Todos muertos, de Chester Himes

15/12/2014

TODOS MUERTOS CHESTER HIMES

Chester, Chester, Chester. Lo que me llega a gustar este hombre. Poco me acuerdo de lo diferente que es al resto, de su manera loca de tejer novelas, de sus buenos personajes, de sus dos Hombres duros. Con lo que disfruté leyendo Por amor a Imabelle.

No voy a poner la excusa de siempre, si no leo más a Himes es porque soy un capullo, aunque a partir de hoy tengo una excusa nueva y de mucho peso, luego os la cuento.

Todos muertos es la quinta novela de La serie de Harlem, que como ya sabéis tiene como protagonistas a Ataúd Ed Johnson y Sepulturero Jones, los dos detectives negros más duros y bestias del hardboiled.

Se supone que después de Por amor a Imabelle debería haber continuado con La banda de los musulmanes, que es la segunda, pero a saber en qué estaba pensando cuando compré Todos muertos y no La banda de los musulmanes. Bueno, sí que lo sé, Todos muertos me costó apenas dos euros, y venía aún con el film original de fábrica, está tan nueva que parece que se imprimió ayer. Así que ya que la tenía en casa, me decidí a leerla antes que la otra. Sobre todo porque la serie de Harlem se puede leer suelta, no importa demasiado, salvo un pequeño incidente en la cara de uno de los detectives en la que aterrizó un poco de ácido…

Por lo demás es una serie que admite leerla alternando títulos, además de que la podéis encontrar toda de segunda mano a precios muy, muy populares.

Pero hablemos de Todos muertos.

Harlem en plena noche, las calles vacías, alguien roba las ruedas de un coche y presencia lo que a todas luces es un atropello. El ladrón, escondido tras el avistamiento y a la espera de seguir con su faena, ve, incrédulo, como la victima del atropello se levanta y, justo cuando lo ha conseguido, es atropellado de nuevo, y esta vez mucho más violentamente, tanto, que la pobre víctima sale volando y es empalada por una cañería y se incrusta en la pared. Nuestro ladrón emprende la huida como si un demonio lo persiguiera. Al mismo tiempo, los integrantes del primero vehículo son interceptados por la policía que ha presenciado el atropello…

Pero como cada noche, parece que Harlem ha enloquecido, la policía recibe avisos sin parar; al parecer alguien está torturando un perro, un hombre ha llamado porque afirma que las monjas han organizado una orgía, una mujer asegura que han matado y violado a una mujer en plena calle y dos patrulleros llaman desde una cabina porque dicen haber sido atacados y pisoteados por un platillo volante que está recorriendo el barrio.

Una noche como todas. Hasta que llama el camarero de un bar en la calle París, dice haber sido testigo de un doble asesinato en plena calle y que un tercer hombre está también en el suelo inconsciente…y allá que van nuestro dos detectives.

Himes ha construido una novela bastante loca, como va siendo un la norma, llena de humor negro, diálogos afilados, culturas contrapuestas, violencia y una fina ironía impresa en cada párrafo. En Todos muertos, Himes alude al mundo político y a su potencial como estructura sobornable, a los cientos de tentáculo que despliega para llegar a todas partes. Aunque lo hace de manera muy suave y no centra la novela en eso ni de lejos. Himes se centra más en el momento, sus novelas parecen estar escritas para disfrutar de la acción misma que está sucediendo, sin importar demasiado lo que vendrá después. Tiene un punto de algarabía, de enredo, de folletín que no va más allá de unas cuantas páginas. Es precisamente eso lo que a mí me seduce tanto, esa aparente falta de previsión en la trama que hace que leer a Himes sea como montar en una montaña rusa en la que vas dando bandazos, en la que subes lentamente para luego bajar a toda velocidad en una alocada y surrealista persecución, en la que giras hacia la derecha, luego hacia la izquierda, vuelves a bajar en otra persecución donde ¡hay un motorista sin cabeza!, para llegar al final y parar con un golpe seco donde la cabeza da un par de bandazos antes de saber dónde demonios está.

Así es leer a Himes.

Siempre con ese estilo directo y duro, con esa construcción de ambientes tan sólida y un poco lírica y oscura, con esas segundas intenciones siempre impresas en sus tramas, esas lecturas entre líneas. Y esa acción tan brutal y tan intensa siempre, que apenas te deja respirar, que te lleva de un sitio a otro con un humor tan fantástico como excéntrico; lleno de homosexuales, travestis, policías, negros, blancos, y toda una fauna de gente extraña, loca y al límite de todo.

Pero no todo es bueno. Al principio os comentaba una excusa de peso por la que me planteo elegir con más cuidado las lecturas de Himes, o básicamente, autores editados en los setenta en Bruguera. La traducción. Me gusta comentar cuando una traducción es buena, me encanta decirlo, es un trabajo que admiro y que si no se hace bien te destroza totalmente un libro. Cuando es regular no suelo decir nada, y cuando es mala lo digo bajito. Pero esta vez tengo que advertir a los futuros lectores de esta edición de Todos muertos en Libro amigo de Bruguera, la traducción es muy mala, pésima, hasta el punto que la trama es difusa, cuesta entenderla, muchos diálogos no tienen sentido, algunas acciones tampoco, es un auténtico despropósito. Cuesta seguir la lectura hasta la desesperación.

No imagino las condiciones de trabajo en 1977, que es la fecha de esta traducción, ni la carga de trabajo que estos traductores debían soportar, pero me puedo hacer una idea. Por eso no diré el nombre de la traductora, mi advertencia es para los que os acerquéis a esta edición, para que vayáis preparados, en ningún caso me quiero cargar a la traductora que en aquellos años y en estos libros de tirada semanal, bastante tendría ya la pobre.

Pero que la traducción no os haga pasar de Himes, es un autor brutal y al que hay que leer sí o sí, podéis empezar por las tres primeras de la serie que están editadas en Akal y tienen traducción nueva y muy buena, no hay excusa.

Todos muertos
Chester Himes
Libro amigo-Bruguera 1985
217 páginas.

Tierra sucia, de Jim Thompson

09/12/2014

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 ¨Se crece deprisa en las tierras algodoneras, o no se crece. Deja uno de ser un niño casi en cuanto sale de la cuna. A uno le preocupan el pan de maíz y no las galletas, la cama y no los cuentos que se explican en ella. Se es parte de algo que siempre lleva un carga un poco más pesada de la que se puede soportar, que siempre ha de arrimar más el hombro de lo que llega a recoger. Así que o se sujeta un bien a su porción, o se le cae encima. Y no hay que arrastrar los pies, si no quiere uno quedarse rezagado.¨

En los años cincuenta, Estados Unidos estaba en pleno Boom de los libros de bolsillo. Una vez pasada la época dorada de las revistas Pulp de los años treinta y cuarenta, los lectores empezaron a demandar un formato más pequeño y manejable pero prácticamente con los mismos contenidos que consumían en las revistas. Así que los editores empezaron a editar libros de bolsillo con prácticamente las mismas temáticas que habían tenido tanto éxito en las revistas Pulp; ciencia ficción, western, novela negra, etcétera.

