Archive for 17 marzo 2015

On mai no creix l´herba, de Sebastià Bennasar

17/03/2015

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La venjança i la supervivència son dos dels grans temes de la humanitat. Com l´amor, l´odi, els diners. El gènere negre es caracteritza per exprimir les desgracies humanes, per mostrar les baixeses dels individus, la seva cara fosca, la necessitat, la gratuïtat moltes vegades dels seus actes. L´oportunitat, la lluita per sortir del fang, la violència com a forma de vida.

En Bennasar, com qualsevol altre autor de gènere negre, abraça i utilitza dues grans icones del gènere humà: la venjança i la supervivència.

On mai no creix l´herba és moltes coses; és amor per un país que no vols que es trenqui, que no vols que deixi de ser el que sempre has admirat i reverenciat, una unitat que mames des de els avis, una il·lusió de país que es remunta a temps en que aixafar cultures era el dogma. És cuitat, és barri, és un mosaic de la nova societat que tira endavant, de la nova creença del al menys tinc una feina, de les compres mínimes, del silenci i el cap avall. És un reguer de sang que has de seguir, una mostra de la ment malaltissa d´algú que ha decidit emprendre justícia, la seva justícia, ves a saber perquè, a cops d´escopeta retallada. És assaltar una vegada més una casa, un xalet, un magatzem, una fabrica. És amagar un mort. És un client més que esperes que no et rebenti el sexe a embranzides descontrolades i amb el cap lluny de l´habitació fosca i pudenta on estàs feta un nyap.

¨El país és una merda si els atracadors canvien bancs amb caixes rònegues per supermercats…¨

És venjança i supervivència.

Lluny de la neu, del romanticisme del pobles petits, les ermites, els paisatges que et deixen embadalit i l´hermetisme del coneguts que fan pinya en front d´un foraster que en Bennasar ens oferia a El país dels crepuscles, aquesta vegada el mallorquí ens situa a ciutat. A Barcelona. Al barri de la Verneda.

Es un canvi notable, del petit mon de la Vall de Boí a la cosmopolita Barcelona, a la colossal ciutat. S´endinsa en una gola de llop on tot té un altre ritme, un altre manera de funcionar, un caire més trist, més gris. Un altre realitat.

Aquesta vegada en Sebastià no utilitza el model més canònic de la novel.la criminal o policíaca, que sí va fer servir a El país dels crepuscles, en aquesta ocasió, en Bennasar a optat per una novel.la filada amb quatre histories diferents, quatre visions de la nova societat que aflora en quests temps de crisis monetàries, crisis de creences, d’ètica i de valors. Quatre vides, i alguna més, que viuen entre la desesperació, la venjança, la supervivència, les creences obsessives i l´anodina feina.

Una novel.la on el nostre estimat Jaume Fuster no acaba de ser el protagonista, l´eix de la trama, sinó que més aviat es part de la maquinaria que fa funcionar els esdeveniments, com a vàlua d´un sistema que es podreix i s´enfonsa. Un Jaume Fuster de tornada de tot, irònic, tranquil, que veu com el seu voltant canvia de pressa i aixafant els vells temps sense immutar-se.

Però el que fa més sorprenen a On mai no creix l´herba, diferent, amb un punt quelcom incòmode pel lector, en el bon sentit d´una visió interna i directe, es la utilització de la segona persona per part d´en Bennasar, una segona persona que involucra al lector en els esdeveniments, que els en fa part. Per mi, que no m´he l´havia trobat mai, ha estat una experiència torbadora i estranya a parts igual. Nova.

En Bennasar aprofita aquesta historia de múltiples vides, no només per contar les desesperances d´uns quants pobres d’ànima. Com ja va sent marca del mallorquí, la denuncia social hi es molt present, així com la reivindicació d´una cultura, d´una llengua, d´un país. El nostre. Amb petites pinzellades, dient les coses sense dir-les.

¨Es molt curiós això que passa als centres comercials: pots viure en un món hiperglobalitzat on sempre hi ha una cultura que sobra, la pròpia.¨

On mai no creix l´herba
Sebastià Bennasar
Alreves/Crims.cat 2015
177 pagines.

