Sobre una montaña, de John D´Agata

20/10/2014

aboutamountain

Yo soy de esos que algún día sueña con poder viajar a Las Vegas y casarse vestido de Elvis. Y mi mujer vestida de Marilyn Monroe. No me da vergüenza admitirlo. Y cuantos más tópicos se junten mejor; comer en alguna hamburguesería, jugar en los casinos, ir en un descapotable. Soy hijo de la cultura americana, crecí con el American way of live como modelo, lo vi en las series de televisión, en los libros de detectives, en los coches, en la música. Todo es mejor si viene de América.

Y aunque sea un poco mayorcito ya para estar fascinado por algo tan falso como el estilo de vida americano, es algo que me sigue gustando, es algo que me tiene hechizado desde pequeño y que me resisto a dejar de ver con esos ojos con los que vi por primera vez Los Goonies, Regreso al futuro o Canción triste de Hill Street.

Cuando descubrí este -fascinante y apabullante- ensayo sobre Las Vegas que escribió John D´Agata en 2010 y que acaba de traducir la editorial Dioptrías, no pude aguantar las ganas de leer sobre uno de los lugares más emblemáticos de los Estados Unidos, una de las ciudades más famosas del mundo, uno de esos sitios que todo el mundo conoce a través del cine, la televisión o la literatura, un lugar donde se puede pasar de tenerlo absolutamente todo a no tener nada, o de no tener nada, a ser lo que siempre se había soñado.

Todo empieza cuando John D´Agata, ensayista, poeta y profesor de literatura creativa en la Universidad de Iowa se traslada un verano con su madre a Las Vegas, para ayudar a ésta a instalarse en la ciudad. El plan es ayudarla en el traslado y estar con ella mientras encuentra una casa donde vivir, después volverá a su casa. Pero una vez allí, conoce – a través de su madre- a un grupo de activistas medioambientales, y asiste a una de sus reuniones. Es ahí donde todo cambiara, porque es ahí donde descubrirá lo que es el Proyecto Yucca Mountain, un absurdo y surrealista y extremadamente peligroso plan, que pretende almacenar 77.000 toneladas de residuos nucleares en el interior de una montaña.

D´Agata, fascinado con el proyecto faraónico, decide investigar como se ha gestado una locura de tal magnitud, así que empieza a tirar de alguno hilos para responder preguntas técnicas como los 10.000 años que los residuos van a continuar siendo peligrosos, o tan sencillas como de quién eran los terrenos donde está Yucca Monutain. Preguntas absolutamente surrealistas –por las respuestas- como la advertencia que se debe poner en los terrenos de Yucca Mountain para que las generaciones futuras entiendan que no deben entrar en esos terrenos bajo NINGÚN CONCEPTO o preguntas tan incomodas como con qué se financia un proyecto de tal magnitud.

Las investigaciones de D´Agata son absolutamente increíbles, por las respuestas que recibe, por como las recibe y por la magnitud que encierran. D´Agata muestra la corrupción que envuelve todo el proyecto, el engaño al que se somete a la población, totalmente abducida por un gobierno que ha conseguido hacerles creer que las pruebas con bombas nucleares –apenas a unos km de sus casas- son una cosa buena para la ciudad o que los residuos que se van a enterrar en la montaña -¡a 150 kilómetros de su casa¡- no suponen ningún riesgo para su salud.

Todo el proyecto de Yucca Mountain es un insulto a la inteligencia humana, un montón de intereses políticos y financieros, un mesudalapolla a las generaciones futuras por parte de un gobierno instalado en la corrupción y en el ombliguismo. Y aun así nadie lo para, a nadie parece importarle salvo a un grupo de cuatro activistas medioambientales. D´Agata da con unos cuantos informes sobre la inviabilidad del proyecto, sobre las catástrofes que puede generar si se filtraran los residuos radioactivos al subsuelo de la montaña, hay informes independientes de todo tipo y sobre todas las maneras en que esos residuos pueden acabar siendo perjudiciales para la ciudad de Las Vegas y para el estado de Nevada. Pero hay muchos más, pagados por interesados, que dicen todo lo contrario, que dicen que los contenedores son seguros, que la montaña es segura, que el transporte de esos 77.000 residuos hasta Yucca Mountain es seguro aunque un camión estalle en el centro de la ciudad y pueda arrasar con la mitad de la población.

Pero aunque en Sobre una montaña, todo gira alrededor del proyecto de Yucca Mountain, D´Agata también reflexiona sobre la ciudad de Las Vegas, sobre su población, sobre el estilo de vida americano. ¿Sabíais que Las Vegas ostenta el índice más alto de suicidios del país? ¿Y que en la ciudad es un tema tabú que el gobierno se empeña en esconder?

¨En Las Vegas se suicida más gente de la que muere en accidentes de tráfico, de sida, de neumonía, cirrosis o diabetes…
Quizá sea esa la razón por la que la ciudad tiene el número de fumadores per cápita más alto del país. O la tasa de consumo de drogas entre adolescentes más alta del país. O el número más alto en Estados Unidos de arrestos por conducir bajo los efectos del alcohol. La tasa más alta de abandono escolar. La tasa más alta de hogares en bancarrota. Y el número más alto de divorcios de toda la nación, cada año.¨

¿O qué los recursos para los tratamientos de las enfermedades mentales son los más bajos de todo el país, pese a que la demanda es de las más altas de todos los Estados Unidos?

¿O que se cree que el lago que abastece de agua a Las Vegas se secará en doce años?

El libro de D´Agata está lleno de tantos datos apabullantes que te dejan con la sensación de que el ser humano es una enorme y devoradora garrapata que destruye todo lo que toca, de que vivimos sin importarnos el mañana o el prójimo, de que el hombre es tan absolutamente maleable e imbécil, que te preguntas como es posible que hayamos llegado a la luna.

Hablamos de una ciudad que construye un motel al que llama Atomic View Motel y que ofrece ¡las mejores vistas a las explosiones de Las Vegas! Una ciudad que tiene el concurso anual de Miss Bomba Atómica, que ofrece en sus Hoteles el Menú Atómico y donde se puede encontrar en sus peluquerías un peinado llamado el hongo atómico.

