La mujer de un solo hombre, de A.S.A Harrison

25/11/2014

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¨Las personas no están aquí para satisfacer nuestras necesidades, ni para cumplir nuestras expectativas, ni nos tratarán bien siempre. El hecho de no aceptar esto generará rabia y resentimiento. La serenidad se consigue aceptando a las personas tal como son y enfatizando lo positivo.¨

Como lector nunca me han gustado las novelas que nos proponen ciertos juegos psicológicos. Sobre todo si estos tienen que ver con parejas, matrimonios o juegos sentimentales. Suelen acabar con mi paciencia. Me aburro, desconecto, deja de interesarme lo cotidiano y lo mundano. Me es más sencillo descartar todas las novelas que basen su trama en esa característica, que intentar encontrar alguna de mi gusto.

Así que La mujer de un solo hombre nunca habría acabado en mis manos de no ser por una serie de casualidades; una editora en la que confío al cien por cien, una bloguera en la que igualmente confío a ciegas, y la diferencia que a priori tiene esta novela con el resto de su, digamos, estilo.

Y es verdad que hay vida más allá del hardboiled.

Me he dado de bruces con una novela de parejas, si, una novela que basa todo su argumento en una pareja absolutamente feliz, que se ama hasta límites que harían entrar en coma a un diabético, que lo tienen todo, donde él es perfecto y ella es la auténtica y cariñosa y amante ama de casa y esposa. Un cuadro con todos los clichés.

O al menos es lo que percibe ella…

Jodi y Todd llevan más de veinte años juntos, ella es psicoterapeuta y pasa consulta en casa, él es constructor, y tiene su propia empresa. Viven en un apartamento en la planta 27 de un lujoso edificio con vistas al lago Michigan. Su vida es básicamente perfecta y, aunque no han tenido hijos, la viven con plenitud; ella pasa consulta en casa, cocina exquisiteces para su marido, va al gimnasio y da largos paseos con su perro Freud. Él también va al gimnasio, agasaja con regalos y detalles a su dulce mujer y sale con sus amigos. Los dos tiene su espacio, los dos tiene todo lo material que deseen tener, los dos disfrutan de vidas felices uno junto al otro.

Pero hay algo más, o yo no estaría aquí hablando de esta novela claro. Lo malo es que si hablara claramente de lo que sucede en esta novela os reventaría toda la trama, y no.

La mujer de un solo hombre puede leerse de varias maneras, desde varios enfoques, incluso si el lector es un hombre o una mujer puede que su punto de vista sea diferente. ¿Nos reconoceremos los hombres en Todd? ¿Se reconocerán ellas en Jodi? ¿Empatizaremos nosotros no Jodi? ¿Quién es realmente el malo en todo esto, él o ella? Y una larga lista de preguntas que nos iremos haciendo conforme la trama vaya avanzando. Y una vez terminado el libro.

Lo que me ha seducido de ésta novela, y que no han conseguido otras más celebradas, es el relato tan real que hace Harrison del mundo de la pareja, como narra la transformación de sus personalidades según los hechos se van sucediendo, según la dirección que toma cada uno, cómo retrata los sentimientos de cada uno de ellos según sus decisiones. Una visión escalofriante de la evolución de la pareja durante la trama; cuando las buenas personas se convierten primero en seres confusos, luego en seres vengativos, para volver a estar confusos. Amor, soledad, depresión, ira, celos, lascivia. Un coctel de sensaciones y de estados que desfilan por los personajes, que los hacen cada vez más humanos, cada vez más completos, cada vez más creíbles, cada vez más oscuros.

Harrison es capaz de humanizar o deshumanizar a sus personajes según el estado en el que se encuentren, y lo hace tan rematadamente bien, que es imposible no admirarla, no identificarse con cualquiera de los dos en algún momento de la novela. Harrison no es ni fría, ni calculadora, ni hace trampas en la trama. Harrison aboca a sus personajes a sus decisiones, los acorrala, los hace responsables de ellas, de manera que la única resolución posible es la que ellos han estado buscando, la que ellos han elegido, no hay sorpresa, no hay un conejo bajo de la chistera.

Admiro, y esto es raro, la psicología de sus personajes, la mano que tiene Harrison para construirlos tan bien. Donde otras veces he visto personajes pretenciosos, altivos, excesivos o soberbios, aquí veo personas consecuentes con sus vidas, humildes dentro de su felicidad, cercanos, respetuosos hasta cierto punto. Porque no son unos ángeles, no debemos olvidarlo. Harrison no ha inflado sus personalidades, ni ha inflado la trama. Todo surge de manera natural, los sucesos son prácticamente normales, que no deja de ser algo terrorífico, todo evoluciona, al parecer, sin poder tomar otra dirección que la que ellos mismos se han ido construyendo. Esto dicho así es raro, pero cuando uno lee la novela cobra todo el sentido del mundo. De verdad.

Harrison ha escrito una novela lenta, pausada, que se abre poco a poco, que se oscurece más a cada capítulo, que se va volviendo áspera y cruda cuanto más avanza. Una novela reflexiva, costumbrista, cruel.

La mujer de un solo hombre
A.S.A Harrison
Salamandra Black 2014
316 páginas

Prosa Inmortal: Crimen y Castigo.

21/11/2014

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¨Una de las comadronas de Los Cañizos corre a toda velocidad, blandiendo un fórceps a modo de espada medieval, y consigue arrancarle media nariz a uno de los chicos del laboratorio. Éste querría haberle dado con un microscopio de cuatro quilos a una de sus compañeras, que lleva un biberón molotov listo para lanzarlo a quien se cruce

 ¡Ya está aquí! ¡Ya ha llegado! ¡Niños y niñas! ¡Prosa inmortal 2!

(Corre desnudo haciendo el avión por casa mientras la cartera, en la puerta, sostiene el paquete, temblorosa, sin entender la reacción del inquilino del tercero cuarta que siempre ha sido tan amable con ella y con el que…) 

Ya sabéis lo que me gustan estas revistillas de relatos, y con lo que disfruté leyendo Prosa Inmortal: Los horrores de la ciencia estaba deseando que los señores John Tones y Francisco Serrano sacaran el segundo número de una vez…que se han retrasado un poco, eh, amigos, unos meses, ahí es nada, y yo aquí, esperando.

