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El Gran Dominó, de Ray Planet y Sergi Llauradó

21/01/2013

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¨Si aguantaba unos años más, cumplía las normas, y hacía las cosas bien, tarde o temprano llegaría el momento adecuado en el que libremente podría volarle la cabeza a alguien.¨

Y eso lo dice un tío con una placa dorada muy brillante, un permiso de armas en curso, y una bonita pistola guardada en su funda sobaquera. Y que además ha pasado un montón de exámenes mentales.

Pero estas cosas ya se saben.

El tema es, que si fuera el único no habría problema, un policía desquiciado en toda una comisaría, no es un problema. El problema es que toda la puñetera comisaría de la calle Gold está absolutamente desquiciada. Desquiciada a niveles patológicos. Y eso es un problema.

No deja de sorprenderme cómo nos llegan a veces los libros. Con tantos inputs constantes por todas partes, a veces es complicado filtrar la información y hacerse una idea, ni que sea aproximada, sobre algo en concreto, sobre un libro por ejemplo.

El Gran Dominó fue un pequeño reflejo, fugaz, rápido, y breve en el cargadísimo TL de mi cuenta de Twitter. Un ReTweet entre cientos. Pero lo vi a tiempo, gracias a Dios.

Tire del hilo y descubrí una  bomba de relojería.

El Gran Dominó es una amalgama de novela de comisarías, de métodos policiales y de policías, con una buena dosis de ambiente desquiciado, de frustraciones, de fracasos, de egos destrozados y de egos inflados, de locura y demencia, de acoso, de venganzas y de equivocados modelos a seguir.

Una auténtica locura.

La novela está ambientada en Brooklyn, Nueva York, concretamente en la comisaría de la calle Gold. El jefe de esa comisaría es Edward Feist, un cabronazo borde, antipático, maníaco, vengativo, severo y un auténtico obsesivo de  su rutina; un pedazo de hijo de puta. Pero no está sólo. La mayoría de los policías de esa comisaría son uno maníacos, unos cabrones, son infelices, están deprimidos, frustrados, son drogadictos o en el mejor de los casos meten la pata hasta el fondo.

No es una novela convencional, lo parece, pero no lo es. No he podido dejar de sentir una extraña sensación cuando lo leía, una especie de nerviosismo constante cercano a la ansiedad, esa sensación de ¿Qué coño está pasando? Algo como…intentar correr con una bolsa de plástico en la cabeza.

Asfixia

Creedme.

Esta novela es como el ácido, debe ser como beberse un buen trago de ácido, te quema por dentro, los ojos se desorbitan, te falta la respiración y se acelera el pulso.

Siempre esa sensación de que algo no va bien, durante toda la novela.

Ray y Sergi han escrito una novela rápida y contundente, una novela que empieza con un asesinato y acaba con el peor error que un ser humano puede cometer. ¿EGO? , veréis las peores variantes y usos de esa palabra, ésta novela no os va a coger de las pelotas como otras, ésta os cogerá del cuello y apretará con fuerza.

Asfixia.

Pese a tanto policía, ésta es, desde luego, una novela negra; en pocas veréis tanta inquina entre compañeros, tanto mal junto en tan poco espacio, tanta falta de moral, de juicio y de honestidad.

¨Todd notó de repente esa sensación en sus párpados; un enorme peso parecía intentar cerrarlos. Acababa de ser humillado, pero por primera vez en su vida, parecía darle igual. La sonrisa final de Carson acabó con las pocas fuerzas que le quedaban. No tuvo que pensar demasiado para darse cuanta; no existían más excusas que lo anclaran allí. No sabía por qué, pero a lo mejor Carson tenía razón. Ni siquiera contestó, sólo se giró y caminó cansinamente hasta la puerta que le conduciría, esta vez sí, a rellenar un par de formularios especialmente diseñados para ocasiones como esa.

Su jubilación anticipada acababa de empezar.¨

Buscad un agujero donde meteros un par de días, acumulad comida y agua, cerrad la puerta, y no salgáis hasta que sepáis por qué coño Raymond Nelly es una auténtica bomba apunto de estallar.

¨Ojalá la verdad pudiera ser contada en cualquier momento, ojalá las personas aceptaran siempre los buenos consejos, ojalá la razón siempre venciera y ojalá la gente pidiera perdón.¨

 

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El Gran Dominó

Ray Planet y Sergi Llauradó

Punto Rojo Libros 2012

248 páginas.