Con lo convencido que estaba yo que me encontraría una novela simplona y de risa fácil. Con ese título. Con esa portada tirando descaradamente al Pulp.
Y no. No ha sido así. Marciano, vete a casa es una novela que se ríe de sí misma, se ríe del género de la ciencia ficción, Brown se ha reído hasta de sí mismo en esta historia creando un escritor de ciencia ficción que sufre un bache creativo y no puede escribir ni una sola línea.
Pero todo, lejos de ser sumamente divertido, es un poco trágico.
Luke Devereaux es un escritor de ciencia ficción, un poco pulp, que está pasando una mala época creativa, cobrados varios anticipos de su editor y sufriendo las llamadas y la persecución de éste, decide aislarse en una cabaña en medio del desierto que es propiedad de un buen amigo suyo. Allí la cosa no mejora demasiado, hasta que cierta noche después de cuatro vasos de licor y pensando en un nuevo argumento…llaman a la puerta de la cabaña.
¿Y quién es?
Imaginad.
Y resulta que están por todas partes, en todo el mundo, y que no son precisamente simpáticos y alegres, ni tampoco despiadados y asesinos; son unos cabroncetes arrogantes y contestones que se limitan a estar ahí, a jorobar con su presencia, a contarlo todo, porque lo saben todo y lo dicen todo. Imaginad, ya no hay secretos, para nadie, para ningún estado, ningún gobierno, ninguna pareja…
Resulta curioso cómo está planteada la novela, cómo Brown describe las diferentes etapas de la invasión, cómo hacen de las suyas los marcianos, tan arrogantes y capullos. Cómo la población mundial deja de hacer cientos de cosas, cómo son sometidos silenciosamente, sin armas, sin fuerza, sólo con la presencia, con la fuerza de romper sus rutinas.
Y eso es lo más chocante, porque Brown lo hace muy bien, casi sin querer, y tiñe la novela de una sutil capa de tristeza y melancolía, de desconsuelo.
Y además, no es precisamente una novela ligera, no es un tostón, cuidado, pero a través de Luke y de las cosas que le suceden, Brown nos habla de la locura, del solipsismo, de la soledad…
Pero pese a todo no es una novela triste, aun con todo lo que he contado, la historia es gamberra y con una buena dosis de humor negro, empezado con los marcianos. Brown dosifica bien y encuentra el nivel justo para que sea una buena novela de marcianos con un punto disparatado y momentos divertidos y al mismo tiempo una buena historia con la que reflexionar, por si nuestras vidas de repente se vieran interrumpidas por una invasión inesperada de pequeños marcianos arrogantes, bocazas y tremendamente seguros de sí mismos.
Marciano, vete a casa
Fredric Brown
Martinez Roca 1982
166 páginas.