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El Alien, de Ken Bruen

30/08/2015

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Una de las mayores expresiones de que se pueden hacer novelas negras diferentes es ésta, una de las mejores muestras de como un autor escribe la novela que le sale de los cojones escribir es ésta, una de esas novelas geniales, directas, cortas, concisas, brutas y redondas es ésta. Porque ya os he dicho una y mil veces que Bruen es bueno, y que aquí se le quiere muy poco y se le lee aún menos.

Pero estas cosas de las masas lectoras nunca las entenderé, lo de que las novelas mediocres vendan millones de ejemplares y los buenos autores estén saldados es algo que define este país, somos unos campeones de vender fraudes, de engañar al lector.

El Alien es seguramente una de las novelas más representativas de Bruen, en ella despliega todo su estilo, todo su ADN; diálogos ácidos, capítulos cortos, saltos entre tramas, nula investigación de algún crimen, alcohol, violencia, problemas. Si en el resto de sus novelas todo esto era igual, en El Alien está sobredimensionado, mejorado, pulido, afinado, Bruen se siente cómodo con estos personajes y los hace funcionar como la seda, la trama fluye tan suave que da miedo.

La trama. A Bruen la trama le importa un huevo, que ya es lo normal, pero en esta novela es apenas una excusa para mover a sus personajes, para ponerlos en situaciones aquí o allá, da igual para qué. Muchos lo hacen, pero Bruen lo sabe hacer mejor que nadie, tanto que te preguntas si te está tomando el pelo o si simplemente se ha olvidado de que allí ha pasado algo, de que alguien ha muerto.

Roberts y Brant siguen siendo unos cabrones, tan supuestamente superficiales, lejanos, maleducados, salidos y tantas cosas que el género masculino domina tan bien. Sus carreras se tuercen inevitablemente, otra vez, y viejos amigos reaparecen para hacer de sus vidas algo aún más emocionante. Nada espectacularmente nuevo dentro del universo Bruen, pero sí fuera de él. Estas pequeñas historias Bruenianas bastan para darle una patada en el culo a la mitad de novelas que presumen de originales novedosas y definitivas. Pero eso ya lo he dicho antes.

Bastaría decir que Ken Bruen es bueno, diferente, que hay que leerlo para ver otra cara de la novela negra, otro estilo, otra manera de pensar, lejos de las novelas convencionales con tramas claras y estructuradas, lejos de una estructura definida. Las novelas de Bruen son extrañas y pasan pocas cosas, y muchos lectores (yo incluido estos últimos meses un poco, ahora sí y ahora no) buscan confort, agradabilidad, familiaridad, puntos de control, y Bruen no ofrece eso. El irlandés es más una conjunción de caos ordenado, de violencia gratuita, de reflexiones que te asaltan en medio de un párrafo suelto, de lanzarse al vacío. Pero que nadie se asuste, sus novelas son perfectamente normales y leíbles, solo depende un poco de nuestro bagaje lector.

El gran arresto, de Ken Bruen

30/04/2015

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Dos años desde mi último Bruen, cada vez es más difícil conseguirlos. Por suerte, o por desgracia, ya tengo todos los que se publicaron en España. Que fueron muy pocos.

Ya sabéis que me apasiona Ken Bruen, su serie del malogrado Jack Taylor me parece sublime, de lo mejor que he leído nunca en género negro y de las que en España solo se tradujeron tres entregas. Y sin seguir ningún orden. Poco después de esos tímidos intentos por publicar a Bruen, Pàmies editó los dos primeros de otra serie, la del inspector jefe Roberts y el sargento Brant. Dos auténticos hijos de puta. Y de la que hoy os traigo la primera entrega. Por último, y aprovechando el tirón del estreno de la película, Pàmies editó también London Boulevard, una novela independiente que promete ser igual de buena que el resto. Luego ya nada de nada, Bruen es solo un recuerdo en este país con todas sus novelas saldadas, así que si os cruzáis con cualquiera de ellas, compradla por Dios.