 Libros pequeños y baratos que contenían el mismo tipo de relatos que las revistas pero alargados hasta hacerlos novelas, el éxito fue abrumador. Una de las editoriales que a principios de los años cincuenta editaba libro de bolsillo y con mucho éxito fue la editorial Lion Books, a la que Thompson llego a principios de los cincuenta y donde publicaría la mayoría de sus novelas. Thompson producía tanto, que para no saturar a sus lectores, Lion Books hubo de entregar algunos manuscritos para que los publicaran otras editoriales, como por ejemplo Dell, una editorial amiga, de manera que las novelas de Thompson se diversificaran un poco. Hay que tener en cuenta que el ritmo de publicación de estas editoriales era prácticamente semanal. Un buen ejemplo extrapolado a nuestro país son los famosos Bolsilibros.

En la mayoría de estas editoriales, y por supuesto en Lion Books, se ponía en práctica una manera muy peculiar de trabajar, se hacía venir a los escritores y se les daban unas cuantas tramas escritas desde las que ellos desarrollaban la novela. La primera novela que escribió Thompson para Lion Books fue El asesino dentro de mí, y la idea se la dieron sus editores a partir de una trama que habían escrito ellos mismo. Tierra sucia fue la segunda novela que escribió para Lion Books y la trama fue sugerida por sus editores a partir de un pastiche de las novelas de Erskine Caldwell.

Publicada en 1952, apenas dos meses después que El asesino dentro de mí, Tierra sucia es la tercera novela criminal que escribió Thompson, y se refleja en ella mucho de la difícil relación que tenía con su padre.

Tommy Carver es un chico de diecinueve años que vive junto a su padre -y una emblemática mujer que le ha servido las veces de madre- en una pequeña cabaña de cultivador. La cabaña y los diez acres que la rodean, están al mismo tiempo rodeados por los terrenos de una hacienda donde los Carver trabajan la tierra para el dueño, ya que sus diez acres no son suficientes para darles de comer. El problema es que esas tierras están encima de un yacimiento petrolífero, y el dueño de la hacienda, rico, se niega a extraer el petróleo que hay debajo de sus tierras además de prohibir a los Carver extraer el que hay bajo las suyas, porque se echaría a perder el terreno para el cultivo. Añadamos a eso que el dueño de la hacienda es indio y que el padre de Tommy es un racista confeso…

Alguien va a acabar muerto de unas cuantas puñaladas, y el principal sospechoso es el chico de los Carver.

Tierra sucia está ambientanda en el sur de Estados Unidos, concretamente en Oklahoma, y  Thompson consigue crear un ambiente ciertamente opresivo, tanto si la acción transcurre en grandes parajes como si es en la pequeña cabaña. Cualquier lugar desprende un aurea de malignidad, de oscuridad, es algo que me ha fascinado, el tono que utiliza, la manera en que envuelve al lector. Además los personajes son realmente impresionantes, unos personajes muy fuertes, con mucha personalidad; Tommy es un ejemplo de hombre sometido, traicionado y vilipendiado que aún con todo conserva la cierta cordura; Mister Carver un hombre religioso, recto y también violento que no duda en pegar y maltratar a su hijo por no cumplir sus normas; y Mary, una mujer tímida y miedosa que llegó a la casa a los catorce años y que ha ejercido de madre y amiga de Tommy.

Thompson escribió una novela realmente oscura y sórdida, con unos personajes llevados bastante al extremo, una novela cargada de racismo y lucha de clases, con relaciones paterno filiales duras. Estas primeras novelas de Thompson me parecen impresionantes, están llenas de una virulencia que más tarde si diluyo un poco, parecen querer marcar territorio, Thompson estaba creando su sello de identidad por el cual sería reconocido y reconocible el resto de su vida.

 Y aunque Tierra sucia no es una novela perfecta ni mucho menos, tiene ese tono un poco apresurado con el que se escribían los Pulps de la época, un poco impaciente por pasar de una escena a otra, una trama en apariencia sencilla y un poco trillada, es una novela potentísima y está llena de reflexiones sobre el racismo, el amor, el abandono, la relaciones entre padre e hijo, sobre el inicio de la vida y hacerse mayor, la soledad…

La edición que yo tengo es la de Club del Misterio, el número 142, que editó Bruguera en los años ochenta y que imitaba un poco a las revistas Pulp que tan famosas se hicieron en Estados Unidos, por desgracia un poco difícil de encontrar hoy en día. Y la traducción, bueno, de la época.

Tierra sucia
Jim Thompson
Club del Misterio, Bruguera 1984
80 páginas a doble columna.

En el corazón del corazón del país, William Gass

05/12/2014

la foto

Me siento un poco como quien aprende a nadar a los cuarenta. O a conducir. O a montar en bicicleta. Experimentar algo que muchos ya han vivido antes. Aunque no me avergüenzo, ni por un segundo, ojala libros así cada día. A Wiliam Gass lo he conocido a través de otros autores, en concreto por ser quien ha escrito el prólogo de dos novedades que acaban de salir y que algún día espero poder leer. La reedición de Los reconocimientos de Gaddis y la nueva edición de La hoguera pública, de Robert Coover. Aunque en este último no se ha incluido el prólogo de Gass, lo podéis encontrar en la web de Pálido Fuego.

Interesado en esas novedades, investigué quién era Gass, aunque ya suponía que sería uno de la panda.

De William Gass sólo hay un libro publicado en España (¡sorpresa!) y es prácticamente imposible encontrarlo. Lo editó Alfaguara (¡otra sorpresa!) a principios de los ochenta, y se vendieron tan pocos, creo yo, que el mercado de segunda mano es prácticamente inexistente. Y en las bibliotecas catalanas el panorama no es mucho mejor, sólo hay UN ejemplar para el préstamo.

En fin.

No voy a hacer una reseña de En el corazón del corazón del país, prefiero que lo leáis, porque es apabullante y espectacular. Este pequeño libro contiene cinco relatos, o igual cuatro relatos y una novela corta, que retratan de manera desoladora, y en ocasiones sórdida y gris, la condición humana. En cada uno de los relatos el ser humano es expuesto a condiciones casi extremas; tanto en el sentido físico como en el mental. Los relatos, todos ellos de ambientación rural, son exquisitos y exigentes, con un estilo rico y en ocasiones difícil, y que puede ondear entre el relato gótico y la narración costumbrista casi poética. Cinco narraciones tan diferentes y a la vez con tantos puntos en común. Desde la turbadora El chico de Pedersen que abre el libro, pasando por la no menos oscura, y una de mis favoritas, Del orden de los insectos, hasta la que da nombre al libro y cierra la antología, En el corazón del corazón del país, un texto de tono poético y que es una auténtica maravilla.

