Galveston, de Nic Pizzolatto

29/08/2014

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¨No sé si mi cuerpo recordó de pronto todo lo que me habían hecho, pero el terror me atenazó las pelotas, el corazón y la garganta. Sentí el frío metal del revólver en mi mano y la idea de utilizarlo me pareció de pronto irrealizable; sólo de pensarlo me quedaba paralizado. Todo mi cuerpo estaba como atenazado por el pánico. No tenía la menor idea de que me hubiera vuelto tan sumiso.¨

Estoy empezando a descubrir, llegados los cuarenta, qué escenarios me seducen más del género negro. Qué mecanismos me hacen quedarme y qué otros alejarme de la lectura. Con qué tipo de personajes me llevo mejor y qué otros encuentro insufribles. Será la madurez. También empiezo a mirar de reojo las Harleys y los Ford Mustang. Y bebo más cerveza que nunca.

Y sonrío poco.

Era imposible que no me gustase Galveston.

Lo leí en mis deliciosas vacaciones; entre gritos, salpicaduras, cerveza tibia y caras de ya-basta-estamos-de-vacaciones. No es digno leer en bañador, y mucho menos untado de crema, entre pechos al aire, muslos blancos y espaldas abrasadas. Pero ya sabéis, así está la cosa.

Cuando uno empieza identificar todas esas cosas de más arriba, aunque sea tarde, es cuando empieza de verdad a disfrutar de la literatura, es cuando empieza a seleccionar mucho más, a identificar si algo funciona o no funciona y porque lo hace, empieza el conocimiento de uno mismo, si uno no se conoce de antes, que no es mi caso, y se puede disfrutar mucho más de los libros. O al menos es lo que me pasa a mí.

Galveston tiene todos los ingredientes, todos los matices, los mecanismos y recovecos que he ido coleccionado, todas esas cosas que me gustan de una novela, todos juntos, en una misma trama, en una misma historia. Pizzolatto no solo escribe bien, sino que además parece conocer el alma humana como nadie, la exprime, la prensa, para sacar de ella todo cuanto habita, todo cuanto ha vivido.

Galveston tiene una muy buena trama, pero no es una historia convencional donde se apoye el peso de la novela. El peso de la novela lo llevan los personajes, los pilares son sus vidas, su pasado, sus acciones, sus decisiones. El resto es un maravilloso decorado tejido con exquisitez y detalle, con sequedad y polvo, con sudor y sangre, con frustración y violencia.

Roy Cody se gana la vida de gánster, de gánster un poco de segunda. Hasta que un día cae en una encerrona de la que logra salir con vida por muy poco. Con vida y con una puta casi adolescente que se le ha pegado como una hija a la que le falta un padre. La chica se llama Rocky, es preciosa, mal hablada, llama la atención y tiene un pasado más oscuro que el fondo de un pozo. Justo lo que necesita Roy. Al salir con vida de la trampa, Roy y Rocky han de huir de Nueva Orleans si quieren salvar el culo, así que Roy decide bajar a Galveston, Texas.

Galveston podría ser una road-movie o road-novel si la trama tuviera el peso que normalmente se le atribuye a este tipo de novelas de género, o si fuera un thriller, si estuviera concebida como un bestseller. Pero como ya he dicho esta novela va más allá y el conjunto es más un viaje al pasado, un golpe con efecto que va rebotando en las vidas de los personajes, que los despoja y los viste y los vuelve a despojar de sus emociones, de sus ilusiones, de sus creencias. Un viaje –un poco como aquel que hacen Lee y wild en Por mal camino- lleno de pliegues, de sensaciones, lleno de reproches, de fallos, de pérdidas, de curvas y de amistad.

¨Hay ciertas experiencias a las que es imposible sobrevivir, y después ya no existes del todo, incluso si no has llegado a morir.¨

Que Pizzolatto es un creador nato de personajes lo sabemos, lo intuimos, es guionista de una de las mejores series que se está viendo en televisión en los últimos años, y en Galveston –anterior a la serie- ya da una buena muestra de ello. Pero no solo en los principales, los secundarios –Tiff, Nancy, Dehra, Nonie, Tray,Lance- están a la altura, son fuertes, definidos, unos secundarios de lujo, un conjunto de personajes entre oscuros, tiernos, crueles y desconfiados, una galería donde escoger, donde identificarse.

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Pizzolatto ha escrito una novela que no le debe nada a nadie, una novela redonda, potente, oscura, triste, una historia de redenciones y también de pérdidas, cruel y a veces dulce, seca, áspera. Con guiños a James Lee Burke y a esa tierra que tan bien conoce, Luisiana. El chico de Nueva Orleans está a la altura de su fama, y cualquiera que lea Galveston lo comprobará; estilo depurado, poderoso, con clase, seco, directo, sin rellenos, con un punto lirico, un estilo con mucha personalidad.

Magnífica la traducción de Mauricio Bach para Salamandra Black que respeta toda la esencia y dureza del texto, sin duda no debe de haber sido fácil.

Galveston es toda una declaración de intenciones por parte de Salamandra Black, una apuesta radical por la calidad, algo que ya intuíamos sabiendo quien hay detrás. Siempre es difícil empezar una colección nueva, y más cuando se espera tanto de quién la dirige y se habla tanto de su primera apuesta. Bueno pues ya la tenemos aquí. Y joder, yo creo que esta gente ha venido para quedarse.

Pizzolatto ganó con Galveston el Barnes and Noble Discovery Award en 2010 y quedó finalista del premio Edgar a la mejor primera novela también en 2010. En 2011 gano el Spur Award a la mejor primera novela, concedida por la Western Writers of America. Y en Francia, el mismo año, ganó el Prix du Premier Roman étranger (premio a la mejor primera novela).

Galveston
Nic Pizzolatto
Ed. Salamandra, Colección Salamandra Black
288 páginas.

Saunderizado

21/08/2014

diez

Siempre le pregunto por las vacaciones, con una punzada de envidia mal sana, como si me importara algo. Deseando que en el fondo hayan sido tan aborrecibles como las mías, deseando que en el último momento algo haya fallado, que en realidad, esas fotografías que ha estado exhibiendo –él y todo el planeta en general- por todas partes, fuesen solo una parte de su frustración, que detrás, cómo en ese fantástico video que corre por ahí, en realidad todo sea una farsa, que de verdad no hayan sido tan increíbles, tan divertidas, tan rejuvenecedoras, tan idílicas y tan felices. Pienso todo eso. Mientras la otra parte me dice que sí, que han sido las mejores vacaciones hasta el momento, y que sus hijos son una joya, que se portan estupendamente, que su mujer lo ama, que se siente joven, sano y fuerte, lo pienso mientras veo su bronceado perfecto, si vientre plano, sus ojos relucientes, su aura de felicidad.

Y le odio. Hay en la felicidad de los demás algo insultante, algo que te desmorona y te hunde. Tu propio fracaso.

Me siento como un personaje de George Saunders. Un fracaso constante.

Un poco como Al Roosten a la sombra de Larry Donfrey y de su mujer de piernas perfectas, de sus hijos perfectos, de su vida perfecta. Preparado para salir al escenario, nervioso, lleno de dudas, joder, ¡todo va a salir bien! ¡Habrá gritos y silbidos!

Esperando una oportunidad, un poco como Kyle, que ve esa oportunidad ante Alison, Alison Alison Alison, y ahora está ahí, en sus manos, la geoda, la oportunidad, la ocasión, la decisión. ¿Y luego? ¿Qué pasará luego? AlisonAlisonAlison

Lleno de confusión como Padre. ¿Quién más ve en el palo la obsesión y la frustración de uno mismo? ¿De una vida entera vacía y perdida?

