Archive for 2 marzo 2007

Murakami el antirealista

02/03/2007

Leo en el diario El País, una entrevista a Haruki Murakami. No me sorprende demasiado, ya que se acaba de publicar en España Kafka en la orilla, lo que me sorprende al leer la entrevista es esto : “No tengo interés en escribir novelas largas con estilo realista, pero decidí que, aunque sólo fuera una vez, iba a escribir una novela realista. Tokio blues fue un simple experimento. Personalmente, a mí me gusta esa novela, pero no he vuelto a leerla desde hace casi 20 años. De momento, no tengo ninguna intención de volver a escribir algo parecido. No tengo interés en el pasado. Ya no puedo sentir interés en el llamado estilo realista porque, si escribo una novela así, acabo aburriéndome” Joder! Pues lo tendrías que haber dicho antes hombre! Que duele y jode gastarse 20 euros, en una novela tan coñazo como es Tokio blues!! Si tu te aburriste escribiéndola, imagina la cara que se nos quedo a nosotros leyéndola! Pero bueno, se desprende también de esas declaraciones, que el resto de sus novelas no son para nada como Tokio blues, lo que me tranquiliza un poco, y me anima a leerme alguna obra mas de este señor que es Murakami. Así que igual me decido a leerme la tan admirable y asombrosa (según Tusquets) Kafka en la orilla. Eso si, animaría a los señores de Tusquets a editar en bolsillo el resto de novelas de Murakami que ya hace un tiempo que corren en castellano por nuestras librerías, tal y como ha hecho Edicions 62 en catalán. La entrevista de El País, a todas luces, muy, pero que muy esclarecedora, en cuanto a Murakami se refiere (era para rellenar?):
EP-¿Está en deuda Kafka Tamura, protagonista de Kafka en la orilla, con Holden Caulfield?
M-No -tajante.
EP-¿Y con Franz Kafka [que es uno de sus autores favoritos]?
M-Claro, toda la novela es un homenaje a Franz Kafka.
EP-Dicen que le gusta abrir el apetito de sus lectores.
M-Me gusta escribir sobre comida. Quiero provocar una reacción física de los lectores al escribir sobre la comida o la bebida. Poder hacerlo con frases es uno de mis placeres como escritor. Tengo la convicción de que si puedo conseguir hacerlo bien, seré capaz de hablar con más claridad, con más fuerza, sobre el amor o la tristeza, o el sentido de vivir.
“Yo lo único que hago es perseguir las imágenes que acuden a mi mente y, siguiendo ese flujo, voy escribiendo la historia. No sabría explicar la trama, todo viene en un paquete llamado historia, que yo presento envuelto en un texto”. Sin embargo, no le parecen mal los términos huida y búsqueda para esbozar esa trama en la que ni puede ni quiere profundizar: Kafka Tamura se va de casa el día de su decimoquinto cumpleaños; es una fuga meditada, ya no soporta más que su destino esté unido al de su siniestro padre. Y emprende un viaje que, espera, termine en su madre, que desapareció cuando él tenía cuatro años.
Aunque, en general, se resista a diseccionar las historias de sus novelas, Murakami ha tenido que claudicar y hacer una excepción con Kafka en la orilla: el libro ha causado tal desconcierto entre sus lectores que su editor japonés tuvo que crear una web para dar respuesta a los miles de preguntas que le enviaron. En sólo tres meses, Haruki Murakami ha dado respuesta a más de 1.200 cuestiones.
EP-¿Era su intención provocar un desconcierto tan general?
M-Soy incapaz de sentir interés en novelas que no causen desconcierto a los lectores. Esto no quiere decir que intente desconcertarles o escribir algo difícil. Lo que quiero decir es que las novelas largas que no hagan cuestionarse a los lectores el sentido de la historia, el flujo de su conciencia o la firmeza de la base de su existencia, no deben escribirse ni leerse. Yo tardo varios años en escribir una novela larga dejándome, literalmente, la piel en ello. Si no fuera capaz de escribir una novela con una fuerza como esa, la escritura no sería más que una pérdida de tiempo.