Parece que la población de Las Vegas tenga metida la cabeza en el culo y solo le importe cuanto tiempo se van a quedar los huéspedes en sus hoteles.

El libro es una auténtica delicia a todos los niveles, tanto en información, en datos, en ritmo, y por supuesto y muy importante, en estilo. D´Agata tiene un estilo claro y directo, conciso, con un aire un poco incrédulo, que recuerda mucho, por su manera de contar las cosas, a David Foster Wallace, e incluso en algunas ocasiones más gamberras a Palahniuk. Voces que narran el surrealismo hecho realidad, lo imposible haciéndose posible, la suma de absurdidades delante de nuestros ojos, delante de los ojos de todo el mundo. Un estilo entre el periodista profesional y el espectador al que se la acaban de caer las patatas fritas al suelo al ver lo que está sucediendo.

¿Y qué tiene que ver con todo esto un chico que salta desde el casino más alto de la ciudad? Hay un pequeño hilo conductor que une de manera prodigiosa todos y cada uno de los temas que se exploran en este libro, desde el desfile en honor del centenario de la fundación de la ciudad, hasta el último paseo que dio un chico de diecinueve años hasta la terraza del Srtatosphere, el casino más grande y ruinoso de la ciudad de Las Vegas. Todo tiene algo que ver, todo orbita en el mismo escenario cruel de egoísmo y corrupción.

No olvidéis, que todo es posible en Las Vegas.

Mención para la fantástica edición de la editorial Dioptrías, que, siendo este su primer libro del catálogo, han bordado una edición tanto exterior como interior exquisita, y una traducción a cargo de Carles Morera e Inmaculada C. Pérez Parra igualmente insuperable.

Sobre una montaña
John D´Agata
Editorial Dioptrías 2014
170 páginas.

Mal dadas, de James Ross

10/10/2014

Mal-dadas

 

Creo que me estoy acartonando. Que me estoy haciendo estrecho de miras. Por Dios bendito.

El exceso siempre me ha venido bien, cuanto más bestia mejor, como en Texas todo es más grande. La música alta, la sangre a borbotones y los muertos a montones. Todo muy primario. La culpa la tiene Tarantino y su visión del mundo, me afilié a ese enfoque de radicalidad, de poderío, de rock and roll. La juventud y la soledad temprana, el sexo, el dinero.

Pero no puede durar para siempre. Se corre el riesgo de endurecerse hasta el punto de no apreciar otras cosas menos extremas, de no ver que las cosas sencillas son igualmente buenas. De ser un fundamentalista. De acartonarse. O peor, de hacer el ridículo.

Y soltar rollos como este.

Mal dadas es la opción para apreciar la sencillez en medio del exceso. La historia que te hace frenar y mirar dos veces que demonios estás leyendo. La rutina pausada de unas vidas más o menos monótonas, solo rota por la codicia más rastrera.

La novela de James Ross, lejos de acercarse a los Hardboileds de la época en que fue publicada (1940) y sumarse a la novela de detective y asesinatos de aquellos años, corre en otra dirección; más cercana, si queréis, a aquellas extraordinarias novelas picarescas que escribió John Steinbeck entre 1935 y 1954 y que tenían como escenario los arrabales de Monterrey.

Aunque con muchos menos personajes y con algo más de sangre, Mal dadas podría hermanarse con Tortilla Flat, Cannery Row o Dulce jueves, compartiendo una visión de la vida basada en la supervivencia pícara, en los pequeños y mal pagados trabajos, en las ingestas de alcohol ilegal, en la destilación de dicho alcohol, en el juego, en la precariedad de la época. Sobre todo en eso, en la precariedad de una generación sin presente, sumida en los años de la Gran depresión después del crack de 1929.

Aunque Mal dadas, sin ser optimista, es algo más halagüeña que las novelas de Steinbeck. En ella está presente una rutina más normalizada; un trabajo estable para la época, cierta sensación de estabilidad, una lenta prosperidad que se abre paso…

Así que tú esperas (a priori) leer algo en la línea de los tipos duros del pulp de aquellos maravillosos años, y resulta que Ross tiene otros planes para su novela. Alejada de un lenguaje duro y explicito, alejada de las tramas donde abundaban los tiros, las peleas y las persecuciones, Ross se decanta por escribir una novela que parece querer ir a contracorriente de las demás, no sé si por imposición de algún tipo o por pura rebeldía, Ross elude el aura del Hardboiled y escribe una novela de taberneros, una novela sin grandes tramas, sin mujeres explosivas, sin atracos y sin todo lo que en aquellos años estaba a la orden del día.

Y ya no publicó ni una más, pobre. No tuvo éxito y nadie más apostó por él.

Jack McDonald no tiene nada, le han embargado la destartalada granja donde vivía por no pagar los impuestos, con ella, el pequeño huerto de donde comía, una vieja mula, una vaca raquítica y unas cuantas gallinas que no ponían huevos. Sin nada que hacer en la vida, Jack acaba trabajando para un amigo de la infancia, Smut Milligan, un tipo sin escrúpulos y con mucha visión de mercado que emplea a Jack en el nuevo y flamante Salón de carretera que acaba de inaugurar. Pero las cosas no acaban de funcionar, y cuando las cosas van mal, la codicia llama a la puerta.

Si digo que hay que apreciar la sencillez, lo digo por novelas como esta, que apuestan por hacer las cosas sin grandes florituras, sin fuegos artificiales. Dos tipos, un bar, un montón de alcohol ilegal y un asunto turbio por en medio. Dejarse llevar, rutina, cigarrillos, montones de café, venganzas, puyas, y un final de esos buenos.

Nada mal para un tipo que no vendió demasiado.

Mal dadas
James Ross
Sajalín 2013

La entrega, Dennis Lehane

06/10/2014

La entrega - Dennis Lehane

  ¨En Broad River ellos eran los juguetes de piernas y brazos rotos, cables arrancados, descosidos por donde salía el relleno. Aunque los reparasen, ya no serían bien recibidos en la habitación infantil. ¨

A veces la ferocidad que se exhibe solo es una gran excusa, un gran muro que esconde inseguridad, miedo, envidia, traumas. Una especie de advertencia y de salvavidas. Aunque puede que esa ferocidad sea cierta, y se anuncie con un gran cartel donde puede leerse que la polla del tipo es más larga que la del resto y que hay que tener cuidado porque puede acabar metida en tu culo.