Como prefiero que leáis a Gass antes que a mí, os copio una pequeña parte de En el corazón del corazón del país, una párrafo que me fascinó y me dejo rendido a este hombre por siempre jamás.

Si ninguna editorial se decide a traducir a Gass, ¿Será éste mi primer y último Gass? Ojalá no.

¨Tengo que organizarme. Tengo que, según dicen, ponerme en marcha, ahuyentar a este gato de mi regazo –sí tomar resoluciones, moverme, hacer. Más ¿qué hacer? Mi voluntad es como la luz rosada y polvorienta de esta habitación: suave, difusa y levemente reconfortante. Me permite hacer cualquier cosa…nada. Mis oídos oyen como por casualidad. Me alimento de lo que me dan. Mis ojos ven lo que se les pone delante. Mis pensamientos no son pensamientos, son dueños. Esto vacío o lleno…depende. Y yo no puedo elegir. Hundo mis garras en la piel de Tic y le rasco los huesos del lomo hasta que se despereza mimosamente. Señor Tic, murmuro, tengo que organizarme. Tengo que ponerme en marcha. Y el señor Tic gira sobre su barriga y se marcha.
El señor Tic se marcha cuando le rasco la tripa. Fu. Se aleja lentamente siguiendo con la cola el ritmo de sus pasos. Qué hermoso es cuando se mueve, pienso. De qué forma tan hermosa pide, como tú, amor, de qué forma tan hermosa lo acepta. Así me levanto y deambulo de habitación en habitación, de arriba abajo mirando por casi todas mis cuarenta y una ventanas. De qué forma tan hermosa recibe también esta casa su amor. Huyendo, como el señor Tic, se hunden mis ojos en los arbustos. No estoy aquí. He atravesado el cristal, los espacios del segundo piso, he volado entre las ramas, entre brillantes bayas, hasta el suelo, alta hierba cargada de semillas y follaje en cada estación. Y es igual que cuando sobre ti pasé con mi cuerpo envejecido y ardiente. En resumen, es una clase de amor. Y yo estoy aprendiendo a restaurarme a mí mismo, a mi casa, a mi cuerpo, haciendo la corte a los jardines, a los gatos, al agua corriente, y en compañía de los vecinos.¨

Alucinadas, VVAA

03/12/2014

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Desde que supe de este proyecto, a través de sus editoras en las redes sociales, me entraron ganas de leerlo. Me gustó casi automáticamente. La idea, las personas implicadas, el proyecto en sí. Me suele pasar con proyectos pequeños, hechos con mucho mimo, con ilusión, de lectores para lectores. Últimamente hay un florecimiento de este tipo de antologías, prácticamente locales, pequeñas, sin ánimo de lucro, que dan a conocer escritores noveles, escritores de otros países, incluso escritores consagrados que se suman al proyecto como acto de buena fe y apoyo. Y quién dice antologías, dice pequeños libros auto editados con sumo cariño, a través del crowdfounding, en pequeñas editoriales Pulp

Total, que me moría por leerlo.

Así que en cuanto salió, hace apenas unos días y al estupendo precio de cero euros, pues allá que me fui. Edición electrónica estupenda editada por el sello Palabristas y alojada en la plataforma Lektu.

Después de un pequeño prólogo, en el que Cristina Jurado, una de las dos editoras junto a Leticia Lara, nos pone un poco en antecedentes de como se ha gestado la antología y nos habla un poco de cada autora, nos encontramos el primero de los once relatos de la antología, La Tepsícore, de Teresa P. Mira de Echeverría. Y la cosa empieza dura, La Tepsícore es un relato de ciencia ficción dura, la vertiente más científica de la ciencia ficción, con unos cuantos adeptos, y no pocos a los que nos asusta bastante. Pero el relato Echeverría es accesible, leíble, entendible y todo lo ible que queráis. Un relato que habla de otras realidades paralelas posibles, donde otros nosotros las habitan, con diferentes versiones de cada yo en cada una de ellas, y lo que pasaría si nos enfrentáramos a nuestras diferentes versiones cara a cara y todas a la vez. Un relato un pelín complejo, interesante, extraño y turbador. Echeverría fue la ganadora de la convocatoria que se realizó para la antología en que el relato ganador sería publicado.

El siguiente relato es La plaga, de Felicidad Martínez, una autora a la que no había leído y a la que me temo que le seguiré la pista de cerca. La plaga es de los relatos que más me han gustado, un relato socarrón, lleno de humor negro, bruto y un poco políticamente incorrecto. Ya sabéis que me puede cuando hay armas y sangre de por medio. En La plaga, un grupo de militares llegan a un planeta colonizado por el ser humano, los científicos llevan años establecidos en colonias y haciendo investigaciones, pero un virulento ataque a uno de los asentamientos hace necesaria la presencia del grupo militar…Más intimista es La tormenta, de Laura Ponce, un relato sobre la vida y la muerte, un relato tranquilo, un poco onírico, que nos hace reflexionar sobre la perdida, sobre el amor, las relaciones humanas. De nuevo un grupo militar llega a un asentamiento, pero en este caso de otra civilización parecida a la nuestra. Una vez allí algunas cosas no parecen ser lo que parecen…

El cuarto y claustrofóbico relato es El método Schiwoll, de Yolanda Espiñeira, una historia con bofetada final, llena de sensaciones, de conjeturas, con dos visiones de la realidad. Un relato que se plantea los límites morales y legales de la investigación, la implicación de nosotros y de nuestro entorno más cercano para alcanzar nuestro beneficio. Otro que me ha entusiasmado es Casas Rojas, de Nieves Delgado, por gamberro, por salirse un poco de madre, por pícaro, por lo que cuenta y por como lo cuenta. Delgado reflexiona en su relato sobre las Inteligencias Artificiales, en como el ser humano, tan depredador, inventa y somete a estos robots de apariencia humana para sus…más bajos instintos. Pero estas IA aprenden…

Y llegamos al que No. Mares que cambian, de Lola Robles es el único relato que me no me ha seducido de toda la antología. Y es que el tema que toca no me ha interesado nada, desde ningún punto de vista. Y está muy bien escrito, pero mi interés no va por esos derroteros. Y tenía muchas dudas con Sofía Rhei, leí otro relato suyo de temática fantástica y no me gustó demasiado, claro que a mí la fantasía…Pero Techt me ha gustado mucho, un relato que habla del lenguaje, de las sociedades totalitarias, del recuerdo, del aprendizaje, de los sacrificios. Un relato romántico e intimista.

