Pista negra, de Antonio Manzini

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Parece que los autores italianos de género negro vuelven a coger fuerza en nuestro país. Aunque siempre han estado presentes desde la década de los ochenta, fueron sobre todo dos grandes autores los que le dieron total visibilidad y con los que Italia vivió una auténtica edad de oro criminal. Hablo por supuesto de Donna Leon y Andrea Camilleri.

Con ellos, Italia se metió en muchas casas de lectores de género que hasta el momento solo habían leído a los clásicos de la novela negra americana, y con suerte unas pocas españolas y quizás algún que otro exótico Mankell. Italia cuajó y su fama creció de manera exponencial a lo que lo hacían las series de Brunetti y Montalbano. Las series se afianzaron y fidelizaron un público que, a día de hoy, sigue comprando cada entrega de la serie casi como si fuera la primera.

Eso fue el boom, el inicio, lo que abriría el camino a otros autores que llegarían un poco más tarde, con unos lectores ya familiarizados con los ágapes deliciosos, los aromas, los paisajes, el talante y los peligros del país de la bota. Detrás de estos dos gigantes del género llegarían autores tan reconocidos como Giorgio Scerbanenco, Carlo Lucarelli, Marco Vichi, Massimo Carlotto o el controvertido Roberto Saviano y su Gomorra. Y por supuesto no podemos olvidar a Maurizio de Giovanni y su conocida serie del Comisario Ricciardi, a la que acaba de sumar una serie más, la del Inspector Lojacono. Precisamente ha sido Giovanni el que, después de unos años de sequía en cuanto a autores y de monopolio Camilleri-Leon, ha vuelto a poner a Italia en las mesas de novedades.

Como se ve, el panorama criminal italiano se ha ido haciendo en nuestro país un hueco nada desdeñable, sumando autores poco a poco y enmarcando el género negro en una especie de corriente de novela negra mediterránea (junto a los griegos y los franceses) que está un poco alejada de la crudeza y oscuridad que nos llega de otros países con más tradición negra.

Y como no hay nada mejor para un sello de novela negra que el eclecticismo, Salamandra Black deja de lado su americanismo de novelas anteriores y apuesta con fuerza por una novela mediterránea, italiana y gamberra.

Antonio Manzini (Roma 1964) es actor y director de cine y teatro además de escritor, ha publicado dos novelas y varios relatos breves, algunos de ellos con Niccolò Ammaniti. Pista negra es su tercera novela y la primera de la serie del subjefe de la policía de Roma Rocco Schiavone.

Pista negra se enmarca en ese tipo de novelas de las que os he hablado alguna vez cuando me refiero a las de Camilleri, esas novelas sin crudeza, tranquilas, con grandes dosis de humor, historias cercanas y reconocibles, con continuos guiños, con personajes muy humanos, cargadas de verborrea y de cierta socarronería políticamente incorrecta. ¿Será eso una característica de los italianos? Parece ser, tendré que leer más para averiguarlo.

Manzini sitúa la trama en un paraje bastante idílico, el valle de Aosta en Los Alpes Italianos, concretamente en el pueblo que da nombre al valle, Aosta. Nuestro querido e insubordinado subjefe de policía Rocco Schiavone ha sido trasladado allí desde su querida Roma por un pequeño incidente con el hijo de alguien demasiado poderoso que no tuvo ningún reparo en hacer que lo desterraran al paraje más lejano y dejado de la mano de Dios que había en Italia.

Schiavone es un hombre sofisticado, amante de lo bueno y lo caro y acostumbrado a una ciudad en ebullición como Roma, así que los Alpes italianos no estarían entre sus destinos predilectos donde acabar su carrera de policía. El frío, la ropa gruesa, el provincianismo, la nieve, las distancias entre cualquier punto y la pasividad de un pueblo pequeño hacen que su ya natural tendencia al mal humor aflore de manera desaforada, convirtiendo al pobre Schiavone en un tipo borde, faltón, despectivo y con tendencia ridiculizar a sus subordinados a la mínima posibilidad.