Frustrado como Mikey, frustrado una y mil veces después de darlo todo por los demás y recibir a cambio la condescendencia general, la mirada vacía. O peor, una nada liquida y espesa de quien te importa; su felicidad y su prosperidad, su arrogancia frente a tu mediocridad. La rabia y la ira nebulosa.

Sobreviviendo como Callie, ¿Quién va a culparla? Nos atrevemos a juzgar siempre, pobre Callie, y pobre Bo, a veces solo hacemos las cosas como sabemos, o como creemos que se hacen, sin más, sin modelos, sin futuro, por amor, por un amor más allá de cualquier duda, de cualquier lógica.

Es demasiado fácil odiar la felicidad ajena y no hacer nada para remediar nuestro fracaso, es demasiado fácil odiar la felicidad ajena desde la nebulosa de la ira. La virulencia con que dejamos de ser nosotros para ser los mismos teñidos de una furia desmedida, de una desbocada frustración imparable encarrilada a deñar a los demás. Y a nosotros mismos en cada estallido. Socavando en la tristeza una palada más, y una más, y una más.

Quizá las vacaciones en el fondo no fueran tan malas, rodeado de tipos igual que yo, uno detrás de otro, con sus vidas parecidas a las mías, llenos de frustraciones y de miedos, mediocres, tristes, con la mirada gastada, el ánimo hundido.

Lástima que no fueran reales.

Cuando el antro sagrado cierra, de Lawrence Block

17/07/2014

9788498003888

 

Los finales, no me había fijado hasta ahora, pero son los finales. Toda la trama y la cadencia y los personajes y la ambientación, todo, todo me fascina. Pero son los finales los que me marean y hacen que me quede en silencio escuchando cómo mis neuronas corren de un lado a otro gritando frenéticas. Los malditos finales joder.

Creo que siempre lo he sabido, la sensación de acabar una novela de Lawrence Block siempre ha sido una sensación de plenitud, de justicia, de dar su merecido a quien lo merece. Pero ha sido después de Cuando el antro sagrado cierra –que tiene uno de los mejores finales que he leído nunca- cuando he visto claro qué es lo que me fascina de este tío, he vislumbrado cómo funcionan sus novelas, sus tramas. Y no puedo más que amarlo aún más.

Block pertenece a ese tipo de autores de los que os hablaba hace pocas semanas, autores como McIlvanney, autores que dan peso a sus personajes frente a la trama. Block es un viejo conocido de este blog, y Matt Scudder es de mis detectives favoritos; alcohólico, reflexivo, justo, leal, honrado, siempre dando una vuelta de tuerca a sus casos, inconformista, desconfiado. Scudder es un personaje redondo.

Cuando el antro sagrado cierra es la sexta novela de la serie de Matt Scudder y la quinta que se publicó en España, se saltaron la tercera, In the Midst of Death de 1976, que nunca ha sido traducida y publicada aquí. La serie de Matt Scudder –diecisiete hasta la fecha- es de las más mal maltratadas que he visto nunca. Después de publicar Cuando el antro sagrado cierraLa factoría de ideas tenía en ese momento los derechos- se saltaron dos novelas más, Out on the Cutting Edge de 1989 y A Ticket to the Boneyard de 1990 y publicaron Un baile en el matadero de 1991. Después siguieron con Caminando entre las tumbas de 1992 –actualmente inencontrable y que reeditara Serie Negra en setiembre- y se acabó, ninguna novela de esta serie ha visto nunca más la luz en España. Es triste, porque Block es de lo mejor que corre por el género, sus novelas son diferentes, dentro de lo clásico, tiene un estilo depurado y potente, las tramas son redondas, reflexivas, perfectamente hiladas. Es incomprensible que no se venda, que no se le lea, que no se le reedite.

Aunque desde Serie Negra están recuperando sus títulos, no las tengo todas conmigo. No están siguiendo el orden de publicación original y no sé si tienen los derechos de todas las novelas de la serie o solo de las que ya se publicaron en el pasado. Por no hablar de que RBA ha decidido cargarse el buque insignia de la novela negra y desmantelarlo poco a poco. Hay esperanza, pero poca.

En cuanto a Cuando el antro sagrado cierra, Block nos ofrece una trama ambientada en 1975, con un Matt siempre entre alcohol, siempre en bares, el clubs, vamos, como lo hemos visto siempre. Entre manos tiene tres casos, o mejor, se ha comprometido a hacer favores a tres amigos suyos. Los hermanos Morrisey le piden a Matt que descubra quién está tan loco como para haber entrado en su bar clandestino y haberles robado todo su dinero. Luego están sus amigos Skip y Kasabian, que quieren saber quién les ha robado sus libros de cuentas del bar que han montado juntos, libros de cuentas B por los que podrían ir a la cárcel una buena temporada. Y por último está Tommy Tillary, un excéntrico hombrecito que se pasea con una amante guapísima por todos los bares donde le dejen entrar. El problema es que alguien ha asesinado a la mujer de Tommy, y el principal sospechoso, por supuesto, es él.

Y Block teje la trama alrededor de Scudder, como es marca de la casa. Scudder es el centro del huracán y alrededor de él suceden cosas; alguien mata una mujer, alguien roba un bar clandestino, vienen sus hijos a verlo. Pero Matt está sumido en una subconsciencia alcohólica, en un estado casi permanente de embriaguez, así que el verano del 75 es casi como un sueño, pasa sin ser visto, fugaz. Recorreremos los recovecos –una vez más- de un Matt Scudder lleno de debilidades, dudas, inquietudes, y nos dejaremos seducir por su personalidad, por su persona, por él. El resto, realmente no importa.

Será al final de la trama, cuando todas las piezas encajen, cuando todo cobre sentido, cuando veamos a un Matt diferente, será cuando llegue el final cuando disfrutaremos la plenitud de la novela, de la trama. Cuando Scudder imparte justicia y todo cobra sentido.

Cuando el antro sagrado cierra
Lawrence Block
La factoria de ideas 1986
312 páginas.

 

L´Olor de la pluja, de Jordi de Manuel

07/07/2014

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Jo em pensava que les novel•les distòpiques no eren per mi, os ho prometo, les ultimes experiències han estat un desastre. Havia assumit que es un gènere amb tants clarobscurs que encertar-la era una feina difícil -de fet encara ho penso- i que era millor deixar descansar el gènere un temps. I com ja sabeu que sempre faig el contrari del que em proposo, vaig decidir tornar a llegir una distòpia, per suposat.

Al menys tinc l´excusa que no sabia ven bé on em ficava.

La culpa de tot la te l´Anna Maria Villalonga, bona amiga i consellera literària que, en alguna xerrada, en algun moment, em va parlar del Marc Sergiot. A mi no em fa falta gaire per convencem de llegir un autor o altre, soc un dèbil, però a l´Anna li compro tot, amb ella no m´ho penso. I el fet es que ja estava convençut, perquè parlem d´en Jordi de Manuel, recordeu La decisió de Manperel?

Cada novel.la tinc més clar que Jordi de Manuel actua en més d´un sentit en la meva persona, una mica com la musica, que es capaç de fer embogir un quants del nostres sentits, o de calmar-los, de fer-nos sentir infinitat de sensacions. Quan llegeixo les novel•les demanuelistes (i em permetreu que li robi el terme a l´Anna, perquè trobo que es meravellós) em passen coses. Coses que m´agraden.