Pero la ferocidad no siempre es un rasgo visible. Puede anidar en lo más hondo de una persona y dormir ahí. Hasta que algo la hace salir. Entonces lo mejor es estar muy lejos. Lo más lejos posible.

Yo a Lehane lo tengo por un tipo duro, por un escritor tirando a oscuro. Las dos novelas que he leído de él así me lo demuestran. También lo tengo por un creador de mundos nato, por un creador de escenarios impresionante. Por un hacedor de historias sumamente técnico, perfeccionista, experto. Por un tipo que desarrolla las tramas con finura, con detalle, con cariño. Por un tipo que necesita espacio, tiempo y páginas para darlo todo, para expandirse.

Y entonces Lehane escribe La entrega. Que primero fue un relato fallido y luego un guion del que se ha rodado una película. Y que parece, después le ha dado al relato la longitud de una novela corta. Esta novela corta.

A veces me sorprende como los escritores son capaces de concentrar su talento en pocas páginas. De apiñar uno al lado de otro todos sus rasgos de identidad, todos sus tics, todas sus virtudes, todas sus filias y fobias. Por eso me gustan los buenos relatos. Y las novelas cortas. La entrega es apenas tres escenarios; un bar y dos apartamentos. Apenas tres personajes; Bob, Marv y Nadia. Apenas doscientas páginas. Y toda la esencia de Lehane latente en cada página.

Sin grandes historias, sin grandes vidas. Sin grandes tramas oscuras, violentas y crudas.

La ferocidad latente y escondida. La violencia patente y viva. La soledad, la locura, la determinación, la esperanza. La resignación, el miedo, el poder. Uno tras otro presentes aquí y allá. Escondidos, intuidos, presentes. Rasgos determinantes.

Microcosmos obrero, frío, pobre. De gente normal, sin aspiraciones, de segunda. Creyente hasta la médula. Fracasada. Anodina. Jugadora.

¨Hasta cuando lo empujaba contra el colchón y le penetraba el culo con una polla tan larga y ancha como un pepino, le aseguraba que estaba en deuda con él. Que no lo olvidaría.¨

Lehane en cápsula.

La entrega
Dennis Lehane
Salamandra Black 2014
190 páginas.

Caminando entre tumbas, de Lawrence Block

29/09/2014

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Pues hasta aquí. Ha llegado el temido día en que las traducciones de Lawrence Block se han terminado. Esta es la última que me quedaba por leer, y por desgracia no parece que vaya a haber más, al menos a medio plazo.

He hablado estas últimas semanas de las dos anteriores novelas a ésta, Cuando el antro sagrado cierra y Un baile en el matadero, y de cómo el personaje de Matt Scudder ha evolucionado sorprendentemente; cómo ha madurado –en parte al haber dejado el alcohol- cómo ha crecido, cómo ha mejorado, cómo su vida sentimental se ha asentado. Scudder ya no es el mismo que en las primeras novelas, conserva su instinto, que ha ido a más, pero se ha hecho más fuerte, más frío, más calculador. Incluso ha dado un paso más en eso de tomarse la justicia por su mano.

Todo eso es bueno, y así os lo hacía saber en las anteriores reseñas de la serie. Al menos creía que era bueno vaya, pero quizás estaba equivocado. En Caminando entre tumbas, de las más largas  que se han traducido (400 páginas), Scudder continua con esa frialdad que ha empezado a ser habitual en él, continua con esa actitud un poco distante, sin implicarse del todo en los casos, o al menos no tanto como lo hacía antes dejar la bebida. Y aquí está lo malo, que tengo la sensación de estar delante de una versión descafeinada de Scudder, de un autómata. Y es que creo que al personaje no le ha sentado muy bien dejar la bebida. Al principio la sobriedad y serenidad de Scudder eran una novedad, no estar todo el día en un agujero negro era algo agradable, nuevo. Pero conforme ha pasado el tiempo, Scudder se ha impregnado de una frialdad con la que no puedo empatizar, con una distancia hacia terceros que me es desconocida en él. Es como si al temer que recaiga en la bebida, Block haya recubierto a Scudder de una impermeabilización que no deja entrar nada en él, ni siquiera los sentimientos.

Eso no es algo malo para novela, al menos no es nada malo si nunca has leído a Block o si no sigues la serie en estricto orden de publicación. Es probable que si no te has fijado, ni siquiera notes estos detalles.

Pero la trama de Caminando entre tumbas tampoco me ha seducido como lo han hecho otras del pasado. Con tantas páginas me he encontrado una novela con un ritmo muy tranquilo, mucho, donde Scudder pasea mucho, callejea más que en otras novelas, va a muchas más reuniones de Alcohólicos Anónimos que nunca, demasiadas para mi gusto, reflexiona, pasea, telefonea, va de aquí para allá sin rumbo fijo. Sí es verdad, que una de sus peculiaridades es precisamente esa, callejear y reflexionar, acudir a reuniones de AA, telefonear –vive en un hotel-. Pero esta vez se me ha hecho demasiado cuesta arriba, la trama parece estar alargada por algún motivo que desconozco y a veces se ralentiza.

Un capo de la droga, a través de su hermano, contacta con Matt para que le ayude a encontrar a los tipos que han secuestrado y matado a su mujer. Los tipos han jugado con él, se han reído de él y se han quedado con su dinero. Y no le han devuelto a su mujer. Al menos no con vida… Matt se pondrá al servicio de este tipo y su hermano –otro ex alcohólico como él- para intentar dar con los tipos que secuestraron y mataron a su mujer. Pero lo que no sabe, es que tendrá que luchar contra algo más que unos simples secuestradores y asesinos, tendrá que buscar a fondo entre la basura, para encontrar un indicio de humanidad en todo este asunto.

Al margen de mi pequeña desilusión, supongo que llevaba demasiado esperando leer esta novela, Caminando entre tumbas es una buena novela negra; está escrita con solidez y Block tiene muy por la mano el mundo habitado por Scudder. Otra cosa ya es si, a mí personalmente, me parece que está un poco por debajo del resto o que le falta un poco de acción. Sea como sea, leer a Block siempre mola.

