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La profundidad del mar amarillo, Nic Pizzolatto

18/12/2015

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Me ha asaltado la estúpida idea de que Pizzolatto nunca ha querido ser escritor. De verdad. Lo he pensado mientras terminaba La profundidad del mar amarillo. Creo que estos relatos son una amalgama de los autores que han influenciado a Pizzolatto durante su vida. Que son una mezcla imposible de estilos y de influencias. He reconocido en ellos los ambientes y los personajes de James Lee Burke, la sequedad de Joe R. Lansdale o incluso la lírica de James Sallis. Y creo que Pizzolatto no iba (demasiado) en serio cuando los escribió.

Luego pienso que fue lo primero que escribió. Y luego me acuerdo de Galveston.

Así que lo que creo que ocurrió es que el bueno de Nic escribió algunos relatos, y unos cuantos de ellos fueron publicándose en revistas como The Missouri Review, Best American Mystery Stories o The Atlantic Oxford American. Y entonces él, o alguien de su entorno, pensó que sería buena idea reunirlos en una antología y publicarlos. Una antología a la que llamaron Between Here and the Yellow Sea.

Quizá los relatos de Pizzolato funcionen aislados, sueltos, en otro contexto, como parte de otra cosa; de una revista, entre otros textos, no sé. Pero reunidos ofrecen un conjunto extraño, cojo, inconexo, ésta profundidad del mar amarillo aprueba justo, con una media baja, no brilla. Para mi gusto hay demasiado de otros autores, estos relatos parecen escritos para uno mismo, como un juego.

La antología empieza floja, Pájaro fantasma y La vigilia de Amy son relatos a los que no les veo nada, nada de lo que espero en un relato, nada que haya despertado mi curiosidad, nada que me haya estimulado. El primero, sobre un guarda forestal que hace salto base en paracaídas, un tipo nocturno, con una vida ordenada y metódica. Un relato plagado de filosofía oriental que para mi gusto rompe el tono lírico que Pizzolatto, un poco forzado, quiere imprimir a la historia. El segundo, un amor del pasado que no se olvida y que se suple con un amor artificial, una chica embarazada, un tipo mayor que ella, todo muy adolescente y con una moralina un poco absurda.

1987, en las carreras podría ser un relato mejor si Pizzolatto no se empeñase en ser tan dramático. El relato de un tipo que es un perdedor nato, separado y que pierde los papeles de manera patética delante de una mujer que no está a su alcance es lo suficientemente interesante para remontar un poco el mal comienzo de la antología. Si todo eso lo ambientamos en un hipódromo y al tipo le ponemos un hijo adolescente que ve como su padre se hunde en el barro, tenemos un buen relato. Si Pizzolatto se hubiera ahorrado un poco de dramatismo y le hubiera imprimido un poco más de punch, el resultado sería aún mejor.

Dos orillas es uno de mis favoritos, ya está mucho mejor escrito, los personajes tienen más cuerpo y la historia tiene lo que le pedimos a un relato. El viejo Sur empieza a estar presente y se reconoce a Burke en algunos pasajes. Tanto es así que uno de los personajes clave de esta historia se apellida Robicheaux como el magnífico detective creado por el ya mencionado James Lee Burke.

La profundidad del mar amarillo, para mí el mejor relato de la antología, un relato magnífico, intimista, potente, triste y tremendamente conmovedor. Bob y su antiguo entrenador de futbol americano, emprenden un viaje desde Texas hasta California para secuestrar a la hija de éste último, huida de casa hace años y que en California se dedica al porno. El relato tiene un punto surrealista delicioso, pero al mismo tiempo destila tristeza por los cuatro costados. Los escenarios, los personajes, la suerte de road-movie que es todo él nos hace ver lo que más tarde se convertirá en Galveston.

El gremio de ladrones, mujeres extraviadas y Sunrise Palms, es otro de mis favoritos y, de nuevo, otro que bebe claramente de autores sureños. Poblados de caravanas, parias, mugre, tristeza, un tipo que no tiene nada en el mundo, soledad.

La plantilla y Tierra acosada vuelven a bajar el ritmo y la calidad de la antología. El primero es triste y de nuevo algo dramático, podría tener algo, pero la protagonista es algo insulsa. El segundo es, de nuevo, un relato de adolescentes, sobre dos adolescentes que se magrean y que nunca van más allá. Por si fuera poco hay una subtrama sobre la fiebre que invade a la gente del pueblo por esperar la llegada de los extraterrestres y que se pasan el día y la noche mirando el cielo. Un desproposito.

Nepal esta tan fuera de lugar, es tan aburrido y es tan largo, que lo mejor que podéis hacer es saltároslo.

Y cierran la antología Busca y captura y Tumbas de luz. El primero de ellos excelente, un relato negro sobre la soledad y la incomprensión, con un toque de humor pero de fondo triste y melancólico. El segundo un relato más sobrio, un relato sobre la pérdida y la obsesión, la soledad, el abandono, la vejez. Dos relatos bien escritos y sólidos que cierran una antología extraña y desigual.

Aun siendo esta antología lo primero que publicó Pizzolatto, creo que es bastante cuestionable la elección de los relatos. Son demasiado desiguales en calidad y a un lector medianamente exigente no le pasara por alto que el conjunto no funciona demasiado bien. A muchos relatos les falta profundidad, alma, punch.

Pizzolatto ha centrado su carrera en ser guionista y ha abandonado, de momento, la de escritor. Quizás no se sienta cómodo en ese papel y yo tenga razón, quizás su idea nunca fue la de ser escritor. Quién sabe.

La profundidad del mar amarillo
Nic Pizzolatto
Salamandra Black 2015
293 páginas.