Començar series m´agrada, les novel•les individuals estan bé, però les series tenen alguna cosa que em sedueix; tornar una vegada i un altre a un personatge que t´agrada, a un mon on et trobes bé, a un ambient que sents com casa teva ess de les sensacions que més m´agrada de la lectura. Per això n´he començat un altre, una de ven especial, una de ven estranya, diuen que amb un punt meta literari, una sèrie circular, una sèrie que es -com ve diu, de nou, l´Anna- com una teranyina on tambe i va caure l´amic Jordi Benavente.

La sèrie del Marc Sergiot no es convencional, ni lineal. En Jordi de Manuel ha creat una sèrie on les novel•les van endavant i endarrere en el temps, on els esdeveniments es relacionen, ha creat un laberint on cada novel.la esta relacionada, on el punt de trobada es l´inspector Marc Sergiot, ha construït un mon propi on hi va deixant peces, pistes en forma de relat i de novel.la. Novel•les que s´alimenten de novel•les.

I a mi aquestes coses em tiren molt.

L´escenari de l´Olor de la pluja es una Barcelona asfixiant, col•lapsada, la falta d´aigua l´ha transformat en una ciutat de pedra, de ciment, no queden arbres, plantes, fa mesos que no plou, les restriccions d´aigua son una norma establerta. La ciutat s´omple de refugiats que fugen de la sequera i que s´amunteguen en campaments improvisats. L’única aigua que hi ha a la ciutat prové de les dessaladores que treballen nit i dia.

Entre aquest binomi que viu la ciutat, on uns intenten sobreviure amb poc més que les seves pertinences, i altres viuen una vida normal i a vegades fins i tot de luxe, en Jordi de Manuel ens presenta tres histories, tres maneres de viure la ciutat, tres vides ven diferents.

Un pare i una filla que arriben a la ciutat buscant un altre oportunitat, un ambientòleg català -que ha dut a terme una investigació juntament amb un bioquímic israelià- que pot tenir a la ma la clau de la sequera…I en Sergiot, l´inspector Marc Sergiot, un home amb una intuïció especial, amb un olfacte policial esplèndid. En Sergiot serà l´encarregat d’investigar una mort en aparença accidental, però on la seva veueta li diu que alguna cosa no quadra.

Les novel•les de Jordi de Manuel son tot un luxe, jo les llegeixo amb cura i atenció; els personatges son magnífics, els ambients son palpables, propers, les trames treballades i plenes de detalls, d´aquells detalls que potser no ara, però que més endavant encaixes en un altre lloc, detalls que sorgeixen en converses amb amics i que tot d´una t’il•luminen una part de la historia. Les novel•les demanuelistes son histories vives que es van enriquint amb cada nova lectura i cada comentari, amb cada xerrada, amb cada nova pista que l´autor ens deixa caure…

Novel.la negra, de ciència ficció, de ciència-en-ficció…

L´olor de la pluja, com ja he dit, es part de la sèrie de l inspector Marc Sergiot, que esta composta fins al dia d´avui d´aquests títols: L’olor de la pluja, Cels taronges, Cabells porpres, Tres somnis blaus, Mans lliures, El raptor de gnoms i La mort del corredor de fons.

L´Olor de la pluja
Jordi de Manuel
RBA/La Magrana 2006
280 pagines

Nudos de cereza, de Ignacio Cid Hermoso

02/07/2014

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Había escrito una largo párrafo sobre porque en este blog no se cuelgan reseñas negativas. Un párrafo lleno de explicaciones sobre los criterios en los que me baso para hacer o no hacer reseña de una novela. Un párrafo aclaratorio. Un párrafo que una vez escrito parecía una larga y doliente excusa.

Por supuesto lo he borrado. Después de siete años escribiendo en este blog creo tener el criterio –aunque ese término no me gusta, yo prefiero llamarlo opinión- suficiente para reconocer la calidad de una novela, no hablo de gustos, sino de calidad, de reglas básicas, de sensaciones al leer, de sentido común. Después de leer una cuantas novelas a lo largo de estos casi cuarenta años que arrastro, y sin ser un crítico ni cobrar por ello, he aprendido a reconocer cuando algo funciona o no funciona en absoluto.

Nudos de cereza no funciona es unos cuantos aspectos.

De Ignacio Cid Hermoso no había leído nada, llegue a ciegas a un autor con una antología y una novela publicadas con anterioridad, así como multitud de relatos publicados en antologías de terror y unos pocos premios a sus espaldas. No consigo entender ese curriculum con la novela que he leído, no podía creer según leía que alguien con tanta experiencia hubiera escrito una novela así.

La trama de la novela es sugerente, es llamativa; Marcos es periodista, le encanta su trabajo y vive inmerso en él. Está casado con Elena y tienen un hijo ya mayor, Daniel. Su anodina y rutinaria vida se ve sacudida con la noticia de la muerte de la abuela de Marcos, la abuela Jacinta, una mujer dura y severa durante toda su vida. Sumado a la terrible noticia de la muerte de la abuela Jacinta, Marcos también ve cómo una herida de su pasado se abre de par en par para volver a escocer como el primer día, el asesinato de su hermana Carolina cuando eran niños, una muerte llena de misterio y horror que golpea de nuevo la mente de Marcos.

Como digo, la trama es golosa, con un potencial extraordinario, pero para mi gusto no está bien desarrollada. La trama está dividida en dos partes, una de ellas es el presente, donde Marcos se dedica a investigar el asesinato de su hermana, al mismo tiempo que lo vemos caer en un pozo sin fondo, pelear con su mujer, con su hijo, sumirse en la oscuridad. La otra trama está ambientada en el pasado, con un Marcos niño y una Carolina bien viva y bien hermosa a su edad adolescente.

Si me tengo que quedar con una de las dos tramas me quedo con la del pasado, la vida en el pueblo, los veranos, el ambiente esta logrado. Pero aun así dista mucho de funcionar a la perfección, el personaje de Carolina es fuerte y potente, pero en ocasiones es demasiado perfecto, haciendo que el resto de cuadrilla quede en nada, incluso su hermano pierde fuelle. La abuela Jacinta también es un buen personaje, pero una vez más es demasiado extremo, le falta recorrido, fondo, vida, para mi gusto es demasiado opaco, frío.

La trama del presente es la que más me ha dolido leer. Las peleas constantes entre Marcos y Elena no aportan nada a la trama, rozan el ridículo, Marcos en la edad adulta es un pusilánime, un personaje odioso, sin vida que lleva a cabo acciones por mero reflejo. El desarrollo del presente está falto de ritmo e interés, lleno de datos vacíos y situaciones surrealistas dignas de películas del mediodía, las intuiciones y casualidades de Marcos hacen fruncir el ceño y las facilidades con las que en ocasiones se encuentra para resolver situaciones son prácticamente una broma.

Las dos tramas juntas funcionan a duras penas, los ritmos son diferentes, las sensaciones de lecturas casi contrarias, es un poco frustrante, confuso.

El estilo de Cid me ha sorprendido, alguien con tanto publicado no puede gastar un estilo así. Las frases están sobre adjetivadas, prácticamente cada párrafo de la novela está escrito buscando una reacción de sorpresa, buscando un efecto cliffhanguer constante, el estilo narrativo es simple, hasta diría que juvenil, engordado como digo con la ilusión del adjetivo. Hay momentos en que quiere ser lirico, y es una empresa fallida, extraña.