 Pero dejémonos de tonterías y hablemos de RELATOS. Con mayúsculas.

Este segundo número de Prosa Inmortal, algo más largo que el anterior, sigue la estela de calidad de la que ya hacía gala la primera entrega, incluso creo que la supera. Con un elenco de nuevos autores en sus páginas –salvo los dos editores antes citados, que repiten- y un nuevo leitmotiv, enfocado al Crimen y Castigo -de tan amplias interpretaciones como ya lo fue Los horrores de la ciencia- este conjunto de relatos vuelve a transportarnos a lugares extraños, remotos o demasiado conocidos, vuelve a hacernos sentir escalofríos, miedo, confusión y recelo, vuelve a dejarnos esa sensación de maravilla al terminar de leer algún relato, o después de cada uno de ellos. Prosa Inmortal está, una vez más, llena de gente extraña, violenta, rara, loca, vengativa, creyente, solitaria, poseída o cualquiera de los trastornos que se os ocurran.

Como por ejemplo en El arte de mentir, de Grace Morales, un relato muy corto y potente, casi como una bofetada, un relato que juega con la mentira, con el lector, de esos relatos que hay que leer hasta la última página, donde todo cobra sentido y las piezas encajan. O el de Andrés Abel, que ha escrito un relato de súper héroes, de un súper héroe. O igual de un súper villano. ¿Un justiciero algo retorcido? Los diarios de la mosca de la carne es un relato lleno de acción, sangre, ¿venganza?, a su manera , un relato contundente, engañoso, con un punto de vista retorcido, voyeur, maléfico, yo que sé mola muchísimo.

O meternos de lleno en un mundo inundado lleno de ciudades flotantes, un mundo donde las terrazas de los edificios sobresalen del agua, donde se acampa y se vive, un mundo con apenas zonas que no se han inundado. Francisco Serrano nos planeta en La inundación un mundo así, un relato de búsqueda, de desconfianza, también un relato de venganzas, de dobles caras, duro, seco y cruel.

Otra cosa es Una buena chica, de Alejandro Morellón el relato más loco y surrealista de la antología y uno de mis favoritos, del que proviene la cita al principio de esta entrada. Una lucha a muerte entre dos hospitales, desde la gente de la limpieza hasta el director del centro; enfermeras, camilleros, vigilantes, recepcionistas, todo el mundo luchando por su hospital; sierras, bisturíes, muletas, microscopios, todo vale con tal de acabar con el enemigo. Un relato brutal y bestial y sanguinario que se lee con una buena sonrisa en la cara.

En Vicios menores, Noel Ceballos nos muestra lo diabólico, cruel y frío que puede llegar a ser el ser humano a muy temprana edad, nos enseña que el mal es prácticamente inherente a la especie, que está ahí, que a veces sale de forma natural y muchas otras, cuando alguien nos avoca a él. Y otro de mis favoritos, 357 de Jesús Cañadas, un autor que me apasiona, al que ya le he leído algunos relatos más, que siempre muestra la cara oscura del ser humano, sus relatos son siempre retorcidos y oscuros, y este no iba a ser una excepción. Cañadas construye un relato de atmosfera asfixiante en una institución mental, una historia con un toque fantástico, que mantiene la tensión desde el primer párrafo hasta el último.

También tenemos un Western, El perro, un magnífico relato lleno de rabia y polvo, de obstinación, de obsesión. El relato de Merche Montero es seco y áspero y violento y duro. Y sale un chucho. Y podría seguir con el de Francisco Jota-Pérez, el de John Tones, el de Carlos Pérez o el de Javi Sánchez, todos fantásticos, entre la aventura, las distopías, las cárceles imposibles, los monstruos, la religión…

Por segunda vez, Prosa Inmortal vuelve a demostrar que las cosas con pasión y savoir faire son las que mejor salen, esta Monografía de ficción vuelve a rizar el concepto de antología, vuelve a reírse de sus camaradas de especie, vuelve a dejar claro que la literatura underground no tiene nada que envidiar al resto.

¡Viva la Prosa de segunda!

Crimen y Castigo AQUÍ.

American Noir, VVAA

17/11/2014

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Tenía muchas ganas de leer por fin, aunque parezca increíble, relatos de la mayoría de los autores de esta antología. Y digo que parece increíble porque en este país se publica mucho y bastante mal, y se descuida mucho a los clásicos. Y no solo a los clásicos de género, si no a los clásicos en general.

El ejemplo es esta antología, de los autores que salen en ella, la gran mayoría tiene inéditos sus relatos en nuestro país. A un pilar del género negro como es Jim Thompson, solo se le conocen dos relatos traducidos al castellano, y de eso hace más de quince años, en las revistas de Alfred Hitchcock, de James M. Cain he localizado un relato traducido en otra antología de tema didáctico de la editorial Vicens Vives, solo uno, de Mike Spillane ninguno, así como de David Goodis, James Ellroy, Lawrence Block, Lehane o Elmore Leonard, nada, y si corre alguno debe ser una traducción amateur o de alguna revista online.

Y no alcanzo a entenderlo. Todos y cada uno de ellos son autores de gran calidad, y todos –salvo Oates- son considerados clásicos del género negro y del Pulp, se han traducido la mayoría de sus novelas a nuestro país –con mayor o menos suerte- y la mayoría del público los conoce. ¿Entonces porque no se han traducido sus relatos? Nadie lo sabe. Es especialmente cruel en el caso de nombres como Thompson, Goodis, M.Cain o Spillane que han sido traducidos y editados varias veces y en diferentes épocas y siempre se han dejado de lado sus relatos, aquellos relatos con los que empezaron y donde se forjaron como escritores. Y si alguien pone en duda la calidad de aquellos primeros escritos, solo tiene que leer los relatos que hay en esta antología y se le quitaran las manías tan rápido como una bala alcanza el pecho del insensato que se interponga en su camino.

Pero hablemos un poco de estos relatos.