 

Galveston, de Nic Pizzolatto

29/08/2014

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¨No sé si mi cuerpo recordó de pronto todo lo que me habían hecho, pero el terror me atenazó las pelotas, el corazón y la garganta. Sentí el frío metal del revólver en mi mano y la idea de utilizarlo me pareció de pronto irrealizable; sólo de pensarlo me quedaba paralizado. Todo mi cuerpo estaba como atenazado por el pánico. No tenía la menor idea de que me hubiera vuelto tan sumiso.¨

Estoy empezando a descubrir, llegados los cuarenta, qué escenarios me seducen más del género negro. Qué mecanismos me hacen quedarme y qué otros alejarme de la lectura. Con qué tipo de personajes me llevo mejor y qué otros encuentro insufribles. Será la madurez. También empiezo a mirar de reojo las Harleys y los Ford Mustang. Y bebo más cerveza que nunca.

Y sonrío poco.

Era imposible que no me gustase Galveston.

Lo leí en mis deliciosas vacaciones; entre gritos, salpicaduras, cerveza tibia y caras de ya-basta-estamos-de-vacaciones. No es digno leer en bañador, y mucho menos untado de crema, entre pechos al aire, muslos blancos y espaldas abrasadas. Pero ya sabéis, así está la cosa.

Cuando uno empieza identificar todas esas cosas de más arriba, aunque sea tarde, es cuando empieza de verdad a disfrutar de la literatura, es cuando empieza a seleccionar mucho más, a identificar si algo funciona o no funciona y porque lo hace, empieza el conocimiento de uno mismo, si uno no se conoce de antes, que no es mi caso, y se puede disfrutar mucho más de los libros. O al menos es lo que me pasa a mí.

Galveston tiene todos los ingredientes, todos los matices, los mecanismos y recovecos que he ido coleccionado, todas esas cosas que me gustan de una novela, todos juntos, en una misma trama, en una misma historia. Pizzolatto no solo escribe bien, sino que además parece conocer el alma humana como nadie, la exprime, la prensa, para sacar de ella todo cuanto habita, todo cuanto ha vivido.

Galveston tiene una muy buena trama, pero no es una historia convencional donde se apoye el peso de la novela. El peso de la novela lo llevan los personajes, los pilares son sus vidas, su pasado, sus acciones, sus decisiones. El resto es un maravilloso decorado tejido con exquisitez y detalle, con sequedad y polvo, con sudor y sangre, con frustración y violencia.

Roy Cody se gana la vida de gánster, de gánster un poco de segunda. Hasta que un día cae en una encerrona de la que logra salir con vida por muy poco. Con vida y con una puta casi adolescente que se le ha pegado como una hija a la que le falta un padre. La chica se llama Rocky, es preciosa, mal hablada, llama la atención y tiene un pasado más oscuro que el fondo de un pozo. Justo lo que necesita Roy. Al salir con vida de la trampa, Roy y Rocky han de huir de Nueva Orleans si quieren salvar el culo, así que Roy decide bajar a Galveston, Texas.

Galveston podría ser una road-movie o road-novel si la trama tuviera el peso que normalmente se le atribuye a este tipo de novelas de género, o si fuera un thriller, si estuviera concebida como un bestseller. Pero como ya he dicho esta novela va más allá y el conjunto es más un viaje al pasado, un golpe con efecto que va rebotando en las vidas de los personajes, que los despoja y los viste y los vuelve a despojar de sus emociones, de sus ilusiones, de sus creencias. Un viaje –un poco como aquel que hacen Lee y wild en Por mal camino– lleno de pliegues, de sensaciones, lleno de reproches, de fallos, de pérdidas, de curvas y de amistad.

¨Hay ciertas experiencias a las que es imposible sobrevivir, y después ya no existes del todo, incluso si no has llegado a morir.¨

Que Pizzolatto es un creador nato de personajes lo sabemos, lo intuimos, es guionista de una de las mejores series que se está viendo en televisión en los últimos años, y en Galveston –anterior a la serie- ya da una buena muestra de ello. Pero no solo en los principales, los secundarios –Tiff, Nancy, Dehra, Nonie, Tray,Lance– están a la altura, son fuertes, definidos, unos secundarios de lujo, un conjunto de personajes entre oscuros, tiernos, crueles y desconfiados, una galería donde escoger, donde identificarse.

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Pizzolatto ha escrito una novela que no le debe nada a nadie, una novela redonda, potente, oscura, triste, una historia de redenciones y también de pérdidas, cruel y a veces dulce, seca, áspera. Con guiños a James Lee Burke y a esa tierra que tan bien conoce, Luisiana. El chico de Nueva Orleans está a la altura de su fama, y cualquiera que lea Galveston lo comprobará; estilo depurado, poderoso, con clase, seco, directo, sin rellenos, con un punto lirico, un estilo con mucha personalidad.

Magnífica la traducción de Mauricio Bach para Salamandra Black que respeta toda la esencia y dureza del texto, sin duda no debe de haber sido fácil.

Galveston es toda una declaración de intenciones por parte de Salamandra Black, una apuesta radical por la calidad, algo que ya intuíamos sabiendo quien hay detrás. Siempre es difícil empezar una colección nueva, y más cuando se espera tanto de quién la dirige y se habla tanto de su primera apuesta. Bueno pues ya la tenemos aquí. Y joder, yo creo que esta gente ha venido para quedarse.

Pizzolatto ganó con Galveston el Barnes and Noble Discovery Award en 2010 y quedó finalista del premio Edgar a la mejor primera novela también en 2010. En 2011 gano el Spur Award a la mejor primera novela, concedida por la Western Writers of America. Y en Francia, el mismo año, ganó el Prix du Premier Roman étranger (premio a la mejor primera novela).

Galveston
Nic Pizzolatto
Ed. Salamandra, Colección Salamandra Black
288 páginas.