El octavo relato es Bienvenidos a Croatoan, de Layla Martínez, un relato oscuro y asfixiante, donde los viajes en el tiempo son los protagonistas, un relato que va adelante y atrás y de atrás adelante, donde las drogas son protagonistas, el miedo, la culpa, el amor, la destrucción de uno mismo. Una historia oscura donde un atraco falla y en el que uno de sus protagonistas no ceja en el intento de saber que paso realmente. Totalmente distinto es Black Isle, de Marian Womack, un relato también con una profunda reflexión, esta vez sobre el medioambiente y los efectos que el ser humano tiene sobre ella, tanto al destruirla como al intentar reparar su colonización. Un relato con una aurea también oscura, lleno de sospechas, donde los protagonistas son unas réplicas anímales de diferentes especies con las que el hombre ha sembrado los parajes ingleses.

Y los dos últimos son Memoria de equipo de Carme Torras, donde los integrantes de un antiguo equipo de baloncesto universitario se reúnen de nuevo para intentar ayudar a un integrante del equipo acusado de asesinato y A la luz de la casta luna electrónica¸ de Angélica Gorodischer un relato humorístico de las ya consagradas aventuras del mercader Trafalgar ¨Traf¨ Medrano.

Estos dos últimos relatos son de dos escritoras ya consagradas con varias novelas a sus espaldas; en el caso de Torras, su relato es una reflexión sobre la mente humana y sus diferentes planos en los recuerdos, y en como la tecnología puede actuar en ellos, manipulándolos, para así obtener un fin. O…puede que no. Y el relato de Angélica Gorodischer es una divertida aventura contada por el simpático y atolondrado ¨Traf¨ que nos cuenta su visita a un planeta donde reinan Las Mil, un grupo de mujeres despiadadas y ricas con las que nuestro aventurero tiene un… encontronazo.

Como veis, la mayoría de los relatos de esta antología tienen como trasfondo la preocupación por el ser humano, el futuro de nuestro planeta, la fauna, la flora, la especie humana, algo que se lee entre líneas en el conjunto de relatos.

En definitiva, Alucinadas es una antología con peso, con buenos relatos, reflexivos y al tiempo cañeros y entretenidos, una selección que da una buena muestra de que las chicas lo saben hacer muy bien.

Aunque, bueno, eso ya lo sabíamos.

Alucinadas, VVAA
Ed, Palabristas 2014.

La pata del escarabajo, de John Hawkes

28/11/2014

escarabajo

 Tengo una extraña pasión por los westerns, más concretamente por los westerns góticos. Oscuros, sangrientos, extraños, incluso despiadados a veces.

Pero empecemos por el principio. John Hawkes, otro de los hijos del postmodernismo norteamericano que junto a Pynchon, Barth, Barthelme, Gaddis y toda la panda, revolucionó la manera de escribir y contar historias allá por los sesenta y en adelante. Con algo más de suerte que alguno de sus coetáneos, unos pocos de sus libros fueron publicados en España en los años ochenta de la mano de Alfaguara, cuando se arriesgaba a publicar buena literatura, cosa que ahora parece no querer hacer, además de relegar al olvido un catálogo plagado de buenos autores que no se molesta en reeditar. Por suerte, la editorial Meetok ha recogido el testigo y de momento ha publicado dos de sus novelas, con vistas a publicar más.

He de reconocer, que mi primer intento con Hawkes fue con su novela El caníbal, una novela donde Hawkes hace su particular (re)visión de la segunda guerra mundial. Demasiado oscura y triste para mí en este momento, opte por dejarla y empezar por otra se sus novelas más afín a mis gustos, un western.

Con un estilo seco y desnaturalizado, pero a la vez hipnótico y oscuramente lírico, Hawkes construye en La pata del escarabajo un western gótico, extraño, surrealista, inconexo, un tour de force para el lector que, más allá de buscar una trama o un hilo conductor, ha de quedarse con el texto, con las palabras, con lo que subyace de ellas y reconocer y recomponer una historia donde el duelo y el dolor, la perdida, la apatía, la irrealidad y los fantasmas pueblan el pequeño y árido Mistletoe, un pueblo a la sombra de la gigantesca presa que habría de traer prosperidad y dinero a sus habitantes.

Hawkes no es un tipo fácil, él mismo decía que los verdaderos enemigos de la novela son: la trama, los personajes, el escenario y el tema. Así que intentad escribir algo obviando todo eso, es prácticamente imposible. Pero Hawkes lo consigue en sus novelas, da al lector una visión nueva del ejercicio de leer, otra visión, otro punto de vista. Hawkes parece querer darnos la oportunidad de construir nosotros mismos la historia, dándonos él los bosquejos, los pedazos de un todo que sólo él conoce, yendo de aquí para allá en una trama ya de por sí fragmentada, inconexa, que además él altera una vez tras otra cambiando las localizaciones, los espacios temporales y los personajes.

La clave para encajar todas las piezas nos las da el lenguaje que emplea Hawkes, un lenguaje potente y muy visual capaz de crear atmosferas asfixiantes y oscuras, capaz de transmitir la amalgama de egos y almas destrozadas, de personalidades extremas, capaz de crear un clima desolador que envuelve a un pueblo entero, capaz de tantas y tan extremas imágenes usando tan poco, usando solo las palabras exactas, con esa sensación de llenazón, de mareo, que da leer a Hawkes.

La pata del escarabajo es una novela absolutamente excelsa, ambientada casi toda ella al abrigo de la oscuridad nocturna, del polvo del desierto, una novela que lleva casi al extremo la definición de western gótico, una novela que nos hace pensar el Cormac McCarthy, en Faulkner, una novela que apesta a pobreza, a ropa sucia, a comida pasada, a gallinero, a cuadra, a gasolina, a alquitrán, a pólvora, a aire viciado, a humedad, a sureño. Una novela que nos desafía una y otra vez para darnos cien veces lo que le demos, para recompensarnos con un juego a todas luces imposible, que se hace posible mientras leemos.

John Hawkes jugaba con los géneros a placer en cada una de sus novelas; género negro, bélico o western, lo monstruorizaba, lo hacía suyo, y mandaba a tomar por culo la literatura tradicional. Admirado por Pynchon y Donald Barthelme, entre otros, Hawkes se ganó con creces un lugar entre ellos.

La pata del escarabajo
John Hawkes
Ed. Meetok 2010
229 páginas.

La mujer de un solo hombre, de A.S.A Harrison

25/11/2014

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¨Las personas no están aquí para satisfacer nuestras necesidades, ni para cumplir nuestras expectativas, ni nos tratarán bien siempre. El hecho de no aceptar esto generará rabia y resentimiento. La serenidad se consigue aceptando a las personas tal como son y enfatizando lo positivo.¨

Como lector nunca me han gustado las novelas que nos proponen ciertos juegos psicológicos. Sobre todo si estos tienen que ver con parejas, matrimonios o juegos sentimentales. Suelen acabar con mi paciencia. Me aburro, desconecto, deja de interesarme lo cotidiano y lo mundano. Me es más sencillo descartar todas las novelas que basen su trama en esa característica, que intentar encontrar alguna de mi gusto.