Navona ha cogido la antología The Best American Noir of the Century que se publicó en 2010 en USA, de la mano de James Ellroy y Otto Penzel como antólogos, y la ha publicado en España, un poco recortada eso sí. Básicamente la ha partido por la mitad. No me parece mal del todo, teniendo en cuenta que la edición original son más de seiscientas páginas, y ya sabemos que pasa en España con los relatos, me remito al principio de esta entrada. Así que como toma de contacto para los lectores, y para los editores, esta edición un poco de prueba no está nada mal. Además, tenemos la palabra de la editorial que si se vende bien esta primera parte, editarán el resto de la antología en un segundo volumen. BIEN.

Las buenas antologías destacan por su uniformidad de calidad, algo muy difícil de conseguir en la mayoría de los casos, dar con un conjunto de relatos sobresalientes –cuando se trata de varios autores- es casi una utopía. Cuando uno ve el nombre de los dos antólogos de esta selección, cualquier duda queda despejada, son dos pesos pesados del género, los dos tipos con el mejor criterio sobre género negro que corren por el mundo editorial.

Los amantes del Hardboiled disfrutaran de esta antología una barbaridad, que es lo que he disfrutado yo, con tanto autor Pulp, tanto relato visceral, tanto cliché en tan pocas páginas. Pero si os gusta lo negro más frío y pausado, más psicológico, más cruel, también disfrutaréis mucho, pues hay un buen puñado de relatos de ese estilo.

Desde Pastorale, de James M. Cain que es un relato pulp de manual; rápido, contundente, sin florituras, directo al grano, donde una mujer y su amante deciden matar al marido de ésta para poder vivir su amor juntos y cobrar el dinero del seguro de vida del marido. Un tema tratado millones de veces y visto de mil maneras diferentes, pero esta vez con el sello de M.Cain. Pasando por el relato de Spillane, uno de mis favoritos, también absolutamente Pulp, donde el amor vuelve a ser el hilo conductor, donde la venganza tiene una presencia brutal, con un Spillane que hace gala de una inteligencia asombrosa al urdir en pocas páginas una jugarreta brillante, sencilla y pulpera, pero brillante. O el brutal relato de David Goodis, sin duda el más oscuro y cruel de la antología, el más doloroso y que me dejo absolutamente KO. Un relato con un desarrollo lento y meticuloso, detallista, un relato casi susurrado al oído. Durísimo, feroz.

O el de Thompson, por fin, si hay un ejemplo de relato de revista Pulp, aún más que el de M.Cain, es éste, otro relato con el amor de trasfondo, con el adulterio como trama, rapidísimo, contundente y de esos que te desvelan toda su magia justo en la última frase del último párrafo del relato. Los relatos de Patricia Highsmith, y de Joyce Carol Oates se engloban en ese tipo de relatos con desarrollos más largos, donde se presta más importancia a los personajes y sus psicologías que a la acción, que queda relegada casi al final de todo, relatos de final contundente. Los de Ellroy, Block, Lehane y Leonard están a medio camino entre el hardboiled y los relatos más psicológicos. El de Lawrence Block por ejemplo es un relato retorcido, vengativo, con un desarrollo tranquilo, pero que al final se torna brutal y tiene esa dosis pulpera que nos gusta tanto. O el de Lehane, una historia de amistad que se enturbia y se torna oscura por culpa del amor, una vez más.

Os habréis dado cuenta de que prácticamente todos los relatos tiene que ver con el amor, de hecho solo hay uno que no tiene como hilo conductor el amor, todos están relacionados con él de una u otra manera; con el amor entre amigos, con el amor de una mujer, de un hombre, con el desamor, con los celos, con la envidia. Eso nos demuestra que en el fondo, somos seres muy primarios, y que la violencia es en sí primaria, humana, visceral, el amor es el gran recurso del género, de los géneros, es el gran tema universal.

Para mí, la prueba de que esta antología funciona perfectamente es el hecho de que, si lees los relatos sin saber cual pertenece a cada autor, son perfectamente identificables. Todos son la muestra exacta de quien los ha escrito, todos tienen la esencia de su autor, Goodis es exactamente Goodis, es inequívoco, Lehane es puro Lehane, y así todo y cada uno de ellos. Creo que eso es lo que se buscaba desde el principio, y se ha conseguido con creces.

Ojalá esta antología sirva para empezar a abrir un poco el mercado y que más editoriales se animen a traducir relatos de autores clásicos del género negro, ojalá más gente valiente.

American Noir
VVAA
Ed. Navona Negra.
331 páginas

Cuerpo, de Harry Crews

10/11/2014

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Supongo que nunca sucederá, pero si algún día me decido a escribir algo, ojalá se parezca una décima parte a como escribe el Señor Harry Crews. Después de leer Cuerpo, que descubro tarde como siempre, me pregunto, no por mí, porque yo llego a las buenas novelas siempre a través de terceros, que son los más leídos y los que me aconsejan, me pregunto, ¿porque no se lee más a gente como Crews? Y de Crews a Hawkes y a Gass, a Coover a Gaddis y a tantos otros que se leen tan poco. Un montón de gente interesante, por decirlo sin pedantería, que está básicamente descatalogada o que se edita con cuenta gotas y que en ventas, responden básicamente al romanticismo más que al negocio. Supongo que por eso mismo un montón de ellos siguen en el ostracismo.

Pero hablemos de culturismo.

Ambientar una novela en el mundo del culturismo y, más concretamente, en una competición tan señalada como el Miss/Mister Cosmos, me parece absolutamente bizarro (tanto en el significado español de valiente, como en el francés de extraño, freak). Porque si el culturismo, ya de por sí, es un mundo que a todos nos parece bastante surrealista, extremo, bruto y oscuro, lo que hace Crews en esta novela es una auténtica bomba atómica. Porque enfrentar dos clases tan alejadas, dos estratos sociales tan distintos, dos maneras de ver la vida tan diferentes como son los Turnipseed por un lado y un hotel lleno de culturistas medio en pelotas que aspiran a ser campeones del mundo por otro, es la mezcla más brutal, divertida, cruel y extraña que jamás he visto en mi vida.

