Gallo de pelea, de Charles Willeford

14/11/2015

Gallo de pelea

Charles Willeford no nos suena a casi nadie. A casi nadie de los que solo hablamos español. A los que tienen el súper poder de hablar inglés puede que les suene. Aunque no apostaría mucho por ello. Willeford, que murió en 1988 a los 69 años, escribió poesía, un par de libros de memorias y más de quince novelas, fue crítico literario en el Miami Herald y dio clase en dos universidades.

Pero a Willeford la fama le llegó tarde, tardísimo pobre, a los sesenta y cinco años, cuando publicó Miami blues, el primero de cuatro libros que forman la serie del sargento Hoke Moseley, y el único traducido en España (Serie negra 2012) hasta hoy. Por esa serie de novelas negras alcanzó la fama y el dinero, pero detrás dejaba muchas novelas fantásticas prácticamente desconocidas.

Sajalín ha traducido Cockfigther (Gallo de pelea), la que se considera su mejor novela y también la más conocida junto con las de Hoke Moseley. Cockfigther no es una novela negra, ni policíaca, ni nada de todo eso. Por si pensabais que iba en la línea de Miami blues. La verdad es que es una novela bastante inclasificable. Aborda temas como la ambición (principalmente), la religión, las apuestas, y retrata una parte de Estados Unidos ya desaparecida, una cultura ilegalizada y oscura que en aquellos años, los sesenta, movía mucho dinero y tenía sus propias leyes, su liturgia, sus costumbres y hasta sus torneos.

Porque esto va de peleas de gallos sí.

Frank Mansfield lleva dos años y siete meses sin hablar. Ha decidido quedarse mudo hasta ser el mejor gallero de todo Estados Unidos, y eso solo se consigue con dedicación, concentración y los mejores gallos finos. Pero Frank no tiene nada, absolutamente nada, ni un gallo, ni siquiera un techo donde dormir. Conseguir el Premio al Gallero del año esta temporada se ha puesto más difícil de lo que había imaginado.

Willeford ha conseguido que me interese un tema por el cual sentía una gran repulsión; las peleas de gallos, así como la caza, las peleas de perros y todos esos deportes con tanta testosterona rezumante me asquean profundamente. Pero Willeford es un campeón. La novela es mucho menos violenta de lo que cabe imaginarse y Willeford vuelca la trama más en la liturgia y la cultura de este deporte que en las peleas y la sed de destrucción de los gallos.

Y aunque la novela pulpea mucho, con sus mujeres con curvas y de mente libidinosa, la sangre y el polvo de los reñideros, las apuestas y la misma escenografía, Gallo de pelea es una novela con una factura más que excelente, escrita con multitud de lecturas y trasfondos, poseedora del legado de una cultura extinta que ahora nos parece aberrante y sangrienta, pero que en aquellos años (los reales años sesenta) era algo normal e incluso respetado. Willeford escribió una parte de la historia de los Estados Unidos que muchos solo conocíamos de pasada, que asociábamos a la clandestinidad y a los suburbios, pero que a ojos vista, contaba con la aprobación de senadores (que organizaban los mejores y más exclusivos torneos) y de las autoridades.

Crear a un personaje como Frank Mansfield hubo de ser un desafío para Willeford, mantenerlo mudo durante trescientas páginas y hacerlo interactuar con los demás personajes a través de signos, de miradas, de gestos, de silencios, no tuvo que ser fácil, se nota que Willeford sabía lo que tenía entre manos. Solo por experimentar la agradable frustración que se siente al leer como Mansfield no puede contestar a los insultos, a las insinuaciones, no puede apostar o ni siquiera puede pedir la comida, vale la pena sumergirse en las ciudades del sur de los Estados Unidos y seguir a nuestro gallero favorito en su periplo por conseguir el ansiado título de mejor del mundo.

Felicitar una vez más a Sajalín por su buen ojo y a Güido Sender por la magnífica traducción que hace que la novela se lea con una fluidez impresionante.

Gallo de pelea
Charles Willeford
Sajalín editores 2015
319 páginas

Seis años, de Harlan Coben

07/11/2015

Maquetación 1

La siguiente reseña la escribí para una revista online en la que he estado colaborando durante un tiempo, el texto está escrito en el mes de julio, cuando la novela acababa de salir al mercado. A las puertas de acabar el año, la reseña no se ha publicado ni parece que se vaya a publicar, así que la cuelgo por aquí, aunque no sean muy interesantes ni la novela ni la reseña. Pero ya que está escrita….

Todos los lectores corremos riesgos. O al menos deberíamos correrlos, salir de nuestra zona de confort, leer cosas que nos asustan, cosas que creemos difíciles, géneros a los que no somos afines. Creo que es sano hacer ese tipo de cosas, probar. Nos da criterio, nos hace mejores lectores y toda esa cantinela. Lo creo de veras. Aunque salir de nuestra zona de confort no quiere decir que todo vaya a salir bien claro, seguro que nos comemos más de uno y de dos mojones. Pero en eso consiste el crearse criterio.

Y aunque sólo sirva para definir nuestros gustos, por aquello de que cada uno tiene el suyo y no hay uno mejor que otro sino solo diferentes opiniones, a veces va bien leerse una mala novela, una novela floja, una novela pésima, una novela que hace aguas o una novela a la que se le ven los flecos. Aunque seamos los únicos que le veamos todos esos fallos.

Y eso es precisamente lo que me ha pasado con la última novela de Harlan Coben que Serie Negra acaba de publicar en nuestro país, que le veo fallos por todos lados. Seis años, así se titula lo último de Coben que nos llega traducido, un thriller, a mi parecer, simplón, predecible, plano y sin nada que ofrecer.

Harlan Coben tampoco es que sea uno de mis escritores favoritos, de él he leído un par de la serie de Myron Bolitar (Alta tensión y Desaparecida), y me parecen bastante buenos dentro de lo que ofrecen, bien escritos y con tramas bien perfiladas y bien resueltas. Coben es un tío al que recurrir si te gustan ese tipo de thrillers de calidad, en la línea de Lee Child, Michael Connelly o Patricia Cornwell. El problema surge cuando un tío como Coben, con una carrera bien consolidada y un montón de novelas en su haber, te presenta una novela que adolece de fallos de primerizo, de personajes arquetípicos y de final edulcorado.