La resolución del caso tiene claroscuros, las últimas páginas están mejor elaboradas, ya que la premisa del misterio es bueno, pero queda resuelto sin fuerza, el misterio propiamente dicho nos deja un poco en ninguna parte, he sentido que me ha faltado información, datos.

Lo siento por Ignacio, seguramente no se merece esto, pero hay que hacer las cosas mejor, igual ser más paciente. Lo digo porque a esta novela le falta pasar por un buen corrector de estilo, la novela tiene carencias estructurales, de estilo, le falta corrección en general y mucha edición. Si eso se hubiera llevado a cabo -y si se ha hecho se debería haber hecho mejor- esta novela sería completamente diferente, el desarrollo seria otro, la narración sería otra, globalmente sería otra, seguramente con la misma idea pero mejor acabada. Esta novela tiene todos los fallos de una primera novela, las manías de una primera novela, el ansia de una primera novela. No lo puedo ver de otra manera.

Me consta que la novela fue rechazada por varias editoriales, o recibió informes negativos. En esos casos, ¿no es mejor replantarse las cosas y no buscar cualquier editorial a toda costa?

Porque la editorial es otra cosa a tener en cuenta, la edición de Nudos de cereza no es buena, ni siquiera pasable, la editorial Punto en boca no ha hecho las cosas bien. Y no hablo del diseño, que eso ya es personal, pero confiar tu novela a una editorial que pertenece a un grupo que se define -y esto es totalmente personal- así: Looping Media es la empresa que gestiona la publicidad de las redes sociales Geomundos.com y UniversoGay.com, así como en la plataforma de permission marketing Geomail.com, y mantiene dos sellos editoriales con una fuerte apuesta por la calidad literaria. También organiza distintos eventos, como por ejemplo las fiestas LÍO.

Igual no es la mejor idea.

Me sabe mal por Ignacio, el trabajo que ha llevado a cabo y el tiempo que ha invertido, pero creo que mi reseña no está de más. Algo que me ha sorprendido estas últimas semanas y que realmente me ha dejado preocupado es la cantidad de reseñas positivas en blogs y puntuaciones de cinco estrellas que ésta novela está recibiendo en GoodReads, muchas de ellas de blogs a los tengo mucho respeto y de escritores que la han leído. Me sorprende que solo Marta y yo hayamos visto las carencias de la novela y que la frase más leída en las reseñas sea ¨es lo mejor que he leído en lo que llevo de año¨, no me lo trago, y no quiero ser malpensado.

Y como no quiero entrar en un debate que no viene al caso y que a quien hace daño es al autor y que además, a mí me da absolutamente igual, lo dejare aquí.

 

Nudos de cereza
Ignacio Cid Hermoso
Punto en boca 2014
338 páginas.

 

 

 

 

 

Laidlaw, de William McIlvanney

18/06/2014

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¨Era un hombre potencialmente violento que odiaba la violencia, un defensor de la fidelidad que era infiel, un hombre activo que anhelaba comprensión. (…) No sabía hacer otra cosa que habitar en las paradojas.¨

Como me gusta esa sensación egoísta de descubrir algo nuevo y salir corriendo a gritarlo a los cuatro vientos. Como si fuera un niño pequeño. Como si fuera un editor. Como un librero. Pocas veces puedo hacer eso, para que nos vamos a engañar. Siempre voy un poco a remolque de todo, todos vamos un poco a remolque de los demás.

Pero esta vez, esta vez he dado con algo gordo. Laidlaw es una novela de las que tardas en olvidar.

Vamos a ver, siendo franco no soy el primero, vale, antes la recomendó Escribano en su magnífico blog, pero lo dejaremos en suspense ya que él hacía referencia a la reedición americana de la novela, y en junio de 2013 –cuando la reseñó- aún no estaba editada en España bajo el sello de Serie Negra.

Así que bueno, hoy me erijo como prescriptor en toda regla –con el debate tan interesante que hay y tan absurdo al fin y al cabo- cosa que nunca hago conscientemente, valga la aclaración, ya que lo que aquí comparto no dejan de ser novelas que a mí me gustan en mayor o menor medida y que si las leéis bien y si no, pues tampoco pasa absolutamente nada.

Pero hoy es diferente.

Laidlaw me ha sorprendido como hacía tiempo que no me pasaba con una novela, esto es un topicazo lo sé, pero os juro que a sido así, y ha sido así porque el cabrón de McIlvanney escribió esta novela en 1977, y casi cuarenta años después me ha dado tal impresión leerla que no puedo más que amar a este tío, tenerlo en lo más alto, considerarlo un precursor y un visionario. La mezcla de una trama basada en la reflexión, muy pausada y oscura, un tema –la homosexualidad- peliagudo, desconocido y espinoso para la época -¡1977!- y una narración sólida como pocas, definida, exuberante , rica, con clase, una narración que te hace tener un respeto absoluto e instantáneo por McIlvanney, hacen que leer Laidlaw sea algo más que leer una novela negra, hacen que te preguntes donde ha estado metido este autor todos estos años y porque nadie lo ha reeditado antes en España.

Laidlaw de editó por primera vez en España en febrero de 1995 de la mano de la editorial Península (Ediciones 62) en su colección Grandes detectives, una colección con tapas amarillas muy llamativa y muy bonita y que yo desconocía por completo. Península llegó a sacar también la segunda parte de la serie del inspector Jack Laidlaw, Los papeles de Tony Veitch, en mayo de 1995 en la misma colección. Dos años más tarde en 1997 sacó el tercer y último volumen de la serie, Extrañas lealtades, que se editó en un formato más grande y con cubierta de color negro, aunque en la misma colección de Grandes detectives. En 2001 Diagonal reeditó Extrañas lealtades en formato bolsillo.

Ahora, todos estos años después, Serie Negra nos trae el primero de la serie, y esperemos que los dos siguientes -aunque por si acaso yo ya he comprado los dos siguientes de segunda mano-. Me encanta la arqueología librera.

La acción de Laidlaw se centra en la ciudad de Glasgow, allí el inspector de policía Jack Laidlaw debe investigar –con la ayuda de su nuevo compañero el detective Harkness- el asesinato de Jeniffer Lawson, una chica de dieciocho años que ha sido brutalmente asesinada y que han encontrado en un parque al oeste de la ciudad. Por si eso fuera poco, la pareja de policías tendrá que tener también en cuenta al padre de la chica, un hombre violento y conocido por la policía, que por su cuenta también está buscando al asesino de su hija.

Como sucede en algunas tramas que son bastante de mi gusto, McIlvanney da mucho peso a los personajes, da mucho espacio a sus reflexiones y sus mundos, sus miedos, sus azotes, y deja en segundo plano la investigación. Un segundo plano más que significativo. McIlvanney logra darle importancia y espacio a sus personajes, centrarse en ellos, y al mismo tiempo hacer que la trama –que va en paralelo pero un poco silenciada- esté siempre presente de laguna manera, como una sombra que atormenta a Laidlaw. El conjunto es tan redondo y magnífico que aún me emociono si lo pienso mucho.

Laidlaw es un tipo reflexivo, triste, de vuelta de todo, con un punto de vista diferente a todos los de su comisaría, sus métodos no son los convencionales, pone énfasis en introducirse en las mentes de la gente a la que interroga, siempre ve más allá de lo que la gente cuenta.

Y Glasgow, más que un escenario, más que un lugar, un mastodonte oscuro que se impone a los hombres, a su voluntad, un monstruo que los transforma y los esculpe golpe a golpe, noche tras noche.

