Noche salvaje, de Jim Thompson

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En 1953 Thompson vive una de sus épocas más prolíficas como escritor y también unas de las de mayor estabilidad económica. Desde su llegada a Lion Books sus novelas se venden bien y sus editores le compran prácticamente todas sus historias.

Antes de escribir esta Noche salvaje de la que os hablo hoy, Thompson había publicado (seguidas) dos novelas un poco irregulares para mi gusto: Libertad condicional y Los alcohólicos, dos historias que no estaban a la altura de sus buenísimas Una cabaña en el sur, El asesino dentro de mí o Sólo un asesinato, que eran justo anteriores. Parece que Thompson estuvo haciendo algunos experimentos con sus dos últimas historias; hacerlas más accesibles para el público general, más comerciales, más comedidas. Pero esas historias no parecían venderse bien, o al menos no mostraban todo el ADN de Thompson. Pero Jim, lejos de dejar de experimentar, le sugirió a su editor Arnold Hano un experimento más: escribir una novela de tipo mafioso con solo 500 palabras, no solo eso, 500 palabras básicas.

Thompson se había propuesto escribir una novela austera, quería demostrar que se podía escribir una buena historia utilizando un vocabulario básico, una estructura sencilla. Pero en el último momento, las 500 palabras se desbordaron y acabo escribiendo una novela de longitud normal. Eso sí, mantuvo la idea de la austeridad y la sencillez, y lo que acabó escribiendo fue una brillante novela sobre la condición humana, el odio, las apariencias, el miedo y el asco sobre uno mismo. Thompson había impregnado la historia de su ADN, había vuelto la oscuridad, la maldad, la locura, los personajes extremos, volvía a ser cien por cien Jim Thompson.

Carl Bigelow, un simpático y jovial joven llega a Peardale, un pueblo feo y perdido a más de cien kilómetros de Nueva York. Bigelow llega para estudiar en la universidad de pediatría y trabajar a tiempo parcial mientras estudia. Al menos eso es lo que cree todo el mundo, porque la realidad es muy distinta. Carl Bigelow es en realidad Charlie Bigger, un asesino a sueldo frío y despiadado buscado en todo el país, no es joven ni jovial, y ha llegado a Peardale para matar a Jake Winroy, testigo clave en un juicio contra la mafia.

Bigger se alojará en casa del matrimonio Winroy para tener controlada a su víctima, pero como cabe esperar, nada sale como tiene previsto. Empezando por el mismo Jake, un tipo hundido, huidizo, alcohólico y trastornado, por el que Bigger siente incluso compasión. La señora Winroy tampoco dejara de sorprenderlo, una mujer que anhela el lujo y que se echa en brazos del primero que pasa, para crear un juego de tira y afloja de seducción altamente confuso. El señor Kendall, el otro inquilino de la casa, es aún más extraño y sospechoso, un hombre mayor que a todas luces siente devoción por Bigger y que incluso le proporciona trabajo en la panadería que él regenta. A Bigger le hace sentir incomodo su amabilidad y sospecha que lo está vigilando. Por último está Ruthie, otra estudiante que vive en la casa y que ayuda en las tareas del hogar. Pero Ruthie es una tullida, anda en muletas, puesto que una de sus piernas solo llega hasta la rodilla…además es increíblemente tímida, no habla, la ropa le sienta mal, tiene una mano paralizada en forma de garra…

Ese es el dibujo de esta historia, una novela que, como he dicho al principio, busca la sencillez. Y uno al leerla puede verla, pero sin duda hay un trasfondo increíble en esta novela. La trama empieza con la normalidad de una historia cotidiana (si obviamos el hecho del asesino), para ir volviéndose cada vez más extraña y oscura. Thompson nos demuestra que debajo de esa sencillez aparente se esconde el drama humano.

Si el elenco de personajes (principales) es un catálogo de miseria humana, entenderéis mejor a que me refiero con el drama humano cuando os describa a Bigger. A todas luces es un tipo apuesto, algo bajito, pero de carácter afable y educado, zalamero con las mujeres y trabajador. Pero la realidad es que Bigger es un farsante, si se quita las alzas es un hombre con estatura de niño, lleva lentes de contacto, dentadura postiza, el pelo teñido y está enfermo de tuberculosis. Bigger es además un compendio de ansiedad y angustia constante y un trabajador inestable y perezoso. Por no hablar de que es un asesino.

Eso se refleja en su carácter inseguro y paranoico, un carácter dual que a veces muestra a un hombre amigable y educado y otras un violento y trastornado individuo que no sabe en quien confiar.

Como he dicho antes, Thompson empieza la novela de manera cotidiana, un hombre que llega a un pequeño pueblo y se establece en él. Pero poco a poco, y de manera escalofriante, Thompson nos va mostrando como Bigger empieza a dudar de todo cuanto le rodea, incluso de él mismo, de su misión, de su capacidad. Nos muestra el interior de su mente (como ya hizo en El asesino dentro de mí) para que veamos como cae poco a poco en un pozo de negrura, como se desconecta de cuanto le rodea. Thompson le da una vuelta de tuerca a las novelas de mafiosos y se burla de ellas, escribiendo una historia anti-mafia donde el protagonista está lejos de ser un asesino frío y meticuloso, un ser prácticamente intocable. Thompson nos ofrece un perdedor de la manera más cruel, de la manera más vil, mostrándonos todas sus miserias, todos sus miedos, incluso le quita su razón de ser, el valor para asesinar, su leitmotiv, como bien se ve en la novela.

Poco a poco la historia se vuelve oscura, extraña, el mundo real se difumina y las acciones se confunden, para acabar en un final tan extraordinario y genial como psicodélico, un final poético y oscuro que se queda clavado en el cerebro largo tiempo. Por el momento es de las novelas más extrañas que he leído de Thompson, pero al parecer después de ésta vinieron más donde llevo su narrativa experimental al límite.

Y una vez más, Thompson se valió de su experiencia vital para escribir esta novela, la tuberculosis que padece Bigger la sufrió el mientras trabajó como botones en el Hotel Texas, el trabajo del señor Kendall y del mismo Bigger en la panadería sale de su experiencia en la Butter-nut Bread Company, y las clases a las que asiste Bigger en la universidad de Peardale, están sacadas de su experiencia en la Universidad de Nebraska.

Noche salvaje vuelve a darnos un Thompson oscuro y reflexivo, vuelve a ofrecernos esa narrativa seca y afilada tan característica, vuelve a darnos una trama sencilla pero contundente y cargada de mensaje. No deja de sorprenderme, aún ahora, después de leer unas cuantas novelas de Thompson, de lo que este hombre era capaz, la manera en que en aquella época y acuciado por su alcoholismo, su falta de dinero, su carácter imprevisible y su tozudez llegaba a crear, la lucidez de sus tramas, escondidas en libros de bolsillo a pocos centavos.

Noche salvaje
Jim Thompson
RBA Serie Negra 2012
226 páginas.

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2 comentarios to “Noche salvaje, de Jim Thompson”

  1. dsdmona Says:

    Me lo apunto para luego…

  2. sebastiabennasar Says:

    Boníssima la ressenya, com sempre!

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