Caminando entre tumbas
Lawrence Block
RBA Serie Negra 2014
390 páginas.

El vigilante, de Peter Terrin

26/09/2014

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¨Estoy estirado encogido, acurrucado, me protejo a mí mismo. He quedado reducido a mis ojos, mi nariz y mis orejas; he perdido el rostro, soy un pequeño animal que vive en el centro de esta madriguera oscura y sofocante.¨

Hay una línea muy fina entre la cordura y la locura. Hay quien nunca la traspasa y vive toda su vida en relativa calma y tranquilidad. Y hay quien la traspasa, a veces de forma involuntaria o puede que forzando la mente bajo una presión inimaginable, sometiéndola. Y se convierte en otra persona.

La premisa de El vigilante, es todo un tour de force para la mente humana, para los protagonistas, para el lector. Terrin nos plantea una situación límite –o al menos es la apreciación que tenemos todos, tanto personajes como lectores- en la que dos personas se encargan de vigilar un edificio de apartamentos de lujo. El bloque es como un gigantesco bunker en el que la única entrada –y al mismo tiempo única salida- está en el sótano, en el parking, donde estos dos vigilantes tienen al mismo tiempo lugar de trabajo y  casa. Su prisión.

Todos los inquilinos entran y salen por ese garaje, por la única puerta que da al exterior. Los vigilantes no pueden salir de ese sótano, no pueden subir a ninguna planta del edificio, no pueden salir al exterior.

¿Por qué es una situación límite? ¿Por qué tanta seguridad? ¿Por qué viven veinticuatro horas al día, siete días a la semana en ese sótano?

Las preguntas se acumulan en cuanto la trama avanza, la oscuridad y la asfixia se apoderan del texto, del lector, del sótano. Dos vigilantes que segundo tras segundo, hora tras hora, día tras día ejercen su trabajo de manera inquebrantable, obsesiva hasta el límite. Dos vigilantes que no desfallecen ni cuando todos los inquilinos salvo uno abandonan el edificio en pos de algo desconocido. Que siguen haciendo su trabajo de manera leal y honrada, que incluso van más allá.

El efecto de lo desconocido hace mella, la incomunicación da paso a la imaginación más desbordada y brutal, el aislamiento hace crecer la semilla de la desconfianza. ¿Qué sucede en el exterior? ¿Por qué no hay noticias de la Organización?

El trabajo empieza a ser cada vez más exigente, hay que ser más exigentes, mejores. En su micro mundo lleno de oscuridad e incomunicación, los vigilantes adoptan comportamientos obsesivos, llenan los espacios de normas, de pequeños rituales, intentan luchar contra los miedos que los oprimen y los vuelve vulnerables a ojos de la Organización, a ojos del otro, a ojos de los inquilinos.

Cada nivel de exigencia es superior al anterior, cada vez son más exhaustivos, más duros, hasta que las exigencias se confunden con las supuestas amenazas y se diluyen en una difusa niebla entre la realidad y la sinrazón.

¨Tengo que prepararme para una gran aventura que hará empalidecer todo lo que he hecho hasta ahora. Cada segundo es una prueba.¨

Luchar contra el miedo es el auténtico motor de la trama, cuando el miedo es un gran gigante desconocido. El miedo a un atentado, el miedo a que entre algún intruso, el miedo a los inquilinos, el miedo a lo que sucede en el exterior, el miedo a ellos mismos. Luchar contra el miedo sin dejar de exigirse lo máximo a uno mismo. Viviendo en un cubículo, durmiendo apenas cinco horas por turnos, comiendo carne enlatada.

Desde la primera línea estamos a merced de Terrin, dominados y arrodillados a la contundencia del texto, al estilo seco y directo, a los capítulos cortos y afilados como una navaja. Hipnotizados por la atmósfera asfixiante, por el duro comportamiento de los vigilantes, por el magnetismo del sótano, por el mundo desconocido del exterior.

Terrin construye una novela que nos satura los sentidos, donde cada uno de ellos es puesto a prueba, sometido a un concienzudo examen; la vista, cuando todo es oscuridad y apenas se perciben los contornos y los objetos son meras ideas; el oído, único sentido del que fiarse cuando no se ve nada, cuando se está vigilante, cuando cualquier ruido puede ser una amenaza; el olfato, con el que oler al otro, su miedo, su pánico, su nerviosismo, con el que oler cuanto nos rodea, lo que hay y lo que ha habido, lo que queda; el tacto, para buscar camino en la negrura, para aferrarse y no caer, para llevar a cabo obsesivos rituales; el gusto, casi anulado, cercenado, aletargado, reducido a su mínima expresión, olvidado.

El vigilante es en muchos aspectos una novela excesiva, delirante, con pasajes entre la realidad y el delirio que tendremos que ser capaces de encajar, de absorber y continuar adelante, es una novela extraña, inclasificable, con un pie en la distopía, en la que nunca sabemos que ha sucedido, ni que sucederá. Solo sabemos qué está sucediendo.

Hay que destacar la gran traducción de Maria Rosich y la valentía de la pequeña editorial Rayo verde por atreverse con esta novela, un absoluto acierto. Peter Terrin ha ganado en 2014 el Premio de Literatura de la Unión Europea con esta novela.

El vigilante
Peter Terrin
Ed. Rayo verde 2014
185 páginas.

Nudos y cruces, de Ian Rankin

22/09/2014

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Después de la estupenda Black & Blue, prometí leerme toda la serie de Rebus. Toda y en orden. Las filias y esas cosas.

Nudos y cruces es la primera novela de la serie del detective John Rebus, ese gran personaje creado por Ian Rankin. La primera de las diecinueve que lleva ya escritas. Y es normal y merecida la gran fama que tiene Rankin por culpa de Rebus; un personaje complejo, rico, reflexivo, atormentado y muy bien dibujado.