Cuando antes decía que me impresionó leer esta novela y que consideraba a McIlvanney un visionario, es debido –entre otras cosas- al tratamiento que en ella hace de la homosexualidad. Uno de los personajes tiene un conflicto interno sobre su sexualidad, conflicto que le lleva a cometer actos brutales y a sentirse una persona despreciable. Pero McIlvanney –a través de otro personaje cercano a éste- nos hace ver a ese desgraciado como una víctima de la sociedad en la que vive, una víctima de un Glasgow machista y cargado de hormonas masculinas, un Glasgow violento y represivo que castiga con el ostracismo a quien no representa sus valores de masculinidad y brutalidad. Recordad que estamos hablando de una novela negra escrita en 1977, en Escocia. Las reflexiones que hacen los personajes en torno a eso, parecen escritas hoy mismo, parece que los tiempos no han cambiado tanto como nos pensamos.

También he dicho un poco más arriba que considero a McIlvanney un precursor, no en vano se le considera el inventor de Tartan noir, subgénero negro ambientando principalmente en Escocia y con raíces en la literatura escocesa. Aunque el propio McIlvanney le quita hierro al asunto y considera la etiqueta como algo meramente anecdótico.

Lo que queda sin duda claro al leer a McIlvanney, es que no es un autor que escriba con ligereza, su estilo no es ni sencillo ni efectista sino más bien todo lo contrario, su narración es contundente, arrolladora, y sus tramas están llenas de reflexiones y de denuncias sociales. Es un autor que quizá se adelantó a su tiempo, publicando en una época de novelas algo más ligeras y centradas en el Pulp. Sin duda lo fue en España –adelantado- donde no cuajo demasiado en el pasado quizás precisamente por eso.

Me cuentan que McIlvanney se sorprendió mucho al ver que desde España volaban hasta su casa para pedirle reeditar sus novelas. Me hubiera gustado ver su cara. Dicen que Ian Ranking es un admirador confeso de McIlvanney. Cuentan, que en algunas librerías de Europa se puede ver un cartel que reza:

¨Sin McIlvanney, Rebus no hubiera sido posible¨ Ian Ranking.

Habladurías.

Que te pidan reeditar una novela tuya casi cuarenta años después solo se debe a una cosa, a que la calidad está fuera de todo juicio.

 

Laidlaw
William McIlvanney
RBA Serie Negra 2014
263 páginas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Juego de espejos, de Andrea Camilleri

06/06/2014

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Camilleri me produce felicidad. No lo puedo evitar. No como el sexo claro, no esa felicidad ahogada, húmeda y eléctrica del sexo. Otro tipo de felicidad más reposada, más duradera. A mí Camilleri me recuerda al verano, a algunas cosas que tiene el verano. Es raro. Leo a Camilleri y me bajan las revoluciones, me entra hambre, busco el sol, sonrío. Y si tuviera un gato lo acariciaría mientras leo.

Camilleri como terapia.

Supongo que las series hay que leerlas en orden, que para eso son una serie, pero últimamente estoy un poco anárquico, y tan centrado como si estuviera en una sala llena de adolescentes, buena música y bastante cerveza. Así que leo a Camilleri en desorden. Por suerte Camilleri me lo tolera y no es demasiado importante seguir la serie de Montalbano a raja tabla. Por supuesto Montablano se hace mayor, pero en términos generales es una serie que se deja leer un poco como te venga en gana. Me gusta.

Juego de espejos es, una vez más, una clara muestra del talento de Camilleri para darnos lo que más nos gusta, para seguir dándole vida a un Montalbano que ya las ha visto de todos los colores y de todos los tamaños; para seguir haciendo lo de siempre de forma impecable y casi inmejorable.

Montalbano con pequeños achaques, con despistes, notándose la edad, consciente del paso del tiempo. Camilleri es franco con nosotros, los lectores, y nos enseña, nos da, un Montalbano que envejece, que olvida, y no solo eso; parece que le gusta que nuestro héroe lo pase mal y hasta da la sensación de que se recrea en esas pequeñas flaquezas, las engrandece, nos las señala, siempre cargando la narración de humor negro, de socarronería, de un poco de crueldad de padre que señala las flojeras de su hijo.

Porque una de las mayores flaquezas de un hombre, y más de un hombre que se hace mayor –entendamos mayor cada uno como le dé la gana, pongamos que de los cuarenta para arriba por ejemplo, por aquello de mirar atrás y ver lo que has hecho en tu vida y blablabla- son la mujeres. Sí, las mujeres en general y las mujeres guapas en concreto. Y aquí Camilleri le ha puesto de vecina a nuestro querido Montalbano una mujer que no solo es guapa, es absolutamente arrebatadora, seductora, exquisita y encantadora.

Y así no se puede.

Así no puede uno concentrarse en nada, ni en un caso, ni en dos, ni en uno mismo, ni en sus subordinados, no se puede y ya está. Camilleri es un poco cabroncete y se regocija en ver como sufre Montalbano con un panorama semejante; entre bombas que explotan en lugares solitarios, buscando maridos que parecen fantasmas, controlando jovencitos amantes, peleando con el maravilloso Catarella, intentando descifrar cartas anónimas, y lidiando con la confusión que le produce su propio cuerpo y la visión cada vez más perturbadora de su querida vecina Liliana.

Entre visita y vista a la trattoria de Enzo, Montalbano nos sigue deleitando con serenos paseos, reflexiones sobre las pequeñas cosas, diálogos mordaces, paciencia infinita y mucho humor negro para seguir adelante. Camilleri es así, con tramas sencillas en las que sentirse como en casa, ni estridencias ni gritos ni sangre ni vísceras. Solo Montalbano y sus flaquezas.

 

Juego de espejos
Andera Camilleri
Salamandra 2014
219 páginas.

 

 

 

 

 

 

 

Huida del corredor de la muerte, de Edward Bunker

28/05/2014

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¨…si se os ocurre siquiera atacar a un guardia o a alguien que no sea un recluso, os pisotearé la cabeza contra el suelo. Si pegáis a un guardia, ya os podéis colgar, porque vuestra vida será mucho más horrible que vuestras peores pesadillas. Si matáis a otro preso, no pasa nada, pero si le dais el más mínimo problema a un guardia, desearéis no haberlo hecho. Os dejaremos los sesos hechos papilla…¨

Me moría de ganas de volver a leer a Bunker, lo tenía un poco olvidado después de la magnífica No hay bestia tan feroz. Joder, siempre me pasa igual, salto de un libro a otro y a otro y a otro más, y cuando me quiero dar cuenta ha pasado demasiado tiempo, he olvidado lo bien que me lo pasé leyendo a este o aquel otro autor y me maldigo. En fin. Los relatos de Huida del corredor de la muerte han sido la excusa perfecta para volver a leer a uno de mis autores favoritos de novela negra; de esa novela negra descarnada y bestia que tanto me gusta.

Bienbienbienbien.

Pero dejadme que os hable un poco –solo un poco- de quién era Edward Bunker. Nació en Hollywood en 1933, y ya desde su adolescencia, donde destacaba por su inteligencia y su ímpetu, estuvo metido en problemas con la ley. Criado en hogares de acogida y más tarde en reformatorios –sus padres se divorciaron cuando tenía cuatro años y se desentendieron de él- fue llenando su vida de pequeños delitos hasta que en la adolescencia empezó con delitos mayores, robo de bancos, extorsión, narcotráfico, falsificación y dio con sus huesos en prisión. Estuvo en Folsom y en la famosa San Quintín. Fue en esta última donde dónde se volvió un lector voraz y donde empezó a escribir novela. Estando aún en prisión publicó No hay bestia tan feroz (1973) y siguió escribiendo. En 1975 se le concedió la libertad y nunca más pisó la cárcel. En el 77 publicó La fábrica de animales y siguió escribiendo. Pasó un total de dieciocho años encerrado. También escribió multitud de guiones y apareció en una par o tres de películas, la más famosa Reservoir Dogs, donde hacía de Mr Blue. Murió en 2005 a los 71 años de edad.