Después de jodernos bastante con la las novelas de Jack Taylor; un personaje siempre melancólico, entrando y saliendo del alcoholismo y dándonos a los lectores un disgusto tras otro, Bruen cambia totalmente de registro en esta otra serie y nos presenta a dos personajes totalmente diferentes a Taylor. Roberts y Brant son muchos más duros que Taylor, más seguros de sí mismos, más violentos, y, lo que marca la diferencia en cuanto a Taylor, Roberts y Brant no tienen la ética, ni la humildad, ni mucho menos la humanidad y lealtad que definen a Jack Taylor.

Roberts y Brant son dos descerebrados con placa, el primero inspector y el segundo sargento. Los dos ostentan cargos con poder donde pueden humillar a todo el que esté por debajo de ellos. A veces incluso por encima. Son maleducados, mal hablados, chulos, chanchulleros, vengativos, machistas, soeces, lo que queráis. Pero molan un huevo. Entendedme, no son desagradables al nivel de Evert Bäckström, estos son así porque la vida los ha hecho así, son unos capullos, pero en el fondo son buenos tíos.

Roberts y Brant ya han jugado todas sus cartas en la comisaría, están a un paso de ser expedientados y que les den una patada en el culo a cada uno y los manden a casa para siempre. El capitán está al día de la brutalidad de Brant en los interrogatorios, de que se pase las normas por el forro, de que use su placa para no pagar prácticamente nada de lo que compra. Incluso los lingotazos. También está al día de que Roberts haga la vista gorda con Brant, de que le cubra todas las cagadas, de que se escaquee, de sus extorsiones y de sus amenazas a terceros. Los dos necesitan un Gran arresto, uno de esos que borre de un plumazo sus malas reputaciones y deje sus expedientes más limpios que el culito de un bebé.

Y es entonces cuando aparecen El Árbitro y La banda de la E. El primero es un psicópata que se dedica a matar a jugadores profesionales de Críquet, tiene una fijación con ellos, y ha empezado una venganza personal. Los segundos son cuatro veinteañeros blancos (nótense las cursivas) encabezados por un maníaco paranoico que quiere limpiar el barrio de yonkis, traficantes y demás escoria. Y su manera de limpiar el barrio es colgar a los susodichos de las farolas.

Aunque en esta novela Bruen cambie de personaje y de escenario (con Jack estábamos en Irlanda y con R&B estamos en Londres) el estilo que emplea para escribir esta nueva serie es el mismo estilo único que le caracteriza; ese estilo parco, ahorrativo, directo, Bruen no es de los que pierde el tiempo en florituras, en descripciones innecesarias (¡que me aspen! ¡Yo me di cuenta que Falls era negra diez páginas antes de terminar el libro!), en relleno que no va ninguna parte. Bruen establece un juego con el lector, él te da una parte de la historia y tú tienes que rellenar los huecos vacíos. Eso se traduce en capítulos cortos o muy cortos, cosa que me fascina y que le da un ritmo a la novela endiablado, y en esos capítulos incluso cabe la posibilidad de que dos tramas estén mezcladas, apenas separadas por un punto y aparte. Si uno no está atento, puede desorientarse.

No a todos los lectores les gustara el estilo de Bruen, hay que entrar en el juego, hay que prestar atención y te tiene que gustar como Bruen construye las tramas. Además de que sus libros suelen ser duros, con un vocabulario sin filtros y con ese maravilloso don para hacer personajes extraordinarios y bastante trillados.

Y como no podía ser menos, El gran arresto también está plagada de ese humor negro tan característico del autor, esos diálogos afilados y cortantes, esas constantes menciones musicales y esas alusiones a otros autores de género negro que tanto admira Bruen y que en esta novela, se lleva la palma Ed McBain.

El gran arresto
Ken Bruen
Ed. Pàmies 2008
189 páginas.

El Dramaturgo, de Ken Bruen

07/01/2013

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Play.

Llegados a este punto, hay que joderse.

Ya no hay más Jack Taylor.