Rebus camina en la estela de otros grandes detectives –o ex policías- como Matt Scudder o Jack Laidlaw, hombres abatidos por su pasado, por su presente, llenos de fantasmas, alcoholizados, confusos. Pero con un gran instinto para el oficio, con un sexto sentido para ver donde otros están ciegos, con su propia moral, con sus propios métodos de trabajo, de hacer justicia. Personajes que evolucionan en cada novela, que van dejando atrás miedos y atrocidades, que van siendo cada vez más humanos, más conscientes de lo que les rodea.

En esta primera novela de Rebus –y aquí hago un poco de trampa, puesto que ya he visto al Rebus de Black & Blue y sé la evolución del personaje- conocemos a un hombre de cuarenta y dos años, recién separado de su mujer, con una hija de doce años, relegado en la policía a trabajos más bien aburridos y anodinos –papeleo, archivos, puerta a puerta- pero al que al mismo tiempo se le considera un muy buen policía. Conocemos a un John Rebus lleno de miedos frente a su hija pre adolescente, un hombre promiscuo que no se pregunta porque hace lo que hace, un policía resignado. Pero sobre todo vemos a un Rebus atormentado por el pasado, que le asalta con dureza y de manera implacable.

Alguien está secuestrando y asesinando niñas en Edimbrurgo. Dos de momento y parece que va en aumento. El perfil de las niñas es prácticamente igual, sobre unos doce años, secuestradas en lugares públicos, misma complexión. A nuestro querido Rebus le asignan el caso, pero con truco, a él y a casi toda la comisaria, porque la mayoría de los agentes están destinado al caso de las niñas desaparecidas.

Como os decía antes, al comentaros que Rebus es parecido a otros detectives de su mismo perfil, vemos como la trama de la novela va en paralelo al personaje, incluso tiene más peso Rebus que la trama en sí. Es algo que Rankin continuara haciendo en todas sus novelas, puesto que Rebus es su sello de identidad y las tramas siempre giran en torno a él y su querida Edimbrugo.

En Nudos y cruces vemos como se crea y se forma John Rebus, con sus carencias y sus virtudes, que son pocas de unas y muchas de otras. Para ser una primera novela, Nudos y cruces es para mí extraordinaria, con una buena trama y unos personajes perfectamente perfilados, con un estilo directo, limpio, claro y poderoso, con un vocabulario sencillo. Sí que vemos aquí un Rebus algo más histriónico que el que llegara a ser luego, un personaje con más clichés de lo necesario, pero que, repito, se ira limpiando de ellos y se forjara una personalidad propia con un magnetismo impresionante.

Y la trama, pese a las escasas doscientas páginas es rica, trabajada. Que el desenlace se ve venir, sí, pero no dejo de pensar que está hecho de manera que nos avoquemos todos a ese final, lectores y personajes, el único final posible. Lo único que le achacaría es un final abrupto, las últimas páginas, el cierre, es demasiado seco, y Rankin nos podría haber dado unas pocas páginas más. Se queda uno un poco desangelado.

Nudos y cruces es indispensable para conocer a Rebus, sus inicios y sus futuros males, si los hay, por no hablar de que es una buena novela negra, escocesa y donde llueve mucho. Y no hay más que hablar.

 

 

 

Nudos y cruces
Ian Rankin
RBA Serie Negra 2011
235 páginas.

El reparador de biblias, de Tim Powers

19/09/2014

El reparador de biblias de Tim Powers

Tim Powers era uno de mis grandes pendientes, uno de esos autores que todos habéis leído y que levanta muchas pasiones. Con la expectación que levantó su visita a España y la reciente publicación por parte de Gigamesh de Ocúltame entre las tumbas, se está hablado mucho de él estas semanas, así que me he decidido a leerlo, no sea que me esté perdiendo algo bueno.

Tim Powers, uno de los chicos que le puso el nombre y fundó el Steampunk junto a K.W. Jeter y James Blaylock y sus novelas en aquel momento inclasificables derivadas del ciberpunk. Tim Powers y sus famosas Puertas de Anubis.

He querido empezar a leer a Powers por estos cuatro relatos con los que la editorial Gigamesh nos obsequió este pasado Sant Jordi de 2014. Es la manera más certera, creo, de saber si un autor te gusta o por el contrario no hay conexión alguna. Y la verdad es que no podría haber empezado mejor; me han entusiasmado los relatos, la imaginación de Powers me ha seducido por completo, y su manera de narrar me ha parecido espectacular, detallada pero sin florituras, con mucho ritmo, y con un uso de los diálogos muy dinámico y muy bueno.

Esta pequeña antología se compone de los relatos: Donde quiera que se oculten, Un alma embotellada, El camino de bajada y El reparador de biblias. Escritos entre 1982 y 2006.

El primero de ellos es Donde quiera que se oculten, un relato que aborda los viajes en el tiempo de una manera bastante peculiar…y un pelín confusa. Nuestro protagonista o protagonistas, saltan en el tiempo para visitar a su yo del pasado y guiarlo sobre la vida que tiene que llevar y el futuro que se avecina. Es un relato muy visual, lleno de imágenes que el autor nos describe con nitidez, un relato con varias dimensiones en un mismo momento, con el tiempo alterado, es de esos relatos (que me gustan) donde se reviven los acontecimientos desde varios puntos de vista y diferentes momentos temporales. Un relato donde no faltan los monstruos, la fantasía, las pinceladas de ciencia ficción, los personajes bien construidos y la acción bien dosificada.

El segundo relato, Un alma embotellada, es el más tierno por decirlo de alguna manera, es un relato mucho más pausado, el más pausado de los cuatro, con aire melancólico y un tanto lírico, con diversas referencias a la poesía y a la literatura. Gerorge Sydney conoce a una misteriosa chica pelirroja una tarde en el bulevar de Hollywood, él busca libros antiguos y raros para venderlos a coleccionistas, y esa tarde, como casi todas, ha pasado a dejar tres centavos en la losa en memoria de Jean Harlow. Es un relato magnífico, desarrollado con mucho gusto y delicadeza, que se disfruta, aunque tiene un aire triste y gris y se hace muy corto….