Uno puede tomar la decisión de escribir una novela con el listón más bajo de lo normal, hacerla entretenida y sin demasiado calado, construir un thriller puro y duro para vender millones de ejemplares y pagar ese nuevo Jaguar que tanto ansía o para pasarle la mano por la cara a ese escritor de thrillers que parece que tiene un palo metido en el culo y te mira por encima del hombro. Lo acepto. Pero no es creíble que un tipo que crea buenos personajes, buenas tramas y que construye novelas redondas, se presente con una historia a la que le falta todo eso, a la que le falta el oficio del que precisamente su autor hace gala.

La trama de Seis años es puro thriller: Hace seis años, Jake Fisher asistió a la boda del amor de su vida, Natalie. Pero Natalie no se casaba con él, sino con un antiguo amor del pasado. Sin más explicaciones Natalie dejó a Jake y le hizo prometer que no la buscaría jamás, que no la molestaría ni a ella ni a su marido, nada de llamadas, nada de correos electrónicos. Jake mantuvo su promesa seis años, hasta que algo lo hizo volver a mirar al pasado, volver a remover aquella historia tan dolorosa. Y de esa manera poner en peligro su vida y la de cuantos lo conocen.

Lo bueno es que entretiene, si no eres muy exigente. Lo malo es todo lo demás. Jake es bastante insufrible, no se cuestiona las cosas y avanza a golpe de suerte y de casualidades, es un personaje plano, sencillo y un paradigma del personaje de thriller, uno más de millones. Su mejor amigo y los pocos personajes que interactúan con Jake son igualmente planos y típicos, todos con un pasado oculto, todos con sorpresa, todos cortados con el mismo patrón. La trama es efectista, predecible, con cliffhangers constantes y con un ritmo endiablado, como no podía ser de otra manera. Y el final. Bueno. Si os gustan los finales felices, ñoños, con atardeceres preciosos y el sol escondiéndose tras una colina, estáis de enhorabuena.

Yo ya estoy mayor para tanto azúcar.

Seis años

Harlan Coben

RBA Serie Negra 2015

Trabajo sucio, Larry Brown

01/10/2015

trabajo sucio

Reconozco, muy a mi pesar, que no conocía a Larry Brown. La editorial Bartleby publicó en 2010 su libro de relatos Amor malo y feroz, el único hasta hace unos meses traducido en España. Me hubiera gustado enterarme en aquel momento, aunque quien sabe qué estaba yo leyendo en aquella época. Por suerte la gente de Ditry Works ha recuperado a Brown y le ha traducido esta maravillosa novela que es Trabajo sucio.

Brown era un admirador confeso de Faulkner, Flannery O´Connor y mi gran amigo Harry Crews, entre muchos otros. Influenciado y comparado con todos ellos, Brown es un exponente más de la literatura sureña con tintes góticos, literatura sureña seca, cruda y retratista de las desgracias, de las roturas, de las injusticias.

Con dos personajes potentísimos y unos pocos escenarios, Brown nos pasa por encima con una historia brutal y descarnada, cargada de sensibilidad y denuncia. Una historia humana que nos hace reflexionar sobre la atrocidad de la guerra y la rotura del ser humano.

Walter se despierta en un hospital para veteranos. Walter es blanco, ex combatiente de la guerra de Vietnam. Tiene la cara absolutamente destrozada. Tiene crisis en las que pierde el conocimiento y se despierta horas después. Walter se despierta junto a Braiden. Braiden es negro y también estuvo en Vietnam. Le faltan todas sus extremidades. Braiden lleva veintidós años postrado en esa cama.

Dos hombres destruidos, destrozados por dentro y por fuera, dos vidas rotas que se encuentran. Obligados por las circunstancias a entenderse, a hablar, los dos hombres se dan cuenta que comparten parte de su pasado. Los dos se criaron en los campos de algodón de Mississippi, los dos estuvieron combatiendo en Vietnam hace veinte años.

La historia que nos cuentan estos dos veteranos es dura, la imagen es amarga, pero Brown se apoya en su humanidad, en sus sueños, sus recuerdos, sus vivencias; no les queda nada más que eso. Sus cuerpos no les dejan vivir una vida normal, están desahuciados. Un día fueron héroes de su país y ahora son incomodos recuerdos que nadie quiere ver.

Walter y Braiden alternan recuerdos y sueños, monólogos interiores y reflexiones, cada capítulo da voz a uno de ellos alternativamente, entre cervezas frías, cigarrillos y noches de insomnio. Inmovilidad, miedo, soledad, cada sensación los une un poco más, cada recuerdo compartido los hace uno con el otro. La infancia de Walter, solitaria, con su padre en la cárcel y un matón en el colegio que ya a muy temprana edad le hizo ver el lado más mezquino del ser humano. Las ensoñaciones de Braiden, sus aventuras en esa África imaginaria que solo ha visitado en su cabeza, sus charlas con Jesucristo, donde la aparición de Walter tiene un peso importante.

El sur como telón de fondo, su caciquismo, su crueldad, sus gentes y esa manera de actuar dura, concienzuda, ruda. Ese sur que te marca a fuego para el resto de tu vida; en tus decisiones, en tus acciones, en tus pensamientos. Y junto a ese sur omnipresente, Vietnam, la otra presencia inapelable de estas dos vidas rotas, el motivo que los ha llevado ahí, a ese encuentro, a ese estado. Dos escenarios que lo engloban todo, que son las razones de sus caracteres, del transcurso de sus vidas.

Y entre toda esa barbarie de extremidades amputadas, perdidas de conciencia, fealdad, soledad y una montaña de condiciones para no vivir la vida, Brown da a sus dos hombres esperanza, a cada uno su minúscula parte de esperanza. La capacidad de ser amado de nuevo, ser alguien para alguien. La capacidad de poner fin a una vida anodina mirando sin mirar, esperando el desayuno.

Esperanzas tan minúsculas, tan nuevas, tan esperadas, que no llegan a ser.

Trabajo sucio te acerca a una realidad patente en muchos países, a unas vidas desdichadas que viven en su propio universo; un lugar donde el resto del mundo no cabe, un refugio donde aislarse para poder vivir.