Dejadme que os hable de la familia Turnipseed: del sur, pero muy del sur, lo que a todas luces llamaríamos paletos; mal hablados, mal educados, simples, ruidosos, tirando a estúpidos y, lo más importante, violentos. Pero de toda la familia, el más peligroso con diferencia es Harry Barnes, al que todo el mundo llama Cabeza clavo, un tipo ultra violento que no se separa nunca de su gran navaja plegable y que tiene la extraña manía de ir estrangulando a cuanto se le ponga por delante.

Y lo que tenemos en Cuerpo es: un hotel lleno de culturistas de todo el mundo concentrados para ganar el título más importante de sus carreras, y entre ellos, la favorita para ganar el título de Miss Cosmos, Shereel Dupont, o como se la conocía antes de pasar por las manos de Russell Morgan ¨El Músculo¨, la señorita de Waycross, Gerogia, Dorothy Turnipseed. Así que tenemos una culturista preparada para ganar el título mundial, a la que ha venido a ver su familia, una familia de paletos totalmente locos incapaces de entender porque un montón de tíos y tías se pasean medio en pelotas por un hotel, pero lo más importante, no entienden porque su Dorothy a la que no ven hace meses, se ha hecho eso en el cuerpo, va medio en pelotas y sobretodo no entienden porque se ha cambiado su precioso nombre por uno tan estúpido como Shereel.

Os juro que esto es muy loco.

Las escenas de los Turnipseed interactuando con cualquier cosa o persona son absolutamente demenciales; con otros culturistas, con el entrenador de Dorothy, con el subdirector del hotel, con todos, es como soltar un montón de niños en una tienda de juguetes, donde todo es nuevo y extraño.

Tenemos a los Turnipseed haciendo de las suyas por el hotel, y tenemos a Shereel Dupont y a Russell intentando concentrarse en ganar Miss Cosmos. La crueldad que imprime Crews en todo lo que rodea a Shereel, visto entre líneas, se compensa un poco con los toques divertidos de la familia Turnipseed. Aunque conforme avance la novela y se ahonda más en la trama vemos que el humor solo es una fino velo para enmascarar una crueldad y una tristeza omnipresentes. Porque todo ese mundo de cuerpos perfectos, de cuerpos esculpidos con sangre sudor y lágrimas, no es más que un gran show de postín, un gran espectáculo que termina cuando se baja del escenario y no se es nadie, un gran engaño al que nadie presta atención.

Además de enseñarnos el conflicto de enfrentar a una familia como los Turnipseed a un mundo totalmente ajeno a ellos, de enfrentar la rudeza de la vida real con el simbolismo de un gran teatro como es el culturismo, de enseñarnos el culturismo en sí, todo ese esfuerzo por la gloria, todo ese oscurantismo de batidos, hormonas, chutes, dietas brutales y privaciones letales, Crews nos presenta ambos mundos sin juzgar ninguno de ellos, sin decantarse por ninguno de los dos, simplemente exponiendo los hechos y dejando que el lector escoja su bando.

Y leyendo a Crews piensa uno inevitablemente en gente como Chuck Palahniuk, y en gente de su generación, porque la esencia de Palahniuk y los que llegaron detrás está directamente influenciada por Harry Crews, de él y solo de él aprendieron tipos como Palahniuk, solo que lo hicieron a medias, nadie es tan bueno como el cabrón de Harry Crews. Esa manera de reírse de lo que a uno le rodea, de confrontar mundos, de ponernos delante de los ojos las realidades más histriónicas; como hace Palahniuk en Monstruos invisibles, en Error humano, o en Al desnudo, beben directamente del estilo de Crews. Pero a ellos les faltan las lecturas entre líneas, les falta la contundencia, les falta la aspereza, que hacen que leer a Crews sea revelador e intenso y leer a l resto un simple entretenimiento.

Leed a Crews, es el único escritor que he visto peinando cresta que se ha ganado todo mi respeto.

 

Cuerpo
Harry Crews
Acuarela-Antonio Machado 2011
344 páginas.

 

 

 

Sólo un asesinato, de Jim Thompson

05/11/2014

índice

 Hace unos días terminé Arte salvaje, la biografía de Jim Thompson que escribió Robert Polito hace algunos años, y que Es pop nos acaba de traer traducida. Ha sido, sin duda y rotundamente, una de las mejores lecturas de este año; me ha fascinado la vida durísima que tuvo Thompson, la mala suerte que lo persiguió siempre, su carácter entre infantil y cabezota por salir siempre del charco, por vencer todos y cada uno de los obstáculos, la relación con su mujer, nada idílica como yo creía, más bien todo lo contrario, la relación con su padre, un hombre distante, un estafador, un farsante, la relación con sus tres hijos, igualmente distante, difícil. Todos los problemas de su alcoholismo, que lo arrastrarían a una perpetua mala salud y con los años a la muerte, su empeño por publicar y publicar y publicar, convencido de la calidad de sus relatos y sus novelas. Los cientos de viajes dejando a su familia atrás, los trabajos sin cualificación que lo hundían en la tristeza y lo deprimían, su carácter asocial, su soledad. Todo en ese libro es absolutamente increíble, tanto la figura de uno de los mayores iconos del género negro que jamás ha existido, como la descripción de la época y del escenario generacional de autores, publicaciones, editores y cultura pulp de aquellos años.

Al terminar Arte salvaje lo que uno quiere hacer, si no lo ha hecho ya, es leer todas y cada una de las novelas de Jim Thompson, leerlas –o releerlas- sabiendo el contexto exacto en que fueron escritas, viendo, leyendo los matices que le dan sentido, descubriendo de primera mano cómo fueron concebidas por su autor. Y si es en orden mucho mejor.

Sólo un asesinato no es la primera novela que escribió Jim Thompson, es la tercera, pero sí que es la primera de género de su carrera, las dos anteriores; Aquí y ahora y El trueno son novelas más autobiográficas y exentas de rastro criminal. He preferido empezar por ésta por esa razón.

Sólo un asesinato fue en un principio una novela muy diferente llamada The Unholy Grail, que Thompson empezó a escribir en 1932 y que no conseguía terminar. Gracias al tesón de su mujer Alberta y a la siempre falta de dinero, Thompson la retomó y consiguió terminarla en 1943. Se la envió a su agente en Nueva York, pero no hubo manera de vender la novela, nadie la quiso. Después de reescribirla hasta ocho veces y cambiarle el nombre por Sólo un asesinato, consiguió publicarla –con un agente diferente- el 16 de febrero de 1949, con cuarenta y dos años.