El dramaturgo es la cuarta entrega de la serie de Jack Taylor y la última que se publicó traducida en España, allá por 2009. De la tercera entrega de la serie ni rastro en español.

Cabrones.

A estas alturas todos conocemos a Taylor, mi querido Taylor, mi admirado irlandés  y pocas veces feliz Jack Taylor. Pero gracias a la cabronada de no publicar The Magdalen Martyrs, la tercera entrega de la serie, en El dramaturgo Jack es un hombre totalmente nuevo; ha pasado de:

Bebedor incurable, autocompasivo exacerbado, honesto, cabezota, contestón y cocainómano.

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Ex bebedor, ex cocainómano, ex fumador, tolerante con un cierto toque optimista, parroquiano asiduo a la iglesia los domingos  y, si me apretáis un poco, hasta romántico.

Y nos hemos perdido el proceso por el camino.

Volver a Ken Bruen, volver a esa sensación de opresión y dureza, volver a esa asfixia, a esa tensión que sientes cuando te aprietan las pelotas, ¿RECORDAIS?

Pero en El dramaturgo, Bruen esta más moderado, como su personaje, más relajado, más reflexivo, y nos ofrece una novela más templada; Jack esta curado, pero no deja de pensar en ello, no deja de ver fantasmas, de luchar contra ellos, no deja de pensar y pensar, eso que se le da tan bien cuando está sobrio.  Jack está siempre midiendo, calculando su nueva vida de sobriedad, de abstemia. Pero eso no quiere decir que pueda esquivar los golpes, Jack es Jack de principio a fin y la abstemia no va a cambiar ciertas cosas.

Cáustico, contestón, borde, irónico, Jack, Jack, Jack, Jack, nuestro hombre que resurge de las tinieblas una y otra vez, y que parece que esta vez se va a mantener a flote. Precario, pero a flote. Siempre, en las novelas de Bruen, lo más importante es ver cómo Jack se destruye y se rearma, se destruye y vuelve a armarse, pieza a pieza, cómo asistimos a esa supervivencia, cómo compartimos esa malograda vida, auto malograda y auto destruida vida. Los crímenes son secundarios. Y esta vez, lejos de destruirse, Jack se auto conserva, se mantiene, lucha. Y los crímenes, de nuevo, son secundarios. Os juro que son lo de menos. La figura de Jack llena tanto la novela, la enriquece tanto, que lo que pasa a su alrededor es un espejismo, es relleno, es paja.

Os dije que es imposible no empatizar con Jack Taylor.

Estudiantes que mueren accidentalmente al caerse por las escaleras. Y en las que encuentran un ejemplar del mismo libro debajo de sus cuerpos. Alguien de su pasado le pide que lo investigue. Espejismos. Un grupo de hombres que se toman la justicia por su mano. Patrullas vecinales. Los lanceros. Espejismos.

Supervivencia. Persistencia. Espíritu de conservación.

El nuevo Jack Taylor.

Entré detrás de la barra y me quedé paralizado, un alcohólico frente a la artillería. Todos los chiscos letales allí, a la vista: Jameson, Paddy, Black Bush. En menos de lo que canta un gallo podría ponerme un doble y bebérmelo.

….le serví un baso largo, cogí agua con gas par mí y dejé veinte euros en la caja. Hoy, nada de bebida gratis.

Y aunque he dicho que Bruen está más moderado, no quiere decir que no te apriete poco a poco.

 Poco a poco.

La madre de Jack. Y el círculo que se cierra, la reacción de la comunidad. Y Bruen aprieta. Ann Henderson. ELLA. Y otro círculo que se cierra, dolorosamente. Bruen aprieta más. Jeff y Cathy. Más fuerte. Ronnan Wall. Todavía más fuerte.

Serena May.

Y dejarás de respirar, desearas estar muerto. La última página de El dramaturgo es la venganza de Bruen a tu sonrisa, a tu bondad, a tu creencia en el cambio, es el infierno, la maldad, es Jack Taylor en estado puro, en esencia, sin filtros.