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Terry

13/03/2015

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Marzo se supone que iba a ser divertido. En casa, tres de los cuatro que la habitamos cumplimos años. Este pequeño viaje alrededor de una mesa también. Los días son un poco más largos, el frío empieza a retroceder. Un mes donde parece que remontas las dificultades de principio de año, te quitas el polvo de la ropa, coges fuerza, y afrontas lo que te queda por delante.

Marzo ya nunca será igual. Hace unas cuantas horas que tengo la vista nublada por las lágrimas. He estado levantado parte de la noche, dando vueltas en silencio sin entender muy bien porque. Triste, hundido.

El Hombre del Sombrero se ha ido.

Supongo que para muchos de vosotros es difícil entender la enorme tristeza que sentimos muchos de sus lectores, es alguien a quien no conocíamos personalmente, a quien nunca habíamos visto. Pero para algunos de nosotros fue casi como un padre. El Hombre del Sombrero era en quien apoyarse, a quien buscar cuando sentías que el frío ganaba terreno.

Mi primera novela de Pratchett fue El color de la magia, la primera de la serie del Mundodisco. No recuerdo donde la compré, pero recuerdo que tenía en la cabeza la palabra Mundobizarro, no tengo la menor idea de porqué. Esa palabra me bailaba en la cabeza hacía meses y un día vi una novela que hablaba del Mundodisco. Asociación de ideas. Inteligéncia embotada por la musica siempre demasiado alta, el humo y el alcohol. La compré al instante, atraído por la cubierta y algo de que este autor era el más robado en la cadena de librerías Waterstone´s. Pensad que en aquella época yo calzaba botas militares, pantalones pitillo lilas, rojos o negros, cazadoras militares e iba gran parte del día borracho.

Apenas con diecisiete ya no vivía en casa, mi padre me había enseñado donde estaba la puerta, vivía en un garaje. Mi madre vivías lejos y sin ganas de saber mucho de nosotros. Me pasaba el día patinando, escuchando punk y dejando trabajos uno detrás de otro. Y bebiendo.

El color de la magia no me salvo la vida, ni dejé de ser lo que era, pero Practhett me hizo reír y disfrutar, me hizo olvidarme de la soledad de un garaje con un camastro, de la falta de amor de mis padres. Con Practhett me sentía un poco especial, como un miembro de la guardia, arropado por sus congéneres, por Vimes.

Luego conocí a mi mujer. Y dejé un camino que se torcía por momentos, para coger otro que tampoco ha sido demasiado recto. Pero Practehtt siempre ha estado ahí. En casa tengo treinta y dos novelas suyas, todas leídas y manoseadas, de las cuales veintiuna son de bolsillo. Recuerdo comprar muchas de ellas en Gigamesh, con vergüenza, las de los lomos verdes. Recuerdo ahorrar para comprarlas, dejar de fumar Ducados, de beber cerveza, para tener dinero para leer.

Ahora tengo treinta y siete años, a unos días de cumplir uno más, y Pratchett sigue siendo un pilar en mi vida, sigue alegrándome el día cuando pienso que hace un año que no encuentro trabajo, que educar a un adolescente es brutal, que intentar seguir adelante con un millón de dificultades es imposible. Sigue ahí, con sus lecciones entre las páginas, con su visión de la vida tan increíble, con ese humor tan delicioso que hace que revivas y que la vida valga la pena.

Mi padre murió en 2010, y yo, como Vimes, tampoco llore cuando se fue. Pero si lo he hecho ahora, con Terry, lágrimas que llegan en cualquier momento en cualquier lugar, una sensación de tristeza infinita que te oprime el pecho.

Leo la tristeza de Manu, la de Vimes, la de David en Facebook y veo que todos hemos tenido vidas parecidas, sin un padre que nos sirviera de modelo, sin una vida ordenada. Pratchett ha sido nuestro modelo, nuestro asidero en momentos de caída.

Hace años, cuando internet estaba en pañales, cuando las redes sociales no existían y nos comunicábamos en los foros, conocí a Manu y a David. Hablábamos del Mundodisco, de las traducciones, de las ediciones, de tantas cosas. Las listas de correo, las convenciones, cualquier cosa para seguir alimentándonos.

La fuerza se agota, Ledesma, Practhett, dos grandes que han marcado mi vida. Es difícil seguir sonriendo, fingir que todo va bien.