Escrita en primera persona, Sólo un asesinato tiene un argumento realmente retorcido, que va en una dirección, la más coherente, la más fácil, para, en apenas unas páginas, cambiar totalmente, presentando argumentos nuevos en contra de unos y a favor de otros. Y cuando ya has hecho esa teoría totalmente tuya, Thompson vuelve a dar un giro y a ponerlo todo patas arriba. Hasta la última página ira jugando con el lector, dando pistas aquí y allá, desorientándolo, jugando con él.

Sólo un asesinato nos sitúa en Stoneville, un pequeño pueblo estadounidense de apenas 7.500 habitantes, donde Joe Wilmot y su mujer Elizabeth Barclay, regentan la magnífica sala de proyección Cine Barclay. Propiedad de Elizabeth desde los inicios, pero hundida hasta el punto de cierre, la sala resurgirá cuando Elizabeth conozca y se case con Joe, repartidor de una de las distribuidoras de películas. Con Joe al mando, el cine incrementara los espectadores y los pases hasta hacer del Cine Barclay un negocio casi millonario, eliminando la poca competencia de un plumazo y alguna mala arte, hasta ser la única sala del pequeño pueblo y hacerse con todo el negocio. Pero el matrimonio de Joe y Elizabeth no funciona, apenas se dirigen la palabra, se odian. Y es entonces cuando aparece Carol Farmer, una estudiante de empresariales que lo desbaratara todo.

Carol se traslada a vivir a la residencia de los Wilmot, e indudablemente surgen los problemas. Más allá del triángulo amoroso que amenaza con surgir en esa casa, más allá del monopolio que ha tejido Joe con la sala de cine, Thompson construye una novela de almas perdidas, de individuos necesitados; algunos de dinero, otros de amor, de futuro, de oportunidades, cada uno persiguiendo lo que anhelan sin reparar en cómo hacerlo, sin importar el daño que infligen a su alrededor. Sólo un asesinato es toda ella como un gran grito para llamar la atención, un conjunto de vidas desesperadas intentando salir adelante.

Thompson escribió esta novela valiéndose de su experiencia como administrador de un cine de Big Springs donde trabajo en 1932, cuando la publicó, su agente se temía un alud de demandas por difamación parte de toda la industria del cine del país. No fue así.

Con el ya conocido estilo directo y contundente de Thompson, Sólo un asesinato es la muestra que ya desde sus inicios tenía claro por donde quería llevar sus novelas, cuál era su manera de escribir y contar las cosas. Esta novela es la primera de género negro que escribió y la que marcó un punto de inflexión en como orientar su carrera. Aunque aún le quedaban innumerables dificultades que superar en su vida, Thompson llego a vender 750.000 ejemplares de Sólo un asesinato en la siguiente década desde su publicación, todo un logro al que aferrarse los siguientes años.

Sólo un asesinato
Jim Thompson
Ediciones B
252 páginas.

El caso Galton, de Ross Macdonald

26/10/2014

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Recurro a los clásicos menos de lo que me gustaría. No tengo idea de porqué. Bueno si lo sé, que demonios, porque me dejo seducir por las nuevas promesas, por esas novedades que prometen mucho más de lo que al final dan. No es culpa mía, tuve una infancia llena de carencias. Lo juro.

Lo que importa es que cuando me acuerdo cojo uno de la pila y lo leo, y así voy haciendo un poco de currículo literario que tanta falta me hace…no sé muy bien para qué.

Macdonald no es nuevo por aquí, he hablado de él unas cuantas veces, además prácticamente no necesita presentación; llamado en realidad Kenneth Millar y nacido en California en 1915, Macdonald siempre fue el tercer hombre del hardboiled en Estados Unidos allá por los años cuarenta y cincuenta, siempre un poco a la sombra de Chandler y Hamett. Aunque para mí no tenía nada que envidiar a ese par, Macdonald estaba a la altura de los hombres del momento, incluso muchas veces por encima.

En El caso Galton, vemos a un Macdonald que sabe manejar muy bien a Archer, cada vez mejor, una trama con más giros que las anteriores –El caso Galton es la numero 8 de la serie- y a un Archer que, aunque recibe unos cuantos golpes, ya no emplea tanto la fuerza con sus enemigos, utiliza más la palabra, va camino de lo que llegará a ser, un detective reflexivo y poderosamente interrogador.

La señora Galton, viuda y matriarca de la rica familia Galton, contrata a Lew Archer, a través de su abogado, para que encuentre a su hijo, desaparecido hace veinte años sin dejar rastro. La viuda Galton, precaria de salud y llena de remordimientos, quiere perdonar y hacerse perdonar por su hijo, al que trato con altanería y desprecio, cuando el chico, más interesado en vivir la vida que en centrarse en los negocios familiares, se casó sin previo aviso con una mujer de escasa educación y lengua viperina.

El caso Galton tiene una de las tramas menos lineales de las novelas que he leído hasta ahora de Macdonald, es una de las que más pliegues tiene, incluso hasta las últimas páginas la historia va desplegando capas y más capas, dando sorpresas. Macdonald juega con las identidades de los personajes, con su pasado – tema habitual en él- moldea sus vidas para engañar, tergiversar, robar, deconstruye y vuelve a construir. Pero sin engañar al lector, algo tan de moda ahora, sin hacer trampas, sin trucos.

Esta es sin duda una de las mejores novelas del escritor, con muchas de sus filias presentes; gente adinerada, traición, personajes con alteraciones mentales, lucha de clases. Y todo con ese aire Pulp con clase del que hacía siempre gala el señor Macdonald.

Creo que cuanto más leo a Macdonald más me cuesta hablar de él.

El caso Galton
Ross Macdonald
Serie Negra 2014
282 páginas.