El odio puro.

 

 

El dramaturgo

Ken Bruen

Editorial Via Magna 2009

247 páginas.

La matanza de los gitanos, de Ken Bruen

01/01/2012

Me han cogido de las pelotas y me han sacudido.

Fuerte.

Y cuando creí que iba a vomitar, me han soltado.

Un alivio enorme. Una palmadita en la espalda. Y a otra cosa chaval.

INCAUTO.

Con ken Bruen es un poco así. Maderos no me sacudió tan fuerte como me ha sacudido La matanza de los gitanos. Ni por asomo. La matanza de los gitanos es mejor que Maderos, más rica, mas dura, más áspera. Maderos era más brusca, más seca.

La manera de contar de Bruen es sencilla; es directo, es bueno, es muy bueno. Bruen no cambia los cánones de la novela negra, sigue el camino de muchos otros, pero lo hace de manera muy personal, con detalles punzantes, con un estilo afilado, agudo. Uno de esos maravillosos detalles son las referencias a libros, escritores, poetas  y a escritores de novela negra, son muchas, tantas, que lo mejor es coger una libreta e ir apuntando todos los nombres que Jack Taylor va nombrando. Por las páginas de La matanza de los gitanos pasa Chester Himes, George Pelecanos, Raymond Chandler, Jim Thompson, Ed McBain, James Sallis, David Gates, David Peace y un largo etcétera.

Pero lo que hace diferente y realmente bueno a Bruen es como hace a Jack Taylor.

De Jack Taylor ya hable en Maderos, ex policía expulsado del cuerpo, bebedor incurable, autocompasivo exacerbado, honesto, cabezota, contestón y ahora cocainómano.

Jack baja al infierno en cada caso. Los casos en las novelas de Ken Bruen no son demasiado importantes, la resolución es algo que no esta demasiado presente, quien mató a las victimas no es una gran preocupación. En las novelas de Ken Bruen, al menos en la serie de Jack Taylor, la narración, la historia, el foco, esta sobre Jack; sobre su soledad, su adicción a la cocaína, sus fracasos, sus desilusiones, sobre toda su persona. El caso está, me atrevería ha decir, en un tercer plano, por debajo de toda la mierda que le cubre, por debajo de todo lo que le rodea, por debajo de su línea de flotación. No es extraño entonces que, de los casos, solo hay pinceladas durante el transcurso de la novela, que Jack entre resacas se acuerde que tiene que encontrar ha alguien, que ha de resolver algo, que va siendo hora de ganarse los honorarios que alguien a quien apenas recuerda, le ha pagado.

Pero es enormemente honesto. Así que levantara su culo del suelo lleno de vomito, se quitara el traje arrugado y manchado, se dará una larga ducha, se pondrá un traje limpio, se meterá una raya y saldrá a buscar alguna pista para intentar resolver lo que tenga entre manos. A demás, ara el mismo ritual las veces que haga falta. Hasta dar con el malo.

Es imposible no empatizar con Jack.

Por mucho que beba, por mucho que se drogue, por muy solo que se sienta. Por muchas veces que la cague con las mujeres, por muchas oportunidades que destroce, por muchas veces que llegue tarde.

Es imposible no empatizar con Jack.

En La matanza de los gitanos Jack vuelve a Irlanda después de un año en Londres, vuelve a casa, vuelven los recuerdos. Esta bastante jodido. Enganchado a la cocaína, sin techo donde vivir y con muy poco dinero para vivir. Justo cuando se iba a instalar en el pub de Jeff y Cathy, en una pequeña habitación, un caso le hace cambiar de planes. Alguien esta matando a gitanos, gitanos jóvenes, aparecen desnudos y notablemente descuartizados; manos, pies, algún dedo.  El jefe del clan de los gitanos, el patriarca, le ofrece a Jack una casa y un montón de dinero a cambio de que encuentre quien esta matando a su gente.

Y claro, Jack acepta.

Y entonces es cuando Bruen te coge de los huevos.