Sigue el relato que más he disfrutado, El camino de bajada, un relato espectacular donde los haya, me lo he pasado de miedo, disfrutado de la primera a la última página. La premisa es una reunión de seres inmortales, humanos con alma inmortal, vamos, unos tipos que van de cuerpo en cuerpo hasta el fin de los días. La manera en que Powers narra la reunión y lo que en ella acontece es fantástica, muy suelta, muy viva, con muchos diálogos y todos muy buenos. Estos seres inmortales tienen su moral y su manera de vivir, sus costumbres, su carácter, son una familia. El relato como digo me ha encantado, da para una buena novela, solo la manera en que Powers nos los presenta, un alma en cuerpo temporal, solo esa premisa ya vale oro. Tenemos a mujeres en cuerpos de hombres, hombres en cuerpos de mujeres, hombres en cuerpos de niños, ¿Veis por dónde voy? Los diálogos en la reunión para reconocerse son magníficos:

En el salón de techo alto me acerqué a un niño que estaba sirviéndose un vaso de Boodle´s.
-¿Dónde está el anfitrión? – le pregunté
-En la biblioteca. ¿Amelia?
-Soy Saúl. ¿Robin?- Robin siempre había sentido debilidad por la buena ginebra.
-Bingo. Nos vemos luego ¿vale?- Dijo, y se dirigió hacia el grupo congregado alrededor del piano.

Y por último El reparador de biblias, un relato también con una premisa muy original, pero que a mí no ha acabado de seducirme del todo. Nuestro protagonista es capaz de arreglar cosas mediante la magia, puede arreglar biblias al gusto de su dueño, quitando uno o varios pasajes para que cuadren con su filosofía, puede capturar las almas de los muertos en objetos; en peluches por ejemplo y luego hablar con los fallecidos. El problema es que a Torres, nuestro protagonista, le secuestraron el alma de su hija hace varios años -eso pasa a menudo ahora- y nunca ha pagado el rescate, un pedazo de su propia alma o sangre. Pero se encuentra en la tesitura de que alguien que necesita de su ayuda le devuelve el alma de su hija que tanto anhelaba… pero, ¿a cambio de qué?

Es un buen relato, pero algo confuso en la forma y al que le hubieran venido bien unas cuantas páginas más, algo así como seguir creciendo hasta una novela corta…

En definitiva, cuatro relatos muy buenos, con alguno sobresaliente, que han conseguido que corra a comprar La fuerza de su mirada y Las puertas de Anubis solo para empezar, y ya veremos después. Absolutamente recomendables.

 

 

El reparador de biblias
Tim Powers
Gigamesh 2009
96 páginas.

 

 

 

La cabeza del profesor Dowell, de Aleksandr R. Beliáiev

15/09/2014

ARBel

¨Marie se volvió hacia un lado y de repente vio algo que la obligó a estremecerse como si hubiera recibido una descarga eléctrica: una cabeza humana le estaba mirando directamente. Únicamente la cabeza, sin su tronco. Estaba fijada a un tablero de cristal cuadrangular, que se sostenía sobre cuatro elevadas y relucientes patas metálicas.¨ 

Me ha dado un poco por los rusos. Por la ciencia ficción rusa. El terror ruso. El vodka Ruso. Yo que sé. Tengo en casa a Alexander Bogdánov, a Alexéi Tolstói, a Nadezhda Teffi, a Liudmila Petrushévskaia, a los hermanos Strugatski. Y quién nos ocupa hoy, Aleksandr R. Beliáiev. Empiezas con uno y ya no puedes parar.

Están todos por leer, menos Beliáiev, e irán desfilando por el blog poco a poco, a ver que os parecen.

Lo que nos ocupa hoy es La cabeza del profesor Dowell y El día del juicio final, las dos novelas que recoge este libro editado por Alba hace algo más de un año. Al señor Aleksandr R. Beliáiev se le tenía, y se le tiene aún, en gran estima en su país, se le compara con Jules Verne y se le considera uno de los precursores de la ciencia ficción rusa. Llegó a escribir más de ochenta novelas y otros tantos relatos de género, y algunos de ellos fueron llevados al cine. En España hay traducidas creo que otras cinco novelas a parte de estas dos que nos ocupan hoy. Murió de hambre en Pushkin en 1942 durante la ocupación y sitio de los nazis.

La cabeza del profesor Dowell me ha sorprendido (y divertido) muchísimo, es una novela diferente, una aventura de ciencia ficción surrealista y totalmente Pulp, con tintes de folletín y con puntos absolutamente deliciosos. Cabezas cortadas parlantes, cuerpos amputados, científicos malvados…

Por un lado tenemos al infame profesor Kern, antiguo ayudante del profesor Dowell, que está siguiendo con los experimentos que el difunto profesor Dowell dejo inacabados después de morir. Y si los sigue realizando es para ganar la fama y la reputación que le hubiera sido imposible alcanzar de seguir con vida su mentor, el profesor Dowell. Esta artimaña está siendo posible gracias a que kern ¡¡mantiene con vida la cabeza separada del cuerpo del profesor Dowell!! ¡Kern mantiene la cabeza de Dowell viva! ¡Y la tiene sometida! Es maravilloso como Beliáiev aborda el tema de mantener con vida una cabeza cortada, como lo cuenta científicamente y moralmente, todos los pros y los contras, es perturbador y divertido al mismo tiempo.

Y por otro lado tenemos a la señorita Marie Laurane, la joven doctora que contrata el malvado Kern para que le ayude a llevar a cabo su perverso plan de fama y fortuna. Marie se encuentra con un panorama sobrecogedor, una cabeza viva sometida a trabajar para dar fama a su secuestrador.

Con estos ingredientes Beliáiev teje una trama deliciosa, llena de romances, traiciones, heroicidades, crueldad, ciencia, amputaciones, suturas, manicomios y un sinfín de operaciones y transfusiones.

En conjunto La cabeza del profesor Dowell es una novela sencilla, escrita de manera clara y directa, como dicta el buen Pulp -aunque quizá por época y territorio sería un error englobar esta novela en la corriente Pulp-. Lo que quiero decir es que es una novela de formas simples, con personajes no demasiado profundos, con una trama en ocasiones atropellada, con algunos saltos y que pasa de un plano a otro sin demasiada vergüenza. Todo eso la hace mejor si cabe, y da una clara pista de lo que es; una novela de ciencia ficción escrita en 1925, con sus limitaciones y sus virtudes.

