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Todos muertos, de Chester Himes

15/12/2014

TODOS MUERTOS CHESTER HIMES

Chester, Chester, Chester. Lo que me llega a gustar este hombre. Poco me acuerdo de lo diferente que es al resto, de su manera loca de tejer novelas, de sus buenos personajes, de sus dos Hombres duros. Con lo que disfruté leyendo Por amor a Imabelle.

No voy a poner la excusa de siempre, si no leo más a Himes es porque soy un capullo, aunque a partir de hoy tengo una excusa nueva y de mucho peso, luego os la cuento.

Todos muertos es la quinta novela de La serie de Harlem, que como ya sabéis tiene como protagonistas a Ataúd Ed Johnson y Sepulturero Jones, los dos detectives negros más duros y bestias del hardboiled.

Se supone que después de Por amor a Imabelle debería haber continuado con La banda de los musulmanes, que es la segunda, pero a saber en qué estaba pensando cuando compré Todos muertos y no La banda de los musulmanes. Bueno, sí que lo sé, Todos muertos me costó apenas dos euros, y venía aún con el film original de fábrica, está tan nueva que parece que se imprimió ayer. Así que ya que la tenía en casa, me decidí a leerla antes que la otra. Sobre todo porque la serie de Harlem se puede leer suelta, no importa demasiado, salvo un pequeño incidente en la cara de uno de los detectives en la que aterrizó un poco de ácido…

Por lo demás es una serie que admite leerla alternando títulos, además de que la podéis encontrar toda de segunda mano a precios muy, muy populares.

Pero hablemos de Todos muertos.

Harlem en plena noche, las calles vacías, alguien roba las ruedas de un coche y presencia lo que a todas luces es un atropello. El ladrón, escondido tras el avistamiento y a la espera de seguir con su faena, ve, incrédulo, como la victima del atropello se levanta y, justo cuando lo ha conseguido, es atropellado de nuevo, y esta vez mucho más violentamente, tanto, que la pobre víctima sale volando y es empalada por una cañería y se incrusta en la pared. Nuestro ladrón emprende la huida como si un demonio lo persiguiera. Al mismo tiempo, los integrantes del primero vehículo son interceptados por la policía que ha presenciado el atropello…

Pero como cada noche, parece que Harlem ha enloquecido, la policía recibe avisos sin parar; al parecer alguien está torturando un perro, un hombre ha llamado porque afirma que las monjas han organizado una orgía, una mujer asegura que han matado y violado a una mujer en plena calle y dos patrulleros llaman desde una cabina porque dicen haber sido atacados y pisoteados por un platillo volante que está recorriendo el barrio.

Una noche como todas. Hasta que llama el camarero de un bar en la calle París, dice haber sido testigo de un doble asesinato en plena calle y que un tercer hombre está también en el suelo inconsciente…y allá que van nuestro dos detectives.

Himes ha construido una novela bastante loca, como va siendo un la norma, llena de humor negro, diálogos afilados, culturas contrapuestas, violencia y una fina ironía impresa en cada párrafo. En Todos muertos, Himes alude al mundo político y a su potencial como estructura sobornable, a los cientos de tentáculo que despliega para llegar a todas partes. Aunque lo hace de manera muy suave y no centra la novela en eso ni de lejos. Himes se centra más en el momento, sus novelas parecen estar escritas para disfrutar de la acción misma que está sucediendo, sin importar demasiado lo que vendrá después. Tiene un punto de algarabía, de enredo, de folletín que no va más allá de unas cuantas páginas. Es precisamente eso lo que a mí me seduce tanto, esa aparente falta de previsión en la trama que hace que leer a Himes sea como montar en una montaña rusa en la que vas dando bandazos, en la que subes lentamente para luego bajar a toda velocidad en una alocada y surrealista persecución, en la que giras hacia la derecha, luego hacia la izquierda, vuelves a bajar en otra persecución donde ¡hay un motorista sin cabeza!, para llegar al final y parar con un golpe seco donde la cabeza da un par de bandazos antes de saber dónde demonios está.

Así es leer a Himes.

Siempre con ese estilo directo y duro, con esa construcción de ambientes tan sólida y un poco lírica y oscura, con esas segundas intenciones siempre impresas en sus tramas, esas lecturas entre líneas. Y esa acción tan brutal y tan intensa siempre, que apenas te deja respirar, que te lleva de un sitio a otro con un humor tan fantástico como excéntrico; lleno de homosexuales, travestis, policías, negros, blancos, y toda una fauna de gente extraña, loca y al límite de todo.