Schiavone tiene una escala muy personal de cosas que más le tocan los cojones, entre ellas están: los centros comerciales, los bancos, las oficinas de correos, los dentistas, los parientes, las cenas de trabajo, el teatro, los estancos cerrados, encontrarse con alguien que te suelta rollos interminable y, muy arriba en la lista, hacer vigilancias con agentes que no saben lo que es una buena ducha. Aunque la tocada de cojones non plus ultra en el top diez para Schiavone es: tener que apechugar con un caso.

¿Es para quererlo o no? ¿Eh?

A una hora y media en coche montaña arriba desde Aosta se encuentra Champoluc, un pueblo aún más pequeño que Aosta y que sirve de excusa para la gran estación de esquí que allí hay emplazada. La desgracia para Schiavone es que en uno de los atajos que une dos pistas de esquí, una maquina pisa nieves…ha pisado el cadáver de un hombre.

Cabreado, helado, mojado y muerto de sueño, nuestro cascarrabias tendrá que subir a ver qué demonios ha pasado más allá de lo que él creía que era el culo del mundo, arriba en la montañas, donde el frío es capaz de cortarte la respiración sin salir del coche.

Manzini construye una novela con una trama procedimental clásica donde Schiavone investiga, sigue las pistas y deduce hasta resolver el caso. Un caso por otro lado, que sirve un poco en este tipo de novelas, para que conozcamos al personaje principal y su entorno, para que nos adentremos en su pasado y en vida interior, un caso a través del cual se nos desvelan los porqués de su castigo, de su carácter, de su personalidad.

La gracia es que Manzini ha construido un personaje que bebe indiscutiblemente del Montalbano de Camilleri (incluso hay dos subordinados de Schiavone que me gusta pensar que son un claro homenaje a Catarella) pero al que ha dado la suficiente personalidad como para que no se parezca en nada a Montalbano. Ese juego de ser y no ser, de poder ofrecer a los lectores algo reconocible pero nuevo, dotarlo de tu imaginario al mismo tiempo que no pierdes de vista el posible germen del personaje, es una de las cosas que me ha seducido, porque Schiavone es único por supuesto, incluso es tan políticamente incorrecto que en su mismo despacho fuma marihuana, por no mencionar otras cosas que descubriréis en la novela y que se apartan bastante de lo que entendemos por la ética de un policía. Pero al mismo tiempo es un tipo al que las mujeres lo traen de cabeza (guiño) al que la buena comida le apasiona (guiño), que vive sumido en la nostalgia (guiño) y que tiene problema con sus superiores (guiño).

Así que poco más puedo decir, Manzini pone en esta novela las bases de una serie y de un personaje que da para mucho y del que hemos visto apenas un parte, un Schiavone peleón y cabezota que tiene pinta de querer dar guerra unos cuantos libros más. A ver si hay suerte y Salamandra Black nos trae las siguientes entregas de éste protestón irredento llamado Rocco Schiavone.

Manzini no será un transgresor del género, ni un innovador, pero demonios, es que no le hace ninguna falta.

Pista negra
Antonio Manzini
Salamandra Black 2015
250 páginas.

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3 comentarios to “Pista negra, de Antonio Manzini”

  1. dsdmona Says:

    Otro que apunto a la lista!!!

    D.

  2. Juan Carlos Says:

    Me ha gustado tu reseña. Si se parece, como dices, a Camilleri salgo ahora mismo a comprarlo.

    Un abrazo

  3. La costilla de Adán, Antonio Manzini | Viaje alrededor de una mesa Says:

    […] costilla de Adán, segunda entrega de la serie después de Pista negra, ya no le debe tanto a Montalbano, ya empieza a agrandar las bases que se plantaron en Pista negra […]

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