Sobre una montaña, de John D´Agata

20/10/2014

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Yo soy de esos que algún día sueña con poder viajar a Las Vegas y casarse vestido de Elvis. Y mi mujer vestida de Marilyn Monroe. No me da vergüenza admitirlo. Y cuantos más tópicos se junten mejor; comer en alguna hamburguesería, jugar en los casinos, ir en un descapotable. Soy hijo de la cultura americana, crecí con el American way of live como modelo, lo vi en las series de televisión, en los libros de detectives, en los coches, en la música. Todo es mejor si viene de América.

Y aunque sea un poco mayorcito ya para estar fascinado por algo tan falso como el estilo de vida americano, es algo que me sigue gustando, es algo que me tiene hechizado desde pequeño y que me resisto a dejar de ver con esos ojos con los que vi por primera vez Los Goonies, Regreso al futuro o Canción triste de Hill Street.

Cuando descubrí este -fascinante y apabullante- ensayo sobre Las Vegas que escribió John D´Agata en 2010 y que acaba de traducir la editorial Dioptrías, no pude aguantar las ganas de leer sobre uno de los lugares más emblemáticos de los Estados Unidos, una de las ciudades más famosas del mundo, uno de esos sitios que todo el mundo conoce a través del cine, la televisión o la literatura, un lugar donde se puede pasar de tenerlo absolutamente todo a no tener nada, o de no tener nada, a ser lo que siempre se había soñado.

Todo empieza cuando John D´Agata, ensayista, poeta y profesor de literatura creativa en la Universidad de Iowa se traslada un verano con su madre a Las Vegas, para ayudar a ésta a instalarse en la ciudad. El plan es ayudarla en el traslado y estar con ella mientras encuentra una casa donde vivir, después volverá a su casa. Pero una vez allí, conoce – a través de su madre- a un grupo de activistas medioambientales, y asiste a una de sus reuniones. Es ahí donde todo cambiara, porque es ahí donde descubrirá lo que es el Proyecto Yucca Mountain, un absurdo y surrealista y extremadamente peligroso plan, que pretende almacenar 77.000 toneladas de residuos nucleares en el interior de una montaña.

D´Agata, fascinado con el proyecto faraónico, decide investigar como se ha gestado una locura de tal magnitud, así que empieza a tirar de alguno hilos para responder preguntas técnicas como los 10.000 años que los residuos van a continuar siendo peligrosos, o tan sencillas como de quién eran los terrenos donde está Yucca Monutain. Preguntas absolutamente surrealistas –por las respuestas- como la advertencia que se debe poner en los terrenos de Yucca Mountain para que las generaciones futuras entiendan que no deben entrar en esos terrenos bajo NINGÚN CONCEPTO o preguntas tan incomodas como con qué se financia un proyecto de tal magnitud.

Las investigaciones de D´Agata son absolutamente increíbles, por las respuestas que recibe, por como las recibe y por la magnitud que encierran. D´Agata muestra la corrupción que envuelve todo el proyecto, el engaño al que se somete a la población, totalmente abducida por un gobierno que ha conseguido hacerles creer que las pruebas con bombas nucleares –apenas a unos km de sus casas- son una cosa buena para la ciudad o que los residuos que se van a enterrar en la montaña -¡a 150 kilómetros de su casa¡- no suponen ningún riesgo para su salud.

Todo el proyecto de Yucca Mountain es un insulto a la inteligencia humana, un montón de intereses políticos y financieros, un mesudalapolla a las generaciones futuras por parte de un gobierno instalado en la corrupción y en el ombliguismo. Y aun así nadie lo para, a nadie parece importarle salvo a un grupo de cuatro activistas medioambientales. D´Agata da con unos cuantos informes sobre la inviabilidad del proyecto, sobre las catástrofes que puede generar si se filtraran los residuos radioactivos al subsuelo de la montaña, hay informes independientes de todo tipo y sobre todas las maneras en que esos residuos pueden acabar siendo perjudiciales para la ciudad de Las Vegas y para el estado de Nevada. Pero hay muchos más, pagados por interesados, que dicen todo lo contrario, que dicen que los contenedores son seguros, que la montaña es segura, que el transporte de esos 77.000 residuos hasta Yucca Mountain es seguro aunque un camión estalle en el centro de la ciudad y pueda arrasar con la mitad de la población.

Pero aunque en Sobre una montaña, todo gira alrededor del proyecto de Yucca Mountain, D´Agata también reflexiona sobre la ciudad de Las Vegas, sobre su población, sobre el estilo de vida americano. ¿Sabíais que Las Vegas ostenta el índice más alto de suicidios del país? ¿Y que en la ciudad es un tema tabú que el gobierno se empeña en esconder?

¨En Las Vegas se suicida más gente de la que muere en accidentes de tráfico, de sida, de neumonía, cirrosis o diabetes…
Quizá sea esa la razón por la que la ciudad tiene el número de fumadores per cápita más alto del país. O la tasa de consumo de drogas entre adolescentes más alta del país. O el número más alto en Estados Unidos de arrestos por conducir bajo los efectos del alcohol. La tasa más alta de abandono escolar. La tasa más alta de hogares en bancarrota. Y el número más alto de divorcios de toda la nación, cada año.¨

¿O qué los recursos para los tratamientos de las enfermedades mentales son los más bajos de todo el país, pese a que la demanda es de las más altas de todos los Estados Unidos?

¿O que se cree que el lago que abastece de agua a Las Vegas se secará en doce años?

El libro de D´Agata está lleno de tantos datos apabullantes que te dejan con la sensación de que el ser humano es una enorme y devoradora garrapata que destruye todo lo que toca, de que vivimos sin importarnos el mañana o el prójimo, de que el hombre es tan absolutamente maleable e imbécil, que te preguntas como es posible que hayamos llegado a la luna.

Hablamos de una ciudad que construye un motel al que llama Atomic View Motel y que ofrece ¡las mejores vistas a las explosiones de Las Vegas! Una ciudad que tiene el concurso anual de Miss Bomba Atómica, que ofrece en sus Hoteles el Menú Atómico y donde se puede encontrar en sus peluquerías un peinado llamado el hongo atómico.

Parece que la población de Las Vegas tenga metida la cabeza en el culo y solo le importe cuanto tiempo se van a quedar los huéspedes en sus hoteles.