Brown es un escritor potentísimo, capaz de plasmar realidades tan duras como humanas sin dramatizar una sola palabra, con la sobriedad y la distancia de alguien que ha vivido de primera mano todo cuanto cuenta. Nadie diría que Trabajo sucio es una primera novela, válgame Dios, es más bien el gancho directo de un escritor experimentado y bastante cabreado con cuanto le rodea.

Ojalá más Larry Brown en Dirty Works.

Trabajo sucio
Larry Brown
Dirty Works editorial, 2015
234 páginas.

Lobo en la camioneta blanca, de John Darnielle

24/09/2015

lobo_3D-low1A falta de cinco páginas del final sucedió el desastre. Aquello que yo me temí desde el primer día en que llegó a casa. Nuestra pequeña y afable perra Flecha, una pointer rescatada de una perrera, se comió mi ejemplar de Lobo en la camioneta blanca. En apenas cinco minutos, el tiempo de dejar al pequeño en el colegio y volver. El ejemplar blanco y azul, comprado apenas una semana antes, ejerció esa fuerza imposible de controlar, ese deseo que inunda la mente y te hace cometer imprudencias a veces terribles. En el caso de la pequeña Flecha los cantos de sirena no fueron más allá de jorobar a su dueño y ganarse un castigo al balcón, pero…

¿Y en el caso de Sean?

Frustración, es lo primero que me invadió al abrir la puerta y ver mi ejemplar de la novela hecho trizas y desparramado por el suelo, frustración por no haber logrado hacerme entender, por no haber logrado educar a mi pequeño can. Luego rabia, luego más frustración, luego aceptación, después un buen paseo, más rabia, confusión y de nuevo aceptación. Las cosas suceden.

Así que no me quiero imaginar cómo se pueden sentir los padres de Sean Phillips. Y eso que tengo dos hijos.

Pero empecemos por el principio.

Esta es un de esas novelas que me animé a leer por un montón de razones que no tienen nada que ver ni con el autor, ni con la trama ni con una corazonada. Es más, la trama me daba tan mal rollo que nunca la hubiera leído. Por aquello de la zona de confort y de no sufrir leyendo y blablablabla. Pero personas a las que admiro mucho me la recomendaron encarecidamente. Y les suelo hacer caso. A veces.

Darnielle ha escrito una novela difícil de catalogar, una novela extraña, construida a retazos, a imágenes, como un diario, momentos de una vida destruida, anclada a un hecho del pasado que te arrastra durante el resto de tu vida. Toda la novela gira en torno al aspecto físico de Sean Phillips, toda, en todo momento, en todas las situaciones, la novela pivota en la circunstancia de que Sean tiene la cara destrozada. Su cara es ¨como una huella de neumático¨ les dice a un par de adolescentes, no tiene nariz, escupe al hablar, hace ruido al respirar. Nadie le mira, la gente se siente incómoda con la presencia de Sean.

Y todo es por culpa del accidente. El gran pilar de la novela, la imagen que Darnielle nos inocula en las primeras páginas de la novela y que nosotros, incautos lectores, iremos construyendo(nos) durante toda la trama, el accidente, el accidente, una hecho, una idea, una imagen tan potente como brutal (conocemos las consecuencias) que nos ira devorando, que nos hará imaginar decenas de posibilidades, de situaciones, el accidente, el accidente, un mantra que se repite y se repite y del que Darnielle nos va dando unas pocas pistas, unas migajas para que nos alimentemos, esa desgracia que hace que Sean reciba curas durante gran parte de su vida, que hace que Sean oiga un zumbido constante en sus oídos, una imagen que nos come y nos asusta. El accidente.

Y en torno al accidente la vida que Sean se construye. Cintas de grupos desconocidos, que basan su música en las historias de Conan, y que le ayudan a hacer que ese horrible zumbido desaparezca, interminables horas de mirar al techo, terapia. Y Ciudadela Italiana. La otra gran presencia en su vida. El accidente, su deformidad, Ciudadela Italiana.

Ciudadela Italiana es un juego que Sean crea para no enloquecer, un juego en el que se refugia tras sufrir el accidente, un mundo privado, un lugar secreto. Un juego que empieza a esbozar de adolescente y que luego tras el accidente toma un camino definitivo.

¨Fue más adelante, durante la época que me pasé tumbado boca arriba y ciego, obligado a elegir entre inventarme mundos interiores o no tener ningún mundo que habitar, cuando empecé a añadir los detalles.¨

Al principio era solo suyo, un lugar donde combatir el extremo dolor, las curas, la soledad, los zumbidos. Pero luego decide compartirlo y crea un juego por carta. Sean coloca anuncios en diversas revistas de género fantástico, de relatos, revistas de comics, y el jugador tiene que ir mandando sobres sellados con sus movimientos, a los que Sean contesta con el siguiente movimiento. El jugador paga una suscripción que puede cancelar cuando ya no desee seguir jugando.

Y así vive. Con su imagen monstruosa, sin apenas pisar la calle y contestando cartas y más cartas llenas de movimientos que llevan a sus jugadores por el mundo de Ciudadela Italiana, proporcionando aventuras a desconocidos, quizás igual de solitarios que él.

Como os he dicho, la novela está construida a retazos, no es una historia lineal, parece un diario, pero no es un diario. Darnielle vaga por la vida de Sean, va hacia delante y hacia atrás, con hechos aparentemente inconexos pero que son parte de un todo, la vida de Sean. Un gran rompecabezas del que Darnielle nos da algunas piezas, hacia delante al presente, hacia atrás antes el accidente, de nuevo hacia delante justo después del accidente, de nuevo hacia el presente, es como una rueda, un trama que da vueltas y no hay principio ni fin porque no importa, porque es lo de menos.

Narrado en primera persona por Sean, a una edad que no se nos desvela, la novela está lejos de ser melodramática, cruda o incluso triste. Ese era uno de mis grandes miedos, sumergirme en una novela lacrimógena, dura, dramática y un montón de cosas que no me apetecían en absoluto. Pero no, Darnielle ha escrito una historia bastante neutra, Sean es un tipo bastante resignado, vive su vida sin dramatismos, con resolución y el pesar de lidiar con las decisiones que se toman en la adolescencia, con aceptación. Y creo que es un acierto absoluto, la historia funciona perfectamente sin la pátina de asfixia del drama, sin la autocompasión fácil, sin manipular al lector tocándole la fibra sensible. Darnielle opta por una novela de capas, de diferentes lecturas y texturas, por unos ambientes oscuros, reflexivos, por lugares comunes teñidos de una desgracia asumida, sobrellevada.