Así que La mujer de un solo hombre nunca habría acabado en mis manos de no ser por una serie de casualidades; una editora en la que confío al cien por cien, una bloguera en la que igualmente confío a ciegas, y la diferencia que a priori tiene esta novela con el resto de su, digamos, estilo.

Y es verdad que hay vida más allá del hardboiled.

Me he dado de bruces con una novela de parejas, si, una novela que basa todo su argumento en una pareja absolutamente feliz, que se ama hasta límites que harían entrar en coma a un diabético, que lo tienen todo, donde él es perfecto y ella es la auténtica y cariñosa y amante ama de casa y esposa. Un cuadro con todos los clichés.

O al menos es lo que percibe ella…

Jodi y Todd llevan más de veinte años juntos, ella es psicoterapeuta y pasa consulta en casa, él es constructor, y tiene su propia empresa. Viven en un apartamento en la planta 27 de un lujoso edificio con vistas al lago Michigan. Su vida es básicamente perfecta y, aunque no han tenido hijos, la viven con plenitud; ella pasa consulta en casa, cocina exquisiteces para su marido, va al gimnasio y da largos paseos con su perro Freud. Él también va al gimnasio, agasaja con regalos y detalles a su dulce mujer y sale con sus amigos. Los dos tiene su espacio, los dos tiene todo lo material que deseen tener, los dos disfrutan de vidas felices uno junto al otro.

Pero hay algo más, o yo no estaría aquí hablando de esta novela claro. Lo malo es que si hablara claramente de lo que sucede en esta novela os reventaría toda la trama, y no.

La mujer de un solo hombre puede leerse de varias maneras, desde varios enfoques, incluso si el lector es un hombre o una mujer puede que su punto de vista sea diferente. ¿Nos reconoceremos los hombres en Todd? ¿Se reconocerán ellas en Jodi? ¿Empatizaremos nosotros no Jodi? ¿Quién es realmente el malo en todo esto, él o ella? Y una larga lista de preguntas que nos iremos haciendo conforme la trama vaya avanzando. Y una vez terminado el libro.

Lo que me ha seducido de ésta novela, y que no han conseguido otras más celebradas, es el relato tan real que hace Harrison del mundo de la pareja, como narra la transformación de sus personalidades según los hechos se van sucediendo, según la dirección que toma cada uno, cómo retrata los sentimientos de cada uno de ellos según sus decisiones. Una visión escalofriante de la evolución de la pareja durante la trama; cuando las buenas personas se convierten primero en seres confusos, luego en seres vengativos, para volver a estar confusos. Amor, soledad, depresión, ira, celos, lascivia. Un coctel de sensaciones y de estados que desfilan por los personajes, que los hacen cada vez más humanos, cada vez más completos, cada vez más creíbles, cada vez más oscuros.

Harrison es capaz de humanizar o deshumanizar a sus personajes según el estado en el que se encuentren, y lo hace tan rematadamente bien, que es imposible no admirarla, no identificarse con cualquiera de los dos en algún momento de la novela. Harrison no es ni fría, ni calculadora, ni hace trampas en la trama. Harrison aboca a sus personajes a sus decisiones, los acorrala, los hace responsables de ellas, de manera que la única resolución posible es la que ellos han estado buscando, la que ellos han elegido, no hay sorpresa, no hay un conejo bajo de la chistera.

Admiro, y esto es raro, la psicología de sus personajes, la mano que tiene Harrison para construirlos tan bien. Donde otras veces he visto personajes pretenciosos, altivos, excesivos o soberbios, aquí veo personas consecuentes con sus vidas, humildes dentro de su felicidad, cercanos, respetuosos hasta cierto punto. Porque no son unos ángeles, no debemos olvidarlo. Harrison no ha inflado sus personalidades, ni ha inflado la trama. Todo surge de manera natural, los sucesos son prácticamente normales, que no deja de ser algo terrorífico, todo evoluciona, al parecer, sin poder tomar otra dirección que la que ellos mismos se han ido construyendo. Esto dicho así es raro, pero cuando uno lee la novela cobra todo el sentido del mundo. De verdad.

Harrison ha escrito una novela lenta, pausada, que se abre poco a poco, que se oscurece más a cada capítulo, que se va volviendo áspera y cruda cuanto más avanza. Una novela reflexiva, costumbrista, cruel.

La mujer de un solo hombre
A.S.A Harrison
Salamandra Black 2014
316 páginas

Prosa Inmortal: Crimen y Castigo.

21/11/2014

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¨Una de las comadronas de Los Cañizos corre a toda velocidad, blandiendo un fórceps a modo de espada medieval, y consigue arrancarle media nariz a uno de los chicos del laboratorio. Éste querría haberle dado con un microscopio de cuatro quilos a una de sus compañeras, que lleva un biberón molotov listo para lanzarlo a quien se cruce

 ¡Ya está aquí! ¡Ya ha llegado! ¡Niños y niñas! ¡Prosa inmortal 2!

(Corre desnudo haciendo el avión por casa mientras la cartera, en la puerta, sostiene el paquete, temblorosa, sin entender la reacción del inquilino del tercero cuarta que siempre ha sido tan amable con ella y con el que…) 

Ya sabéis lo que me gustan estas revistillas de relatos, y con lo que disfruté leyendo Prosa Inmortal: Los horrores de la ciencia estaba deseando que los señores John Tones y Francisco Serrano sacaran el segundo número de una vez…que se han retrasado un poco, eh, amigos, unos meses, ahí es nada, y yo aquí, esperando.

 Pero dejémonos de tonterías y hablemos de RELATOS. Con mayúsculas.

Este segundo número de Prosa Inmortal, algo más largo que el anterior, sigue la estela de calidad de la que ya hacía gala la primera entrega, incluso creo que la supera. Con un elenco de nuevos autores en sus páginas –salvo los dos editores antes citados, que repiten- y un nuevo leitmotiv, enfocado al Crimen y Castigo -de tan amplias interpretaciones como ya lo fue Los horrores de la ciencia- este conjunto de relatos vuelve a transportarnos a lugares extraños, remotos o demasiado conocidos, vuelve a hacernos sentir escalofríos, miedo, confusión y recelo, vuelve a dejarnos esa sensación de maravilla al terminar de leer algún relato, o después de cada uno de ellos. Prosa Inmortal está, una vez más, llena de gente extraña, violenta, rara, loca, vengativa, creyente, solitaria, poseída o cualquiera de los trastornos que se os ocurran.