Puestos sobre aviso, solo cabe disfrutar de una historia divertida y alocada que se va volviendo oscura con el paso de las páginas y los acontecimientos, que en su aparente sencillez transmite fuerza y crueldad y que termina mucho más oscura de lo que empezó.

Este volumen también incluye El día del juicio final (1929) novela corta (unas cien páginas) o, si lo preferís, relato muy largo. El punto de partida es curioso, todo empieza cuando nuestro protagonista, un reportero destinado en Berlín en los años veinte, nota que al mover su mano ésta es invisible, que todas sus acciones son invisibles, y no se da cuenta hasta pasados unos minutos que sus movimientos vuelven a ser visibles. Esto es, que el tiempo se ha ralentizado, en este caso la velocidad de la luz ha disminuido y todos los movimientos de la tierra son percibidos con varios minutos de retraso. La situación que se crea a consecuencia de este trastorno temporal es absolutamente caótica y divertida; dantescos accidentes de coche, de tranvía, robos, caídas, choques, situaciones absurdas en las aceras, diálogos surrealistas…

El día del juicio final esconde una trama de espías y de gran carga política, es amena y divertida, igualmente folletinesca -como su antecesora- y está escrita de igual manera, resuelta, sencilla y directa.

Dos novelas que se disfrutan mucho y que se salen de los cánones más convencionales de la ciencia ficción, que están más cerca del Pulp y de las novelas populares. Un autor desde luego a reivindicar y a leer cuando uno tiene ganas de diversión y de locura a raudales. ¿Quién se va a resistir a cabezas parlantes, malvados científicos, amputaciones a mansalva y manicomios de lo más cruel?

 

 

La cabeza del profesor Dowell
Aleksandr R. Beliáiev
Alba editorial 2013
358 páginas.

 

Un baile en el matadero, de Lawrence Block

09/09/2014

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Por esto me gustan las series. Por esta sensación me gusta leerlas desde el principio, en orden. Por este hormigueo que se siente al ver a tu personaje crecer, verlo cambiar, evolucionar, madurar. Notar que está vivo.

De Block he hablado unas cuantas veces aquí, a Scudder ya lo conocéis, y hace poco os hable de Cuando el antro sagrado cierra. Está siendo un año muy de series. Y tengo una pequeña debilidad por Matt Scudder. Y Ojala se publiquen todos los títulos que faltan y los dos o tres que se han saltado.

Cada novela que leo de Block es mejor que la anterior, lo digo mucho, pero es que es así, es una de las cosas que me gusta de leer series largas de personajes, ver como el autor aprende, madura y perfecciona sus novelas; sus tramas, y sobre todo sus personajes. Con Block se hace patente si has leído la serie en orden, se nota como madura Scudder¸ como le afectan los años, las vivencias. En Cuando el antro sagrado cierra, ya se apreciaba un buen cambio en Matt¸ mucho más relajado, más serio, alejado del alcohol, más reflexivo si cabe. Pero no me esperaba el gran cambio que ha dado en Un baile en el matadero, es espectacular, es un Matt totalmente centrado, irónico (aún más), muy de vuelta de todo, incluso frío, ha dejado de ser paternal, y según vemos en el desenlace de la novela, muchas cosas han cambiado en su carácter y su manera de ver la vida.

Aunque por desgracia hay truco, nos hemos saltado dos novelas (Out on the Cutting Edge de 1989 y A Ticket to the Boneyard de 1990), así que este gran cambio en Scudder se ha gestado en estas dos novelas, y por desgracia nos lo hemos perdido.

Pero hablemos de Un baile en el matadero. A Matt lo contrata un tipo llamado Lyman Warriner para que descubra quién ha matado a su hermana, para descubrir si, como él sospecha, lo ha matado su cuñado, un importante hombre de negocios, arrogante, encantado de conocerse y por si fuera poco, presentador de televisión. Al parecer la pareja fue atacada por unos ladrones cuando entraban en el edificio donde está su apartamento. Los ladrones, al verse sorprendidos, la emprendieron con ellos, violando y matando a la mujer y dando una paliza de muerte al marido. La policía ha dejado al hombre libre sin cargos al no tener pruebas de nada, pero Warriner sospecha del marido de su hermana y no piensa descansar hasta saber toda la verdad.

Además de esta trama, Block introduce una segunda historia algo más cruda y oscura sobre la prostitución con chicos de la calle y los chaperos, toca ciertos temas sobre la pornografía y el cine, y reflexiona sobre los límites de la moralidad en el sexo y el dinero. Y aunque tocas temas bastante delicados y escabrosos, lo hace siempre con medida y alejado de los efectismos y las escenas gratuitas.

Como he dicho al principio en Un baile en el matadero he notado un cambio en la serie, Scudder ha dejado atrás mucho de su pasado, muchas referencias al lector han desaparecido, su carácter ha cambiado, su visión de la vida es otra. Scudder es más frío y está más alejado, aunque tiene pareja y eso lo humaniza, aunque no como antes. Mira el mundo con pesadumbre, con un punto de desesperanza, de resignación, incluso de venganza. Ciertamente es el mismo Scudder de siempre, pero algo ésta cambiando en su interior, algo ha pasado y algo va a pasar. Lo jodido es que no sabemos que ha hecho durante las dos anteriores novelas y hay muchos espacios en blanco que rellenar.

También hay un cambio en Block, su manera de escribir es más depurada, mucho más concisa y directa, los diálogos también han cambiado y tienden a ser más cínicos, más incisivos, como sus personajes. La trama es más reflexiva y (esto sí) como siempre con ese final del que tanto os hablo, esos finales marca de la casa. Aunque este final es doblemente perturbador por cómo reacciona Scudder a él, por como lo vive.

En conjunto me he encontrado ante una novela sobresaliente, un punto por encima del resto de la serie, una novela que sin llegar a sacudirte te hace crecer esa emoción interior de plenitud, de conexión, de vínculo con el autor, con el personaje.

La traducción a cargo de Elena González está realmente bien, pese algunos errores -muchos menos de los que imaginaba siendo una edición de La factoría- y transmite ese tono frío y reflexivo de Scudder.