Y lo hace con un estilo claro, un poco onírico, de rasgos poéticos, que sin llamar al dramatismo, cubre la historia de una pesadumbre palpable, de una infancia robada e irrecuperable, con una cadencia lenta e hipnótica que nos lleva a través del tiempo y de la vida de Sean como un amigo que sabe el final de tu vida y te mira con pesadumbre, sonriendo y maldiciendo el futuro.

Y es en el final, en las últimas páginas, donde la frustración cae fulminante sobre todos, sobre el lector, sobre los padres de Sean, sobre la humanidad entera. Aunque en realidad la frustración está presente desde la primera página, en la que el padre de Sean lo lleva en brazos por un largo pasillo hacia su habitación, está presente cuando la madre de Sean deja las frases a medias mirando lo que queda de su hijo, está presente en nosotros mismos, intentando descubrir que ha pasado en la vida de Sean Phillps.

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Lobo en la camioneta blanca nos habla de frustraciones sí, y también de educación, de tomar decisiones estúpidas, de juventud, de adolescencia, de soledad, de sentirse confundido. Incluso un buen amigo, de hecho uno de los que me recomendó leer ésta novela, cree que Lobo en la camioneta blanca es uno de los alegatos anti armas más bestias y mejores del mundo. Me gusta esa idea.

Darnielle ha escrito una novela con decenas de lecturas, capas y capas de matices que harán que muchos conecten inmediatamente con la historia, que se la hagan suya, que se refugien en ella. También habrá quien no vea más que una triste historia sobre un muchacho primero confundido y luego resignado. Yo soy más de los primeros. Además, a mí también me gustaba mucho Conan. Y sumergir la cabeza entre dos altavoces y ahogar el mundo exterior con música demasiado alta y extremadamente ruidosa.

Lobo en la camioneta blanca
John Darnielle
Contra Editorial 2015
238 páginas.

Noche salvaje, de Jim Thompson

18/09/2015

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En 1953 Thompson vive una de sus épocas más prolíficas como escritor y también unas de las de mayor estabilidad económica. Desde su llegada a Lion Books sus novelas se venden bien y sus editores le compran prácticamente todas sus historias.

Antes de escribir esta Noche salvaje de la que os hablo hoy, Thompson había publicado (seguidas) dos novelas un poco irregulares para mi gusto: Libertad condicional y Los alcohólicos, dos historias que no estaban a la altura de sus buenísimas Una cabaña en el sur, El asesino dentro de mí o Sólo un asesinato, que eran justo anteriores. Parece que Thompson estuvo haciendo algunos experimentos con sus dos últimas historias; hacerlas más accesibles para el público general, más comerciales, más comedidas. Pero esas historias no parecían venderse bien, o al menos no mostraban todo el ADN de Thompson. Pero Jim, lejos de dejar de experimentar, le sugirió a su editor Arnold Hano un experimento más: escribir una novela de tipo mafioso con solo 500 palabras, no solo eso, 500 palabras básicas.

Thompson se había propuesto escribir una novela austera, quería demostrar que se podía escribir una buena historia utilizando un vocabulario básico, una estructura sencilla. Pero en el último momento, las 500 palabras se desbordaron y acabo escribiendo una novela de longitud normal. Eso sí, mantuvo la idea de la austeridad y la sencillez, y lo que acabó escribiendo fue una brillante novela sobre la condición humana, el odio, las apariencias, el miedo y el asco sobre uno mismo. Thompson había impregnado la historia de su ADN, había vuelto la oscuridad, la maldad, la locura, los personajes extremos, volvía a ser cien por cien Jim Thompson.

Carl Bigelow, un simpático y jovial joven llega a Peardale, un pueblo feo y perdido a más de cien kilómetros de Nueva York. Bigelow llega para estudiar en la universidad de pediatría y trabajar a tiempo parcial mientras estudia. Al menos eso es lo que cree todo el mundo, porque la realidad es muy distinta. Carl Bigelow es en realidad Charlie Bigger, un asesino a sueldo frío y despiadado buscado en todo el país, no es joven ni jovial, y ha llegado a Peardale para matar a Jake Winroy, testigo clave en un juicio contra la mafia.

Bigger se alojará en casa del matrimonio Winroy para tener controlada a su víctima, pero como cabe esperar, nada sale como tiene previsto. Empezando por el mismo Jake, un tipo hundido, huidizo, alcohólico y trastornado, por el que Bigger siente incluso compasión. La señora Winroy tampoco dejara de sorprenderlo, una mujer que anhela el lujo y que se echa en brazos del primero que pasa, para crear un juego de tira y afloja de seducción altamente confuso. El señor Kendall, el otro inquilino de la casa, es aún más extraño y sospechoso, un hombre mayor que a todas luces siente devoción por Bigger y que incluso le proporciona trabajo en la panadería que él regenta. A Bigger le hace sentir incomodo su amabilidad y sospecha que lo está vigilando. Por último está Ruthie, otra estudiante que vive en la casa y que ayuda en las tareas del hogar. Pero Ruthie es una tullida, anda en muletas, puesto que una de sus piernas solo llega hasta la rodilla…además es increíblemente tímida, no habla, la ropa le sienta mal, tiene una mano paralizada en forma de garra…

Ese es el dibujo de esta historia, una novela que, como he dicho al principio, busca la sencillez. Y uno al leerla puede verla, pero sin duda hay un trasfondo increíble en esta novela. La trama empieza con la normalidad de una historia cotidiana (si obviamos el hecho del asesino), para ir volviéndose cada vez más extraña y oscura. Thompson nos demuestra que debajo de esa sencillez aparente se esconde el drama humano.