Pero no todo es bueno. Al principio os comentaba una excusa de peso por la que me planteo elegir con más cuidado las lecturas de Himes, o básicamente, autores editados en los setenta en Bruguera. La traducción. Me gusta comentar cuando una traducción es buena, me encanta decirlo, es un trabajo que admiro y que si no se hace bien te destroza totalmente un libro. Cuando es regular no suelo decir nada, y cuando es mala lo digo bajito. Pero esta vez tengo que advertir a los futuros lectores de esta edición de Todos muertos en Libro amigo de Bruguera, la traducción es muy mala, pésima, hasta el punto que la trama es difusa, cuesta entenderla, muchos diálogos no tienen sentido, algunas acciones tampoco, es un auténtico despropósito. Cuesta seguir la lectura hasta la desesperación.

No imagino las condiciones de trabajo en 1977, que es la fecha de esta traducción, ni la carga de trabajo que estos traductores debían soportar, pero me puedo hacer una idea. Por eso no diré el nombre de la traductora, mi advertencia es para los que os acerquéis a esta edición, para que vayáis preparados, en ningún caso me quiero cargar a la traductora que en aquellos años y en estos libros de tirada semanal, bastante tendría ya la pobre.

Pero que la traducción no os haga pasar de Himes, es un autor brutal y al que hay que leer sí o sí, podéis empezar por las tres primeras de la serie que están editadas en Akal y tienen traducción nueva y muy buena, no hay excusa.

Todos muertos
Chester Himes
Libro amigo-Bruguera 1985
217 páginas.

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Por amor a Imabelle, de Chester Himes

28/03/2012

Pensad en algo que por menos de 8 pavos os produzca un placer inmenso.

Tic-tac-tic-tac.

Inmenso. Por menos de un billete de los rojos.

Vamos.

Estáis pensando en el tabaco. Mal, el tabaco acabara matándoos, o peor todavía, os provocará alguna enfermedad penosa y lastimera que os ira matando poco a poco mientras pensáis que deberíais haberlo dejado hace mucho. Además  esta muy mal visto.

Vamos.

Ah! pensáis en una de esas cabinas de los sex-shops en las que metes monedas por un tiempo demasiado limitado, para ver escenas de películas pornográficas o, en el mejor de los casos, asomaros como búhos por unas ventanitas para ver a una dama de moral distraída medio en pelotas contonearse y poneros caras de lánguida lascivia, todo eso, mientras os agarráis con fuerza la polla y os concentráis en esas imágenes fugaces para llegar a esos, todavía mas fugaces, instantes de placer. Mal tíos, mal, eso es para perdedores.

Vamos.

Pensáis en música. La música esta sobrevalorada.

Vamos. Cosas tangibles, que os duren.

La comida, NO, no dura, ya sabéis por donde sale, ¿si? Vale.

El cine. ¿En serio? ¿El cine? Fuga de cerebros fue cine una vez.

¿Nada?

Lo que buscáis es esto:

¨Sacudiendo a los negros que dormían en camas llenas de piojos. Sacudiendo los huesos decrépitos, los músculos doloridos, los pulmones tuberculosos y los fetos inquietos de las chicas solteras. Sacudiendo el yeso de los techos y el mortero de los muros de ladrillo. Estremeciendo a las ratas de los pasadizos y a las cucarachas que se arrastran por los sumideros de las cocinas y por las sobras de la comida; y a las moscas dormidas que, formando masas informes como abejas, hibernan en los marcos de las ventanas. Sacudiendo a las chinches, gordas y saciadas de sangre, que exploran la piel negra. Haciendo saltar a las pulgas. Estremeciendo a los perros y los gatos dormidos sobre mugrientas esteras. Desatascando los retretes obstruidos por las inmundicias.¨

Eso mola más que el tabaco, ¿he?

Y eso es parte de Por amor a Imabelle, de magnifico y muy negro Chester Himes.

Chester Himes, otro de los hijos del Pulp. Chester Himes, otro de los inagotables talentos de la rapidez. Chester Himes, otro de los autores menospreciados por escribir para ganarse la vida.

Y como muchos otros autores Pulp, con el tiempo, Himes se ha convertido en un autor imprescindible.

Joderos capullos de finales de los cincuenta y de los sesenta, el Pulp esta vivo.

Por amor a Imabelle es sorprendentemente buena, es inesperadamente diferente y  es tremendamente rápida.

 Sorprendentemente buena, sin duda, y no es que me esperara una novela mala, o floja, nada de eso, es que no esperaba que me gustase tanto. De Himes había oído hablar, pero poco, muy poco, nadie o casi nadie me recomendaba sus novelas, se habla poco de él, en general, y llegue a pensar que solo era uno más, sin demasiada diferencia de sus compañeros de género.