Como por ejemplo en El arte de mentir, de Grace Morales, un relato muy corto y potente, casi como una bofetada, un relato que juega con la mentira, con el lector, de esos relatos que hay que leer hasta la última página, donde todo cobra sentido y las piezas encajan. O el de Andrés Abel, que ha escrito un relato de súper héroes, de un súper héroe. O igual de un súper villano. ¿Un justiciero algo retorcido? Los diarios de la mosca de la carne es un relato lleno de acción, sangre, ¿venganza?, a su manera , un relato contundente, engañoso, con un punto de vista retorcido, voyeur, maléfico, yo que sé mola muchísimo.

O meternos de lleno en un mundo inundado lleno de ciudades flotantes, un mundo donde las terrazas de los edificios sobresalen del agua, donde se acampa y se vive, un mundo con apenas zonas que no se han inundado. Francisco Serrano nos planeta en La inundación un mundo así, un relato de búsqueda, de desconfianza, también un relato de venganzas, de dobles caras, duro, seco y cruel.

Otra cosa es Una buena chica, de Alejandro Morellón el relato más loco y surrealista de la antología y uno de mis favoritos, del que proviene la cita al principio de esta entrada. Una lucha a muerte entre dos hospitales, desde la gente de la limpieza hasta el director del centro; enfermeras, camilleros, vigilantes, recepcionistas, todo el mundo luchando por su hospital; sierras, bisturíes, muletas, microscopios, todo vale con tal de acabar con el enemigo. Un relato brutal y bestial y sanguinario que se lee con una buena sonrisa en la cara.

En Vicios menores, Noel Ceballos nos muestra lo diabólico, cruel y frío que puede llegar a ser el ser humano a muy temprana edad, nos enseña que el mal es prácticamente inherente a la especie, que está ahí, que a veces sale de forma natural y muchas otras, cuando alguien nos avoca a él. Y otro de mis favoritos, 357 de Jesús Cañadas, un autor que me apasiona, al que ya le he leído algunos relatos más, que siempre muestra la cara oscura del ser humano, sus relatos son siempre retorcidos y oscuros, y este no iba a ser una excepción. Cañadas construye un relato de atmosfera asfixiante en una institución mental, una historia con un toque fantástico, que mantiene la tensión desde el primer párrafo hasta el último.

También tenemos un Western, El perro, un magnífico relato lleno de rabia y polvo, de obstinación, de obsesión. El relato de Merche Montero es seco y áspero y violento y duro. Y sale un chucho. Y podría seguir con el de Francisco Jota-Pérez, el de John Tones, el de Carlos Pérez o el de Javi Sánchez, todos fantásticos, entre la aventura, las distopías, las cárceles imposibles, los monstruos, la religión…

Por segunda vez, Prosa Inmortal vuelve a demostrar que las cosas con pasión y savoir faire son las que mejor salen, esta Monografía de ficción vuelve a rizar el concepto de antología, vuelve a reírse de sus camaradas de especie, vuelve a dejar claro que la literatura underground no tiene nada que envidiar al resto.

¡Viva la Prosa de segunda!

Crimen y Castigo AQUÍ.

American Noir, VVAA

17/11/2014

american-noir

Tenía muchas ganas de leer por fin, aunque parezca increíble, relatos de la mayoría de los autores de esta antología. Y digo que parece increíble porque en este país se publica mucho y bastante mal, y se descuida mucho a los clásicos. Y no solo a los clásicos de género, si no a los clásicos en general.

El ejemplo es esta antología, de los autores que salen en ella, la gran mayoría tiene inéditos sus relatos en nuestro país. A un pilar del género negro como es Jim Thompson, solo se le conocen dos relatos traducidos al castellano, y de eso hace más de quince años, en las revistas de Alfred Hitchcock, de James M. Cain he localizado un relato traducido en otra antología de tema didáctico de la editorial Vicens Vives, solo uno, de Mike Spillane ninguno, así como de David Goodis, James Ellroy, Lawrence Block, Lehane o Elmore Leonard, nada, y si corre alguno debe ser una traducción amateur o de alguna revista online.

Y no alcanzo a entenderlo. Todos y cada uno de ellos son autores de gran calidad, y todos –salvo Oates- son considerados clásicos del género negro y del Pulp, se han traducido la mayoría de sus novelas a nuestro país –con mayor o menos suerte- y la mayoría del público los conoce. ¿Entonces porque no se han traducido sus relatos? Nadie lo sabe. Es especialmente cruel en el caso de nombres como Thompson, Goodis, M.Cain o Spillane que han sido traducidos y editados varias veces y en diferentes épocas y siempre se han dejado de lado sus relatos, aquellos relatos con los que empezaron y donde se forjaron como escritores. Y si alguien pone en duda la calidad de aquellos primeros escritos, solo tiene que leer los relatos que hay en esta antología y se le quitaran las manías tan rápido como una bala alcanza el pecho del insensato que se interponga en su camino.

Pero hablemos un poco de estos relatos.

Navona ha cogido la antología The Best American Noir of the Century que se publicó en 2010 en USA, de la mano de James Ellroy y Otto Penzel como antólogos, y la ha publicado en España, un poco recortada eso sí. Básicamente la ha partido por la mitad. No me parece mal del todo, teniendo en cuenta que la edición original son más de seiscientas páginas, y ya sabemos que pasa en España con los relatos, me remito al principio de esta entrada. Así que como toma de contacto para los lectores, y para los editores, esta edición un poco de prueba no está nada mal. Además, tenemos la palabra de la editorial que si se vende bien esta primera parte, editarán el resto de la antología en un segundo volumen. BIEN.

Las buenas antologías destacan por su uniformidad de calidad, algo muy difícil de conseguir en la mayoría de los casos, dar con un conjunto de relatos sobresalientes –cuando se trata de varios autores- es casi una utopía. Cuando uno ve el nombre de los dos antólogos de esta selección, cualquier duda queda despejada, son dos pesos pesados del género, los dos tipos con el mejor criterio sobre género negro que corren por el mundo editorial.

Los amantes del Hardboiled disfrutaran de esta antología una barbaridad, que es lo que he disfrutado yo, con tanto autor Pulp, tanto relato visceral, tanto cliché en tan pocas páginas. Pero si os gusta lo negro más frío y pausado, más psicológico, más cruel, también disfrutaréis mucho, pues hay un buen puñado de relatos de ese estilo.

Desde Pastorale, de James M. Cain que es un relato pulp de manual; rápido, contundente, sin florituras, directo al grano, donde una mujer y su amante deciden matar al marido de ésta para poder vivir su amor juntos y cobrar el dinero del seguro de vida del marido. Un tema tratado millones de veces y visto de mil maneras diferentes, pero esta vez con el sello de M.Cain. Pasando por el relato de Spillane, uno de mis favoritos, también absolutamente Pulp, donde el amor vuelve a ser el hilo conductor, donde la venganza tiene una presencia brutal, con un Spillane que hace gala de una inteligencia asombrosa al urdir en pocas páginas una jugarreta brillante, sencilla y pulpera, pero brillante. O el brutal relato de David Goodis, sin duda el más oscuro y cruel de la antología, el más doloroso y que me dejo absolutamente KO. Un relato con un desarrollo lento y meticuloso, detallista, un relato casi susurrado al oído. Durísimo, feroz.