El libro es una auténtica delicia a todos los niveles, tanto en información, en datos, en ritmo, y por supuesto y muy importante, en estilo. D´Agata tiene un estilo claro y directo, conciso, con un aire un poco incrédulo, que recuerda mucho, por su manera de contar las cosas, a David Foster Wallace, e incluso en algunas ocasiones más gamberras a Palahniuk. Voces que narran el surrealismo hecho realidad, lo imposible haciéndose posible, la suma de absurdidades delante de nuestros ojos, delante de los ojos de todo el mundo. Un estilo entre el periodista profesional y el espectador al que se la acaban de caer las patatas fritas al suelo al ver lo que está sucediendo.

¿Y qué tiene que ver con todo esto un chico que salta desde el casino más alto de la ciudad? Hay un pequeño hilo conductor que une de manera prodigiosa todos y cada uno de los temas que se exploran en este libro, desde el desfile en honor del centenario de la fundación de la ciudad, hasta el último paseo que dio un chico de diecinueve años hasta la terraza del Srtatosphere, el casino más grande y ruinoso de la ciudad de Las Vegas. Todo tiene algo que ver, todo orbita en el mismo escenario cruel de egoísmo y corrupción.

No olvidéis, que todo es posible en Las Vegas.

Mención para la fantástica edición de la editorial Dioptrías, que, siendo este su primer libro del catálogo, han bordado una edición tanto exterior como interior exquisita, y una traducción a cargo de Carles Morera e Inmaculada C. Pérez Parra igualmente insuperable.

Sobre una montaña
John D´Agata
Editorial Dioptrías 2014
170 páginas.

Mal dadas, de James Ross

10/10/2014

Mal-dadas

 

Creo que me estoy acartonando. Que me estoy haciendo estrecho de miras. Por Dios bendito.

El exceso siempre me ha venido bien, cuanto más bestia mejor, como en Texas todo es más grande. La música alta, la sangre a borbotones y los muertos a montones. Todo muy primario. La culpa la tiene Tarantino y su visión del mundo, me afilié a ese enfoque de radicalidad, de poderío, de rock and roll. La juventud y la soledad temprana, el sexo, el dinero.

Pero no puede durar para siempre. Se corre el riesgo de endurecerse hasta el punto de no apreciar otras cosas menos extremas, de no ver que las cosas sencillas son igualmente buenas. De ser un fundamentalista. De acartonarse. O peor, de hacer el ridículo.

Y soltar rollos como este.

Mal dadas es la opción para apreciar la sencillez en medio del exceso. La historia que te hace frenar y mirar dos veces que demonios estás leyendo. La rutina pausada de unas vidas más o menos monótonas, solo rota por la codicia más rastrera.

La novela de James Ross, lejos de acercarse a los Hardboileds de la época en que fue publicada (1940) y sumarse a la novela de detective y asesinatos de aquellos años, corre en otra dirección; más cercana, si queréis, a aquellas extraordinarias novelas picarescas que escribió John Steinbeck entre 1935 y 1954 y que tenían como escenario los arrabales de Monterrey.

Aunque con muchos menos personajes y con algo más de sangre, Mal dadas podría hermanarse con Tortilla Flat, Cannery Row o Dulce jueves, compartiendo una visión de la vida basada en la supervivencia pícara, en los pequeños y mal pagados trabajos, en las ingestas de alcohol ilegal, en la destilación de dicho alcohol, en el juego, en la precariedad de la época. Sobre todo en eso, en la precariedad de una generación sin presente, sumida en los años de la Gran depresión después del crack de 1929.

Aunque Mal dadas, sin ser optimista, es algo más halagüeña que las novelas de Steinbeck. En ella está presente una rutina más normalizada; un trabajo estable para la época, cierta sensación de estabilidad, una lenta prosperidad que se abre paso…

Así que tú esperas (a priori) leer algo en la línea de los tipos duros del pulp de aquellos maravillosos años, y resulta que Ross tiene otros planes para su novela. Alejada de un lenguaje duro y explicito, alejada de las tramas donde abundaban los tiros, las peleas y las persecuciones, Ross se decanta por escribir una novela que parece querer ir a contracorriente de las demás, no sé si por imposición de algún tipo o por pura rebeldía, Ross elude el aura del Hardboiled y escribe una novela de taberneros, una novela sin grandes tramas, sin mujeres explosivas, sin atracos y sin todo lo que en aquellos años estaba a la orden del día.

Y ya no publicó ni una más, pobre. No tuvo éxito y nadie más apostó por él.

Jack McDonald no tiene nada, le han embargado la destartalada granja donde vivía por no pagar los impuestos, con ella, el pequeño huerto de donde comía, una vieja mula, una vaca raquítica y unas cuantas gallinas que no ponían huevos. Sin nada que hacer en la vida, Jack acaba trabajando para un amigo de la infancia, Smut Milligan, un tipo sin escrúpulos y con mucha visión de mercado que emplea a Jack en el nuevo y flamante Salón de carretera que acaba de inaugurar. Pero las cosas no acaban de funcionar, y cuando las cosas van mal, la codicia llama a la puerta.

Si digo que hay que apreciar la sencillez, lo digo por novelas como esta, que apuestan por hacer las cosas sin grandes florituras, sin fuegos artificiales. Dos tipos, un bar, un montón de alcohol ilegal y un asunto turbio por en medio. Dejarse llevar, rutina, cigarrillos, montones de café, venganzas, puyas, y un final de esos buenos.

Nada mal para un tipo que no vendió demasiado.

Mal dadas
James Ross
Sajalín 2013

La entrega, Dennis Lehane

06/10/2014

La entrega - Dennis Lehane

  ¨En Broad River ellos eran los juguetes de piernas y brazos rotos, cables arrancados, descosidos por donde salía el relleno. Aunque los reparasen, ya no serían bien recibidos en la habitación infantil. ¨

A veces la ferocidad que se exhibe solo es una gran excusa, un gran muro que esconde inseguridad, miedo, envidia, traumas. Una especie de advertencia y de salvavidas. Aunque puede que esa ferocidad sea cierta, y se anuncie con un gran cartel donde puede leerse que la polla del tipo es más larga que la del resto y que hay que tener cuidado porque puede acabar metida en tu culo.