¨La gran tortuga A´Tuin se acerca, nadando lentamente por el golfo interestelar, con los pesados miembros llenos de hidrógeno congelado, la enorme y viejísima concha llena de cráteres de meteoros. Con unos ojos del tamaño de mares, encostrados de lágrimas reumáticas y polvo de asteroides, Él contempla fijamente el Destino.¨

Hipotermia, de Arnaldur Indridason

12/03/2015

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Indridason era una de mis asignaturas pendientes de hace tiempo, el islandés ha sido bastante premiado (La llave de cristal, el Martin Beck Award, el Golden Dagger, el Premio de la Crítica Francesa y el Premio RBA de Novela Negra) y yo tenía mucha curiosidad por leer alguna novela ambientada en Islandia. Su mujer de verde ha calado entre los lectores y la serie del inspector Erlendur Sveinsson parece que tiene seguidores fieles. Y aunque nunca es bueno empezar una serie por el último que se ha escrito… hay que ponerle emoción a la vida.

En Hipotermia, Indridason nos cuenta cómo el sargento de la policía de Reikiavik, Erlendur Sveinsson investiga un poco por libre tres casos distintos. Al parecer no hay mucha faena en la comisaría y el sargento puede dedicar su tiempo a investigar casos que, en otro momento, habría que dar por cerrados.

El primero de ellos es un suicidio; María, una mujer de mediana edad casada y sin hijos, ha aparecido colgada en su residencia de verano. El bungaló está a orillas de un lago y la familia de María lo tiene desde que ésta era una niña. El comisario está convencido de que la mujer se ha quitado la vida, pero conmovido al conocer su pasado, decide intentar entender que ha llevado a una mujer tan joven a suicidarse.

Los otros dos casos que investiga Erlendur, off de record, son dos desapariciones ocurridas hace más de treinta años, un chico por un lado y una chica por otro, de los cuales de un día para otro nunca más se supo. El padre del chico, un octogenario a las puertas de la muerte, sigue visitando a Erlendur con la esperanza de que éste le dé algún día una noticia sobre el paradero de su hijo.

Y no hay mucho más. Hipotermia es entretenida, se lee con una facilidad pasmosa y está escrita con mucho oficio, no busquéis mucho más. Los nórdicos no son lo mío, salvo Nesbö, no suelo acercarme a ninguno, y ahora recuerdo porqué. Indridason es frío, su narración es distante, sin chispa, monocorde, sin vida, igual que sus personajes, todos ellos vacíos, grises, tristes, parece que todos y cada uno aguanten el peso del mundo, empezando por el comisario. Puedo entender que Indridason quiera ese carácter en sus personajes, quizá hasta en el ambiente; una carga sobre todos ellos, representar un país como Islandia, sumido en la oscuridad, en el frío. Pero no comulgo con ese estilo de narrar desposeído de calidez, de cualquier calidez, sin alma.

Hipotermia no me ha transmitido nada, ni siquiera tristeza, porque hasta en eso hay que poner sentimiento. Es curioso, porque uno se siente cómodo leyendo la novela, es fácilmente disfrutable, pero he tenido la sensación de que el texto era plano, de que el autor dictaba y no escribía. Además no he empatizado con ningún personaje, pero eso es fácil porque aparecen muy desdibujados, y creo que eso es parte del estilo de Indridason, de esa manera parca de escribir, casi reservada.

Para mi Indridason ha sido una experiencia extraña, por un lado no me ha disgustado, es entretenido, pero por otro, no creo que repita, a un libro le pido mucho más, mucha más fuerza, mucho más contenido, una trama que no se apoye en las casualidades -aquí dos sub tramas se resuelven un poco en la cuerda floja- pido que me haga vibrar, enfadar, sonreír, algo, y Indridason conmigo no lo consigue. Entiendo que a mucha gente le pueda gustar, incluso maravillar esa cadencia con la que escribe el islandés, esa desesperanza un poco rebajada que desprende, ese aura un poco triste, pero yo soy un chico de barrio, y en el género criminal me gusta la acción, la sangre y el sexo. Normalmente.

Hipotermia no es una mala novela, creo que Indridason es un tipo peculiar, con un estilo muy personal, con unos lectores bastante concretos, entre los que no me encuentro.

Hace pocos días que he reformado una habitación de mi casa. Lo que era una de las habitaciones de los niños ha pasado a ser un despacho-biblioteca-zona de estudio. La he pintado de gris claro y gris oscuro. Estoy escribiendo esto en esta nueva habitación. Huele a pintura, hay eco y hace frío. La estancia no desprende vida, no está vivida, es impersonal, fría, no la reconozco. Pero me gusta. Hay que llenarla de recuerdos, de momentos, de calidez, de presencia.

