El diablo en cada esquina, de Jordi Ledesma

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La maldad vista de frente acojona. Cuando cae sobre ti entumece, nubla el juicio, desespera, sacude, pone en marcha mecanismos de supervivencia que ni siquiera conoces.

Vista de refilón, mirando sin mirar, de reojo, haciendo ver que no está allí, ignorándola con esfuerzo, la maldad es casi peor. Envenena, desquicia, tortura.

Lo mejor es no tener nada que ver con la maldad, con la crueldad, la brutalidad, lo ilegal. Pero ¿Y si se lleva en los genes? ¿Y si nos llama con un hermoso canto de sirena? Hay una maravillosa novela del gran Edward Bunker en que un delincuente acaba de cumplir condena en prisión por falsificar cheques. Cuando nuestro ex falsificador sale libre busca un buen trabajo, un trabajo legal para rehacer su vida, para ser decente, quiere cambiar y ser un ciudadano honrado. ¿Cuánto creéis que tarda en hacer algo ilegal? Poco, muy poco. Y él lo intenta, pero lo lleva dentro, es lo que ha aprendido, es lo que sabe hacer.

Es lo que le pasa a Esteban un niño de papa que lo ha tenido todo, que ha crecido con dinero, que podría haber llevado una vida desahogada trabajando en la empresa de papá. Pero que eligió los cantos de sirena, que siguió el impulso interior de destruir su vida y la de su entorno. Drogas, sexo y fiestas como forma de vida, la subsistencia sin esfuerzo y los atajos habituales para seguir en la cima de esa montaña. La maldad que se pega a tu piel como una falsa identidad. Como algo ineludible.

Jorge Solís tuvo claro desde el principio que con la honradez no iba a ninguna parte, que en la policía no haría carrera, que en la vida solo sería un pusilánime. Así que se agazapó bajo la protección del alcohol, de las drogas y de la corrupción más feroz e inició una carrera llena de éxito y servidumbre al demonio, de mentiras, deudas y muertos. Y la maldad lo dejó como un cascarón vacío.

A Humberta, o Dulce, como se la conoce ahora, solo hubo que darle un empujón para que se diera cuenta de cuál era su verdadera naturaleza, de cuál era su vocación. Una vez metida en el mundo del dinero fácil y la conciencia silenciada solo fue cuestión de tiempo que la ambición creciera en su interior y que acabara por devorarla.

Y si hablamos de mal al servicio del mal hay que nombrar a Santiago, un hombre que desde niño se rodeó del escalafón más bajo de la sociedad, que creció entre sangre, gritos ahogados por los puños, palizas, robos y crimen, que pasó por el correccional, para salir y endurecerse en el ejército, de donde salió aún más bravo de lo que entro. Que se impregno de la violencia más letal de la mano del Mossad. Y que ahora trabaja para el mismísimo diablo. Siendo él su alumno más aventajado.

Cuatro almas negras, huecas, cuatro demonios sueltos infectando una sociedad propensa a pudrirse. Cuatro historias que se entrelazan, que se persiguen, que se rehúyen y se buscan, cuatro vidas podridas que afrontan últimas oportunidades desesperadas, que disparan los últimos cartuchos para intentar seguir sobreviviendo en unos cuerpos ya vacíos, muertos.

El diablo en cada esquina es corta y afilada, rápida, directa, Ledesma narra de manera casi expeditiva, sin miramientos, sin sobrantes, sin florituras, acción y reacción. Con las palabras exactas, en el momento exacto. La novela esta milimetrada, ajustada para que vaya de la nada al todo, para que vaya creciendo en cada párrafo hasta conseguir un final apoteósico de violencia desenfrenada, caos y estupidez humana.

  ¨…viene solo y entra enfurecido, tiene los ojos fuera de órbita y rezuma olor a vómito, huele a heces, sangre y azufre. Lleva un big-brother MK-48, que sostiene con las dos manos.¨

El diablo en cada esquina
Jordi Ledesma
Alreves Ed. 2015
192 páginas.

3 comentarios to “El diablo en cada esquina, de Jordi Ledesma”

  1. Àngels Says:

    D’aquest ja en tenia moltes ganes, espero que caigui aviat.
    Magnífica ressenya.

  2. David Says:

    Estoy con ella. Tus dos últimas reseñas me pisan los talones, jajajaj, Llevo 60 páginas y no me está disgustando el lenguaje directo de Ledesma (no he leído nada de él). Creo que acabará siendo una buena lectura.
    Salud.

  3. anablasfuemia Says:

    Me he quedado enganchada a tu primera frase (La maldad vista de frente acojona). La maldad tiene tantas formas y disfraces… Y no puedo estar más de acuerdo con que vista de refilón, mirándola sin mirar, es aún peor, más sibilina (porque es más humana y eso es aún muuuuucho peor).

    No conocía el libro. No he leído nada de Ledesma. Pero me lo llevo anotadísimo, claro, después de tus reflexiones y lo que nos cuentas de él.

    Gracias y un abrazo

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