Nada más lejos de la realidad, Himes es bueno, es diferente, solo hay que leer esta novela y darse cuenta de que en la novela negra no todo es Chandler, no todo es (y que Dios me perdone por nombrarlo en vano) Ross McDonald, que en el Pulp no todo son detectives blancos, deslenguados y cercanos a los superhombres. En el Pulp de Himes el escenario es Harlem, las victimas son negras, la población es negra y por si no ha quedado claro los detectives son negros. Y eso es GENIAL. Porque ahí esta donde Himes juega en casa (¿os he dicho que Himes es negro? ¿No? Vaya) Himes describe un escenario entre lo poético y dantesco salpicado por la pobreza y la inmundicia, mezclado con una brutal dosis de normalidad, y lo que es mejor, HUMOR. Puede uno leer Por amor a Imabelle y sentir miedo por ese Harlem criminal y asesino, plagado de gentuza y llena de maleantes; pero al mismo tiempo, uno lee con la tranquilidad que le da saber que eso es así, que allí las cosas son como son, salvajes, duras, uno sabe que todo esta en su lugar y que todo eso sucede a diario.

Y lo rápida que es. Joder. Lo bueno sería, si podéis, que os leyerais la novela de una vez, o en dos sentadas, así apreciaríais la velocidad que coge la novela, como os arrastra sin poder para de leer, prácticamente sin esfuerzo. Yo no pude hacerlo y al leerla en varias veces se rompe el ritmo y aunque no afecta a la novela, creo que se disfruta mucho más como os he dicho, en plan egoísta y de una sola vez, hasta el fondo. Muchas escenas de la novela son autenticas delicias, dignas de las mejores películas noir, dignas de las películas de Tarantino. Si, ahí quería yo llegar, al señor Tarantino, porque estoy prácticamente seguro de que mi amigo Quentin se ha leído las novelas de Himes, ya sabemos que le encanta la novela negra, y apostaría un dedo del pie que Tarantio es un fanboy de Himes. Hay una extraordinaria escena de tiroteo en la novela que parece escrita exactamente para una de las películas de Tarantino, es una escena TAN buena, TAN divertida, TAN rápida y tan bien escrita que solo esa escena vale la lectura de la novela entera, es como ver una escena de los Hermanos Marx dirigidos por Tarantino, demencial.

Ataúd Ed Johnson y Sepulturero Jones son la pareja de detectives negros que Himes se saco de la manga para reivindicar el Black Power  en el Pulp, y Por amor a Imebelle es la primera de las diez novelas que tiene la serie.

Aunque poco veremos a Ataúd y Sepulturero en esta novela;  ya que el autentico protagonista es Jackson, un negro gordinflón, calvo y sudoroso, exageradamente creyente, crédulo hasta la estupidez y para su desgracia, enamorado. ¿De quien? De la guapísima y listísima Imabelle,  una  ¨joven de labios carnosos, cuerpo ardiente y piel canela, con unos pícaros ojos castaños moteados y unas amplias caderas que meneaba como sólo sabe hacerlo alguien que ha nacido únicamente para el amor¨.

¿Y si esa preciosidad que tienes a tu lado, te dice que conoce la manera de ganar pasta? ¿Y si te cuenta la manera de que tu pasta se multiplique por diez? ¿No haríamos todos caso a esa belleza a la que tanto amamos y deseamos?

¿Si?

Jackson también, por supuesto.

Y entonces se monta el lío.

Y es cuando aparece Goldy, un negro muy parecido a Jackson que se viste de Hermanita de la caridad para juntar algo de pasta e ir tirando y que además vive con Big Kathy,  un negro que se viste de madame  y frecuenta un prostíbulo y con  Lady Gypsy otro negro travesti que hace las veces de adivina. Aparecerán por supuesto Ataúd y Sepulturero que, aunque aparecen poco, es suficiente para ver el poderoso pie que calzan, las duras maneras que manejan y los  estupendos revólveres que poseen. Entraran en escena Hank, Jodie, el reverendo Gaines…

Y sobre ellos, alredor y por todas todas partes, un Harlem que corta la respiración.

Himes escribió una primera novela de La serie de Harlem excelente, que te deja estupefacto, pasmado, una historia sencilla y fácil que Himes sabe afilar hasta que corta con solo mirarla, una primera novela que deja ver lo poderoso de sus personajes, de su estilo y de su grandeza.

Por amor a Imabelle

Chester Himes

Akal editores 2009

239 paginas.