Si el elenco de personajes (principales) es un catálogo de miseria humana, entenderéis mejor a que me refiero con el drama humano cuando os describa a Bigger. A todas luces es un tipo apuesto, algo bajito, pero de carácter afable y educado, zalamero con las mujeres y trabajador. Pero la realidad es que Bigger es un farsante, si se quita las alzas es un hombre con estatura de niño, lleva lentes de contacto, dentadura postiza, el pelo teñido y está enfermo de tuberculosis. Bigger es además un compendio de ansiedad y angustia constante y un trabajador inestable y perezoso. Por no hablar de que es un asesino.

Eso se refleja en su carácter inseguro y paranoico, un carácter dual que a veces muestra a un hombre amigable y educado y otras un violento y trastornado individuo que no sabe en quien confiar.

Como he dicho antes, Thompson empieza la novela de manera cotidiana, un hombre que llega a un pequeño pueblo y se establece en él. Pero poco a poco, y de manera escalofriante, Thompson nos va mostrando como Bigger empieza a dudar de todo cuanto le rodea, incluso de él mismo, de su misión, de su capacidad. Nos muestra el interior de su mente (como ya hizo en El asesino dentro de mí) para que veamos como cae poco a poco en un pozo de negrura, como se desconecta de cuanto le rodea. Thompson le da una vuelta de tuerca a las novelas de mafiosos y se burla de ellas, escribiendo una historia anti-mafia donde el protagonista está lejos de ser un asesino frío y meticuloso, un ser prácticamente intocable. Thompson nos ofrece un perdedor de la manera más cruel, de la manera más vil, mostrándonos todas sus miserias, todos sus miedos, incluso le quita su razón de ser, el valor para asesinar, su leitmotiv, como bien se ve en la novela.

Poco a poco la historia se vuelve oscura, extraña, el mundo real se difumina y las acciones se confunden, para acabar en un final tan extraordinario y genial como psicodélico, un final poético y oscuro que se queda clavado en el cerebro largo tiempo. Por el momento es de las novelas más extrañas que he leído de Thompson, pero al parecer después de ésta vinieron más donde llevo su narrativa experimental al límite.

Y una vez más, Thompson se valió de su experiencia vital para escribir esta novela, la tuberculosis que padece Bigger la sufrió el mientras trabajó como botones en el Hotel Texas, el trabajo del señor Kendall y del mismo Bigger en la panadería sale de su experiencia en la Butter-nut Bread Company, y las clases a las que asiste Bigger en la universidad de Peardale, están sacadas de su experiencia en la Universidad de Nebraska.

Noche salvaje vuelve a darnos un Thompson oscuro y reflexivo, vuelve a ofrecernos esa narrativa seca y afilada tan característica, vuelve a darnos una trama sencilla pero contundente y cargada de mensaje. No deja de sorprenderme, aún ahora, después de leer unas cuantas novelas de Thompson, de lo que este hombre era capaz, la manera en que en aquella época y acuciado por su alcoholismo, su falta de dinero, su carácter imprevisible y su tozudez llegaba a crear, la lucidez de sus tramas, escondidas en libros de bolsillo a pocos centavos.

Noche salvaje
Jim Thompson
RBA Serie Negra 2012
226 páginas.

El ejército de piedra, Luis Manuel Ruiz.

11/09/2015

El-ejército-de-piedra

Hace algo más de un año, el abril pasado concretamente, disfruté con una novela que me sorprendió muchísimo. Me lo pase increíblemente bien leyéndola. Era El hombre sin rostro de Luis Manuel Ruiz. Una novela que mezclaba el misterio, fino humor negro, las ciencias naturales, las matemáticas, un Madrid del 1908 espectacular…y unos personajes extraordinarios. Os hable de ella en esta reseña.

Ahora y para mi sorpresa (porque no tenía ni idea), Luis Manuel Ruiz ha sacado una segunda parte, un nuevo caso, en el mismo Madrid y con los mismos personajes, un año después de El hombre sin rostro.

Madrid, principios de 1909, un suceso tan extraño como increíble está sacudiendo la capital de España. Al parecer las estatuas que adornan plazas, parques, azoteas y jardines, están cobrando vida. A la vista de unos pocos (y enloquecidos) testigos, las estatuas, después de cobrar vida, se bajan de sus peanas y arrasan cuanto se le pone por delante.

Se han sucedido varios robos y destrozos por valor incalculable y las autoridades están más que preocupadas, el rumor de que unas estatuas pueden haber cobrado vida empieza a correr como la pólvora y temen hacer un ridículo espantoso si no ponen remedio a la situación.

Para ello pedirán ayuda a nuestro querido profesor Fo, que junto a otros sabios de la nación (a cual más pintoresco), deberán buscar una solución a tamaño problema. Aunque la verdad es que lo único que hacen ese montón de salvadores es reunirse y comer con glotonería desmedida y aplaudir y vitorear fervorosamente a cada pequeña ocasión en que no tienen las manos y el paladar ocupados en pinchar, cortar, morder o tragar.

Así pues Fo, junto a su fantástica hija Irene y, de nuevo, nuestro singular aprendiz de periodista Elías Arce, serán los encargados reales de descubrir quién o qué hay detrás de unas estatuas vivas que están desencadenando el caos por todo Madrid. Pero en este segundo caso, un cuarto miembro se unirá al esquipo, el inspector Trinidad Vidarte, un tipo violento, bruto, machista y de moral baja que competirá en carácter y fuerza con la perspicaz Irene Fo.

No puedo más que repetirme de nuevo, me lo he pasado en grande leyendo las aventuras de los Fo, diría más, me lo he pasado aún mejor que hace un año. Ruiz ha vuelto a escribir una novela sobresaliente en todos los sentidos, desde la trama hasta los secundarios.

Me fascina como escribe Luis Manuel Ruiz, con un estilo depurado, rico, elegante, exquisito y repleto de palabras de época, una narración que te transporta y te envuelve con una facilidad pasmosa. Sin la pátina pretenciosa de la alta literatura, Ruiz nos narra una historia divertidísima, llena de fino humor negro, cercana, una historia llena de aventuras, ciencia y misterio, y lo hace con una clase tal, que palidecen muchos de los libros que yacen en las mesas de novedades de editoriales que se jactan de publicar literatura seria.