Las novelas de Bunker se caracterizan por retratar como nadie el mundo de las prisiones, sobre todo la prisión de San Quintín, donde Bunker estuvo encerrado, pero también por mostrar como ningún otro el alma de los presos, de los convictos, de los fugitivos; sus motivaciones, sus miedos, sus esperanzas, sus frustraciones y sobre todo, sus fracasos. Una y otra vez sus fracasos por intentar reinsertarse en una sociedad que los repudia y que les teme y que les obliga a delinquir, haciéndoles caer en un bucle de violencia y encierro constante, hasta que sin remedio son encerrados hasta el fin de sus días.

¨Había cometido algunos errores en su vida, pero no estaba loco. Su único defecto grave era que no podía resistirse al subidón de adrenalina de un buen golpe.¨

Huida del corredor de la muerte está compuesto por seis relatos, La justicia de los Ángeles 1927, Entrada en la casa de Drácula, Mía es la venganza, Muerte de un soplón, Huida del corredor de la muerte y La vida por delante. El primero de ellos –La justicia de los Ángeles, 1927- es una novelle o novela corta, es el relato más largo, de unas setenta páginas. Todos ellos tienen un punto en común, la cárcel de San Quintín, en mayor o menor medida, todos los relatos orbitan alrededor de esa fábrica de animales como la llamaba Bunker.

No tenía ninguna duda de la capacidad de Bunker para hacer relato –leyendo sus novelas no me cabía duda – creo que era un superdotado, un tipo inteligentísimo que tuvo mala suerte en su vida, sabía que los relatos iban a ser buenos. Pero nunca imagine cuánto. Bunker tiene una capacidad innata, asombrosa para concentrar las historias, los relatos se le daban realmente bien, los desarrollaba con limpieza, con finura, los dotaba de contundencia, de dramatismo, de humanidad, prácticamente deseas ser uno de sus personajes y pasar un tiempo en una celda de San Quintín y participar en la función de la cárcel.

No sé si hay algo llamado género carcelario -o carcelero- de ser así encajaría perfectamente en estos seis relatos, todos ellos ambientados dentro de prisión. Bunker narra a la perfección las rutinas de la cárcel; las normas, el ambiente, la asfixia, la tristeza, la violencia que se respiraba, todo, y lo hace con excelencia, con detalle. Todos los relatos salvo uno –si no me he despistado- están protagonizados por hombres negros, cosa que puede sorprender -ya que Bunker no era precisamente de color-, pero que sin duda es un empeño por mostrarnos como estaba en aquella época el ambiente entre razas; no solo entre blancos y negros, sino también con los chicanos, los mexicanos y sobre todos con los gais, absoluta minoría denostada por todos -sociedad, gobierno, crimen- en aquellos tiempos.

De los seis relatos, todos me han parecido excelentes, sin titubeos, los seis son potentes, dinámicos y esconden una moraleja, ni uno solo flojea, ni los más largos –que son tres- ni los más cortos –que son los otros tres, están equilibrados-. Desde la sucesión de desfavorables consecuencias y rabia contenida de La justicia de los Ángeles, 1923, pasando por la pura venganza de Mía es la venganza, hasta el aparentemente sencillo y simplón La vida por delante, todos son relatos magníficamente escritos, con una pasión desbordante y un conocimiento detallado, con una capacidad para crear personajes y escenarios absolutamente apabullante y con un ritmo demoledor.

Lo cierto es que Bunker me ha dejado con ganas de mucho más, de algo más largo, no más trabajado, si no más largo, estos relatos se me han quedado muy cortos, cuando estaba en pleno éxtasis carcelario, he llegado al último relato. Suerte que aún me quedan novelas suyas por leer.

Bienbienbien.

Sí, Bunker me gusta muchísimo, es ese tipo de escritor que me fascina, duro, crudo, violento y con una escritura fina y trabajada. Realista, conocedor del alma humana, curtido. Las novelas de Bunker son increíbles, pero los relatos no se quedan atrás, pequeñas historias carcelarias concentradas, pequeños golpes feroces. Una lectura imprescindible para todo amante de la novela negra.

Por cierto, excelente la traducción de Zulema Couso, una gozada, gracias. Y excelente, como siempre, la edición de Sajalín, imposible mejorarla.

Huida del corredor de la muerte
Edward Bunker
Sajalin editores 2014
211 páginas.

Te quiero porque me das de comer, de David Llorente

16/05/2014

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 ¨Entonces abrió la bolsa de deporte, sacó el fusil y disparó contra el profesor: le alcanzó en un costado: después le estuvo disparando en el vientre hasta que se quedó sin munición: los niños gritaban: el suelo estaba inundado de sangre.¨

No sé ni que deciros.

En serio. Me falta vocabulario, expresiones, me faltan herramientas. Sigo en shock.

Os juro que lo de David Llorente es muy bestia. Hoy es una de esas veces en las que no haría reseña. Simplemente no llego. Me pasa con Faulkner o con Gaddis, que son tan increíbles que es imposible para mí trasladar mis sensaciones a este blog. Se quedan para mí.

Pero esta novela es tan especial, tan diferente a todo lo que he visto que me niego a quedarme en silencio. Intentare contaros qué es Te quiero porque me das de comer, y que Dios me perdone porque No-os-podéis-hacer-una-idea.

Lo primero que hay que tener claro es que no estamos ante una novela normal, y no me refiero a su argumento, que tampoco, si no a su construcción, a la manera en que está narrada. Olvidad todo lo que habéis leído, en serio, todo. Te quiero porque me das de comer es lo más insólito que he leído nunca –y ahora me hago el interesante y os digo que me he leído Ulises- de verdad, tal y como está compuesta, formada la novela, tal y como está concebida es una auténtica locura, de principio a fin. La expresión que me vino a la cabeza con la lectura del manuscrito fue lectura extrema.

Pero no os asustéis. Esa es la grandeza de la novela, la manera en que Llorente gestiona esa auténtica locura para que el lector apenas la perciba más allá, eso sí, de un torrente de información que él debe gestionar. Pero vamos por partes.

¿Por qué digo que es una locura? Ahora viene lo gordo. Te quiero porque me das de comer está ideada más que como una novela, como un torrente de información, como un gran rompecabezas donde las piezas se van colocando poco a poco cada una en su lugar, y cuando digo gran rompecabezas creedme, no exagero. Llorente ha ideado no una trama, ni dos, ni tres, ni siquiera cuatro, yo a partir de la quinta historia simplemente me deje llevar, me uní a la corriente, confié en  David y seguí leyendo. ¿Os suena el termino novela río? Olvidadlo. ¿Novela coral? Bah. Olvidadlo. Lo que sucede en esta novela es único.

Pero lo que os va a sorprender no son las tramas, que entran dentro de cierta normalidad –aunque de eso hablaremos luego, porque son duras y explicitas- lo que me ha dejado a mí en shock y lo hará con vosotros es como digo su estructura. La narración de la novela no es nada que yo hubiera visto antes, veamos, ni un solo punto y aparte en toda la novela, apenas alguno para separar lo que se entiende como ¿capítulos?, no hay diferenciación física de tramas, que quiero decir con esto, pues que los hilos argumentales están unos a continuación de otros en sucesivos puntos y seguidos, mezclados, superpuestos, como en un gran mural donde has de reconocer las partes familiares y conectarlas entre sí, como un texto inconexo del que tú has de ir tirando de los hilos, uno a uno. Es difícil de explicar, mejor lo veis.