un mercader culto

02/03/2007

Habéis sentido alguno de vosotros, esa molesta sensación, de no encontrar vuestro sitio en este mundo?, de no encajar del todo en esta sociedad? Bien, para los que hayáis sentido esa sensación, este libro os va a gustar (puede incluso que ha encantar). En estas 252 paginas de El mercader de alfombras, escrito por Phillip Lopate y editado por Libros del Asteroide, se nos narra la vida de Cyrus Irani, un cuarentón soltero, educado, respetuoso y solitario dueño de una tienda de alfombras, que lo ultimo que desea es que su rutina se vea alterada por ninguna circunstancia. Rutina que se ve irremediablemente alterada por la subida del alquiler de su pequeña tienda de alfombras. En apariencia no parece una gran, grandiosa historia, pero nada mas lejos de la realidad, Lopate nos hace participes del sufrimiento de Cyrus, en las cosas más mundanas y mas humanas, nos muestra como una persona es capaz de pasar toda una vida acomodado a la quietud, nos enseña un ermitaño social en plena ciudad de Nueva York. Cyrus padece y nos hace padecer, la perdida inminente de su negocio, y con ello su cobijo y refugio durante todos estos años. Aunque en algunos momentos, la novela se va por lo derroteros de la religiosidad, Cyrus y sus familiares practican el Zoroastrismo, el conjunto de toda la novela es magnifico. No he podido evitar sentirme totalmente identificado con Cyrus, que ve como esta a punto de perder lo que tantos años le ha costado ganar, su lugar en el mundo, su rincón donde ocultarse, donde permanecer a salvo. Una buena novela para aprender un poco mas sobre la condición humana, una novela fácil, dulce, tierna, y suave. También sin duda, una novela sobre Nueva York, sus gentes, sus manías, y sus carencias, una novela sin duda, de principio a fin.

Conclusiones

01/03/2007

Enciendo el ultimo Lucky que me queda… parece que mi trabajo en el museo ha acabado. Salgo a la calle, alguien ha decidido que no me quiere seguir viendo en el museo, mamoneos varios que viajan en corbata… me da igual, ya hacia tiempo que me era difícil seguir trabajando en Barcelona…
Cruzo la plaza de los Ángeles y giro a la izquierda, luego a la derecha y sigo por la calle Tallers hasta la rambla…. Me cruzo con multitud de personas que como yo, llevan unas Converse, pero a diferencia de las mías (negras) las que veo son de todo menos normales, veo: rosas, a cuadros, con púas… modelos que ni siquiera savia que existían… también me fijo en que mucha gente lleva y, eso que esta el día gris, gafas de sol, o mejor dicho ENORMES gafas de sol… subo la rambla y llego a plaza Cataluña, la cruzo por el centro. Multitud de personas están como cada día tirando comida a las palomas, dejando que estos plumíferos se les suban por los brazos y se les posen en la cabeza… nunca encontré la gracia a eso… me fijo que una señora gorda (seguramente extranjera) esta cubierta por un numero indeterminado de pájaros, y que su marido (también extranjero supongo) le esta sacando una foto. Dejo atrás la plaza de Cataluña y empiezo a subir por el Paseo de Gracia, el paisaje cambia, ahora todo es más lustroso, ahora los que se cruzan en mi camino son ejecutivos, japoneses con bolsas de tiendas muy caras, y transeúntes varios, me paro en un kiosco y compro un paquete de cigarrillos Lucky Strike, le quito el precinto y me enciendo uno. Ya llegando a mi destino diviso la enorme cola de cada día que hacen los extranjeros y curiosos para entrar en la Gaudiniana Casa Batlló, yo sin tan siquiera fijarme en ella tiro la colilla de mi cigarrillo al suelo y entro a toda prisa en la estación subterránea del tren que me llevara a casa.
He decidido o mejor me he dado cuenta de que Barcelona me abruma….