Y sus personajes. Irene, el profesor Fo, Elías Arce, Vidarte, todos llenos de vida, sublimes, reconocibles por sus múltiples matices, vívidos, unos personajes fantásticos, moldeados con gran cariño, con meticulosidad, incluso sus secundarios son de traca. Unos personajes y un mundo propio donde ya habitan, un Madrid de principios de siglo, esplendoroso, enorme, único, un escenario perfecto donde seguir sus aventuras muchas entregas más.

De principio a fin, El ejército de piedra es sólida como esas estatuas que cobran vida, la trama, meticulosa y redonda, se despliega con el ritmo justo para tenernos atrapados, pero no atosigados, la historia se desliza entre azoteas, áticos, laboratorios, parques, canteras y alguna cueva, con una aparente sencillez que nos envuelve en un Madrid tan apetecible que uno se disgusta por no estar allí mismo, entre los coches de caballos, la niebla, los adoquines y los fastuosos edificios de principios de siglo que plagaban las calles de la capital.

Luis Manuel Ruiz ha escrito una novela a medio camino entre la novela de aventuras, el folletín y la novela de misterio, una mezcla exuberante y deliciosa que rezuma ironía, humor y ciencia por todas sus páginas. Una novela que engaña por su aparente sencillez y que se descubre apasionante y conmovedora cuando entramos a fondo en ella.

EL ejército de piedra
Luis Manuel Ruiz
Salto de página 2015
320 páginas.

Observada, de Renée Knight

04/09/2015

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Con el paso de los meses, ese nuevo tentáculo que le ha salido al género negro, cargado de mujeres con problemas en el matrimonio, parejas con secretos, matrimonios oscuros y mentiras y más mentiras, está haciendo fortuna. La brecha que abrió Perdida se ha agrandado y por ella van colándose un sinfín de novelas donde mujeres angustiadas o maridos igualmente afligidos (y al parecer todos bastante desconsiderados y malotes) nos exponen sus vidas con total transparencia, casi con exceso. Salamandra Black ya nos trajo en su catálogo una novela con esta premisa, La mujer de un solo hombre, de A.S.A. Harrison, y parece que la experiencia les funcionó. Y dado que el mercado está receptivo repiten temática con Observada, la primera novela de la autora inglesa Renée Knight.

Catherine Ravenscraft ha triunfado en la vida, es una mujer fuerte, con un buen trabajo, se siente plena, realizada, está casada con un abogado, un buen hombre que la adora, y es madre de un chico que ya pasa de los veinte y que se acaba de independizar de casa con un pequeño empujón. Su vida es deseable, todo funciona. Está en los cuarenta y el futuro se abre ante ella como un lienzo a medio pintar, donde unos certeros trazos ya han dibujado una figura prometedora y ahora solo hay que rellenar los espacios con los colores que uno desee.

Pero por todos es sabido que cuando más feliz eres, más vulnerable te vuelves, y alguien se ha fijado en la felicidad de Catherine y no le ha parecido que tenga derecho a disfrutarla. La deseable vida de Cath se tambalea cuando empieza a leer una novela, una novela que alguien, no recuerda si ella, su marido o puede que incluso su hijo, ha traído a casa. Una novela que lee con estupor, miedo y asco, una novela que habla de algo que conoce perfectamente, su pasado. El libro que ha aparecido en casa y que tan inocentemente ha empezado a leer habla de ella. De ella y de un episodio de su vida que creía olvidado, borrado. Pero alguien lo ha puesto por escrito, con todos los detalles.

Ella es la protagonista de esa historia que le ha llegado a las manos, ella y unos hechos que sucedieron un verano de hace veinte años, cuando su hijo apenas tenía seis años y junto con su marido estaban de vacaciones en España. Pero Robert volvió a casa cuatro días antes que ella y el niño, el trabajo hizo que sus vacaciones se acortaran unos días, pero insistió en que Cath y el pequeño se quedaran el resto de los días, ya que el hotel estaba pagado.

Ahora esos cuatro días vuelven a ella para recordarle lo que pasó, tiene que afrontarlos de nuevo, todo está en esa novela, Un perfecto desconocido, si Robert o su hijo Nick llegaran a leer la novela y la reconocieran, sería su fin, veinte años de mentiras sacados a la luz de un plumazo.

La novela está narrada dos voces, por un lado en una tercera persona que nos describe todo lo que hace Cath; cómo se siente, que piensa y cómo actúa ante esta amenaza. Por otro lado una voz en primera persona que es protagonista junto a Cath en esta historia, un personaje que es quien desentierra el pasado y decide hacer pagar a Cath su felicidad.

Knight ha escrito una primera novela bastante correcta, el estilo es sencillo, funcional y efectivo y la trama está bien montada, con varios saltos temporales al pasado. Es un thriller en toda regla, como mandan los cánones. Aunque a mí me hubiese gustado algo más de mala sangre por parte de la autora, creo que la parte final de la novela peca de buenista y facilona, y en conjunto la novela es bastante prudente.

No es el tipo de novelas que me apasiona, salta a la vista, ya he dicho algunas veces que los problemas de pareja y los secretos me aburren, pero me gusta leer de todo y salir de la zona de confort, va bien para seguir sabiendo que estos libros no me apasionan. Con todo, es un buen primer libro, y a los lectores que disfrutaron con Perdida, La mujer de un solo hombre, ¿y tú que clase de madre eres? o la última sensación, La chica del tren, encontraran en Observada uno de sus aliados para pasar una o dos tardes entretenidos y bien acompañados.

Observada
Renée Knigth
Salamndra Black 2015
316 páginas.

El Alien, de Ken Bruen

30/08/2015

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Una de las mayores expresiones de que se pueden hacer novelas negras diferentes es ésta, una de las mejores muestras de como un autor escribe la novela que le sale de los cojones escribir es ésta, una de esas novelas geniales, directas, cortas, concisas, brutas y redondas es ésta. Porque ya os he dicho una y mil veces que Bruen es bueno, y que aquí se le quiere muy poco y se le lee aún menos.

Pero estas cosas de las masas lectoras nunca las entenderé, lo de que las novelas mediocres vendan millones de ejemplares y los buenos autores estén saldados es algo que define este país, somos unos campeones de vender fraudes, de engañar al lector.