No es que el libro sea un thriller, ni por asomo, es que Jack se mete en tu cabeza, lentamente, como una apisonadora. A cada página Jack se va apoderando de ti y te hace sufrir sus vergüenzas, sus perdidas, sus frustraciones. Es como si alguien te inoculara un veneno con una larga jeringuilla, un veneno que poco a poco se extiende por todo tu cuerpo y que te hace  ser  Jack Taylor. Y no puedes dejarlo.

La trama no es rápida, no es sorprendente, no es espectacular. Atomarporculo. La trama de La matanza de los gitanos es  abrumadora. Como un camión de dieciséis ruedas americano, rojo brillante, con un remolque blanco enrome, que se empotra contra un gran muro dejándote absolutamente aturdido. Esa es la sensación que tiene leer a Bruen, aturdimiento. Bruen escribe con tanta lucidez, es tan rico, las tramas son tan redondas, con tanta potencia que te da vergüenza no haber leído a este tío antes.

Y entonces llegan las diez últimas páginas.

Y Bruen te aprieta los huevos con fuerza.

En serio. Con la garganta cerrada como un embudo, con el corazón palpitando a toda velocidad, con todas las neuronas insultando a la vez a Jack Taylor. Así termina uno el último párrafo.

La parte mala. Tendréis que buscar este libro y todos los de las serie de Jack Taylor en vuestra biblioteca, están todos los títulos descatalogados y son caros para comprarlos de segunda mano.  Por dios, que alguna editorial re edite de una vez la serie entera de Jack Taylor.

La matanza de los gitanos
Ken Bruen
Ed. Tropismos 2006 (descatalogada)
211 páginas

Maderos de Ken Bruen

23/05/2010

Llevo detrás de esta novela bastante tiempo. Tropismos, la editorial que la editó allá por el 2005, cerró hace ya tiempo y es muy difícil encontrar sus títulos. Yo juraría que tuve esta novela en las manos, pero igual lo he soñado, de todas maneras si la tuve no la compré, y ahora que me den, por capullo.

Maderos es de esas novelas negras no convencionales, de echo yo creo que es un genero a parte en si misma de difícil definición. Empezando por la manera en que Bruen a escrito la novela. Capítulos cortos,  muy cortos, micro capítulos de una página o página y media que hacen que la lectura sea muy veloz, muy seca, como pequeños sorbos de whisky.

Bruen nos cuenta la historia de Jack Taylor, un cincuentón alcohólico, al que han expulsado de la policía Irlandesa y se ha metido a detective privado. Con lo que supone (nos advierte Jack al empezar el libro) que ha uno lo expulsen de una policía donde esta bien visto beber. Un buen día, Jack recibe el encargo de investigar el suicido de una adolescente, la madre de la chica no cree que su hija se suicidara. En cualquier otra novela del genero, el caso seria una de la bases de la historia, si no la base por completo. En esta novela ni por asomo. Bruen basa la novela en Jack, en la historia de Jack Taylor, en el problema de Jack Taylor, dejando en un segundo plano cualquier tipo de investigación, de indagación, de búsqueda o de averiguación. Jack es incapaz. Jack se pasa los días bebiendo en su Pub lamentándose, mientras su vida se desmorona lentamente y por completo.

No obstante todo eso, Jack, como no podía ser de otra manera, da algunos pasos hacia la resolución del caso, pasos pequeños, vacilantes, a ciegas; que nos darán esos pequeños trazos de toda novela de género negro. Jack es un perdedor autocompasivo, alcohólico, violento y ex policía, pero es un tipo noble y justo.

Es una novela dura y áspera en la mejor tradición del género negro, que nos ofrece una radiografía de la sociedad Irlandesa y de sus individuos, de sus problemas, bajezas e instintos, que los hostigan y golpean. Una novela diferente e inolvidable que a cosechado admiradores allá donde se ha publicado y que en España, como no podía ser de otra manera, incomprensiblemente esta descatalogada.

Por Dios, que alguna editorial la recupere por favor.