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1984, de George Orwell

19/12/2011

¨El objeto de la persecución no es más que la persecución misma. La tortura solo tiene como finalidad la misma tortura. Y el objeto del poder no es más que el poder.¨

 1984 es jodidamente demoledor.

Y es triste y oscura y deprimente. Y acojona un huevo.

Nadie que lea este libro puede apartar de su mente ciertos países en los que la situación aquí contada se reproduce en gran parte.

Un, dos tres responda otra vez, países chungos con represión:

¡República popular China!

¡Rusia!

Y hay unos cuantos más, que sin llegar a hacer una Revolución cultural  y arrasar con todo, también esconden su parte totalitaria, ya sea mediante la religión, el dinero…

Porque en 1984 Orwell nos pinta una sociedad sometida, obligada, borrada. Nuestro querido protagonista, Winston  Smith, vive en Londres, en un Londres ficticio, y trabaja en el ministerio de la Verdad. Allí se encarga de cambiar el pasado a petición de El Partido, cambiar el pasado para que coincida con las predicciones que ha hecho El Gran Hermano. Cambiar cifras de producción, cifras de fabricación, en fin, borra el pasado para que nunca se pueda discutir la veracidad de las palabras de El Gran Hermano.

Porque Oceanía está gobernada por El Partido, a la cabeza del cual está la figura de El Gran hermano, un siniestro personaje que está en todas partes, del que hay imágenes gigantes en todos los lugares, y bajo el que todo el mundo debe arrodillarse. El Partido  somete a su población a estrictas reglas de convivencia (o más concretamente de supervivencia). Toda la población está vigilada 24 horas mediante las telepantallas, unos funestos aparatos instalados en todas las casas, cafeterías, lugares de trabajo, calles y en cualquier lugar de paso o donde sea susceptible el paso o la reunión de personas. Además también hay instalados micrófonos allí donde no llegan las telepantallas. Por si eso fuera poco existe la Policía del Pensamiento, un horrible grupo policíaco que parece leer los malos pensamientos en contra del partido, una policía que te detecta aunque tu pensamiento en contra del partido haya tenido lugar hace mucho tiempo…

Hay que vivir bajo las reglas de El Partido, no hay otra posibilidad, cualquier otra cosa es castigada con la tortura o la vaporización, o sea la muerte.  El Partido raciona la comida, raciona los zapatos, raciona los cigarrillos, los pijamas, lo raciona absolutamente  todo, no hay alcohol, solo se puede beber un derivado de la ginebra, algo que pretende ser ginebra. De hecho todo es un derivado de algo, beben un sucedáneo de café, comen sucedáneo de carne, sucedáneo de chocolate…

Todo, todo, todo está bajo supervisión de El partido. Los únicos a los que se deja a su aire es a los llamados proles. Los proles constituyen el ochenta por ciento de la población y están considerados por El Partido algo más que animales. Representan para El Partido lo más bajo del ser humano, no les tienen en cuenta para nada y les otorgan una mentalidad simple y llana, les permiten la prostitución, la bebida y las drogas, consideran que son tan simples que nunca se revelaran contra El Partido y les dejan margen para la convivencia.

Nuestro amigo Winston Smith vive solo, es un buen afiliado del partido, un buen ciudadano, pero por mucho que te intenten educar, uno acaba teniendo inquietudes, se hace preguntas, las cosas no le cuadran…

1984 es una novela dura, que, quieras o no, te remueve la conciencia, es de esas novelas toca pelotas que te hacen sentir incómodo. No os descubro nada, la mayoría la debéis saber, pero es una novela prácticamente obligatoria. Y en los tiempos que corren esta novela asusta, por su familiaridad, por su aura, por su resolución…

No es una historia esperanzadora.