El Alien es seguramente una de las novelas más representativas de Bruen, en ella despliega todo su estilo, todo su ADN; diálogos ácidos, capítulos cortos, saltos entre tramas, nula investigación de algún crimen, alcohol, violencia, problemas. Si en el resto de sus novelas todo esto era igual, en El Alien está sobredimensionado, mejorado, pulido, afinado, Bruen se siente cómodo con estos personajes y los hace funcionar como la seda, la trama fluye tan suave que da miedo.

La trama. A Bruen la trama le importa un huevo, que ya es lo normal, pero en esta novela es apenas una excusa para mover a sus personajes, para ponerlos en situaciones aquí o allá, da igual para qué. Muchos lo hacen, pero Bruen lo sabe hacer mejor que nadie, tanto que te preguntas si te está tomando el pelo o si simplemente se ha olvidado de que allí ha pasado algo, de que alguien ha muerto.

Roberts y Brant siguen siendo unos cabrones, tan supuestamente superficiales, lejanos, maleducados, salidos y tantas cosas que el género masculino domina tan bien. Sus carreras se tuercen inevitablemente, otra vez, y viejos amigos reaparecen para hacer de sus vidas algo aún más emocionante. Nada espectacularmente nuevo dentro del universo Bruen, pero sí fuera de él. Estas pequeñas historias Bruenianas bastan para darle una patada en el culo a la mitad de novelas que presumen de originales novedosas y definitivas. Pero eso ya lo he dicho antes.

Bastaría decir que Ken Bruen es bueno, diferente, que hay que leerlo para ver otra cara de la novela negra, otro estilo, otra manera de pensar, lejos de las novelas convencionales con tramas claras y estructuradas, lejos de una estructura definida. Las novelas de Bruen son extrañas y pasan pocas cosas, y muchos lectores (yo incluido estos últimos meses un poco, ahora sí y ahora no) buscan confort, agradabilidad, familiaridad, puntos de control, y Bruen no ofrece eso. El irlandés es más una conjunción de caos ordenado, de violencia gratuita, de reflexiones que te asaltan en medio de un párrafo suelto, de lanzarse al vacío. Pero que nadie se asuste, sus novelas son perfectamente normales y leíbles, solo depende un poco de nuestro bagaje lector.

Vidas Difíciles, James Sallis

13/07/2015

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Corría el años 2003 cuando la editorial Poliedro, gobernada por Julieta Lionetti, publicaba la primera novela de James Sallis en España. Lionetti nos descubrió a Sallis, que hasta el momento no había sido traducido en este país. Tuvimos la suerte de que Poliedro publicara cinco de las seis novelas de la serie de Lew Griffin, y la mala suerte de que la sexta y última se quedara en el tintero, quizá por falta de tiempo, ya que la editorial cerró sus puertas.

Junto a la serie de Griffin, Poliedro también publicó esta pequeña maravilla de la que os hablo hoy, Vidas difíciles, un librito (138 páginas) con las biografías de tres de los grandes del género negro: Jim Thompson, Davis Goodis y Chester Himes.

Aunque no son más que apuntes, un repaso muy general de sus vidas y alguna anécdota, son sobre todo, estas tres (mini)biografías, un pequeño análisis sobre el carácter narrativo de estos tres grandes escritores, de sus demonios, su metodología, los mitos que los rodean. Una introducción a sus obras, a las buenas y a las malas, porque Sallis habla siempre claro y humaniza a estos tres grandes autores, nos habla del hombre, del escritor, y no del mito.

Es también este libro un pequeño ensayo sobre la literatura Pulp, sobre sus orígenes, sobre como muchos autores, los tres que aquí se presenta por ejemplo, destacaban por encima del resto y cómo sus peculiaridades los hicieron perdurar en la historia de la literatura Pulp, aunque sus inicios y primeros años fueran realmente duros.

Vidas difíciles es una pequeña exquisitez para los amantes del género negro, para los amantes de esa literatura exprés y bajo demanda que siempre ha estado un poco menospreciada. Sallis le da el valor que se merece, nos habla de tres autores que asomaban la cabeza por encima del resto, de tres autores que en su país fueron olvidados largo tiempo mientras en Europa (sobre todo en Francia) eran reeditados y apreciados como auténticos maestros del género.

¨La literatura de consumo masivo en la que tuvo origen la novela negra, provocó auténticos fenómenos, un gran océano de millones y millones de palabras, por encima de cuyos estereotipados argumentos y trilladas escenas se alzaba de vez en cuando la auténtica naturaleza de la sociedad como la cabeza de una serpiente.¨

Dice Sallis de Jim Thompson ¨ …la obra de Jim Thompson constituye un largo asalto a las suposiciones, y son raras las veces en que el autor somete el argumento a las fórmulas que esperan los editores. De hecho, destruye de manera metódica todos los clichés, no trascendiéndolos, como podría hacer un autor más ¨literario¨, sino sumergiéndose en ellos a tanta profundidad, cerrando de tal modo las posibilidades de volver a la superficie, que quedan patas arriba.¨

Esa manera en que Thompson siempre le da la vuelta a sus novelas y hace lo que no esperas, no siempre le sale bien claro, pero hay que sonreír cuando los escritores de thrillers de hoy en día intentan algo similar, Thompson ya lo hacía, y mucho mejor que ellos.

Sobre Goodis: ¨Las mejores obras de Goodis crean una poética única de soledad y miedo (…..) e incluso las menos buenas, las menos brillantes, cobran vida en repentinos trozos de vívido sentimiento.¨ o ¨Para los personajes de Goodis no hay escapatoria, sólo más trampas inevitables, más prisiones mentales.¨

Es cierto que uno al leer a Goodis siente la asfixia de sus personajes, la maldad que los rodea siempre, como si la llevaran adherida al cuerpo, la oscuridad que los aplaca.

Y sobre Himes: ¨ En tanto, nación, o individuo nuestra fortaleza proviene con frecuencia de nuestras debilidades. Por desoladoras que sean, por rotas que estén en el escurreplatos de la historia, las obras de Chester Himes celebran la lucha de un hombre contra la corriente, contra terribles fuerzas superiores –contra su propia vida, su época y su temperamento, contra las autolimitaciones de las propias formas que eligió para expresarse- a fin de rescatar del frenesí cotidiano, como diría Baudelaire, aun cuando nos dé la espalda, una mirada al sufriente rostro de la verdad.¨

Himes sintió siempre el odio de los demás, el rechazo por ser negro, incluso se fue de su país para poder vivir tranquilo y fuera de las miradas acusadoras. Todo eso quedó fielmente reflejado en sus novelas, atenticos delirios con tramas imposibles y muy locas, pero con mucho trasfondo y escritas con maestría. No siempre sus novelas son lógicas, de la manera en que entendemos una novela de género, pero si son, ante todo, reivindicativas.