Hipotermia
Arnaldur Indridason
RBA Serie Negra 2015
343 páginas.

El diablo en cada esquina, de Jordi Ledesma

07/03/2015

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La maldad vista de frente acojona. Cuando cae sobre ti entumece, nubla el juicio, desespera, sacude, pone en marcha mecanismos de supervivencia que ni siquiera conoces.

Vista de refilón, mirando sin mirar, de reojo, haciendo ver que no está allí, ignorándola con esfuerzo, la maldad es casi peor. Envenena, desquicia, tortura.

Lo mejor es no tener nada que ver con la maldad, con la crueldad, la brutalidad, lo ilegal. Pero ¿Y si se lleva en los genes? ¿Y si nos llama con un hermoso canto de sirena? Hay una maravillosa novela del gran Edward Bunker en que un delincuente acaba de cumplir condena en prisión por falsificar cheques. Cuando nuestro ex falsificador sale libre busca un buen trabajo, un trabajo legal para rehacer su vida, para ser decente, quiere cambiar y ser un ciudadano honrado. ¿Cuánto creéis que tarda en hacer algo ilegal? Poco, muy poco. Y él lo intenta, pero lo lleva dentro, es lo que ha aprendido, es lo que sabe hacer.

Es lo que le pasa a Esteban un niño de papa que lo ha tenido todo, que ha crecido con dinero, que podría haber llevado una vida desahogada trabajando en la empresa de papá. Pero que eligió los cantos de sirena, que siguió el impulso interior de destruir su vida y la de su entorno. Drogas, sexo y fiestas como forma de vida, la subsistencia sin esfuerzo y los atajos habituales para seguir en la cima de esa montaña. La maldad que se pega a tu piel como una falsa identidad. Como algo ineludible.

Jorge Solís tuvo claro desde el principio que con la honradez no iba a ninguna parte, que en la policía no haría carrera, que en la vida solo sería un pusilánime. Así que se agazapó bajo la protección del alcohol, de las drogas y de la corrupción más feroz e inició una carrera llena de éxito y servidumbre al demonio, de mentiras, deudas y muertos. Y la maldad lo dejó como un cascarón vacío.

A Humberta, o Dulce, como se la conoce ahora, solo hubo que darle un empujón para que se diera cuenta de cuál era su verdadera naturaleza, de cuál era su vocación. Una vez metida en el mundo del dinero fácil y la conciencia silenciada solo fue cuestión de tiempo que la ambición creciera en su interior y que acabara por devorarla.

Y si hablamos de mal al servicio del mal hay que nombrar a Santiago, un hombre que desde niño se rodeó del escalafón más bajo de la sociedad, que creció entre sangre, gritos ahogados por los puños, palizas, robos y crimen, que pasó por el correccional, para salir y endurecerse en el ejército, de donde salió aún más bravo de lo que entro. Que se impregno de la violencia más letal de la mano del Mossad. Y que ahora trabaja para el mismísimo diablo. Siendo él su alumno más aventajado.

Cuatro almas negras, huecas, cuatro demonios sueltos infectando una sociedad propensa a pudrirse. Cuatro historias que se entrelazan, que se persiguen, que se rehúyen y se buscan, cuatro vidas podridas que afrontan últimas oportunidades desesperadas, que disparan los últimos cartuchos para intentar seguir sobreviviendo en unos cuerpos ya vacíos, muertos.

El diablo en cada esquina es corta y afilada, rápida, directa, Ledesma narra de manera casi expeditiva, sin miramientos, sin sobrantes, sin florituras, acción y reacción. Con las palabras exactas, en el momento exacto. La novela esta milimetrada, ajustada para que vaya de la nada al todo, para que vaya creciendo en cada párrafo hasta conseguir un final apoteósico de violencia desenfrenada, caos y estupidez humana.

  ¨…viene solo y entra enfurecido, tiene los ojos fuera de órbita y rezuma olor a vómito, huele a heces, sangre y azufre. Lleva un big-brother MK-48, que sostiene con las dos manos.¨

El diablo en cada esquina
Jordi Ledesma
Alreves Ed. 2015
192 páginas.