O el de Thompson, por fin, si hay un ejemplo de relato de revista Pulp, aún más que el de M.Cain, es éste, otro relato con el amor de trasfondo, con el adulterio como trama, rapidísimo, contundente y de esos que te desvelan toda su magia justo en la última frase del último párrafo del relato. Los relatos de Patricia Highsmith, y de Joyce Carol Oates se engloban en ese tipo de relatos con desarrollos más largos, donde se presta más importancia a los personajes y sus psicologías que a la acción, que queda relegada casi al final de todo, relatos de final contundente. Los de Ellroy, Block, Lehane y Leonard están a medio camino entre el hardboiled y los relatos más psicológicos. El de Lawrence Block por ejemplo es un relato retorcido, vengativo, con un desarrollo tranquilo, pero que al final se torna brutal y tiene esa dosis pulpera que nos gusta tanto. O el de Lehane, una historia de amistad que se enturbia y se torna oscura por culpa del amor, una vez más.

Os habréis dado cuenta de que prácticamente todos los relatos tiene que ver con el amor, de hecho solo hay uno que no tiene como hilo conductor el amor, todos están relacionados con él de una u otra manera; con el amor entre amigos, con el amor de una mujer, de un hombre, con el desamor, con los celos, con la envidia. Eso nos demuestra que en el fondo, somos seres muy primarios, y que la violencia es en sí primaria, humana, visceral, el amor es el gran recurso del género, de los géneros, es el gran tema universal.

Para mí, la prueba de que esta antología funciona perfectamente es el hecho de que, si lees los relatos sin saber cual pertenece a cada autor, son perfectamente identificables. Todos son la muestra exacta de quien los ha escrito, todos tienen la esencia de su autor, Goodis es exactamente Goodis, es inequívoco, Lehane es puro Lehane, y así todo y cada uno de ellos. Creo que eso es lo que se buscaba desde el principio, y se ha conseguido con creces.

Ojalá esta antología sirva para empezar a abrir un poco el mercado y que más editoriales se animen a traducir relatos de autores clásicos del género negro, ojalá más gente valiente.

American Noir
VVAA
Ed. Navona Negra.
331 páginas

Cuerpo, de Harry Crews

10/11/2014

portada-CUERPO

Supongo que nunca sucederá, pero si algún día me decido a escribir algo, ojalá se parezca una décima parte a como escribe el Señor Harry Crews. Después de leer Cuerpo, que descubro tarde como siempre, me pregunto, no por mí, porque yo llego a las buenas novelas siempre a través de terceros, que son los más leídos y los que me aconsejan, me pregunto, ¿porque no se lee más a gente como Crews? Y de Crews a Hawkes y a Gass, a Coover a Gaddis y a tantos otros que se leen tan poco. Un montón de gente interesante, por decirlo sin pedantería, que está básicamente descatalogada o que se edita con cuenta gotas y que en ventas, responden básicamente al romanticismo más que al negocio. Supongo que por eso mismo un montón de ellos siguen en el ostracismo.

Pero hablemos de culturismo.

Ambientar una novela en el mundo del culturismo y, más concretamente, en una competición tan señalada como el Miss/Mister Cosmos, me parece absolutamente bizarro (tanto en el significado español de valiente, como en el francés de extraño, freak). Porque si el culturismo, ya de por sí, es un mundo que a todos nos parece bastante surrealista, extremo, bruto y oscuro, lo que hace Crews en esta novela es una auténtica bomba atómica. Porque enfrentar dos clases tan alejadas, dos estratos sociales tan distintos, dos maneras de ver la vida tan diferentes como son los Turnipseed por un lado y un hotel lleno de culturistas medio en pelotas que aspiran a ser campeones del mundo por otro, es la mezcla más brutal, divertida, cruel y extraña que jamás he visto en mi vida.

Dejadme que os hable de la familia Turnipseed: del sur, pero muy del sur, lo que a todas luces llamaríamos paletos; mal hablados, mal educados, simples, ruidosos, tirando a estúpidos y, lo más importante, violentos. Pero de toda la familia, el más peligroso con diferencia es Harry Barnes, al que todo el mundo llama Cabeza clavo, un tipo ultra violento que no se separa nunca de su gran navaja plegable y que tiene la extraña manía de ir estrangulando a cuanto se le ponga por delante.

Y lo que tenemos en Cuerpo es: un hotel lleno de culturistas de todo el mundo concentrados para ganar el título más importante de sus carreras, y entre ellos, la favorita para ganar el título de Miss Cosmos, Shereel Dupont, o como se la conocía antes de pasar por las manos de Russell Morgan ¨El Músculo¨, la señorita de Waycross, Gerogia, Dorothy Turnipseed. Así que tenemos una culturista preparada para ganar el título mundial, a la que ha venido a ver su familia, una familia de paletos totalmente locos incapaces de entender porque un montón de tíos y tías se pasean medio en pelotas por un hotel, pero lo más importante, no entienden porque su Dorothy a la que no ven hace meses, se ha hecho eso en el cuerpo, va medio en pelotas y sobretodo no entienden porque se ha cambiado su precioso nombre por uno tan estúpido como Shereel.

Os juro que esto es muy loco.

Las escenas de los Turnipseed interactuando con cualquier cosa o persona son absolutamente demenciales; con otros culturistas, con el entrenador de Dorothy, con el subdirector del hotel, con todos, es como soltar un montón de niños en una tienda de juguetes, donde todo es nuevo y extraño.

Tenemos a los Turnipseed haciendo de las suyas por el hotel, y tenemos a Shereel Dupont y a Russell intentando concentrarse en ganar Miss Cosmos. La crueldad que imprime Crews en todo lo que rodea a Shereel, visto entre líneas, se compensa un poco con los toques divertidos de la familia Turnipseed. Aunque conforme avance la novela y se ahonda más en la trama vemos que el humor solo es una fino velo para enmascarar una crueldad y una tristeza omnipresentes. Porque todo ese mundo de cuerpos perfectos, de cuerpos esculpidos con sangre sudor y lágrimas, no es más que un gran show de postín, un gran espectáculo que termina cuando se baja del escenario y no se es nadie, un gran engaño al que nadie presta atención.