Vidas difíciles no es una revisión profunda sobre estos tres grandes escritores, para eso existen biografías exclusivas sobre sus vidas, ni un estudio sobre sus obras, ni nada demasiado existencial. Como he dicho al principio, Sallis ha escrito un libro para todos esos aficionados al género negro, al Pulp, a una época donde escribir era sobrevivir y hacer camino, un libro para disfrutar de anécdotas puntuales, de retazos de vidas, de chismorreos, de opiniones. Un libro en apariencia pequeño que encierra mucha sabiduría.

Vidas difíciles
James Sallis
Poliedro 2004
138 páginas.

Pronto será de noche, de Jesús Cañadas

30/06/2015

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Llevo unas semanas leyendo novelas de algunos escritores que yo creía que tenían una voz muy propia. Muy clara. Un estilo personal. Todo eso. Y me estoy dando de bruces (en esas novelas) con que han cambiado de registro tan ricamente, con mucha alegría. Y me están gustando muy mucho. Las novelas, los estilos. No es que tenga nada en contra de que un escritor cambie de registro, de voz, de estilo, de género o de ropa interior. Todo lo contrario, me encanta.

La cosa es que me sorprende porque en ninguno de estos casos iba avisado, y bueno, ha sido una sorpresa. Con Jesús Cañadas me ha pasado un poco así, que algo sabía pero no, que se decía por ahí que el de Cádiz había cambiado después de Los nombres muertos. Que iba en plan salvaje. Muy loco. Incluso se decía que al leer Pronto será de noche te explotaba la cabeza.

Y un poco sí.

Aunque para ser francos (y chulear un poco) diré que yo ya le vi el potencial maléfico a Cañadas en dos relatos que le leí el año pasado. O el anterior. El primero fue Dejad que los niños se acerquen incluido en el Presencia Humana nº1, un relato turbador y oscuro que manda huevos. El segundo (y donde me enamoré muy locamente de Jesús) fue El niño, el muerto y el Lobo, incluido en Ácronos antología Steampunk Vol.1 Un relatazo violento y oscuro que me dejó con los pantalones en lo tobillos y con más ganas de este Cañadas con tintes foscos.

Así que un poco advertido iba.

Total. Que el Cañadas aventurero, divertido, pastichero, Lovecrafiano y pulpero que era en Los nombres muertos, se ha metamorfoseado en un Jesús (y valga la ironía) oscuro, violento, brutal y maquiavélico en este Pronto será de noche. Un poco (bastante) como el Cañadas de los relatos, pero en formato largo. El cambio de registro de una novela a otra es absoluto, demoledor, tajante. Por no hablar del tono de esta última, absolutamente oscuro y apocalíptico. Y si con la anterior  novela disfruté, con esta no os quiero ni contar.

El escenario de la novela ya me parece tremendo, un atasco. Un atasco infinito. Los coches apenas avanzan unos kilómetros a poca velocidad una vez al día. Con suerte. Todo el mundo huye. De algo que no sabemos. Todo el mundo huye. También de sí mismos. Durante el día hay peleas, gritos, sol, calor, carencias. No hay comida. No hay agua. No hay nada. Imaginad estar en vuestro coche un día entero, dos, tres, dormir en él, vivir en él. Rodeado de extraños. Con algo que se acerca desde atrás. Algo malo.

Y si la falta de agua, de comida, las peleas, las carencias, la falta de higiene, de tus seres queridos, de tabaco, de droga, no fuera suficiente, sabed que al caer la noche alguien morirá. Porque hay un asesino a pocos coches de distancia. Y en cuanto cae la noche, sale a pasear.

Ambientar una novela en un atasco me parece tan arriesgado como genial, un atasco puede parecer a priori un escenario bastante aburrido. Pero si se hace bien, si se consigue hostigar al lector, darle caña, es un escenario tremendo. Y en eso Jesús cumple totalmente. Toda la ambientación de la novela es excelente, sin paliativos, Cañadas le imprime al atasco una oscuridad, una sensación de asfixia (¡al aire libre!), de cosa primitiva, una sensación de final, de muerte lenta, que se filtra al lector en cada párrafo, en cada diálogo. Es hermosamente agotador.

Y en ese oscuro panorama, Cañadas le ofrece al lector una trama sencilla pero llena de matices, llena de lecturas, llena de huevos de pascua. Una trama absoluta (el fin de todo y de todos) saturada de pequeñas grietas, de pequeñas historias. Terribles, misteriosas, tristes, dolorosas, corrientes, feroces. Pequeñas grietas, vidas, que veremos en un escenario brutal, colocadas ahí, como una suerte de último juego macabro, huir sin huir, correr sin avanzar.

¿Qué hacer ante el fin de todo? ¿Qué reacción es la correcta? ¿Cuáles son los impulsos reales del ser humano? ¿Y del individuo? ¿Qué hacer cuando ni la muerte de otro importa? ¿Seguir adelante? ¿Abandonar?

Un taxista barrigón, tosco y bruto, una embarazada, una cincuentona borde y desconfiada, un hippy misterioso, una profesora y sus cincuenta y tres alumnos de apenas 7 años, un viejo que siempre conserva la calma, un (ex) yonqui, un escritor cocainómano ….

Y Samuel. Que quiere descubrir quién está matando a los otros conductores.

¨A su alrededor hay personas que rezan, que follan, que se arrepienten, que lloran y que meditan y que corren y que aúllan porque ya no queda tiempo para esperar el final, porque el final ya está aquí, porque el fin del mundo pasa cada vez que alguien se muere, porque están rodeados de miles de fines del mundo, porque lo que hagas ahora será lo último que hagas, porque esto es lo que pasa cuando el mundo se acaba.¨

Pronto será de noche
Jesús Cañadas
Ed. Valdemar, colección Insomnia. 2015
253 páginas.