El cantante de gospel, de Harry Crews

PORTADA-GOSPEL

¨Un mar de carne femenina, húmedo, violentamente tumultuoso, de olor ligeramente salado, que le rodearía en el altar tras cesar los cánticos, olas calientes que le apretujarían y se arremolinarían a su alrededor, un aire colectivo con olor a aliento y amor.¨

Tenía que volver a Crews antes de acabar el año, no he conseguido quitarme de la cabeza Cuerpo y todo cuanto representa, no he podido quitarme de la cabeza al mismo Crews. Se ha quedado ahí en un rincón, con esa mirada un poco torva y algo parecido a una sonrisa en los labios, sentado en un sillón, un poco desafiante, esperando.

El cantante de Gospel es un auténtico mazazo, brutal, sin anestesia. Un golpe a cámara lenta que se acerca despacio, describiendo un amplio arco, una curva en la que ves la potencia de lo que te va a golpear. Y te golpea. Aun sabiendo la velocidad y potencia de lo que se acerca, eres incapaz de mover un músculo para apartarte, estás hipnotizado, como un conejo ante los faros de un coche, esperando que el daño no sea mucho, intentando mantener el tipo.

Porque al final se trata de eso, de mantener el tipo ante Crews mientras desgrana la esencia del alma humana, mientras te muestra lo bajos que son los instintos, mientras te cuenta cómo un paleto se convierte en el icono de todo un pueblo, de todo un estado, de todo un país, cómo se le eleva a símbolo religioso, cómo se hace Dios.

¨El cantante de Gospel abrió la boca y la carpa entera se inclinó hacia delante y dejó de respirar¨

El cantante de Gospel es la primera novela que publicó Harry Crews. Lo hizo en 1968, después de una vida llena de duros golpes, después de haberse casado y divorciado dos veces con la misma mujer y después de haber perdido uno de sus dos hijos ahogado en la piscina de su vecino con solo cuatro años. La primera después de intentar dedicar toda su vida a la literatura; toda su vida hasta ese momento, su matrimonio y su salud. Todo. Lo que quiero decir es que Crews estaba obsesionado con escribir. Lo que intento decir es que Crews estaba lleno de miles de experiencias bastante duras, que creció en un lugar que endureció su corazón y que, básicamente, no supo hacer otra cosa en su vida que escribir.

Y su primera novela es tan extraordinaria, oscura, dura, ácida y turbadora, que a la mierda todo, en serio, a la mierda con el resto de la literatura, a la mierda la gente que no escribe desde las tripas, a la mierda los que no lo dan todo, a la mierda los que dan vueltas y más vueltas y no van directos al hígado, a la mierda.

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Crews nos sitúa en Enigma, un pueblo al sur de los Estados Unidos donde está a punto de llegar El cantante de Gospel, su ciudadano más emblemático, más famoso, el hijo prodigo del pueblo, y de América. El cantante de Gospel nació y se crio en Enigma hasta que descubrió que tenía el don de cantar como los ángeles, de sanar las conciencias y de convertir a la gente con la palabra de Dios. Vuelve a casa para cantarle a su pueblo, y lo hace justo cuando su novia ha sido cosida a puñaladas por un negro. Y al parecer, el circo de freaks que lo sigue a todas partes allá donde va de gira, también ha acampado a las afueras de Enigma. Cosa que asusta de veras al chico de melena rubia y cara angelical.

Desde el minuto uno, en esa asfixiante celda donde está el responsable de la muerte de MaryBell, Crews empieza a moldear, a dar forma, a una historia tremendamente épica, a un episodio oscuro y violento en la historia de Enigma que se nutre de toda una sucesión de acciones encadenadas, alimentadas, por la cultura sureña, por las creencias, por las necesidades –apoyadas en la superchería, en la miseria, en la desgracia- que empiezan a generar cierta energía en torno a El cantante de Gospel. Una energía que se vuelve densa y pegajosa y que sofoca y oprime al pequeño pueblo y al cantante de Gospel.

Una energía que se propaga como la pólvora y se adueña de todo, una energía que el cantante de Gospel conoce y teme y desprecia y aborrece.

Una energía a la que podemos darle infinidad de nombres.

Y lo apabullante, es ver cómo Crews construye esta historia desde la nada, desde la soledad de una celda, desde el rumor de una visita, ver cómo se va haciendo cada vez más y más grande, más grotesca, más violenta, más oscura, más demente. Hasta que se alinean todos los factores y estalla toda esa energía generada, se da rienda suelta a los instintos, se da prioridad a las creencias por encima de la realidad, la fe ciega y la rabia toman el control, y lo humano queda al descubierto. La fealdad, la pobreza de espíritu, el alienamiento.

Espero no estar poniéndome demasiado melodramático.

Pero es que Crews reúne en ésta novela una serie de factores que la hacen tan atractiva como brutal, oscura y triste. Un pueblo del sur lleno de paletos, míseros y estúpidos, un semidiós de carne y hueso hijo del pueblo, al que atribuyen poderes curativos, sanadores y no sé cuántas cosas más, un circo de freaks lleno deformes, feos, tullidos y esperpénticos seres, un manager acérrimo creyente en la palabra de Dios, y con un pasado oscuro y feroz que desprecia la mentira y la falsedad; sexo iniciático, culpa, racismo, odio, sangre, cerdos, mugre y mucha religión.

¨….olfateó el aire. El olor a agua sucia, barro y mierda de cerdo estaba tan impregnado por los años acumulados que rezumaba por el suelo, la hierba, el forraje y hasta parecía que lo transpirasen las mismas piedras y ladrillos de la casa.¨

Así como Cuerpo es una novela más estática, casi como una sitcom, El cantante de Gospel es una historia viva, una historia que va in crescendo, mucho más oscura, sexual, violenta y decadente, una primera novela tan impresionante que os va a joder el resto de lecturas a partir de este momento.

Harry Crews, mi jodido Cantante de Gospel.

El cantante de Gospel
Harry Crews
Acuarela-Machado Ed. 2012
318 páginas.

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Una respuesta to “El cantante de gospel, de Harry Crews”

  1. José María Cesta Says:

    ¡Por Dios!

    He pasado por aquí siguiendo un pequeño hilo de blogs, hasta que he decidido merodear por tus entradas a ver que suele pasar por tus manos. He visto tu entrada sobre el segundo (creo) libro de Ian Rankin, y leyendo sobre “Nudos y cruces” he tomado la decisión de que eramos almas opuestas, viendo que tu has encontrado en él lo que yo he echado en falta.

    Pero un poco más abajo me encuentro una entrada sobre una de esas maravillas que, cuando recomiendo, hace que la gente me mire extrañada.

    Un día un compañero de descubrió a Crews y le tildé de exagerado (que error el mio…), desde entonces soy yo el que informa a mi amigo cada vez que se edita en nuestro idioma algo de este autor.

    Coincido en tu entrada, en tu lectura y, desde ahora, estoy seguro que coincidiremos por aquí.

    Un saludo de un nuevo seguidor.

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