Lawrence Block ganó en 1991 el prestigioso premio Edgar con esta novela.

Esto empieza a ser una despedida. Traducida solo nos queda por leer Un paseo entre las tumbas ¿Y luego? Luego la nada.

 

 

Una baile en el matadero
Lawrence Block
La factoría de ideas 2006
320 páginas.

 

Galveston, de Nic Pizzolatto

29/08/2014

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¨No sé si mi cuerpo recordó de pronto todo lo que me habían hecho, pero el terror me atenazó las pelotas, el corazón y la garganta. Sentí el frío metal del revólver en mi mano y la idea de utilizarlo me pareció de pronto irrealizable; sólo de pensarlo me quedaba paralizado. Todo mi cuerpo estaba como atenazado por el pánico. No tenía la menor idea de que me hubiera vuelto tan sumiso.¨

Estoy empezando a descubrir, llegados los cuarenta, qué escenarios me seducen más del género negro. Qué mecanismos me hacen quedarme y qué otros alejarme de la lectura. Con qué tipo de personajes me llevo mejor y qué otros encuentro insufribles. Será la madurez. También empiezo a mirar de reojo las Harleys y los Ford Mustang. Y bebo más cerveza que nunca.

Y sonrío poco.

Era imposible que no me gustase Galveston.

Lo leí en mis deliciosas vacaciones; entre gritos, salpicaduras, cerveza tibia y caras de ya-basta-estamos-de-vacaciones. No es digno leer en bañador, y mucho menos untado de crema, entre pechos al aire, muslos blancos y espaldas abrasadas. Pero ya sabéis, así está la cosa.

Cuando uno empieza identificar todas esas cosas de más arriba, aunque sea tarde, es cuando empieza de verdad a disfrutar de la literatura, es cuando empieza a seleccionar mucho más, a identificar si algo funciona o no funciona y porque lo hace, empieza el conocimiento de uno mismo, si uno no se conoce de antes, que no es mi caso, y se puede disfrutar mucho más de los libros. O al menos es lo que me pasa a mí.

Galveston tiene todos los ingredientes, todos los matices, los mecanismos y recovecos que he ido coleccionado, todas esas cosas que me gustan de una novela, todos juntos, en una misma trama, en una misma historia. Pizzolatto no solo escribe bien, sino que además parece conocer el alma humana como nadie, la exprime, la prensa, para sacar de ella todo cuanto habita, todo cuanto ha vivido.

Galveston tiene una muy buena trama, pero no es una historia convencional donde se apoye el peso de la novela. El peso de la novela lo llevan los personajes, los pilares son sus vidas, su pasado, sus acciones, sus decisiones. El resto es un maravilloso decorado tejido con exquisitez y detalle, con sequedad y polvo, con sudor y sangre, con frustración y violencia.

Roy Cody se gana la vida de gánster, de gánster un poco de segunda. Hasta que un día cae en una encerrona de la que logra salir con vida por muy poco. Con vida y con una puta casi adolescente que se le ha pegado como una hija a la que le falta un padre. La chica se llama Rocky, es preciosa, mal hablada, llama la atención y tiene un pasado más oscuro que el fondo de un pozo. Justo lo que necesita Roy. Al salir con vida de la trampa, Roy y Rocky han de huir de Nueva Orleans si quieren salvar el culo, así que Roy decide bajar a Galveston, Texas.

Galveston podría ser una road-movie o road-novel si la trama tuviera el peso que normalmente se le atribuye a este tipo de novelas de género, o si fuera un thriller, si estuviera concebida como un bestseller. Pero como ya he dicho esta novela va más allá y el conjunto es más un viaje al pasado, un golpe con efecto que va rebotando en las vidas de los personajes, que los despoja y los viste y los vuelve a despojar de sus emociones, de sus ilusiones, de sus creencias. Un viaje –un poco como aquel que hacen Lee y wild en Por mal camino- lleno de pliegues, de sensaciones, lleno de reproches, de fallos, de pérdidas, de curvas y de amistad.

¨Hay ciertas experiencias a las que es imposible sobrevivir, y después ya no existes del todo, incluso si no has llegado a morir.¨

Que Pizzolatto es un creador nato de personajes lo sabemos, lo intuimos, es guionista de una de las mejores series que se está viendo en televisión en los últimos años, y en Galveston –anterior a la serie- ya da una buena muestra de ello. Pero no solo en los principales, los secundarios –Tiff, Nancy, Dehra, Nonie, Tray,Lance- están a la altura, son fuertes, definidos, unos secundarios de lujo, un conjunto de personajes entre oscuros, tiernos, crueles y desconfiados, una galería donde escoger, donde identificarse.

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Pizzolatto ha escrito una novela que no le debe nada a nadie, una novela redonda, potente, oscura, triste, una historia de redenciones y también de pérdidas, cruel y a veces dulce, seca, áspera. Con guiños a James Lee Burke y a esa tierra que tan bien conoce, Luisiana. El chico de Nueva Orleans está a la altura de su fama, y cualquiera que lea Galveston lo comprobará; estilo depurado, poderoso, con clase, seco, directo, sin rellenos, con un punto lirico, un estilo con mucha personalidad.

Magnífica la traducción de Mauricio Bach para Salamandra Black que respeta toda la esencia y dureza del texto, sin duda no debe de haber sido fácil.

Galveston es toda una declaración de intenciones por parte de Salamandra Black, una apuesta radical por la calidad, algo que ya intuíamos sabiendo quien hay detrás. Siempre es difícil empezar una colección nueva, y más cuando se espera tanto de quién la dirige y se habla tanto de su primera apuesta. Bueno pues ya la tenemos aquí. Y joder, yo creo que esta gente ha venido para quedarse.

Pizzolatto ganó con Galveston el Barnes and Noble Discovery Award en 2010 y quedó finalista del premio Edgar a la mejor primera novela también en 2010. En 2011 gano el Spur Award a la mejor primera novela, concedida por la Western Writers of America. Y en Francia, el mismo año, ganó el Prix du Premier Roman étranger (premio a la mejor primera novela).

Galveston
Nic Pizzolatto
Ed. Salamandra, Colección Salamandra Black
288 páginas.


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