¨Una de las rumanas de la Casa de Campo se llamaba Mirta: todos los jueves (desde hacía tres meses) iba a buscarla un Ford Fiesta de color azul: ella se montaba y aparcaban debajo de la portería de un antiguo campo de fútbol: el hombre se llamaba Mario Tejero: uno de esos jueves (debajo de la portería y después de eyacular) le dijo a Mirta: ¿qué me dirías si yo ahora te dijera que me he enamorado de ti?: a ella le brillaron los ojos: se acurrucó en su pecho y le dijo (casi de carrerilla): te diría que soy una de las mujeres más felices del mundo porque yo siento lo mismo por ti: Mirta no dijo nada a nadie: un jueves se montó en ese Ford Fiesta azul y ya no volvió más. Golden Retriever: perro cobrador: muy hábil en el rastreo: pelaje denso y resistente al agua: carente de agresividad: activo y juguetón: le encanta tener algún objeto en la boca (un palo, un nudo, una pelota de tenis): fácil de entrenar: perro de trabajo: lazarillo: perro de rescate: perro detector: perro de terapia social. La noche de Carabanchel se está poniendo (más y más) peligrosa: Antonio Aguado camina hacia el portal de su casa y escucha unos pasos a su espalda: gira la cabeza y ve la silueta de un hombre a veinte metros: piensa que le da tiempo a meterse en el portal: con lo que no contaba era con los nervios: con los dedos que no encuentran la llave: con la llave que no acierta a meterse en la cerradura: entonces (tranquilamente) el hombre aparece por detrás: le brilla un objeto en la mano. Concepción Ortíguez: miércoles: 11:00 horas: sale de casa: 11:15 horas: desayuno en el bar Urgel: 12:00 horas: misa en la parroquia de Matadero: 13:20 horas: clase de yoga en la Asociación de Mujeres de Carabanchel: 14:40 horas: vuelta a casa: no vuelve a salir.¨

¿Os hacéis una idea? ¿Veis a que me refiero con el torrente de información, con la mezcla de tramas? ¿Con el estilo único? Y eso no es nada.

En ese párrafo hay tres hilos argumentales y un texto de información, porque Llorente ha llenado la novela de textos informativos, textos con mayor o menor relevancia en la trama, pero sin relación directa con ella, una suerte de citas indirectas que enriquecen las tramas y que van desde recetas de comida, enfermedades mentales, listas de canciones o razas de perros peligrosos a ingredientes de medicamentos, listas de tranquilizantes, de antidepresivos o los síntomas del mono en un drogadicto. Todo, eso sí, con relación a alguna de las tramas. Es absolutamente demencial y maravilloso.

¨Psicosis maniaco-depresiva: fases de depresión y fases de manía: fase maniaca: alegría, fuga de ideas, exaltación psicomotora: síntomas psicopatológicos y trastornos de la conducta: irritabilidad: trastornos de sociabilidad: agresiones de palabra o de hecho: abandono de todo lo que se comienza: desaseo en lo personal y en lo que les rodea: ansiedad: ideas de grandeza grotesca: exaltación de la libido que puede conllevar delitos sexuales.¨

A estas alturas pensaréis que esto es una locura, que es ilegible y que hemos perdido la cabeza Llorente, el editor y yo. De ninguna manera. Dejadme que os explique cómo funciona la novela. Luego hablaremos de la trama.

Una de las cosas que hace que me caiga de rodillas ante David Llorente  es la manera de hacer funcionar toda la novela como un perfecto reloj; de hacer encajar las piezas, de hacer volver hilos argumentales que creías olvidados para cerrarlos, de hacer aparecer otros nuevos, de darles intensidad a unos y casi abandonar otros para, al cabo de pocas páginas, hacer lo contrario. Y todo eso con una fluidez impresionante, tanta, que el lector apenas se da cuenta del juego en el que está inmerso, del vaivén de hilos argumentales, del caos absoluto que tiene ante él y que sin darse cuenta se ordena y desordena, se construye y deconstruye sin perder un punto de intensidad, sin perderse en la confusión y sin caer en el aburrimiento.

La sensación al leer algo tan arriesgado es la de ¿pero-que-coño? De la sorpresa se pasa a la incredulidad, de la incredulidad a la fascinación, y de ésta a la admiración. Y cuando uno llega al final de Te quiero porque me das de comer roza el agotamiento, la excitación le envuelve y la satisfacción y la sensación de haber leído algo extraño y único se apodera de ti irremediablemente.

Hay que tener clara una cosa, para adentrarse en Te quiero porque me das de comer hay que dejar atrás toda concepción de novela, hay que olvidar todo lo que hemos leído hasta ahora, cambiar el chip de lo que entendemos como trama o hilo argumental, hay que llegar a esta aventura con la cabeza vacía, a ciegas y confiando del todo en el autor.

Y ahora hablemos de la trama. Si eso es posible.

Antes he dicho que la novela supera las cinco o seis tramas, es cierto, pero tiene truco, en realidad esas tramas van y vienen, aparecen y desaparecen, se mezclan unas con otras, pero todas van a compás de una central, una trama de la que nacen otras, de la que surgen apéndices que mueren durante la novela o que van con ella hasta el final. El hilo central es Max Luminaria, un asesino en serie al que veremos desde su más tierna infancia hasta su edad madura. Lo veremos crecer, aprender, formarse, veremos cómo se forma su odio, su desprecio, su personalidad, veremos sus dos caras, su juego, su maldad. Y es en torno a él donde surge todo lo demás, hay un par de hilos argumentales también importantes, pero que en última instancia convergen con Max, de una manera u otra, todo siempre tiene que ver con Max Luminaria.

Una directora de instituto vejada por una profesora de alemán, una profesora engañada y humillada por sus alumnos, un chico dueño de un perro asesino, un detective mediocre que persigue a Max y que está obsesionado con un actor joven, un amante que ante el desamor muta a asesino, a chulo, a extorsionador, a chivato, un profesor que se aprovecha de sus alumnas menores, un cura que se aprovecha de sus alumnos de catequesis…

Y así una tras otra que se abre y se cierra y viene y va.

¨El padre Manuel acostumbra a madrugar más de lo habitual cuando hay huelga de metro y solamente funcionan los servicios mínimos: se mete a presión en el vagón que esté más lleno y poco a poco se va moviendo hasta colocarse detrás de una mujer: entonces se saca la polla y se la pone en el culo: más de una viajera se ha bajado del vagón con la falda bautizada de semen.¨

El estilo de David Llorente es seco, seco y duro y frío. En la vida he visto una narración más seca que esta –y, más autobombo, he leído casi todo de McCarthy- más fría, más telegráfica. Olvidad las narraciones duras y líricas, olvidad las novelas oscuras pero cálidas y cercanas. Llorente es seco como un desierto, árido, impersonal, es casi como leer una gran lista donde se suceden los acontecimientos como si fueran los ingredientes de una vida, de muchas vidas, uno tiene la impresión de leer los pensamientos de otra persona, de leer un subconsciente que va dictando o narrando sucesos sin ningún destinatario, únicamente para él, es una sensación extraña que hipnotiza, que hace que el texto se vaya inoculando en nuestra mente y se disperse por ella y se conecten tramas y sucesos. Es aterrador, raro y fascinante.