Además de enseñarnos el conflicto de enfrentar a una familia como los Turnipseed a un mundo totalmente ajeno a ellos, de enfrentar la rudeza de la vida real con el simbolismo de un gran teatro como es el culturismo, de enseñarnos el culturismo en sí, todo ese esfuerzo por la gloria, todo ese oscurantismo de batidos, hormonas, chutes, dietas brutales y privaciones letales, Crews nos presenta ambos mundos sin juzgar ninguno de ellos, sin decantarse por ninguno de los dos, simplemente exponiendo los hechos y dejando que el lector escoja su bando.

Y leyendo a Crews piensa uno inevitablemente en gente como Chuck Palahniuk, y en gente de su generación, porque la esencia de Palahniuk y los que llegaron detrás está directamente influenciada por Harry Crews, de él y solo de él aprendieron tipos como Palahniuk, solo que lo hicieron a medias, nadie es tan bueno como el cabrón de Harry Crews. Esa manera de reírse de lo que a uno le rodea, de confrontar mundos, de ponernos delante de los ojos las realidades más histriónicas; como hace Palahniuk en Monstruos invisibles, en Error humano, o en Al desnudo, beben directamente del estilo de Crews. Pero a ellos les faltan las lecturas entre líneas, les falta la contundencia, les falta la aspereza, que hacen que leer a Crews sea revelador e intenso y leer a l resto un simple entretenimiento.

Leed a Crews, es el único escritor que he visto peinando cresta que se ha ganado todo mi respeto.

 

Cuerpo
Harry Crews
Acuarela-Antonio Machado 2011
344 páginas.

 

 

 

Sólo un asesinato, de Jim Thompson

05/11/2014

índice

 Hace unos días terminé Arte salvaje, la biografía de Jim Thompson que escribió Robert Polito hace algunos años, y que Es pop nos acaba de traer traducida. Ha sido, sin duda y rotundamente, una de las mejores lecturas de este año; me ha fascinado la vida durísima que tuvo Thompson, la mala suerte que lo persiguió siempre, su carácter entre infantil y cabezota por salir siempre del charco, por vencer todos y cada uno de los obstáculos, la relación con su mujer, nada idílica como yo creía, más bien todo lo contrario, la relación con su padre, un hombre distante, un estafador, un farsante, la relación con sus tres hijos, igualmente distante, difícil. Todos los problemas de su alcoholismo, que lo arrastrarían a una perpetua mala salud y con los años a la muerte, su empeño por publicar y publicar y publicar, convencido de la calidad de sus relatos y sus novelas. Los cientos de viajes dejando a su familia atrás, los trabajos sin cualificación que lo hundían en la tristeza y lo deprimían, su carácter asocial, su soledad. Todo en ese libro es absolutamente increíble, tanto la figura de uno de los mayores iconos del género negro que jamás ha existido, como la descripción de la época y del escenario generacional de autores, publicaciones, editores y cultura pulp de aquellos años.

Al terminar Arte salvaje lo que uno quiere hacer, si no lo ha hecho ya, es leer todas y cada una de las novelas de Jim Thompson, leerlas –o releerlas- sabiendo el contexto exacto en que fueron escritas, viendo, leyendo los matices que le dan sentido, descubriendo de primera mano cómo fueron concebidas por su autor. Y si es en orden mucho mejor.

Sólo un asesinato no es la primera novela que escribió Jim Thompson, es la tercera, pero sí que es la primera de género de su carrera, las dos anteriores; Aquí y ahora y El trueno son novelas más autobiográficas y exentas de rastro criminal. He preferido empezar por ésta por esa razón.

Sólo un asesinato fue en un principio una novela muy diferente llamada The Unholy Grail, que Thompson empezó a escribir en 1932 y que no conseguía terminar. Gracias al tesón de su mujer Alberta y a la siempre falta de dinero, Thompson la retomó y consiguió terminarla en 1943. Se la envió a su agente en Nueva York, pero no hubo manera de vender la novela, nadie la quiso. Después de reescribirla hasta ocho veces y cambiarle el nombre por Sólo un asesinato, consiguió publicarla –con un agente diferente- el 16 de febrero de 1949, con cuarenta y dos años.

Escrita en primera persona, Sólo un asesinato tiene un argumento realmente retorcido, que va en una dirección, la más coherente, la más fácil, para, en apenas unas páginas, cambiar totalmente, presentando argumentos nuevos en contra de unos y a favor de otros. Y cuando ya has hecho esa teoría totalmente tuya, Thompson vuelve a dar un giro y a ponerlo todo patas arriba. Hasta la última página ira jugando con el lector, dando pistas aquí y allá, desorientándolo, jugando con él.

Sólo un asesinato nos sitúa en Stoneville, un pequeño pueblo estadounidense de apenas 7.500 habitantes, donde Joe Wilmot y su mujer Elizabeth Barclay, regentan la magnífica sala de proyección Cine Barclay. Propiedad de Elizabeth desde los inicios, pero hundida hasta el punto de cierre, la sala resurgirá cuando Elizabeth conozca y se case con Joe, repartidor de una de las distribuidoras de películas. Con Joe al mando, el cine incrementara los espectadores y los pases hasta hacer del Cine Barclay un negocio casi millonario, eliminando la poca competencia de un plumazo y alguna mala arte, hasta ser la única sala del pequeño pueblo y hacerse con todo el negocio. Pero el matrimonio de Joe y Elizabeth no funciona, apenas se dirigen la palabra, se odian. Y es entonces cuando aparece Carol Farmer, una estudiante de empresariales que lo desbaratara todo.

Carol se traslada a vivir a la residencia de los Wilmot, e indudablemente surgen los problemas. Más allá del triángulo amoroso que amenaza con surgir en esa casa, más allá del monopolio que ha tejido Joe con la sala de cine, Thompson construye una novela de almas perdidas, de individuos necesitados; algunos de dinero, otros de amor, de futuro, de oportunidades, cada uno persiguiendo lo que anhelan sin reparar en cómo hacerlo, sin importar el daño que infligen a su alrededor. Sólo un asesinato es toda ella como un gran grito para llamar la atención, un conjunto de vidas desesperadas intentando salir adelante.

Thompson escribió esta novela valiéndose de su experiencia como administrador de un cine de Big Springs donde trabajo en 1932, cuando la publicó, su agente se temía un alud de demandas por difamación parte de toda la industria del cine del país. No fue así.

Con el ya conocido estilo directo y contundente de Thompson, Sólo un asesinato es la muestra que ya desde sus inicios tenía claro por donde quería llevar sus novelas, cuál era su manera de escribir y contar las cosas. Esta novela es la primera de género negro que escribió y la que marcó un punto de inflexión en como orientar su carrera. Aunque aún le quedaban innumerables dificultades que superar en su vida, Thompson llego a vender 750.000 ejemplares de Sólo un asesinato en la siguiente década desde su publicación, todo un logro al que aferrarse los siguientes años.

Sólo un asesinato
Jim Thompson
Ediciones B
252 páginas.


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