Pero la ferocidad no siempre es un rasgo visible. Puede anidar en lo más hondo de una persona y dormir ahí. Hasta que algo la hace salir. Entonces lo mejor es estar muy lejos. Lo más lejos posible.

Yo a Lehane lo tengo por un tipo duro, por un escritor tirando a oscuro. Las dos novelas que he leído de él así me lo demuestran. También lo tengo por un creador de mundos nato, por un creador de escenarios impresionante. Por un hacedor de historias sumamente técnico, perfeccionista, experto. Por un tipo que desarrolla las tramas con finura, con detalle, con cariño. Por un tipo que necesita espacio, tiempo y páginas para darlo todo, para expandirse.

Y entonces Lehane escribe La entrega. Que primero fue un relato fallido y luego un guion del que se ha rodado una película. Y que parece, después le ha dado al relato la longitud de una novela corta. Esta novela corta.

A veces me sorprende como los escritores son capaces de concentrar su talento en pocas páginas. De apiñar uno al lado de otro todos sus rasgos de identidad, todos sus tics, todas sus virtudes, todas sus filias y fobias. Por eso me gustan los buenos relatos. Y las novelas cortas. La entrega es apenas tres escenarios; un bar y dos apartamentos. Apenas tres personajes; Bob, Marv y Nadia. Apenas doscientas páginas. Y toda la esencia de Lehane latente en cada página.

Sin grandes historias, sin grandes vidas. Sin grandes tramas oscuras, violentas y crudas.

La ferocidad latente y escondida. La violencia patente y viva. La soledad, la locura, la determinación, la esperanza. La resignación, el miedo, el poder. Uno tras otro presentes aquí y allá. Escondidos, intuidos, presentes. Rasgos determinantes.

Microcosmos obrero, frío, pobre. De gente normal, sin aspiraciones, de segunda. Creyente hasta la médula. Fracasada. Anodina. Jugadora.

¨Hasta cuando lo empujaba contra el colchón y le penetraba el culo con una polla tan larga y ancha como un pepino, le aseguraba que estaba en deuda con él. Que no lo olvidaría.¨

Lehane en cápsula.

La entrega
Dennis Lehane
Salamandra Black 2014
190 páginas.

Caminando entre tumbas, de Lawrence Block

29/09/2014

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Pues hasta aquí. Ha llegado el temido día en que las traducciones de Lawrence Block se han terminado. Esta es la última que me quedaba por leer, y por desgracia no parece que vaya a haber más, al menos a medio plazo.

He hablado estas últimas semanas de las dos anteriores novelas a ésta, Cuando el antro sagrado cierra y Un baile en el matadero, y de cómo el personaje de Matt Scudder ha evolucionado sorprendentemente; cómo ha madurado –en parte al haber dejado el alcohol- cómo ha crecido, cómo ha mejorado, cómo su vida sentimental se ha asentado. Scudder ya no es el mismo que en las primeras novelas, conserva su instinto, que ha ido a más, pero se ha hecho más fuerte, más frío, más calculador. Incluso ha dado un paso más en eso de tomarse la justicia por su mano.

Todo eso es bueno, y así os lo hacía saber en las anteriores reseñas de la serie. Al menos creía que era bueno vaya, pero quizás estaba equivocado. En Caminando entre tumbas, de las más largas  que se han traducido (400 páginas), Scudder continua con esa frialdad que ha empezado a ser habitual en él, continua con esa actitud un poco distante, sin implicarse del todo en los casos, o al menos no tanto como lo hacía antes dejar la bebida. Y aquí está lo malo, que tengo la sensación de estar delante de una versión descafeinada de Scudder, de un autómata. Y es que creo que al personaje no le ha sentado muy bien dejar la bebida. Al principio la sobriedad y serenidad de Scudder eran una novedad, no estar todo el día en un agujero negro era algo agradable, nuevo. Pero conforme ha pasado el tiempo, Scudder se ha impregnado de una frialdad con la que no puedo empatizar, con una distancia hacia terceros que me es desconocida en él. Es como si al temer que recaiga en la bebida, Block haya recubierto a Scudder de una impermeabilización que no deja entrar nada en él, ni siquiera los sentimientos.

Eso no es algo malo para novela, al menos no es nada malo si nunca has leído a Block o si no sigues la serie en estricto orden de publicación. Es probable que si no te has fijado, ni siquiera notes estos detalles.

Pero la trama de Caminando entre tumbas tampoco me ha seducido como lo han hecho otras del pasado. Con tantas páginas me he encontrado una novela con un ritmo muy tranquilo, mucho, donde Scudder pasea mucho, callejea más que en otras novelas, va a muchas más reuniones de Alcohólicos Anónimos que nunca, demasiadas para mi gusto, reflexiona, pasea, telefonea, va de aquí para allá sin rumbo fijo. Sí es verdad, que una de sus peculiaridades es precisamente esa, callejear y reflexionar, acudir a reuniones de AA, telefonear –vive en un hotel-. Pero esta vez se me ha hecho demasiado cuesta arriba, la trama parece estar alargada por algún motivo que desconozco y a veces se ralentiza.

Un capo de la droga, a través de su hermano, contacta con Matt para que le ayude a encontrar a los tipos que han secuestrado y matado a su mujer. Los tipos han jugado con él, se han reído de él y se han quedado con su dinero. Y no le han devuelto a su mujer. Al menos no con vida… Matt se pondrá al servicio de este tipo y su hermano –otro ex alcohólico como él- para intentar dar con los tipos que secuestraron y mataron a su mujer. Pero lo que no sabe, es que tendrá que luchar contra algo más que unos simples secuestradores y asesinos, tendrá que buscar a fondo entre la basura, para encontrar un indicio de humanidad en todo este asunto.

Al margen de mi pequeña desilusión, supongo que llevaba demasiado esperando leer esta novela, Caminando entre tumbas es una buena novela negra; está escrita con solidez y Block tiene muy por la mano el mundo habitado por Scudder. Otra cosa ya es si, a mí personalmente, me parece que está un poco por debajo del resto o que le falta un poco de acción. Sea como sea, leer a Block siempre mola.

Caminando entre tumbas
Lawrence Block
RBA Serie Negra 2014
390 páginas.


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