Y las tramas, todas ellas, son oscuras y violentas, algunas explicitas, sexuales, duras. Te quiero porque me das de comer es un tapiz de vidas arruinadas, tristes y grises, violentas y groseras. Un pequeño infierno que se llama Carabanchel.

Para ir cerrando, Te quiero porque me das de comer no es una novela convencional, no es una novela lineal, no es una novela suave y no es una novela para cualquiera. Llorente ha escrito una novela arriesgada, singular, dura y negrísima, algo que pocas veces se ve, una novela alejada de cualquier canon, de cualquier formato, de cualquier lógica. Una novela que le exige al lector una participación activa, un quid pro quo, un esfuerzo.

Y por último, Te quiero porque me das de comer no va a gustar a todo el mundo, no admite medias tintas, está más cerca de David Peace que de Asa Larsson, más cerca del crudismo de Edward Bunker que del chicknoir  de Dolores Redondo, y eso por desgracia, puede ser un hándicap a tener en cuenta.

Los que os atreváis a leer Te quiero porque me das de comer  seguramente tardaréis mucho tiempo en olvidarla. Los que no os decidáis a leerla podéis seguir en vuestra zona de confort. Esperando a leer otra novela más igual a la anterior, y a la anterior y a la de hace un mes.

Te quiero porque me das de comer
David Llorente
Editorial Alrevés 2014
317 páginas.

Aniquilación, de Jeff VanderMeer

12/05/2014

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Cada vez más sellos generalistas se están abriendo a la literatura de género – el penúltimo ejemplo lo protagonizó Alfaguara con Iris hace apenas un par de meses- sin ubicar además estas novelas en ninguna colección concreta ni dotarlas de ningún distintivo especial. Las lanzan en su catálogo general, esperando supongo que el gran público no frunza el ceño al ver que son de género y les echen una ojeada y si les convence hasta la compren.

Y eso mola porque se están empezando a publicar –y traducir- muchas cosas que de otra manera quizás no tendríamos oportunidad de ver publicadas. Una de las apuestas de este año en formato de género viene de la mano de Destino, que ha comprado los derechos de la Trilogía Southern Reach, compuesta por Aniquilación, Autoridad y Aceptación, escritas por el admirado-respetado-querido Jeff VanderMeer.

De VanderMeer yo solo había leído hasta el momento un relato Steampunk en Planes B y la verdad es que tampoco me pude hacer demasiada idea de su estilo. Sí que es verdad que a VanderMeer se le conoce mucho en esos círculos donde es respetado y muy leído. A mí lo que me hizo querer leerlo a toda costa fue, una vez más, Twitter. En mi TL, mi querido Fer no dejaba de mencionarlo junto a Tamara Romero y Marian, que se llevaban entre los tres una buena charla sobre el autor y no paraban de citar esta trilogía. Y yo me leo todo lo que según quién me recomiende. Faltaría más.

El argumento de Aniquilación es muy atrayente y sugestivo al doscientos por cien: Una agencia secreta del gobierno, la Southern Reach, envía expediciones a la llamada Área X, una zona remota y abandonada hace años debido a un desastre ambiental. En esa zona, delimitada por unas fronteras difusas y poco claras, que nadie sabe dónde están ni parece encontrar, las expediciones enviadas deberán cartografiar, explorar, recoger muestras y escribir un diario con sus hallazgos, sensaciones y visiones personales de lo que allí se encuentren. Hasta el momento se han enviado once expediciones, y la mayoría han acabado mal. Esta es la expedición número doce y está compuesta por cuatro mujeres; una bióloga, una psicóloga, una topógrafa y una antropóloga.

Los ingredientes con los que está formada Aniquilación son ambiciosos, valientes, una orquesta de pequeños –y poderosos- detalles aquí y allá, una la mezcla de géneros afinada como un reloj y un estilo directo y sencillo que nos hace devorar la historia. VanderMeer reúne al menos dos géneros en esta novela; por una parte la ciencia ficción, cargando el argumento de un poderoso hilo argumental de ciencia y ficción en el que destaca el peso de la ciencia por un lado y de la pura ficción por otro, lo que nos da un argumento de ciencia ficción con toques científicos –no muchos, calma- que se disfruta muchísimo. Y por otro lado tenemos el terror, ya que toda la atmosfera de Aniquilación, todo lo que envuelve el Área X, es desconocido y misterioso, las estancias registradas allí están cargadas de ruidos, presencias, sombras, seres extraños y cosas inusuales. Por no hablar de los restos del paso del hombre que aún permanecen en pie, un faro, unas viejas casas de las que poco queda, campos de cultivo, presencias todas ellas cargadas de un aura violenta y tenebrosa.

Es inevitable al leer esta novela no acordarse de una de las series más con más éxito estos últimos años, una de las series que rompió los esquemas del visionado de series, una serie espectacular y con un final lleno de polémica, LA serie por excelencia. Hablo de Lost, por supuesto. En cuanto empecéis a leer Aniquilación os vendrán imágenes de la serie a la cabeza, asociareis ambos mundos, comportamientos, situaciones. Pero tranquilos, son solo unas páginas, en cuanto entréis en la novela desaparecerá Lost de vuestra cabeza, veréis que la diferencia es notable, que son cosas diferentes. Que sí, hay una inspiración, pero no va más allá.

Queda patente, leyendo entre líneas, que VanderMeer lo apuesta todo o casi todo al escenario, al Área X. Los personajes, las cuatro científicas -de las cuales la protagonista de la novela y quien narra los hechos es la bióloga- están apenas dibujados, son esbozos en su gran mayoría, no tienen nombre –se dirigen unas a las otras por su oficio- no tienen pasado, no sabemos ni siquiera como son físicamente. Conocemos trazos de sus caracteres, pero no su personalidad completa, ni sus inquietudes, ni sus preocupaciones. De quien más llegamos a saber –parte de su pasado y sus implicaciones en el proyecto- es la de bióloga, la protagonista. Es casi palpable esa intencionalidad de VanderMeer en la frialdad de los personajes, en el escueto desarrollo, para centrarse en todo lo que envuelve el Área X, para hacernos notar la gran importancia del lugar, para decirnos eh, las personas no son importantes aquí, lo importante es lo que sucede aquí.

Creo que Aniquilación es apenas una muestra de todo lo está por venir, tengo la sensación de haberme asomado a un inmenso precipicio del que no veo el final, de haber encendido la mecha de algo muy gordo. VandeMeer nos pone encima de la mesa una serie de misterios -algunos muy grandes- y después nos deja a solas con nosotros mismos, nos cierra la puerta y se larga corriendo. La sensación es que en Aniquilación apenas nos hacemos una idea de la inmensidad que hay detrás del Área X, de su enormidad. Pero para bien, cuando terminéis esta primera parte, no os quedara la sensación de coitus interruptus, sino más bien una sensación de agradable espera, de expectación misteriosa.

La mezcla de géneros, la ambientación, la carga de misterio y una narración clara, concisa y sin florituras, hacen que Aniquilación sea lea en apenas una o dos sentadas, hacen que se lea con fruición, casi con agonía -aunque ya veréis que la trama es pausada- con pasión.

Por suerte no habrá que esperar mucho para las próximas entregas, Autoridad llega en setiembre y si no cambia la cosa, Aceptación lo hará a finales de año.

Aniquilación
Jeff VanderMeer
Ed. Destino 2014
324 páginas.

 


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