzo, ni por un segundo, ojala libros así cada día. A Wiliam Gass lo he conocido a través de otros autores, en concreto por ser quien ha escrito el prólogo de dos novedades que acaban de salir y que algún día espero poder leer. La reedición de Los reconocimientos de Gaddis y la nueva edición de La hoguera pública, de Robert Coover. Aunque en este último no se ha incluido el prólogo de Gass, lo podéis encontrar en la web de Pálido Fuego.

Interesado en esas novedades, investigué quién era Gass, aunque ya suponía que sería uno de la panda.

De William Gass sólo hay un libro publicado en España (¡sorpresa!) y es prácticamente imposible encontrarlo. Lo editó Alfaguara (¡otra sorpresa!) a principios de los ochenta, y se vendieron tan pocos, creo yo, que el mercado de segunda mano es prácticamente inexistente. Y en las bibliotecas catalanas el panorama no es mucho mejor, sólo hay UN ejemplar para el préstamo.

En fin.

No voy a hacer una reseña de En el corazón del corazón del país, prefiero que lo leáis, porque es apabullante y espectacular. Este pequeño libro contiene cinco relatos, o igual cuatro relatos y una novela corta, que retratan de manera desoladora, y en ocasiones sórdida y gris, la condición humana. En cada uno de los relatos el ser humano es expuesto a condiciones casi extremas; tanto en el sentido físico como en el mental. Los relatos, todos ellos de ambientación rural, son exquisitos y exigentes, con un estilo rico y en ocasiones difícil, y que puede ondear entre el relato gótico y la narración costumbrista casi poética. Cinco narraciones tan diferentes y a la vez con tantos puntos en común. Desde la turbadora El chico de Pedersen que abre el libro, pasando por la no menos oscura, y una de mis favoritas, Del orden de los insectos, hasta la que da nombre al libro y cierra la antología, En el corazón del corazón del país, un texto de tono poético y que es una auténtica maravilla.

Como prefiero que leáis a Gass antes que a mí, os copio una pequeña parte de En el corazón del corazón del país, una párrafo que me fascinó y me dejo rendido a este hombre por siempre jamás.

Si ninguna editorial se decide a traducir a Gass, ¿Será éste mi primer y último Gass? Ojalá no.

¨Tengo que organizarme. Tengo que, según dicen, ponerme en marcha, ahuyentar a este gato de mi regazo –sí tomar resoluciones, moverme, hacer. Más ¿qué hacer? Mi voluntad es como la luz rosada y polvorienta de esta habitación: suave, difusa y levemente reconfortante. Me permite hacer cualquier cosa…nada. Mis oídos oyen como por casualidad. Me alimento de lo que me dan. Mis ojos ven lo que se les pone delante. Mis pensamientos no son pensamientos, son dueños. Esto vacío o lleno…depende. Y yo no puedo elegir. Hundo mis garras en la piel de Tic y le rasco los huesos del lomo hasta que se despereza mimosamente. Señor Tic, murmuro, tengo que organizarme. Tengo que ponerme en marcha. Y el señor Tic gira sobre su barriga y se marcha.
El señor Tic se marcha cuando le rasco la tripa. Fu. Se aleja lentamente siguiendo con la cola el ritmo de sus pasos. Qué hermoso es cuando se mueve, pienso. De qué forma tan hermosa pide, como tú, amor, de qué forma tan hermosa lo acepta. Así me levanto y deambulo de habitación en habitación, de arriba abajo mirando por casi todas mis cuarenta y una ventanas. De qué forma tan hermosa recibe también esta casa su amor. Huyendo, como el señor Tic, se hunden mis ojos en los arbustos. No estoy aquí. He atravesado el cristal, los espacios del segundo piso, he volado entre las ramas, entre brillantes bayas, hasta el suelo, alta hierba cargada de semillas y follaje en cada estación. Y es igual que cuando sobre ti pasé con mi cuerpo envejecido y ardiente. En resumen, es una clase de amor. Y yo estoy aprendiendo a restaurarme a mí mismo, a mi casa, a mi cuerpo, haciendo la corte a los jardines, a los gatos, al agua corriente, y en compañía de los vecinos.¨

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